Definir
con la palabra tristeza aquella visión, resultaría corto e incompleto para su
descripción y comprensión. La escena que se proyecta delante de mí, esta
compuesta por una persona y un entorno… rápidamente ubico el lugar y luego el
personaje.
Se trata
de aquella casa donde por espacio de mucho tiempo, varios de nosotros
concurrimos reiteradamente.
En el
principio de los años setenta, pude conocer al padre de mi buen amigo, él era el
responsable de haber levantado aquella casa, donde todos sus hijos crecieron. Poco
tiempo después fue repentinamente sorprendido por la muerte.
Ahora en
el instante de esta visión, aquel hombre se adelanta hacia mi y yo algo
sorprendido pero de forma simultanea le alcanzaba decir: ¡soy Jaime, el amigo de su hijo!, de manera inmediata me replicaba,
¡se quien eres!, ¡he regresado después de 30 años para
decirte lo que no te diré! Yo, en cuestión de un instante, pude percibir el
abandono y deterioro de todo aquel sitio, el acentuado olor de encerrado,
además de percatarme que la casa tenía todas las puertas de acceso internas y
externas cerradas.
Seguidamente
y con un impulso de esos que no te dejan tiempo para pensar, extendí mis brazos
para terminar en un emotivo abrazo.
Seguidamente
comentó ¡¡¡ No voy a decir lo que tú ya
sabes¡¡¡
¡Escríbelo!..
Aquellas
palabras activaron en mí algunos recuerdos claves para concluir lo que ahora
escribo.
Luego de
revisar de manera minuciosa toda la experiencia del día 20 de octubre de 2009
diré lo siguiente.
El único
interés de parte mía hacia aquel lugar, es lo que atesoro a nivel de recuerdos
y vivencia. Lo verdaderamente importante y especial en mi vida sucedió allí, en
aquel sitio cuando la noche se volvía día.
La
deducción final trae hasta mí una sola cosa a la mente. ....
Todas las
veces que el padre de mi amigo “APARECIA”
solo tenía una razón y un significado “problemas”,
curiosamente esa era la forma de avisar y prevenir a los suyos…
