Agarró la pistola, la colocó a la izquierda de su sien y sonrió como si fuera un juego. Esto es poesía occidental se le escapó mientras fingía que disparaba. No se había creido nada de mi amenaza. Así que le arranqué la pistola y me la puse en la boca. Y esto poesía oriental, capullo intenté gritarle antes de que mi sangre le estallara en la cara
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