City: Ciudad Inmóvil
Country: CO
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Friday, October 03, 2008
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-Hai un'anima?
-Che cos'è un'anima?
-No cara, quella non è l'anima, quello è un...
-Mi chiedi perchè scrivo?
-Tesoro, scrivo perchè per tutto il resto c'è Mastercard.
...Come il suono di un insetto nella notte siderale immagino il tuo sesso, lo disegno con la punta della lingua. Ha il sapore di un certo legno della mia infanzia, il sapore di quel legno bagnato da un ruscello cristallino. Lo osservo, ci metto la faccia, il mio naso affonda nell'umidità, la respiro, la lascio entrare nel mio sangue. Immagino la pelle delle tue gambe vicinissima, nel limite dove i peli si oscurano e proteggono quella scatoletta dei sogni che è il tuo sesso. Lecco lì, lecco giusto nel mezzo del tuo sesso, lecco i bordi. Lecco delicatamente, mi riempio di te, di quel sapore e di quell'odore che hai lì.Immagino che il tuo sesso è un cuore che batte dentro alla mia bocca, che si apre come un bocciolo quando la mia lingua lo sfiora. Immagino che tremi e mi fai tremare. Anche il mio sesso batte e tento di resistere alla voglia selvaggia di entrare nel tuo ventre, nella tua possibile anima, di inondarti di me. Immagino la tua bocca, voglio mangiare la tua bocca, le tue tette, le tue mani, il tuo collo. Voglio leccare il tuo collo e scivolare sulla tua schiena. Stringerti a me fino a che non resti più un filo d'aria. Bimba, se pensi, e se qualche volta pensi a me, ricorda che il sesso non ha bisogno dell'amore ma gli va bene lo stesso e che l'amore ha bisogno di tutto il possibile e di qualche impossibile.
(traduzione di M. O)
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Friday, October 03, 2008
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1. LA OREJA DE VAN GOGH
En el frío atardecer del 23 de diciembre de 1888, Vicent Van Gogh y Paul Gauguin tuvieron una pelea. Van Gogh incluso hirió levemente a Gauguin con una navaja. Cuatro horas después Van Gogh se rebanó la oreja izquierda, la envolvió en un paño y se la llevó de regalo a una de sus putas favoritas. Que un tipo como él se cortara una oreja no tenía nada de insólito, pero... ¿por qué regalársela a una puta?
Frits, el fotógrafo de Ámsterdam que un amigo argentino me había recomendado, limpió sus lentes de sol y me observó divertido.
—¿Por qué no a una puta — fue su respuesta.
—Sí —me dije en voz alta—. ¿Por qué no a una puta?
Y es que la relación entre holandeses y putas va más allá de una oreja. En el alba del 29 de enero de 1701, la policía de Hamburgo descubrió el cadáver de una mujer en un retrete público. Estaba desnuda y decapitada. La policía, alertada por varios testigos, no tardó en dar con los criminales. Eran tres, dos mujeres y un hombre. El hombre llevaba en un saco la cabeza del cadáver. En su confesión dijeron que necesitaban aquella cabeza para preparar una poción mágica que pondría el pene de aquel hombre del tamaño de un calabazo. Una de las mujeres se llamaba Anna Buncke y, aparte del crimen, fue acusada de otro grave delito: haberse hecho pasar un tiempo por hombre al punto de casarse con otra mujer. Anna se defendió diciendo que no había engañado a nadie porque las putas de Ámsterdam la habían convertido de verdad en un hombre durante cinco años. En aquella época era común que los alemanes pobres emigraran a la potente Holanda en busca de trabajo, muchas mujeres se disfrazaban de hombres para obtener trabajo y como en ciertos barrios de Hamburgo existía la leyenda de que las putas de Ámsterdam podían agrandar penes y convertir mujeres en hombres no faltaban ilusos que acudían a ellas. Anna se aferró a esa leyenda para salvar el pellejo y quizá Van Gogh le había llevado su oreja a esa puta esperando que pudiera ponerla de nuevo en su sitio.
—¿Por qué no una puta? —repitió Frits y agregó sonriente—: Aquí empieza el Wallen.
Se había detenido en mitad de un puente. A la derecha había una chica que lanzaba pedazos de pan a los cisnes y patos que se deslizaban por las frías aguas del Amstel. Observé las calles más allá del puente iluminadas por lámparas y avisos multicolores. El ambiente era animado, uno tenía que esquivar las bicicletas que aparecían de la nada. De los coffee shops escapa un fuerte olor a marihuana y hachís. Frits me señaló la vitrina de Clea, una de las chicas que había contactado para mi crónica. Clea tenía puesta la cortina, lo que significa que estaba con un cliente; me quedé observando a una pelirroja en la vitrina siguiente, con los diez centímetros de sus tacones debía alcanzar los dos metros de altura. Sus largas piernas estaban enfundadas en medias de malla hasta la mitad de los muslos, la única otra cosa de vestir que llevaba puesta era un sombrero de bruja. El vello del sexo también era rojo y lo había recortado en forma de corazón, las tetas eran medianas con el pezón rosado y diminuto. A través del vidrio se veía el pequeño cuarto, había una grabadora y un abanico de mesa. Sobre la pared de fondo, un cuadro de Rembrandt. Había varios hombres y algunas chicas frente a su vitrina, ella les hizo un gesto para que esperaran y fue a poner un CD en la grabadora. Regresó a la vitrina y empezó a moverse al ritmo de una canción de Moby. Un rubio bajo y robusto se acercó a la puerta, ella la entreabrió y hablaron. El hombre sacudió la cabeza en forma negativa, ella se encogió de hombros, cerró la puerta y siguió bailando. Frits me avisó que el cliente de Clea había salido.
2. AQUÍ NICOLE KIDMAN SERÍA UNA MÁS
Había llegado a Ámsterdam ese lunes poco antes del mediodía. Del aeropuerto al hotel Eden, en pleno centro de la ciudad, son solo veinte minutos en taxi. Dejé las maletas en la habitación y de inmediato fui a dar un paseo. Le había dicho a Frits que nos viéramos el martes porque antes de hablar con él quería aventurarme por la ciudad sin referente alguno. Aquí Nicole Kidman sería una más del montón, pensé mirando aquella estampida de rubias perfectas que corría hacia las estaciones del metro y el tranvía. Me detuve en medio de ellas, sus cabezas flotaban a mi alrededor convirtiendo aquel oscuro y apacible lunes de otoño en un frenético y demencial verano de mil soles. Las chicas de Ámsterdam son altas, recorrer sus piernas puede tomar una vida. Sus pequeños y redondos traseros se marcan con fidelidad en la ajustada tela de los pantalones y muchas prefieren no llevar nada debajo. Mejor así. Mis pasos me conducen hasta la imponente fachada del hotel Krasnopolsky, una hilera de diminutos japoneses está entrando. Más adelante encuentro la calle Warmoesstraat, en la que hay una tienda especializada en todo tipo de condones; en otro tiempo, la Warmoesstraat fue un muelle. Me deslizo calle abajo tratando de encontrar algo que no valga la pena mirar pero es inútil, la ardua y fascinante arquitectura de Ámsterdam no da tregua, se duplica en los canales que la atraviesan. La oscuridad y el frío aumentan y me obligan a entrar a un bar. Adentro hay hombres mayores que discuten y bromean en aquel brusco e impenetrable idioma. Sus rasgos son rudos y dos de ellos llevan gorros de marineros. El tatuaje en mi cuello llama la atención del barman que me muestra un dragón en su antebrazo. Pido un whisky y me quedo con ellos en la barra. En mi precario inglés trabo conversación con el barman. La música que escuchan despierta mi curiosidad, parecen baladas de los años setenta. El barman dice que en holandés esa música se llama smartlappen cuya traducción literal sería trapo de llorar. Y aquellos hombres rudos se mecían al ritmo de esas baladas y las tarareaban cerveza tras cerveza. El que está a mi derecha en la barra me pregunta en español si llevo tiempo en Ámsterdam. Le respondo que acabo de llegar y él me cuenta que es hijo de aragonés con holandesa. Su acento es áspero y a veces invierte el sentido de las frases pero se nota que está orgulloso de poder hablar en la lengua de su padre. Hablamos, le digo que estoy en Ámsterdam para escribir una crónica sobre la ciudad y las putas, y él se lamenta de que antes casi todas las putas eran holandesas y después de la jornada de trabajo venían al bar para conversar y bailar con ellos y ahora esas chicas extranjeras no quieren amistad con nadie, solo reunir el dinero para después largarse sin dejar huella. Me dice que se llama Dick y me habla de otro bar donde suelen ir las ex prostitutas y me pregunta si quiero ir. Pago la cuenta y salgo con él. El bar del que habla está una cuadra más arriba, en la entrada hay una vieja Harley y sobre ella un esqueleto de plástico de tamaño normal. Una anciana viene a nuestro encuentro, se besan y abrazados van hasta la barra, los sigo y me siento con ellos. La anciana es una tailandesa y se llama Saokham.
—Es la mejor chupadora de pies de Ámsterdam —me susurra Dick—, deberías visitarla.
En un folleto que leí en el avión mencionaban los clubes de podólatras de Ámsterdam, según el folleto era mejor hacerse chupar los pies de un hombre que de una mujer. Observé que la boca de Saokham era larga y de labios delgados como un pez. Dick estaba hablando sobre la Fokker, había trabajado allí treinta años. La Fokker, que en 1996 se declaró en quiebra, había sido uno de los grandes orgullos holandeses. Otro era la Heineken, cuyos anuncios estaban por todas partes. Mientras Dick hablaba yo no podía apartar los ojos de la boca de Saokham.
3. CUENTA REGRESIVA
Clea me muestra su licencia. Su tarifa es de 50 euros por cada quince minutos de sexo. En su cabina hay un reloj para controlar el tiempo, cada trece minutos suena un pito que le avisa al cliente que es hora de eyacular o tendrá que pagar otros quince minutos. Algunas chicas se cuelgan el cronómetro al cuello, así el cliente puede programar él mismo su cuenta regresiva. Le digo que solo serán una fotos y ella dice que con fotos me saldrá más caro. Le explico que se trata de fotos y no de sexo y ella replica que tener sexo o no es problema mío, pero que a ninguna chica en el Wallen le gustan las fotos y ella solo las aceptará si le pago lo que pide y su cara no viene expuesta de forma clara. Frits le explica la clase de fotos que quiere hacer y ella sonríe entusiasmada y le cuenta que en el armario tiene un uniforme de enfermera, pero que su favorito es el de monja. Le pregunto si en verdad se llama Clea y ella asiente y me recuerda que debo pagarle por adelantado.
—Mi padre es holandés y mi madre italiana —dice mientras enciende un cigarrillo—. Ellos todavía viven en un pueblo cerca de Roma, allí nací.
Antes de venir a trabajar al Wallen estuvo tres años como cajera de un negocio de calzado en Roma. Tenía un novio con quien salía los sabados a comer. Su padre se había pensionado y había montado una fábrica de quesos que administraba con la ayuda de su madre. Llevaban una vida modesta y tranquila. Ella había estudiado diseño gráfico. Alguien, no quiere decir quién, le habló de Ámsterdam y de la vida en el Wallen.
—¿No sentiste temor?
—Al contrario —dice. Está en ropa interior sentada en el borde del angosto catre esperando que Frits empiece con las fotos—, fue como una revelación. Necesitaba un cambio y no sabía qué hacer. Escuché del Wallen y una semana después estaba aquí.
Frits me pide quitarme la camisa y tenderme en el catre, ella me acaricia el pecho con la punta de sus uñas. Clea lleva tres años trabajando en el Wallen y dice que ha ganado más dinero que sus padres en una vida de trabajo y sacrificios. Siente que allí ha podido expresarse sexualmente. Si un tipo le gusta se lo folla y si no, le basta con desconectarse.
—¿Y aquel novio?
Se ríe y suspira. Sus delgadas manos de largos dedos me acarician, sus ojos oscuros están en los míos. Frits le pide inclinarse más hacia mí.
—No necesito un novio —afirma. Su pelo me roza la cara—. Tengo veinticinco clientes por noche, me divierto con mi trabajo. Tenemos un sistema de seguridad. ¿Qué mujer no querra tener muchos amantes cada día? Hay días de descanso, como en todo. Y si me molesta algo me desconecto, igual hacía a veces con mi novio y mi madre con mi padre. Las mujeres aprendemos, antes de acostarnos con el primer hombre, a estar allí sin estar y, si no me crees, pregúntale a tu madre.
No todas las putas de Ámsterdam tienen la suerte de Clea. Para alcanzar su tarifa una chica debe tener menos de veinte años y una apariencia de top -model. El alquiler de una cabina puede costar más de mil euros por día. En las afueras del Wallen hay cabinas de asiáticas y africanas con tarifas muchas más bajas. Las cabinas de lujo están casi todas en manos de eslavas y una que otra italiana como Clea.Frits dice que es suficiente y Clea se levanta y se pone una bata de satín rosada. Nos acompaña hasta la puerta. En el bar de los viejos nos espera Doris Day. Doris es sueca y no quiere que su cara aparezca por ningún motivo en las fotos. Frits le dice que son para una revista colombiana y ella le responde que no confía en los colombianos. Pasamos un rato por la cabina de Doris y luego damos un paseo por las calles del Wallen y más allá de sus límites. También Doris ha pedido el dinero por adelantado.Doris es alta y delgada, tiene un rostro dulce. Se parece mucho a la verdadera Doris Day. A diferencia de Clea no está tan alegre con su oficio y solo está esperando una oportunidad para dejarlo. No es la única chica del Wallen que usa el nombre de una actriz, ellas son conscientes de que representan la fantasía del hombre común. Esos hombres no escapan a la vigilancia de sus prosaicas mujeres y se adentran en el Wallen para encontrar una puta, quieren a las mujeres que los excitan en las revistas y las pantallas de los cinemas. Brad Pitt se folla a Angelina Jolie y el hombre común también; hay muchas Angelinas esperando en los cálidos acuarios del Wallen. En este instante yo voy en bicicleta con Doris Day. No sé si Angelina le cobre a Brad por anticipado, pero puedes estar seguro de que en este mundo de farsantes no hay polvo gratis.
4. LA MUJER NACE PUTA Y LA SOCIEDAD LA CORROMPE
La definición jurídica más antigua de prostituta procede del Codex Justinianus del Bajo Imperio Romano: meretrix— palam omnibus— pecunia accepta—sine delectu que significa 'la mujer que ofrece sexo por dinero a cualquiera'. Antes y después de las prostitutas han estado las putas. Putaísmo se denominaba a toda práctica sexual que no estuviera amparada por el matrimonio y también las que amparadas en el matrimonio rebasaban los límites de las buenas costumbres o tenían un objetivo distinto al de procrear. Si una mujer cambiaba de posición en la cama o exigía caricias, aunque estuviera con su marido, era considerada una puta. En 1640, Rembrandt y Hendrickje Stoffels, que había trabajado como sirvienta en la casa del pintor, se convierten en amantes. El consejo de Iglesias Prostestantes de Ámsterdam no tarda en acusar a Hendrickje de puta y ella lo asume subrayando que ha sido puta por amor. Rembrandt sale en su defensa y vive con su puta hasta que una peste se la lleva a la tumba. Si, como suele decirse, detrás de cada hombre hay una gran mujer podríamos suponer que detrás de cualquier holandés hay una gran puta. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho y aceptar el libre ejercicio de la prostitución no ha sido fácil para Ámsterdam; en el siglo XV las autoridades temían que la creciente fama de sus putas desacreditara la ciudad y emitieron un decreto para intentar controlar la situación. En los siglos XVII y XVIII nadie en Ámsterdam quería hablar de prostitutas en público. Solo hasta octubre de 2000 los holandeses decidieron ponerle punto final a la prohibición y darles vía legal a sus prostitutas. Al fin y al cabo las putas seguían siendo el emblema de Ámsterdam y, aparte de hipócrita, la ilegalidad solo favorecía a los comerciantes de esclavas y dueños de prostíbulos. Muchas de esas chicas orientales, africanas, eslavas y latinas son engatusadas con falsas promesas. Después es fácil quitarles el pasaporte y obligarlas a obedecer. Una niña del Congo, sin dinero ni pasaporte, encerrada y hambrienta en un motel de Ámsterdam qué alternativas tiene. Legalizar el oficio ha limitado el abuso y ellas reconocen que sus condiciones de vida han mejorado. Hoy las putas de Ámsterdam están organizadas en sindicatos y existen cientos de instituciones que velan por sus intereses, algunas creadas por ellas mismas o por ex prostitutas.Un tímido sol de mediodía se asoma entre las torres, pero el frío me cala los huesos. Según María Luisa, una ex prostituta colombiana del Wallen que he invitado a almorzar, debería agradecer aquellos siete grados. Dice que es el otoño más caliente de los últimos años y que seguro habrá muchas holandesas tumbadas en sus terrazas intentando broncearse. María Luisa tiene cincuenta años, tres hijos y dos nietos. La mitad de su vida fue puta, ahora es dueña de varios apartamentos que solo alquila a chicas del Wallen 'porque solo los usan para dormir y siempre pagan a tiempo'. Su marido es un carpintero de Rótterdam que solía ser su cliente.
—Una vez hasta me arregló el catre —dice riendo—. Después de que nos casamos todavía trabajé unos meses. Dejé el Wallen porque quería tener hijos...
En Holanda hay cerca de treinta mil mujeres ejerciendo la prostitución, más de la mitad de ellas son inmigrantes. En los años setenta llegó la primera gran invasión de putas a Holanda desde el sureste asiático; la segunda provenía de América Latina, la tercera de África y la cuarta de Europa del Este. El sesenta por ciento de las prostitutas que trabajan hoy en Holanda son latinas, en su mayoría colombianas y brasileñas. Entre los transexuales, el primer lugar lo ocupa Ecuador.María Luisa dice que en Ámsterdam hay más putas que bicicletas, que en el fondo todas las mujeres son putas pero el miedo y la verguenza las reprimen. Han pasado veinte años desde la última vez que estuvo en Colombia y no tiene intención de regresar.
—Allá no hay respeto por nadie —dice—, ni siquiera por las putas.
Una de las cosas más agradables de Ámsterdam es la sensación de libertad; no se trata solo de poder entrar a un coffee shop a fumar marihuana o de que las putas trabajen a su libre albedrío, es la forma como los holandeses aceptan y respetan la diferencia. Holanda nunca ha sido un Estado policial, siempre ha optado por la tolerancia y el diálogo. A Colombia le haría mucho bien legalizar droga y prostitución; solo alguien muy estúpido puede creer que la seguridad de un país se logra aumentando el número de policías y negando a sus putas.
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Friday, October 03, 2008
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Ogni giorno e ogni notte gli uomini si uccidono tra di loro in nome dei fini più disparati; la brama di potere e la ricchezza sembrano essere al primo posto. Eppure ciò che si trova in fondo ad ogni guerra o a qualsiasi anelo di pace è una morbida, soffice e pelosa fichetta. Gli uomini parlano di bontà, onestà e giustizia perché sanno di essere crudeli, traditori e meschini. Ricorrono alla forza perché si sentono deboli e non si fidano nemmeno della loro ombra poiché non hanno mai smesso di essere una montagna di piccole e rumorose creature perse in quell’immensa fica siderale che è l’universo. Non è un segreto per nessuno che fu a causa di una fica che siamo stati cacciati dal paradiso, chissà per questo il nostro unico contatto con il paradiso continua ad essere una fica. Per quanto possano essere efficaci la clonazione e le altre future invenzioni della scienza nel suo stupido affanno di portare sempre più gente a questo mondo, dubito che esista qualcosa di più sicuro e divertente che atterrare da una calda e rispettabile fica materna. A differenza del sesso maschile, la cui meccanica è ovvia e in fin dei conti pretenziosa, la fica è un oceano di mistero. A una donna bastano tre o quattro colpi per cancellare l’arroganza del più maschio, quando invece non esiste ancora un uomo capace di colmare le aspettative che persino la più tenera e delicata fica racchiude. Anche se raccontare le proprie imprese con le donne è uno sport molto comune tra gli uomini e la maggioranza pensa che avere una moglie, due amanti e rotolarsi ogni tanto con una puttana li converta in vere e proprie macchine sessuali, la verità è che di fronte alla fica non abbiamo chance. E se alcuni credono che fare l’amore con due donne allo stesso tempo o che con cinque scopate al giorno possono esigere un diploma da stalloni bisogna ricordare loro che nel 1995 una minuta e fragile donna si fece in meno di dieci ore 251 tipi, di tutti gli stili e misure, imponendo così un record mondiale nella specialità e guadagnandosi un meritato spazio nel Guinness. Annabel Chong, autrice della prodezza, nacque in Cina e crebbe a Singapore. Il suo vero nome era Grace Ouek; quand’era adolescente si trasferì a Londra per studiare filosofia e diritto, i suoi professori dicono che era una studentessa brillante fino a quando una notte una banda di teppisti la sequestrò e la rinchiuse in un magazzino dove fu violentata fino all’alba. Nella sua dichiarazione alla polizia Annabel raccontò che era stata oltraggiata da nuove uomini che nel farlo si vantavano della loro virilità e la chiamavano “zoccola gialla”. Dopo poco tempo abbandonò l’università e iniziò la sua carriera di attrice porno che l’avrebbe portata poi fino agli Stati Uniti dove si sarebbe convertita in regina del gang-bang e, come lei stessa ha dichiarato in varie occasioni, in simbolo del movimento femminista. In una intervista, prima dell’incontro con i 251 volontari, Annabel disse che lo faceva per “Mostrare il lato più aggressivo e politicamente incorretto della sessualità femminile”. E poi aggiunse “Non sono una puttana, mi piace quello che faccio. Chi violenta una donna vuole che lei si senta in colpa se gode del sesso. La violenza degli uomini nasce dalla loro incapacità di esprimersi sessualmente perché sono funzionali e poco immaginativi”. In Colombia i livelli di violenza sessuale contro le donne sono allarmanti e parte di quella violenza nasce, como ben lo spiegava Annabel, dal timore alla fica; noi uomini cerchiamo in tutti i modi di negare la nostra condizione di fica-dipendenti. Nessuna offesa è più terribile per un uomo che vedere profanata la fica di cui si sente padrone. La retorica dell’amore ha come obbiettivo la fica; la fica ci domina. Persino per vendere un frullatore bisogna metterci sopra una fica. Viviamo nel regno della fica, anche l’universo virtuale ne è invaso; quando apri una pagina per sapere come va la guerra in Iraq appaiono subito dal nulla decine di avvisi di fica.com che bloccano il sistema e continuano a galleggiare sul video. Desideriamo controllare la fica ma è impossibile, la fica ci supera, ci imprigiona, ci divora. Annabel Chong, alias Superfica, accetta che la sua vita fu marcata da quella violenza selvaggia e considera il gang-bang una forma didattica di insegnare agli uomini il potere sessuale delle donne. Senza dubbio lo stupro, insieme al sequestro, è uno dei peggiori crimini che esistono. Secondo le statistiche il 90% delle donne violentate preferiscono mantenerlo segreto per paura delle conseguenze sociali (il 50% degli stupri succede nella casa stessa della vittima). Naturalmente non tutte le vittime di uno stupro si convertono in attrici porno, ma un’aggressione di quella natura lascia tracce indelebili e la giustizia in paesi come il nostro continua ad essere molto blanda al rispetto. Noi uomini non possiamo immaginare quanto deve essere terribile per una donna essere forzata a fare sesso, alcuni credono addirittura che quando una donna nega la sua fica quello che vuole è provocarli. Deve essere chiaro che quando una donna dice No significa No e bisogna dimenticarla. So che non è facile, è successo a tutti, ma prima di ossessionarti con la fica che ti negano è meglio pensare a tutte le fiche che ti aspettano con un sorriso. Un settore della fisica sostiene che tutto iniziò in un buco nero a cui seguì l’immensa esplosione del big-bang, e questo rende possibile che tutto abbia fine in uno buco nero. L’origine e il futuro dell’universo assomiglia molto alla nostra vita, e più che tristezza è per me una consolazione pensare che se ho cominciato da una fica perché non farla finita lì e chiudere gli occhi respirando per l’ultima volta il profondo aroma che per fortuna ci tirò fuori dal Paradiso.
(traduzione di M. O)
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Friday, October 03, 2008
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Una chica, aspirante a modelo o alguna basura por el estilo, me envía un mensaje a mi sitio de internet con tres flamantes preguntas:
1. ¿Por qué me agregaste?
2. ¿Quién eres tú?
3. ¿Qué hizo Coelho para que lo odies?
Respondí de la forma más simple, honesta y sobria posible. Le dije: Muñeca, no tengo puta idea de por qué te agregué y si no estás de acuerdo bórrame o vete al demonio. Tampoco tengo puta idea de quién rayos soy y si lo supiera no te lo diría. Y sobre el asunto Coelho me pregunto cómo sabes que lo odio si no sabes quién carajos soy. Mis mejores deseos con la venta de tu cuerpo y el resto de tu bella e inútil humanidad.
En vez de borrarme la chica me envió tres nuevas preguntas:
1. ¿Al fin odias o no a Coelho?
2. ¿Sabías que en google hay mucha información sobre ti?
3. ¿Estás molesto conmigo?
Antes de responder entré al perfil de esta chica. Más de trescientas fotos, algunos datos biográficos y los nombres de sus ídolos: Coelho, Paulina Rubio, Osho y una larga lista de trastos balbuceantes. Me detuve en algunas de sus fotos: bella carne empacada al vacío lista para ofrecerse al mejor postor con tal de obtener alguna portada y todos esos detritus que las bellas chicas aspirantes a modelo o alguna mierda por el estilo llaman "llegar a algo". Esta vez traté de ser más directo en mis respuestas, no quería que intentando descifrar mis palabras aquella pobre chica sufriera la rotura de un aneurisma. Le dije: Nena bella olvida a Coelho y piensa en mí. Coelho es un largo eslogan de mierda bonachona e inconducente. Olvida a google, muñeca. Google es sólo un inmenso basurero virtual construido con los desechos de nuestras mentiras. No estoy molesto contigo, si vienes esta noche a buscarme te prometo inocularte un alma, una cálida, suave y sensible alma. Una que encaje perfectamente entre tus huesos y encienda tu corazón y lleve alguna idea a tu mente. Nena, si tocas esta noche mi puerta pondré pensamientos en tu mente para que no esté tan oscura y vacía.
Dos días después me mandó un mensaje:
"Eres extraño Efraim y me gustaría conocerte, pero mi novio es muy celoso. Ahora está en la cárcel, pero sale pronto. Igual sus "muchachos" me siguen día y noche. Me alegra que hayas aceptado a Coelho, seguro que si lo lees vas a lograr encontrarte contigo mismo y sabrás quien eres. A mí me pasó, antes no sabía quien era. No entiendo todo lo que dices, pero creo que en el fondo eres una persona tierna. No voy a borrarte de mis contactos y si puedes escribe algún comentario en mis fotos. Te mando un beso y una onda de buena energía positiva."
No sé qué pensarán ustedes pero siento escalofríos cada vez que pienso en ella. Imagino las palabras intentando abrirse paso en su pequeña mente. Imagino a miles, quizá millones, de criaturas como ella. Es innegable que las colombianas son bellas y cuando no lo son tienen una chispa que se parece a la belleza. Al mismo tiempo suelen tener una estrechez mental exasperante. No hablo de la inteligencia funcional o la astucia, eso les sobra. Pero de qué sirve estar en el puerco mundo ignorando qué es y para qué sirve estar vivos. Ignorando que hace que zumben los insectos y rían los pájaros. Cierto que millones de hombres son tan huecos como esa chica, pero a mí los hombres no me importan un pito. Adoro a las mujeres, las sueño, las deseo, las necesito como el aire. Existo para mover sus mentes y llevar sus cuerpos al delirio. Y por eso odio que se entreguen y sometan a pendejos machistas descerebrados. Las sueño liberadas de su arquetipo, llenas de sí mismas. Mientras el cansancio del día me vence pienso en ella, en esa pobre, bella y espléndida niña sin alma.
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Friday, October 03, 2008
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Recuerdo que esa noche (mientras mi amigo era atropellado por un auto fantasma delante de un montón de hijueputas que después juraron no estar allí) yo estaba viendo en la tele La noche de la iguana y que apunté algunos versos del viejo poeta —el personaje que centra ese film— para compartirlos después con mi amigo, pero no hubo un después. Los versos en cuestión dicen: Oh valor/ por qué no tienes la sinrazón de alojarte en un lugar anhelado/ no sólo en el árbol dorado/ sino en los terrores de mi corazón. A mi amigo no le gustaba la poesía pero amaba la elegancia sin importar la forma que tomase, y aquella declaración de cobardía por parte del viejo poeta no podía ser más elegante. Mi amigo era de mediana estatura, algo robusto, de ojos negros y expresión risueña aunque a veces jugaba a ser duro. Era un hombre sensible, medido y encantador. Su mente iba más allá de las ideas y actos, su mente era música: la brusca melodía de un espíritu inquieto. Muchas versiones se han tejido sobre su muerte y algunos incluso se han atrevido a decir que se suicidó. Yo fui la presencia más cercana a él durante los últimos años: jamás se habría quitado la vida. Incluso, al escribir esto, el corazón se me hiela porque no logro comprender que ya no esté, si él era la vida misma. La idea de su muerte no me entra, no me la creo, me parece estar jugando con la idea y que él llegará en cualquier momento y dirá alguna frase, inteligente y burlona, para luego sonreír como sólo un hombre del far west puede hacerlo. El asunto es que estaba vestido de negro, había bebido y regresaba a casa. La calle en ese sector es oscura y los autos a esa hora van a toda velocidad. Lo demás es terreno de Dios y sus caminos son inescrutables. Mi madre me despertó esa mañana y trató de darme la noticia. No la acepté. Los días pasan y él no aparece pero a veces es así, no tengo prisa ni planes, puedo esperar toda la vida para volver a compartir la música, los afectos y el quehacer de las arañas.
Nuestros diálogos eran infinitos y nuestros silencios un poco más largos. No pretendíamos comprender la interioridad mutua, sólo estábamos allí como orillas equidistantes del mismo océano, unidos y separados por una sustancia idéntica, perdidos de nosotros mismos para siempre. El era sosegado pero radical. Muy pocas veces perdía el control. La gente le hablaba y él parecía escuchar pero la más de las veces estaba absorto, escuchando la música de su sangre. Tenía una forma de responder que producía pasmo, nunca se tomaba en serio las cosas por las que los otros viven y mueren, tenía una visión muy clara y por ende pesimista sobre la existencia y la razón de ser de lo divino y humano, sin embargo jamás rebajaba su actitud: su humor negro era resistente a cualquier lance de la adversidad. Era un hombre de palabra, un amigo en todo y por todo como no espero hallar otro semejante. Sabía com- partir y negar, era un excelente bailarín, un sujeto capaz de percibir los mínimos detalles, un dulce truhán, una anónima estrella del rock.
Uno puede compartir tiempo y espacio con una mujer por sexo, dinero o en el peor de los casos amor. El amor por una mujer es de alguna forma humillante, es un sentimiento que socava nuestra autoridad y control, un extraño y grave malestar de los sentidos, algo que tarde o temprano hará que sintamos asco de nosotros mismos. La amistad en cambio es un don, un don exclusivo de hombres, una fuerza desapasionada y sobria, un punto de equilibrio, un nuevo atributo, un encantamiento limpio porque excluye el sexo, porque su índole es espiritual y por tanto viril. La mujer, como todo animal doméstico, pretende la inmovilidad. El amigo nutre la magia y prepara la fuga. Un amigo puede mentir, traicionar, alejarse. Un amigo no tiene que estar cuando es necesario, no tiene que compartir tu dolor, no tiene que respetar a la mujer que amas, no tiene que hacer nada en absoluto. El peor crimen no es irse, el peor crimen es fingir. Cuando el amigo muere hay dolor y vacío, también alivio, alivio de saber que no volverás a sentir esa clase de dolor y vacío. No se extraña lo que se tiene adentro: escuchas mil veces la misma canción y la botella dura una eternidad.
De niño recorría las calles de Villa Felicidad (un podrido barrio en las afueras de Ciudad Inmóvil) montado en una vieja cicla disfrazado de Batman, la oscura capa revoloteaba tras él. Todos pensaban que era un chico raro, y lo era: tenía ocho años, escuchaba rock todo el día, sabía que ir a la escuela era tiempo perdido, que los cómics iban mejor que aquellos profesores rotos del culo tratando de ablandarle los sesos. Pasaba horas mirando el trabajo de las arañas en los ángulos de su habitación, para él aquellas voraces criaturas que hacían del crimen un arte merecían todo el respeto. También lo fascinaban las carnicerías, como si adivinara que aquellos antros eran síntesis del espíritu humano.
Se llamaba Ciro porque todos nos llamamos de algún modo (y también porque su padre admiraba a un emperador turco o algo así). Podía sacarle a una flauta pequeñas y redondas melodías de su propia invención. Su actuación en No te aferres a nada que no puedas abandonar en 5 segundos, la legendaria pieza teatral de D. H. Nashville, fue elogiada de manera unánime por la crítica. Esto lo obligó a tomar la decisión de abandonar el teatro porque un mínimo descuido y te pueden hacer famoso. Se llevaba bien con los niños. Diseñaba su propia ropa. Vivía en una hora, un siglo y un clima personal.
Leía poco pero era muy selecto. Tenía mucho de Billy The Kid, personaje que lo obsesionaba, también de Morrison y Jesse James. A su manera era un cow-boy. Sabía vestirse, estar apropiado. No usaba revolver pero sí un cepillo de dientes y algo para mantener su cabello impecable. Sabía llegar a la gente, sabía mantenerse al margen y sólo actuar si era necesario. Era capaz de enfrentarse al mundo con una frase y aquella inolvidable sonrisa. Tenía muchas mujeres pero no se dejaba salpicar por ellas, no necesitaba ser brusco para mantenerse distante. Tenía el cabello hasta los hombros, la voz grave, bien modulada, sentenciosa. Tenía veintisiete años y nunca perdió la elegancia. Odiaba la quejumbre, las explicaciones, los juicios. Nombres como Pamela y Melody rondaron su memoria algunas tardes. Borges lo fascinaba.
Estar sentados en una áspera barda con la vista clavada en el océano a las tres y pico de cualquier madrugada no nos era extraño. La ciudad dormía, el último bar había cerrado, el ímpetu nos dejaba y la mente daba lugar a un mundo de piedras sobre las cuales se destrozaba el tonto e inútil oleaje del ansia; entonces la realidad apretaba cada extremo de nuestra burda e insípida fantasía y era un darse cuenta. Una mirada atravesaba a la otra: éramos apenas dos tipos callados y somnolientos de espaldas a una ciudad que nos arrancaba la vida sin darnos a cambio un ápice de respeto. Allí estaba él, sumido en sí mismo, a punto de unas palabras que se formaban en un largo siglo de dolor y rabia.
—¿Murió la flor?
—...Quizá Cow-Boy esté abierto.
—No creo... ¿Si yo tengo siete mil cuanto hay entre
los dos?
—Lo que quede después que me pases para el taxi.
Cuenta los billetes y me da un parte.
—Creo que es el final del camino, vaquero.
En ese instante surgía un amago de sonrisa y echábamos a andar en direcciones opuestas como si fuese un duelo pero ninguno se volvía a mirar al otro. Su apartamento estaba a pocas cuadras; el mío a media hora de un conflictivo taxi. Sé que le preocupaba la soledad de su madre aunque casi nunca habláramos de ello, sé que le dolía aquello que menos parecía dolerle. Pero la vida es más ese silencio que nos traga como un enorme pez que las repetidas y profundas palabras de los que dicen amarnos. Y él se escapa del sortilegio de estos fragmentos, de mi dolor ciego, de mis ocultas intenciones, de todos los que dirán alguna vez que le conocieron, que sabían quién y cómo era. Nadie lo supo jamás, ningún ser ha sido lo suficientemente dulce para rozar a otro, nadie hizo por él ese gesto necesario. El jamás pidió nada y entonces muchos quisieron dárselo. Glup. Error de texto. Mala sintonía. La verdad nos vimos algunas veces, conversamos entre botella y botella, entre vacío y vacío, eso fue todo.
La gente estúpida me produce asco y en mi pequeña, bella y hedionda ciudad amurallada la estupidez abunda. En sus murallas día y noche cagan los perros, y es perfecto que lo hagan porque ¿para qué demonios sirven esas murallas? Pienso que las mentes de sus habitantes también están amuralladas y que allí cagan los miedos, las pequeñeces, la intriga, etc. Por eso son eternamente serviles, por eso niegan cualquier posibilidad de búsqueda, por eso comen lo que está en los rincones de sus murallas. En las postales la mierda se mimetiza, así también los habitantes mimetizan su precariedad con el viejo truco de: ¿La sientes en tu piel? Es la magia del Caribe. Aquí puedes hacer lo que quieras, puedes cambiar una vaca por dos mujeres o fumar mariguana sentado en una playa al atardecer. El vivió en otro mundo, un mundo sin murallas. Por eso algunos se sentían incómodos ante su presencia, por eso se tejían historias en torno suyo, por eso es un mito. En una ciudad donde todos se venden un hombre de su dignidad resultaba extraño.
Nunca soñó con ir a Africa a cazar elefantes o ser una estrella de cine, nunca buscó el éxito en ninguna actividad, le bastaba con ser él. Juntos fundamos la multinacional Fracaso Ltda., reniendo como único activo el eslogan: Donde se necesite un fracaso allí estaremos. Pintó con temple, escribió ásperos poemas y canciones, fue actor y escenógrafo, se atrevió a romper los duros bordes de una realidad que no podía rebasarlo, hizo aportes valiosos a mi trabajo y vida, abrió puertas en un mundo de piedra, fue implacable cuando debió serlo, me salvó la vida cien mil veces, su nombre está grabado con letras doradas en el corazón de quienes tuvimos la inmensa fortuna de conocerlo. Fue el mejor y nunca habrá otro.
Sin él la noche es lenta. Camino entre oficinistas afanados. ¿Adónde irán? Alguno tendrá coraje. El resto es sólo una pila de poetas, solteronas y escoria deportiva. Sin él la risa es mueca. Estoy en un bar y no me siento, la música parece estar a mil kilómetros. Sin él la vida se fue a otra parte. Sin él llueve por llover. Una mujer se sienta a mi lado y me pregunta si soy yo. Lo pienso y lo pienso y no atino a responder. Ella insiste. Le digo que hace dos horas me hice una deliciosa paja y con eso tuve suficiente. Parece enojarse y luego le habla al tipo del otro lado. Sin él las palabras son huecas como el caparazón de una tortuga tirado en una avenida de New York. Me siento más dueño de mis actos pero mis actos no tienen velocidad ni forma, son estúpidos como gente haciendo fila para entrar al cinema. Sin él me vence el hastío, me gana la necedad, la mugre, el desencanto. Él era como de mi sangre, el amigo ideal, el cómplice definitivo. No quería morir. Estaba satisfecho consigo mismo, con sus botas texanas y su negro gabán, con su misterioso aspecto y su corazón de niño que me parece imposible haya dejado de latir.
Esta tarde, mirando desde el piso treinta y nueve de un rascacielos la enorme, fría y sangrienta Bogotá donde alguna vez desafiamos el peligro, la idea de su muerte me resulta más irreal. Tengo la impresión de que ha salido a dar una vuelta y pronto entrará con algo oculto bajo el gabán, se plantará frente a mí e irá sacando lentamente la flamante botella de Jack Daniels y me dirá, arqueando un poco las cejas a la manera de Sean Connery: Bienvenido a la realidad. Después nos sentaremos a beber y él recordará a Tico Cortéz, su querido hermano, y hablaremos sobre noches interminables en casa de Tico escuchando a Roy Buchana, Zeppelin, Rollings, The Sex Pistols, Ramones, etc, etc. Vaciando botella tras botella, y luego, ya borrachos, la voz de Carole King —interpretando You Care Friend— nos sacaba a los tres, rebeldes y rabiosas lagrimas como éstas, que su imagen, en blanco y negro sobre la oscura pared, me arranca ahora.
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Friday, October 03, 2008
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A due ore da Cartagena de Indias c'è un'isola chiamata Paraíso. Sulla spiaggia, nella sabbia bianca come la neve, le tartarughe vengono a deporre le uova. Nell'acqua trasparente, ricca di sfumature azzurre e verdi, migliaia di pesci e di creature marine si muovono tranquillamente sotto il sole infuocato. È una riserva naturale e la presenza umana, come dev'essere in un vero paradiso, è proibita.
Paraíso fa parte dell'arcipelago El Rosario: in totale sono ventisette isole, e la maggior parte è di proprietà di privati che ci trascorrono le vacanze o gestiscono degli alberghi. A differenza di buona parte della Colombia, quest'area dei Caraibi non è stata contaminata dalla guerra o dalla violenza indiscriminata; per questo ai pescatori sembrò strano trovare il cadavere di una bambina impigliato tra le radici acquatiche delle mangrovie, non lontano da Paraíso.
Strano soprattutto perché gli isolani si conoscono tutti e quella bambina non era di quelle parti, e inoltre non avevano sentito di qualcuno che la stesse cercando. I pescatori la portarono a Cartagena e consegnarono il corpo alle autorità. Le indagini rivelarono che la bambina si chiamava Analinda, aveva quattordici anni e veniva da un'umile famiglia della periferia di Cartagena. La madre disse alla polizia che Analinda era partita quindici giorni prima per frequentare un corso per modelle a Milano.
"Un signore italiano con i capelli bianchi è venuto a cercarla e ha detto che con la sua bellezza poteva far carriera e mantenere tutta la famiglia", ha raccontato la madre tra le lacrime. Quell'uomo le aveva lasciato anche una bella somma di denaro. La storia di Analinda non è nuova. Circa 1.200 bambini sono obbligati a vendere il loro corpo nel circuito della prostituzione infantile di Cartagena e i clienti più assidui sono italiani e spagnoli. Come avrebbe rivelato in seguito l'autopsia, Analinda non era morta per un incidente.
I lividi e i graffi sul corpo e sulla testa facevano pensare che qualcuno molto grande e forte l'avesse tenuta sott'acqua fino ad annegarla. Sotto le unghie di Analinda furono trovati resti di pelle che vennero inviati al laboratorio per stabilire il Dna dell'assassino. Le ragioni del crimine restano ancora un mistero.
Una settimana fa sono stato a Cartagena e ho deciso di visitare quell'isola. Un mio amico, un biologo marino, ha ottenuto il permesso con la scusa di fare un servizio sulla fauna di Paraíso. Siamo arrivati con la sua lancia e siamo rimasti sorpresi di vederne un'altra ormeggiata davanti alla spiaggia. Siamo scesi e ci siamo addentrati nella piccola isola, che era ancora più bella di quanto ricordassi. Poco distante, sulla spiaggia, c'erano varie coppie formate da bambine mulatte e uomini bianchi, grassi e calvi, e in acqua ce n'erano altre.
Il mio amico ha tirato fuori dall'acqua una stella marina calpestata e ha maledetto quei turisti. Uno dei tizi in acqua ha gridato qualcosa alla bambina accanto a lui; parlava spagnolo con un forte accento romano. Lei ha fatto cenno di no con la testa, sembrava spaventata. Il vecchio ha continuato a parlarle a bassa voce. Sono entrato in acqua per ascoltarlo e ho capito che quel vecchio romano, calvo e grasso, voleva che la bambina s'immergesse sott'acqua per praticargli del sesso orale.
Lei ha cercato di spiegargli che non poteva trattenere il respiro per tanto tempo, e lui le diceva che era una stupida puttana. È arrivato un altro romano e ha cercato di calmare il suo amico. Ho pensato ad Analinda e mi sono venuti i brividi. Sono uscito dall'acqua e sono andato a cercare il mio amico che stava parlando con i proprietari delle lance.
Loro sostenevano di avere il permesso di stare a Paraíso, e il mio amico replicava che quella era una riserva naturale e che si sarebbero cacciati in un casino. Ho chiamato il mio amico e gli ho detto che dovevamo avvisare la polizia. Lui ha sostenuto che era inutile, che avevano delle sentinelle e che prima che fosse arrivata la polizia se ne sarebbero andati.
"La più grande di queste bambine non ha più di quindici anni", ho insistito. "Il padre di tre di loro è il proprietario della lancia", mi ha risposto, "e l'altro è il fratello delle altre due. Se arriva la polizia diranno che stanno solo passeggiando con degli amici stranieri. Hanno programmato tutto".
Ho sentito di nuovo quell'accento romano: il vecchio stava gridando ancora alla bambina. Sono sceso dalla lancia e sono andato verso la spiaggia. La bambina si era immersa. Al vecchio non sembrava importare che lo stessi guardando. La bambina ha tirato fuori la testa e gli ha detto che non ce la faceva più; mi sono accorto che non era la stessa di prima. Sono entrato in acqua e ho detto al vecchio che quella ragazzina poteva essere sua nipote.
Lui, seguito dalla bambina, si è riunito al resto del gruppo. Sono andato fino alla spiaggia e sono rimasto a guardarli. Dopo un po' il gruppo di vecchi italiani è salito sulla lancia insieme alle ragazze; la barca poteva portare dodici persone e loro in tutto erano diciassette. Quella scatoletta di sardine è partita e dalla coperta le ragazzine hanno fatto gesti osceni. Il mio amico si è avvicinato con un'espressione rassegnata e con lo sguardo fisso sul mare, e mi ha detto: "Da questi figli di puttana non si salva neanche il paradiso".
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Monday, January 01, 2007
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 Oggi ho visto mio padre: era in fila al cinema con la nuova moglie e i suoi nuovi figli. Non credo che mi abbia riconosciuto, in fin dei conti sono stato suo figlio solo per pochi anni. I conflitti che hanno causato la separazione dei miei genitori per me rimangono un mistero.
So che un giorno mamma ci radunò in salotto dopo mangiato e ci annunciò che quella sera stessa ci saremmo trasferiti in un'altra città. E lui, nostro padre, sarebbe venuto a trovarci nel giro di qualche settimana. L'autobus scalcinato si addentrò in paesaggi sconosciuti. Le nostre cianfrusaglie erano fissate sul tetto con delle corde.
Guardando gli alberi sfilare via al nostro passaggio mi addormentai e quando mi svegliai i parenti di mamma avevano già tirato giù i bagagli dall'autobus. Uno di loro stava spiegando alla mamma che la casa in cui avremmo abitato si trovava a trecento metri da lì, dietro un campo da basket abbandonato.
Chi ha inventato la vita ha fatto tutto al contrario: dovremmo nascere vecchi e diventare giovani con il tempo. Nella casa a fianco vive una coppia di anziani. Fin dalla mattina presto portano le sedie in terrazza, si siedono uno di fronte all'altra e si dondolano. Non hanno l'obbligo di andare a scuola o al lavoro, potrebbero correre fino al ruscello dietro gli alberi e nuotare a volontà. E forse lo desiderano anche, ma hanno perso le forze e riescono solo a dondolarsi.
A questo punto per loro sarebbe meglio andare a scuola, rimanere seduti tutta la mattina ad ascoltare il professore e poi tornare a casa a fare i compiti. A che gli serve non dover fare nulla se non possono fare nulla? Se uno nascesse vecchio, spenderebbe questi primi anni faticosi imparando cose inutili, poi arriverebbero gli anni di duro lavoro per assicurarsi un futuro e, alla fine della vita, pieni di infanzia, potremmo andare di ruscello in ruscello, e giocare a calcio nel campo abbandonato senza dover pensare al giorno seguente.
La vecchiaia e le sue sventure rimarrebbero nel passato, e così anche l'amore e le sue conseguenze. Ed ecco la cosa migliore di tutte: l'innocenza ci farebbe affrontare la morte, quella dei nostri cari e la nostra, senza troppi drammi. Invece sono condannato a soffrire perché il tempo gioca contro di me; man mano che cresco i dettagli e il significato dell'assenza di mio padre si fanno più chiari e terribili. Man mano che cresco mio padre muore ancora e ancora. Più e più volte.
Il dolore ferma gli orologi, le ore per lui non contano. Il dispiacere dura un secondo e mentre spio mio padre e la sua nuova famiglia mi domando perché ci abbia abbandonati. Capisco che si sia separato da mia madre, sono cose che succedono. Nella parte più profonda della mia mente anch'io spero di lasciarla, non so ancora quando. Adesso sta guardando nella mia direzione, forse mi ha visto e fa finta di niente per non destare sospetti.
Non credo che le abbia parlato di noi. So che è assurdo dire che qualcuno è morto e poi vederlo in fila al cinema. Ma il fatto è che si tratta di due padri diversi: quello che mi amava è morto, l'altro è rimasto con noi finché ha deciso che non gli bastavamo. Vederlo ridere con loro mi fa rivoltare le budella, se potessi gli direi la verità. Ma la verità si è scolorita con gli anni, resiste solo il dolore, e quello non lo si può condividere.
Ho dimenticato quello che mi manca di mio padre e molte delle sue caratteristiche si confondono con i ritratti letti nei libri; la cosa curiosa è che la sensazione di nostalgia è ancora intatta. Se mi chiedessero di lui potrei dare molte versioni: parlare di uno sconosciuto è sempre più facile.
Con mia madre è diverso, su di lei non ho niente da dire. La cosa certa è che una persona ama qualcuno solo per un istante. E dopo poi ciò che ama è solo l'ombra, il riflesso o il ricordo di quell'istante. Di tutti i malesseri dell'anima nessuno è più maldestro, esagerato e pigro dell'amore. Non è l'amore a tenere unite le persone, ma il senso di colpa perché non ci si ama più e il risentimento per il fatto che l'altro non riesca a capire che abbiamo smesso di amarlo.
Mia madre si aggrappa alla propria immagine di vedova, si sente superiore e piena di dignità. Quell'immagine la imprigiona e la fa tremare all'alba. Chi ha inventato la morte ha fatto tutto al rovescio: dovremmo nascere morti e la fine di tutto dovrebbe essere cominciare a vivere. Se non altro dovremmo cambiare il nostro atteggiamento nei confronti della morte, sminuirne l'importanza, dimostrarle che possiamo vivere senza di lei.
È disgustosa la gravità con cui parliamo delle persone scomparse, soprattutto sapendo che siamo a un passo dal seguirle. A Palenque, non lontano da Città Immobile, quando qualcuno muore i neri intonano bellissime canzoni. Mio padre amava mia madre, e lei faceva tutto il possibile per farsi amare. Ma mio padre era infastidito da questi sforzi, e aveva ragione: è inutile farsi amare da chi ci ama già. Mi è sempre sembrato elegante che lui rifiutasse questo gioco e diventasse freddo quando lei gli chiedeva carezze e coccole.
Lui voleva fargliele senza che lei le pretendesse. Ed è la voglia di essere amati a determinare il fatto che non ci amino. Una persona sente la mancanza solo di chi se ne va senza dire addio.
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