MySpace


Sheila

Sheila Candelario


Last Updated: 4/5/2009

Send Message
Instant Message
Email to a Friend
Subscribe

Gender: Female
Status: Single
Sign: Cancer

City: New York
State: New York
Country: US

Blog Archive
[Older      Newer]
 /  / 
Tuesday, April 07, 2009 












Cooltura: Blueprints for a Nation and La





Cápsula del Time to launch at El Centro de





Estudios Puertorriqueños Library at Hunter





College on Thursday, May 14, 2009

















Saturday, March 21, 2009 
 

Secuestrada


Muerde el frío
lame con filo de cuchillo

levanta con mirada de tortura
a gritos despierta condena de los casi vivos. 
Me acusa de ser la intrusa
la que si no lo soporta me vaya
y con sorna sacude y tirito con furia.
Ya mis pies no descansan
arropados en perpetuidad helada
como osamenta obligada a cargar su delito.
Aquí el sol es indeciso, débil, 
no hace caso a Perséfone al tocar la puerta
no deja con Demeter fecundar meses ingratos de olvido.

Termino el día como feto enroscada
en cualquier placenta resignada de la casa
sin esperanza siquiera rescate un cálido ombligo. 




20 de marzo, 2009
Primer día de primavera
32 grados Farenheit
CoCoCoCongelada en Connecticut

Saturday, March 14, 2009 

tras




una postal




al sur




No sé por qué hoy releo tus cartas
por qué deseo sembrarme en tu abrazo
No sé por qué precisamente hoy me enfrento a tu ausencia
y doy cuenta tu puerta no cierra
No sé por qué hoy no puedo empujarte a la sombra
por qué soy niña que busca tu risa
por qué hoy me toca afrontar la locura
de haber creído olvidarte hace tanto
No sé por qué hoy el pecho es mi cuerpo
y le falta aire, y se hunde
No sé por qué hoy se desnuda la rabia
en mentira de una excusa indefensible
No sé por qué hoy, hoy precisamente
no resisto mi cama, ni la longitud del alba
No sé por qué hoy tan soleado te asomas
y atrevo a enseñarte esto oculto tras mi ocaso
 

Friday, December 12, 2008 

TIC, TAC   



 


 


"a medida que la realidad se crea [...], su imagen se  refleja hacia atrás en un pasado indefinido; se encuentra así habiendo sido desde siempre posible; pero es sólo en este preciso instante en que comienza a haber sido" 
Le possible et le réel
H. Bergson   
                                                                                                                                                ....

 Pensé no había marcha atrás. Desde hacía años sospechaba que el tiempo era mentira y desenmascararlo se convirtió en cruzada. La culpa se la echo a Heidegger, Borges, Paul deMan, Nietzsche, Le Goff, Paolo Virno, Vattimo y otros que con elocuencia nutrieron mi delirio. Subía a los trenes para evidenciar su circularidad, para ver su recurrencia en el color del esmalte de uñas de mujeres que llevaban sandalias. Si hacía calor pensaba en su relación con la piel,  lo deconstruía a conveniencia en mi cumpleaños, en la claustrofobia del invierno meditaba sobre su complicidad con el espacio y me preguntaba qué tenía que ver con el silencio.           


Nunca imaginé esa fijación tendría mayor consecuencia que la eventualidad de la locura, hasta que un día dejé salir a mis alumnos una hora antes por haber leído en el reloj de pared del aula el tiempo deseado. Me di cuenta de ello al apagar la computadora en la oficina. En ese instante me convencí de la relatividad universal del tiempo imaginado. Concluí, sin duda,  y sobrecogida en vértigo como en la dinastía Qin en China el que inventó la brújula, que el tiempo ahora me pertenecía. Medité sobre las consecuencias de mi recién nacida condición humana. Una vez estuviera al otro lado del portal viviría simultáneamente mi historia. Me parirían, aprendería a gatear y caminar, no necesariamente en ese orden. Me escucharía aceptar la propuesta de matrimonio de mi futuro cruel ex–esposo, sin poder hacer nada. En el tren me reiría de mi misma al saber que me estaba observando después de esta revelación. Sabía, también, que mis hijos iban a nacer y morir a un tiempo. De momento comprendí que apenas poseía los conocimientos requeridos para poder manejar con algún grado de sabiduría mi descubrimiento. 


Asumiendo el riesgo a ser tildada antiborgeana, decidí echar marcha atrás. Inventé situaciones que obligaran cronometrar: lavé y sequé ropa en máquinas de ciclos de una hora; horneé galletas; al salir a comprar leche estacioné el auto frente a un metro de cincuenta centavos por treinta minutos. Así, poco a poco, me devolví al tedio de aquellos parámetros que creí había deshecho. Una vez de vuelta, y por lo inescapable de tener que pagar renta y comer, le puse de nuevo la máscara al reloj, pretendí que le creía.

©Sheila Candelario

Sunday, May 11, 2008 

BREVE

ENCUENTRO

CON NERUDA

LA SEBASTIANA/ ISLA NEGRA

Casas de Pablo Neruda en Chile

 

            Subo la escalera hasta el último piso, me guía un pasillo verde, cuadros de naturaleza muerta, cerezas, peras, sombras. Hay mapas antiguos de océanos, geografías incompletas, obsesión de espacios desde donde se condena al tiempo. Tus mapas, Neruda, mis rutas de imaginarios hacia sus labios. Ventanales se abren al Pacífico, voyeur de tus amores en cama. El Océano Pacífico, dijiste, se salía del mapa. No había donde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana. 

            Me llaman tus relojes, anteojos, botellas de colores que filtran luz de un sol poniente. Allí espera La Nube, tu butacón de versos, tu ritual, el caballito de madera, la vaca ponchera, tus migajas de estrellas en vitrales de puertas que nos silencian.

            Dijeron que coleccionabas cosas, te llaman cosista. El secreto es que las hacías hablar, por eso te rodeabas de ellas. Conjuraban, perjuraban más allá de galeones náufragos al pie de tu puerta. Dime, Neruda, ¿qué te contaron tus mariposas disecadas? ¿Qué dijeron los mascarones de sirenas, de diosas que orientaban tus barcos fantasmas? No hay mástil ni ancla, sólo me dejas esta entrega a la deriva. Entrégate al amor escuché decir al que amasa el pan en Limache, a un pescador de Horcón, a las montañas de Olmué. Aquí, en Isla Negra, me entregué al amor más allá de ti y la esperanza. Neruda, si cobijo el alma en arte, si amo sin puerto, ¿alcanzaré tocarle las alas al mar?

 

Monday, April 07, 2008 

RITUAL

DEL

REGRESO

 

Rotundamente niego el eco de tus carcajadas en mi pelo,

tu conjuro de aroma a bosque en piel de ángel.

 

Amenazo al olvido las Historias Prohibidas de Roque,

biblia de risotadas profanas al oído.

 

No pronuncio tu nombre, los leones no son sólo de Dios.

 

Destierro tus huracanes de mi espalda.

 

Echo al mar el fuego que desbocó desvelos,

 

hasta que regreses, otra vez, no sé cuando,

y te devuelva con diminutas caricias tus muertos.

 

 

Monday, February 25, 2008 

Posted on Humo's Blog by Adal Maldonado www.lostidentities.vox.com

 

Mental States of Mind

Monday, February 11, 2008 

SUBPOENAS










Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Si no lo tuve cuando invadiste con cañones y pistolas

Si no lo tuve en Guánica donde anclaste tus barcos de guerra,

marchaste sin bienvenidas,

allí te observamos, ojos muy abiertos, puños cerrados,

entendiendo mejor que nunca a Betances:

No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos.







Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Si te enfrenté cuando tuve que alquilarme a tus latifundios

y hasta Hawaii salimos sin tierras pero con machete en filo

si no lo tuve ante leyes que sólo tú entendías

si no lo tuve cuando me hiciste ciudadana del disparate

porque ya lo era de mi Isla.






Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Después de cargar al hombro compañeros ensangrentados en Ponce

desafiando la muerte en Jayuya para enseñarte que nadie aquí se rinde

sin poder con tu cobardía masacrar el orgullo de un pueblo claro

donde los hijos de los hijos saben cuál es la verdadera Patria.





Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Si aún encarcelando a El Maestro seguimos en pie de lucha

sin que pudieras apagar la luz de Albizu, de Filiberto

sin poder silenciar su voz, la nuestra,

si aún bajo tortura brillaban sus ideas,

si su recuerdo ha sido más potente que tu bomba atómica.



Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Si sólo tres nos echamos encima a todo tu Congreso

sin que nadie parpadeara, listos a entregar la vida

y el grito de libertad de una mujer puertorriqueña

aún se oye en ecos de la Casa Blanca.







Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Después de desafiar tus lacrimógenos y macanazos

sin detener nuestra furia de estudiantes pensantes

Sólo lograste con la muerte de Antonia y Cerro Maravilla

revelar que eres débil ante nuestro poder de lucha inquebrantable.







Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Cuando en El Barrio reclamamos con los Lords justicia

al convertir un templo en iglesia del pueblo

en barricada demandamos igualdad, dignidad, techo,

y la autodeterminación de nuestra Isla en revuelo.







Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Si frente a ti de Reyes Magos nos vestimos

a devolverle sueños a los niños de Loisaida

con siete millones recobrados en West Hartford

y la osadía invencible en la funda del alma.

 





Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Cuando pensaste que interceptando teléfonos, apuntando tablillas,

plantando encubiertos, fotografiando pasos,


lograrías detenernos, lo que hiciste fue encendernos, 

y en esas carpetas ilegales, te dejamos claro de qué lado de la historia estamos.








Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Después de usar nuestros cuerpos como escudo humano

para defender de tus bombas nuestra Vieques Nena

Después de cortar alambres, retomar playas,

bloquear con lanchas pesqueras tus flotas de guerra,

sin poder zafarte de Tito nuestro hombre araña.






 Oye, ¿tú crees que ahora tengo miedo?

Cuando en tus cárceles aún seguimos en pie de lucha

indestructibles guerreros, faros de resistencia alumbrando camino.

Cuando muchos escogen el encierro ante una vida entre rejas de colonia.




Ni el hambre, ni el frío del exilio, ni la oscuridad, ni la soledad,

ni las paredes de una cárcel federal pueden detener este Amor.




 

Ven, mírame bien, y guárdate tus papelitos.

¿Tú crees que ahora tengo miedo?






©Sheila Candelario.
El Puerto Rican Embassy
Nuyorican Poets Café
9 de febrero, 2008











Thursday, January 10, 2008 

 

UNION SQUARE

 

 

Es julio, salgo de la estación de Union Square atravesando espejos, como aquella Alicia, lanzándome a lo desconocido de un parque que me cautiva. Nunca sé por dónde surgiré, me desorientan las salidas de esta estación. Es parte de su encanto, ese susto, esa sorpresa de saberse al otro lado de lo inesperado, el revés de lo pensado. Me toma un par de minutos domar la energía del pequeño parque casi sin árboles. Me azota la luz de un verano de poros abiertos, se funden rostros, me llueven los brazos de nostalgias, y no se me quita la sed. ¿Por qué temo que el tiempo se me acabe si no existe aunque me pertenezca sin dejar de ser ajeno? La melodía de un saxo a lo lejos hace el aire más ligero. Union Square me da ese soplo de irreverencia que me resucita. Es que no sé si esta ciudad me vive, me respira, me seduce con su desfile de guerreros con cruces a cuesta.  

 

Pero no quiero ser Alicia, prefiero ser el conejo, la reina de corazones, el del reloj. Comencé a hablar con los artistas de la calle, con los músicos, artesanos. Me miraron fijo a los ojos, abrieron sus portales, contaron sus historias. Ellos cuidan sus puestos en el parque haciendo vigilia viernes en la noche, el sábado esperan caiga maná del cielo. Los espacios en la entrada del parque por la Broadway y la 14 son codiciados. Se han desatado encontronazos territoriales por esto.  Juan Antonio, un pintor barcelonés breakdancer, hace la primera guardia hasta las once de la noche, luego la familia de artesanos indígenas ecuatorianos ven al sol salir. Papa, ex-boxeador ucraniano, siempre da la vuelta. El alcohol apenas lo deja pronunciar bien las palabras, pero conserva la fuerza, su apretón de mano te deja estropeada, y cuidado de que te abrace, es que es cariñoso, me advierten, pude asfixiarte. Papa ya me conoce, saluda, da la mano, me llama pretty friend y ofrece una botella de agua a un dólar. Platico con Daniel el fotógrafo argentino, Naide el caricaturista colombiano, Chicho el pintor madrileño, Germán el artesano ecuatoriano, y otros que no recuerdo el nombre. Cuando me quedo hasta las seis de la tarde o siete sacan su guitarra, flautas, clave y me pongo a cantar con ellos, me da por tocar las maracas. Cantamos La Molienda, El Cuarto de Tula, nuestras voces en coro con motores de automóviles, sirenas intermitentes, taladros de asfalto, risas, y los quejidos lejanos de aquella Alicia que aún quiere entrar.  

 

Hace un calor agobiante, húmedo, de los que se pegan a la piel como patina de plástico, aquí, en Union Square, en esta brújula de smog sin horizontes, sin norte, sin sur, sólo concreto, rascacielos y artistas de la calle que se aferran a su sentido del humor, su pasión por la libertad, su instinto de supervivencia, su astucia, para  burlar lo despiadada que puede ser con ellos esta ciudad.

 

Suena el celular, ¿dónde andas?, ya empezamos a comer. Voy tarde, me despido con ganas de seguir cantando, salgo del parque feliz. En la estación de Union Square tomo el tren 6 hacia Spanish Harlem. En El Barrio me espera otra guitarra y la voz enigmática, casi ancestral, de una mujer poderosa que canta salves a María Magdalena.

Sunday, November 25, 2007 

RÉQUIEM

                       

             A la obra de Eduardo Martínez Bonati y Roberto Huezo,

                                                                                         por crear memoria

 

 

desaparecidos espacios agónicos habitados por tinta

donde líneas gritan deformadas en fosas de lienzo 

cabeza sin pertenecer a torso busca en papel su cuello

entre espesas curvas de sangre laminada

alambres de púas en muñeca, fueron tantos alambres

púas clavadas en incontables manos latinoamericanas

inmortalizadas quedan aguerridas vidas desnudas

doliendo más allá del amor, de la historia

¿no me ves abrazada a tus manos atadas,

entrañable cadáver de ojos abiertos?

Sunday, November 11, 2007 

sordera

 

 

se acerca el vértigo, se afirma intenso

en presencia absoluta sin trascender mapas de piel.

 

 

exhalo hechizo,  me respira,

lo respiro llenándome de su olor tan suyo

ese que desde origen guió caminos,

entreabro boca al olerlo en mis fronteras,

se desliza como gota de lluvia en guayaba,

labios sobre pulpa de fruta,

su lengua casi de aire desvanece mi conciencia.

 

 

dejaron de existir las cosas, dejaron de existir sus nombres,

su materia, su textura, su sentido de existencia, su propósito de vida,

dejó de escucharse el mundo,

desterrada la ciudad al margen de su aura.

 

 

llegó sin ruido de sílabas,

llenó por rutacuerpo portal abierto,

silenció en ritmo palpitado en sereno

desapareciéndome al cerrar los ojos,

al suspenderme en la nada sin sonidos,

sin bancos de madera en Union Square

ni vigilantes rascacielos antiterroristas.

 

 

nunca me ensordeció un beso, 

hasta sentir su lengua, casi como aire, aquella vez tocar la mía.

Saturday, October 06, 2007 

MIRADA PERDIDA

                                               

                                   

el infierno es la mirada del otro

                        Jean-Paul Sartre

 

¿Qué verá la gente cuando me mira los ojos?

Un árbol en grito de otoño estrangulado por frío,

encendido en carnavalesca burla de invierno.

¿Verán la muerte en mis ojos de árbol?

¿Un lago? Oscuro, vivo, profundo,

lanza reflejos de vidrio roto ocultando fondo

donde ríe el musgo verde de sus años.

¿Verán sombrillas tragasol soñando sombras

desde el farol fundido de mi almohada?

Quizás aire, incoloro, invisible, mudo,

imprescindible sin que nadie perdone su soberbia,

o un chorro de fuente falo explosivo,

insaciable, hambrienta espuma de pasados

sepultados en madera sucia donde se deja desamparado un libro.

¿Verán palabras desletradas de libro ilegible en su abandono?

Me observan de lejos, aquí, en Washington Square Park,

donde errantes mis ojos se desprenden de miradas

entre moscas, basura, olvido, y el olor a excremento de perro.

 

ãSheila Candelario

 

Wednesday, September 05, 2007 

PRÓLOGO

           

            Imaginar la nación puertorriqueña día a día en Nueva York permite la supervivencia del alma mientras soñolientos caminamos al tren, buscamos el sustento del mes, nos enfurece la escasez y la miseria en nuestros barrios, nos alarma el estado policial de la ciudad, y reafirmamos nuestra esencia multilingüe al determinar de que a pesar de todo somos guerreros en nuestra preservación de pueblo. En la gran urbe neoyorquina también es fácil perderse en esos laberintos de espejos de circo donde el olvido para algunos parece ser camino. De igual modo, en el momento preciso, pueden llegar a nosotros esas voces poéticas, poderosas, que de la forma más sencilla y diáfana nos devuelven a nuestra esencia y reafirmación histórica. Son las mismas voces que llegan a nosotros desde el exilio a manera de poemario, Puro Ritmo y Patriotismo,  de Prisionera, una mujer que conoce la libertad desde su imaginario de Isla  y cuyo apellido es ¡Jamás! / porque de rodillas nunca/ el Yanqui a mí me verá. 

            Prisionera, la más valiente de las voces poéticas en El Barrio, en El Bronx, en Loisaida, mantiene viva la tradición libertadora nacionalista. Prisionera conjura en su poesía las lecciones de todos los padres y madres de la patria haciéndolas ofrendas con sus versos. Prisionera, un ancla, un gran muro de contención ante maremotos de incertidumbres en este abismo de engaños que es el imperio norteamericano.

            La esencia de quienes somos se materializa en una geografía que nos ofrece los primeros olores, colores, ritmos, el nombre de las cosas, sabores, el humor, la risa, el canto, encuentros con el amor. Nos define una geografía que nos acerca a nuestros antepasados y conjura nuestros ancestros. Entender esto es fundamental para la evolución de nuestra esencia humana y la reafirmación de nuestra identidad ante cualquier adversidad. Prisionera demuestra tener esto claro en su conciencia patriótica, en su poesía y su existencia en el exilio, como demuestra su epígrafe de Don Pedro Albizu Campos: Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca nada porque empieza por despreciarse a sí mismo.    

            La primera vez que la escuché recitar su poema Soy fue en Galería Mixta en El Barrio. Soy yuca, malanga, yautía/ mi sangre es de melao./ No te equivoques compadre,/ yo soy Boricua estrujao. Una voz retumbaba las paredes al abrirse paso entre los oyentes y despedía una simple dignidad de pueblo que sacudía a todos con palabras. Pensé, esta voz es única, y existe en un momento histórico determinante  en esta ciudad donde todos —Nuyoricans, Nuevoricans, Boricuas, Recienricans— nos abrazábamos en todos los idiomas —español, inglés, spanglish, engañol— al entender que sólo en la unión se logra la victoria. Pedro Pietri abrazó a Prisionera, reconociendo su aporte a la lucha cultural y política en la liberación de nuestra Isla, y nuestra imaginación, desde la gran Babel de asfalto. Conocí a Prisionera en la época en que la bomba y la plena volvía a habitarnos en la música de Yerbabuena y la vitalidad de la cultura típica puertorriqueña se hacía presente en jóvenes Boricuas que desde Nueva York emprendían con fuerza emergente las nuevas batallas por nuestra soberanía cultural y nacional.    

            No se escapa el valor didáctico de la poesía de Prisionera.  Su manejo de la rima y el ritmo nos remonta a la tradición oral antigua donde precisamente la rima y el ritmo permitían la memorización y transmisión generacional de la historia a través del verso. La historia no contada de la lucha libertadora en Puerto Rico se devela con  tal pasión y claridad en los poemas de Prisionera que no escapa la idea de poder enseñárselos a nuestras hijas e hijos para que aprendan desde niños aquello no enseñado en las escuelas. Desde "Tributo a Betances", "La Carta", "La Masacre", "A Blanca Canales", "1954", hasta "Comandante Filiberto", Prisionera documenta no sólo acontecimientos en la historia de Puerto Rico sino el orgullo que encierra cada Boricua que anhela y exige el derecho inalienable a la libertad de su pueblo.  Cada vez que Prisionera toma la palabra en escenarios como El Nuyorican Poets Café en Loisaida, en centros culturales como El Maestro en El Bronx, o teatros como El Teatro Rodante Puertorriqueño en Broadway, nos deja tatuada en el pecho la dignidad de nuestra identidad puertorriqueña.

            Los desafíos de Prisionera a la vida, al imperio, a la tristeza, al desamor, a la muerte, al igual que su celebración a la pasión de mujer a mujer, al ejemplo de su madre, a la fortaleza de su abuela, son creados en español, su lenguaje, arma, escudo indestructible. Prisionera ya forma parte de la tradición de poetas puertorriqueñas que desde Julia de Burgos han escrito en español en Nueva York. Pero ella es otra cosa, una mujer híbrida, indefinible, que pertenece a sí misma en su producción literaria, más allá de términos académicos y encasillamientos generacionales. Prisionera es una poeta que va dejando huella de su sentir de patria  en la poesía, doquiera se encuentre dentro de las múltiples fronteras de la nación puertorriqueña.

 

Sheila Candelario, PhD

Escritora y Catedrática de Literatura Latinoamericana

El Barrio, Nueva York

6 de agosto, 2007  

Saturday, June 30, 2007 

DIAPOSITIVA VI

 

     Tomo el tren E a diario, me lleva hasta el 6 en el que llego a Grand Central.  Le he entregado muchas veces mi cuerpo amarrado a ese hilo de tiempo del que cuelgan minutos y segundos que determinarán el próximo contrato, el pago de la renta que se vence. De tanto habitarlo lo intuyo. Llego a la estación y creo llamarlo, convocarlo precisamente cuando lo necesito. Que sea el E, que sea el E, voy tarde, el E, deja ver, ¡sí! De momento se levanta un enorme peso de ese cuello tenso en el que he depositado todo el estrés de la prisa, de la espera, de la preocupación de llegar a la hora precisa. No es un alivio relajante, es otra cosa sentirme finalmente en movimiento, en ese movimiento continuo, cronometrado, incontrolable, al que me confío como mercancía que llegará segura a su destino.

            Se funden en los rieles piel y acero en movimiento brusco, turbulento, vibrante, provocador, donde tantos cuerpos parados se sujetan firmes para no perder balance; donde tantos cuerpos se adormecen del cansancio; donde algunos hablan solos, otros no dan tregua a las voces de adentro y se les salen pensamientos por la mirada; donde tantas piernas, manos, rostros, brazos, hombros, espaldas están a penas centímetros de otras extrañas. En el E mi espacio se achica como cuando me agarro de un tubo vertical con cinco otras mujeres que lo circundan y me fijo en sus manos sin querer mirar los ojos.

     Mientras sentía el calor que cada una despedía me encontré extrañamente acompañada. Nos tocó estar juntas en este tramo que se repite a diario y  llega al mismo lugar infinitamente. Sonreí sin mover un músculo y miré a una de ellas a la cara, la mujer me observaba, me sonrió con gesto casi imperceptible. Aquí las sonrisas son así, pequeñas, rápidas, sutiles, subterráneas como su entorno. Es como un guiñar de labios que se capta en el momento preciso. Es que en los trenes en Nueva York no se sonríe así porque sí. Se escoge regalar una insinuación de sonrisa con mucho cuidado, después de que la intuición radiografía a la persona. Así, cuando nos mira, levantamos un poco las esquinas de la boca en unos segundos cosa de que nadie más crea que está dirigida a ellos. Sonreír me recuerda la ternura, me la regalo a menudo. Sonrío a madres con sus niños, sobretodo a ellos, sonrío (con cautela) a quien no puede disimular mirarme,  especialmente si ella o él sonríe primero. Devuelvo la sonrisa generalmente antes de pararme para salir del tren. A veces se me escapa una sonrisa sin querer, a nadie en particular, por haber estado pensando en algo que la provoca. En Nueva York sonreírse solo es parte del folclor diario.

            Me tocó un día quedarme cerca de la puerta del tren E. A pesar de que podía oler el perfume y sudor de las personas que tan cerca tenía al lado, pretendí que no existían. Me envolví, como todos, en esa muralla invisible, impenetrable donde nos escondemos y pretendemos ser ciegos. Nadie se movía. Todos permanecíamos paralizados, congelados en el tiempo y espacio mientras esta máquina nos sacudía, trasladaba desde-hacia otra dimensión paralela. Me imaginé en una película de Win Wenders, donde ángeles solitarios de largos impermeables susurran telepáticamente muy, muy cerca a la persona, sin que nadie los sienta ni vea. Somos esos  ángeles de Wenders, preferí fantasear antes de resignarme a aceptar que hay veces en que elegimos negar nuestra humanidad por temor a perderla del todo en esta ciudad. 

Tuesday, June 05, 2007 

 

REFLEJOS

OBLICUOS

De Un

DESEO

Me lavé la cara con tu espejo, brotaron toros de mi boca

a embestir de abrazos sombras que protegen tu desvelo ebrio, lejano,

más allá de las grietas de mi rostro y el cauce de mis senos

donde fluyen ríos casi desbocados de ansias

que llegan a tu reflejo de mar a las seis en punto

sin entender si el punto detiene tiempo o desata

fiebres milenarias en pupilas púrpuras de espera.

 

 

Me lavé hoy la cara con tu espejo, salió una anciana

a caminar su perropez de escamas doradas

como líquidas medallas de victoriosas guerras cruentas

libradas a  soledades destellantes de ilusiones muertas

donde nacen esos cometas que visitan cada cien años

y nos dejan pensando qué cuerpo ocuparemos cuando vuelva.

 

 

Me lavé la cara con tu espejo, se asomó Plutón

planeta regente de tu pene, pena, péndulo perpetuo

de olvido y lujuria repetidos incesantes de un lado a otro

por vías de espalda de mujer que naufraga en sudor de muslos

hasta llegar al mismo fin del mundo donde la piel ya no cubre

por ser nave de luz que ciega y alumbra noche entre piernas.

 

 

Sí, hoy, me lavé la cara con tu espejo, sonrió mi inmortal niña

al verse reflejada en tu voz de mañana amarrada a mi cintura

y sentirte como nido de paloma enredado en mis pecas de otoño .