Status: Single
Country: AR
Signup Date: 12/26/2006
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September 25, 2007 - Tuesday
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Current mood:  lethargic
-¡Eh Marquitos! ¡Ya me estaba por ir! Regresé de España solo para venir a verte y hace una hora que te estoy esperando. Haciendo tiempo ya me tomé dos cervezas…
-Discúlpame Flavio, recién salgo de trabajar, me había demorado con una tarea. ¡Mozo, una cerveza!
-Mientras te esperaba, y te insultaba, me había puesto a pensar que pasado mañana es tu cumpleaños ¿no? Se me vino a la cabeza cuando recordé que somos del mismo signo y…
-¿Y desde cuando crees en los signos del horóscopo? ¡Justo vos me venís con eso, el escéptico número uno de la facultad de filosofía!
-Ya te voy a contar porque empecé a creer en el zodíaco, pero respóndeme, el domingo ¿Es o no tu cumpleaños?
-Si, pero si con eso te referís a festejar ese día la respuesta es: no.
-¡Eh, hombre! ¡No me digas que te sientes viejo! Si estás igual que cuando íbamos a la secundaria… Es más, hace cuatro años que no te veo y me pareces más joven que la última vez que nos encontramos en este bar.
-Te explicaría el porque, pero te cagarías de risa. Mejor comenzá vos a contar desde cuando crees en la astrología, así me río yo primero.
-Bueno, te cuento, pero andá pidiendo otra cervecita.
Sabés muy bien que yo nunca he creído en horóscopos, ni en el tarot, ni en supersticiones ni nada parecido. Eso de que por influjo de las estrellas nuestras vidas sufren diversos acontecimientos es propio de la ignorancia y la superstición de los pueblos antiguos.
Y si bien en el pasado ciencias como la astrología impulsó el avance de los conocimientos astronómicos, así como la alquimia hizo lo propio con la química, hoy en día, en un mundo digital y nanotecnológico, el creer que por ser de un signo astral te deba suceder tal o cual cosa, implicando así que millones y millones de personas les suceda lo mismo, no deja de ser típico de una mente poco brillante y no muy ilustrada.
Pero a pesar de esa convicción que siempre tuve, no he podido olvidar una extraña situación que viví a principios de año.
Era una tarde de agosto, con sol pero fresca debido a una brisa constante que nacía del sur. Estaba sentado en un banco de la plaza, viendo como mi hija Milagros correteaba incansablemente de un lugar a otro, acompañada por dos ocasionales compañeritas de juego. Si bien ya hacía casi dos horas que estábamos allí, ese pequeño huracán de tres años de edad no mostraba ni la más ínfima muestra de cansancio, por lo que sería casi imposible convencerla de que era hora de volver a casa.
Yo, ya un poco aburrido, me arrepentí de no haber llevado un libro para matar el tiempo, pero a pesar de ello, estaba encantado de escuchar su risa y los gritos de alegría que cada tanto profería. Me resigné a ese banco y me distraje viéndola ir del tobogán a la hamaca, de la hamaca al subibaja, del subibaja a la calesita…
De pronto la brisa trajo hasta mis pies la página de un diario. Era de ese mismo día y luego de sacudirlo un poco para limpiarle la tierra comencé a leerlo. Era el suplemento de los avisos clasificados, que incluye algunas historietas, frases célebres, crucigramas, pronóstico del tiempo y… el horóscopo. No pude evitar una tonta curiosidad de saber que me habían "predicho" los astros para ese día.
"Cáncer: Hoy usted se convertirá en alguien famoso, aproveche la circunstancia para cumplir lo que más desea".
Abollé esa hoja y la arrojé al cesto de la basura.
Cuando miré hacia lugar en donde estaban jugando las niñas y me di cuenta de que solo eran dos, aún con cierta tranquilidad al observar que Milagros todavía se encontraba allí, comencé a buscar curiosamente a la nena que faltaba. Y quedé realmente aterrorizado cuando vi que esa criatura de no más de tres años, estaba cruzando sola la calle.
Salí corriendo desesperadamente tras ella, y como suelen suceder en las pesadillas, sentí como si mis pies de pronto estuvieran pesados y lentos, dándome la sensación que nunca llegaría hasta ella.
La alcancé a empujar hacia la vereda un segundo antes de que fuera atropellada por un auto que se acercaba velozmente.
Recuerdo haber estado de pronto rodeado de muchísima gente, mientras un desconocido me decía que me quedara quieto y no se me ocurriese levantarme del piso.
Le pedí a una mujer que se encontraba allí, quién creo que era una vecina, que cuidara de Milagros y llamara a la madre. Luego de ver el rostro lleno de lágrimas de mi hija, todo se volvió confuso y desmayé.
Desperté en el hospital con varias quebraduras y golpes por todo el cuerpo.
Pero lo único que me importó fue que Kiara, así el nombre de la nenita, no se había hecho ni un rasguño en el accidente.
La sala en donde me encontraba, se comenzó a llenar de periodistas, camarógrafos y fotógrafos cubriendo lo que sería la nota de la semana:
"El héroe que salvó a una niñita de una muerte segura".
De pronto, recordé lo que había leído en el horóscopo, e intenté aprovechar mis quince minutos de fama. En cada reportaje que me realizaron aquel día, terminaba mirando la cámara, diciendo:
"Te amo Karen, te extraño y te necesito más que nunca".
Karen, la mujer de la que estuve separado durante más de un año, fue esa misma noche al hospital y luego de hablar durante toda la noche, aclarando tema por tema, decidimos que lo mejor que podíamos hacer era darnos otra oportunidad.
Hoy, nuevamente estamos juntos los tres y deseo que sea para siempre, porque esta es la alegría más inmensa que podíamos darle a Milagros.
-¿Y? ¿Qué piensas?
-Que te creo
-¿Me estas dando la razón como a los locos? Porque si es así ya me levanto de la mesa…
-No, te creo porque cuando escuches lo que yo te voy a contar, te vas a convencer que tu relato es mucho más coherente que el mío.
-¿En serio? Bueno empieza tu historia, pero primero déjame que le pida al mozo otra cerveza y otro platito de maní… ¡Mozo!...
Vos sabés que nunca le di demasiada importancia a los cumpleaños.
Y no es porque tema envejecer, sino que considero que como los días de la madre, del padre, navidad, reyes, día del niño, pascuas, etc., solo son fechas comerciales que buscan que la gente consuma más, para que el bendito sistema continúe funcionando.
Pero la decisión de dejar de festejar mis cumpleaños, a pesar de las quejas de mis familiares y amigos, no se debió a posturas ideológicas. Lo que me terminó de convencer de tomar esta posición "anti-sistema", fue un suceso insólito, realmente insólito.
En mi último cumpleaños, luego de la fiesta de rigor con padres, hermanos y amigos, me quedé en mi departamento acomodando el desastre que todos habían dejado y dispuesto a lavar platos, cubiertos, vasos… Luego guardé los regalos que me habían dado: un libro de autoayuda (urgentemente lo cambiaré por otro) un par de calzoncillos (me hacían falta) una camisa celeste (odio las camisas) una botella de whisky (de la que solo dejaron un cuarto) y un disco compacto sin ninguna etiqueta.
Cuando terminé de limpiar y acomodar todo, ya eran las siete de la tarde de ese domingo. Me preparé un café y puse ese C.D., que no se quién me había regalado, en la compactera de la computadora. Ya podía imaginarme que tipo de música tendría: cumbia o folclore o bolero… Pero para mi sorpresa era música electrónica, bastante minimalista y sonaba bien. De pronto, en ese tema, se escuchó una voz cavernosa y profunda, que por momentos sonaba masculina y en otros femenina.
Sobre ese ritmo machacante, la voz que parecía ser de ultratumba, pronunciaba frases en diferentes idiomas. Incluso me parecían ser estrofas cantadas en latín y otras lenguas muertas. El disco compacto tenía un solo track, pero esa pista duraba los ochenta minutos. En uno de los fragmentos cantados en castellano, repitió un par de veces "Pronto se apagará la luz…"
Apenas terminó esa frase, la energía eléctrica se cortó y lo más llamativo era que parecía ser que solo mi departamento, de todo un edificio de ocho pisos, se había quedado sin luz. Cuando al cabo de unos minutos la electricidad volvió, intrigado pero a la vez un poco avergonzado por mi curiosidad, encendí nuevamente la computadora para volver a escuchar a ese C.D. Cuando comenzó a sonar nuevamente, percibí que si bien la música era la misma, la letra había cambiado. Adelanté y retrocedí el track, pero en ningún lugar volví a escuchar la parte que cantaba que se apagaría la luz. En su lugar, la tétrica voz pronunciaba otra frase "Y el suelo se moverá…"
Y al acabar de decir eso, el piso comenzó a estremecerse, mientras los libros de la biblioteca y los cuadros y los objetos de la cocina se sacudían violentamente.
Salí de allí y empecé a bajar las escaleras de ese séptimo piso, pero el temblor ya había pasado. Nadie parecía haberse dado cuenta de lo que acababa de suceder.
Me costaba pensar que aquel movimiento sísmico solo hubiese afectado a un departamento, el mío. No me animé a preguntarle a una chica que estaba por subir al ascensor si había sentido el temblor. De todas formas, el semblante tranquilo y cordial que ella llevaba, me indicaba que nada extraño había presenciado.
Volví a mi hogar y esta vez dudé de seguir escuchando ese disco que, vaya saber porque razón, había dejado de sonar.
Apreté el play del reproductor de audio y comenzó a sonar otra vez desde el principio.
Esta vez solo se escuchó un largo silencio y subí el volumen para intentar escuchar un suave murmullo que parecía sonar de fondo y de pronto una voz grave semejante al rugido de un león dijo: "Vivirás cinco lustros. Nada más…"
E instantáneamente, la luz sufrió un nuevo apagón, que esta vez no duró más que unos segundos. Luego de eso, el disco nunca más volvió a sonar, es más, no entiendo como, pero luego me terminé de convencer que ese compacto se encontraba vacío, virgen, como recién salido de fábrica.
De más está decir que cuando les pregunté a los invitados de mi cumpleaños quién me había regalado ese disco compacto, nadie sabía absolutamente nada de él.
¿Qué no me gustan los cumpleaños? Si, se que suena raro eso en boca de alguien que tiene veintinueve años. Pero en lo que me queda de vida (¿seis años?) no creo que vaya a cambiar de opinión.
-¿Y Flavio? ¿Vos que crees de todo esto que te acabo de contar?
-Creo dos cosas: una, que nos estamos volviendo locos, y otra, que si no voy ya mismo al baño, me orino encima. En serio.
-Bueno, anda Marquitos, mientras voy pidiendo otra cerveza, que esta noche hay mucho para seguir contando. ¡Mozo!... ¡Otra!...
FIN
 | Currently listening: Loveless By My Bloody Valentine Release date: 05 November, 1991 |
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April 2, 2007 - Monday
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JUBILADOS..
Aprendí a escuchar cuando todos enmudecieron.
Aprendí a hablar cuando todos quedaron sordos.
Sentados en el banco de la plaza, tres ancianos observaban fijamente en dirección a la Catedral. Ninguno de ellos hablaba y probablemente ninguno de ellos se conocía.
Unos metros más allá, sobre la explanada, se encontraba el micro de excursión con el resto de los afiliados del centro de jubilados.
Los tres mantenían el silencio propio de aquellos que hallándose en el final de sus vidas, contemplan el mundo con paciencia y con algo de resignación, fruto amargo de la experiencia. Pero alrededor de este trío, el resto de la gente se movía vertiginosamente y así como la peatonal era un incesante y gigantesco hormigueo humano, la calle era un malón ruidoso e incontenible de autos, taxis y ómnibus.
De pronto, en esa fresca pero hermosa mañana primaveral, uno de aquellos ancianos tosió como intentando aclarar la voz. Era quizás el menos viejo, o lo que es lo mismo, el más joven del grupo. De poco más de sesenta y cinco años, seguramente recién jubilado, era el único que intentaba disimular la edad. Su calva, oculta bajo un obvio peluquín y su forma de vestir informal y hasta juvenil demostraba que él era el más presumido de ellos. Volvió a toser y sin dejar de observar la catedral, tal como lo hacían los otros dos viejitos, comenzó a hablar sin importarle si sus compañeros de banco le prestaban algo de atención.
No se porque esta mañana me trae a la memoria algo que viví hace muchísimo tiempo.
Recuerdo que los rayos del sol estaban atravesado la ventana, iluminando directamente mi rostro .Mis párpados, con un ligero movimiento se abrieron, provocando que el primer pensamiento que tuve esa mañana fue ese temido: "¡Me dormí!". Miré el despertador y se había detenido a las 3 y 18 de la madrugada.
Busqué mi reloj sobre la mesita de luz y cuando veo la hora, no puedo hacer otra cosa que empezar a insultar: son las 8 y 43.
Me vestí lo más rápido posible y sin lavarme los dientes y medio despeinado, salí en busca del ascensor.
El departamento en el que vivía quedaba casi en Colón y General Paz y lo había alquilado precisamente porque estaba a solo siete cuadras de la empresa en que trabajaba.
Por eso estaba tan molesto en llegar tan tarde a la oficina.
Ya en la calle, me mezclé sin querer con un alcoholizado y violento grupo de personas que iba provocando disturbios, marchando no se muy bien a favor o en contra de que o quién. La cuestión es que se me hizo difícil cruzar hacia la vereda de enfrente y esa demora ya había comenzado a desesperarme.
De pronto, tres bombas de estruendo fueron lanzadas por los manifestantes hacía el grueso cordón policial que estaba ubicado delante de ellos, hiriendo gravemente a un uniformado. Esto causó una reacción desmedida de los policías, que intentaron desconcentrar rápidamente la marcha, reprimiéndolos con gases lacrimógenos y balas de goma, aunque en el tumulto también se escucharon las detonaciones de unas cuantas armas reglamentarias.
Lejos de provocar la retirada, los manifestantes se resistieron y más de uno sacó a relucir un arma de fuego, haciendo disparos al aire o apuntando directamente a la valla policial. Inmediatamente llegaron al lugar más refuerzos, desde la guardia de infantería hasta la caballería, lo que hizo que todo se convirtiera en un verdadero caos, en donde podía verse cuerpos sin vida, desparramados y pisoteados en plena calle, decenas de heridos, en su mayoría ocasionales transeúntes, locales comerciales destruidos, autos en llamas...
Yo me encontraba parado en medio de esa locura, con el maletín aún en mi mano, mi saco gris impecable, mis zapatos lustrados y el tiempo jugándome en contra. De pronto, me decidí y súbitamente comencé a correr con todas mis fuerzas, ya que me encontraba a menos de tres cuadras de mi trabajo y no me iba a dar por vencido.
Pero a mis espaldas, escuché un grito que en medio de esa guerra campal me ordenó: "¡Alto o disparo!".
No se porque no me detuve, pero lo cierto es que la bala tampoco lo hizo.
Sentí como si mis entrañas ardieran, mientras todo daba vueltas a mi alrededor hasta que al fin caí bruscamente al piso, quedándome paralizado.
Todo se oscureció y así perdí el conocimiento.
Cuando los abrí, tal vez porque los rayos del sol que atravesaban la ventana iluminaban directamente mi rostro, me doy cuenta de que estaba en mi cama.
Miré el despertador y creo que no hace falta decir que se había detenido a las 3 y 18 de la madrugada. Me levante y avisé a la oficina que no iba a poder ir a trabajar porque me sentía bastante mal. Me volví a acostar y seguí durmiendo, con la intención de hacerlo hasta el mediodía. Eran las 8 y 50 y afuera ya se escuchan las bombas de estruendo.
Apenas terminó de contar su historia, se quedó en silencio y en ningún momento intentó mirar a los otros dos abuelos sentados con él. Ninguno hizo algún comentario y solo se quedaron observando la Catedral, tal como lo hicieron durante toda la mañana. Mientras un grupo alegre y ruidoso de jóvenes estudiantes pasaba al frente de ellos dispuestos a festejar el día de la primavera, el anciano sentado en el medio del banco, se sacó los anteojos y con un pañuelo que llevaba en el bolsillo de su saco, limpió durante unos segundos la suciedad de los lentes. De unos setenta y cinco años, delgado y de estatura alta, sus largos cabellos blancos y su sobria manera de vestir, le daban cierto toque distinguido, sugiriendo haber sido en el pasado una persona importante y de alta posición económica. Apenas volvió a colocarse los anteojos, se desabrochó un poco el nudo de la corbata para poder respirar más cómodo y empezó su relato. Todo esto, sin que ninguno de los tres dejara de observar hacia la histórica construcción religiosa.
Nunca antes había esperado con tanta impaciencia que llegara la noche, como lo hice durante esos diez meses. Recostado sobre un duro colchón, dentro de un calabozo pequeño e inmundo, me disponía a huir con mi imaginación, proyectando en mi mente una película en la que yo viajaba al pasado para impedir que cometiera un error fatal. Cada noche variaba el argumento, en otras lo perfeccionaba, tratando de llegar a una solución que me permitiera evitar estar en esa cárcel. Cárcel que me tendría que tener por huésped por unos quince años más.
Muchas veces, había creído que realizando cada noche esa especie de ritual, me llevaría hacia la locura, porque cada imagen que reproducía en mi mente, cada vez se iba tornando más real. Tenía en claro que no era muy sensato utilizar obsesivamente mi imaginación, planeando viajes en el tiempo, pero al menos, podía evadirme de la realidad por un par de horas, hasta que el sueño me venciera de una buena vez.
La última noche que me dispuse a realizar esa especie de "juego mental", las escenas que imaginaba eran bastantes verídicas, quizás debido a la práctica constante de ese ejercicio.
Esto fue lo que imaginé.
Me encontraba delante de la puerta de mi casa. Podía observar fielmente el número de la casa colocado a un lado de la ventana, el timbre, que sabía que se encontraba descompuesto y un pequeño graffiti que los chicos de la esquina pintaron sobre el portón del garaje: "El futuro llego hace rato". Golpeo la puerta y un tipo me atiende, quedando sorprendido y espantado al ver mi rostro. Sin esperar que me invitara a pasar, cruzo el umbral decididamente (al fin y al cabo es mi propia casa) y una vez adentro tomo una silla y me siento alrededor de la mesa.
-Tengo que darte una información que se que te va a interesar. Andá a traer un papel y una lapicera.
Mariano va veloz y ni siquiera alcanza a preguntar que estaba sucediendo.
-Tomá asiento y escribí bien el número que te voy a decir: 5012. Ese número va a salir esta noche en la quiniela de Córdoba. Recuerdo que acabas de cobrar mil pesos por el trabajo de albañilería que hiciste en la casa de los Márquez, así que jugá toda esa plata a primera. ¿Anotaste bien? 5012.
Me levanto sin darle tiempo a que me hiciera alguna pregunta y me marcho rápidamente sin saludarlo. Yo sabía que me iba a hacer caso, porque él era yo, o sea, era el yo de hacia diez meses, sin dudas el jugador empedernido y vicioso de siempre. Y que mejor palpito puede tener un timbero como yo, si el dato del número te lo das vos mismo viajando desde el futuro…
Cuando llegó esa noche, Mariano, yo, probablemente haya querido cortarse las bolas al ver que el número que le di no salió ni a los veinte. Lo que realmente me interesaba, era que no usara ese dinero para comprar al día siguiente, esa hermosa escopeta de caza que siempre había soñado tener. Arma con la que habría de matar a mi esposa y a mi mejor amigo.
Lo que acabo de relatar, es lo último que recuerdo haber imaginado, antes de caer en un sueño profundo y reconfortable.
Cuando desperté, me sentí totalmente descansado y con una gran, e inexplicable, paz interior.
Mi cuerpo reposaba sobre un suave y cómodo colchón y por la ventana se veían los hermosos rayos de sol de un nuevo día. Retiré, con bronca y asco, la mano de mi esposa que me abrazaba mientras dormía acurrucada contra mi cuerpo.
Me levanté a tomar un poco de agua y fui hasta la puerta a buscar el diario como lo hacía cada mañana. Era martes y el boleto de la quiniela aún se encontraba sobre la mesa.
Me fijé en la sección de interés general y efectivamente el 5012 no salió en ningún sorteo.
Fue la única vez en mi vida, que no me amargué por la suerte esquiva.
Desayuné y antes de que se despertara mi mujer, me fui al estudio jurídico del abogado que alguna vez, en aquella línea de tiempo que se alteró, me defendió en la causa de homicidio. Claro que él no me conocía, pero recurrí a sus servicios nuevamente. Esa vez, fue para algo no tan grave. Solo para iniciar los trámites del divorcio.
Cuando concluyó de hablar, el distinguido anciano se ajustó el nudo de la corbata y se sumó al silencio que sus dos compañeros habían mantenido durante esos minutos.
Una fresca brisa aplacó un poco el calor que comenzaba a sentirse, a medida que el sol se iba acercando al cenit. El tercer viejito, el que aún no había pronunciado ni una sola palabra, se quitó la boina y con un pañuelo agujereado por el paso del tiempo, se secó la transpiración de su arrugada frente y su brillante calva. Era el más anciano de los tres.
¿Ochenta años de edad? Quizás. Su mano tiritaba y le costaba hacer hasta el movimiento más sencillo. Vestido de forma humilde. Con su larga barba blanca y sus zapatos gastados, aparentaba ser unos de esos tantos linyeras que andan vagando por el centro de la ciudad. Se volvió a colocar la boina muy lentamente y con voz temblorosa y entrecortada, se animó a acabar con ese silencio solemne. Tenía la boca reseca, pero la historia estaba tan lúcida en su mente, que sus palabras sonaron seguras y convincentes.
Mi esposa odiaba a mi perro. Lo detestaba.
Si bien a "Camilo" lo tenía desde antes de conocer a Natalia (era cachorrito cuando nos pusimos de novios) ella siempre sintió una repulsión que luego se transformó también en temor, a medida que ese hermoso ejemplar de Dogo fue creciendo.
A pesar de las quejas, súplicas y rechazos que debía soportar de Natalia, nunca me pude deshacer de él. Es más, siempre estuve más cerca de separarme de ella que de desprenderme de mi amado can.
Pero como al fin y al cabo, amaba a ambos casi de la misma manera, busqué un equilibrio, una posición conciliadora para poder mantener un poco de paz en mi hogar.
Por cierto, "Camilo" tampoco quería mucho a Natalia. Cada vez que ella se le acercaba, él ladraba enloquecidamente y si bien nunca pasó más allá de eso, el hecho de mostrarles más de una vez sus afilados colmillos junto con esa mirada amenazante e inquisidora, lograban que ella se introdujera en el estado de pánico más morboso que pudo haber conocido en su vida.
Fueron incontables las veces que con Natalia discutimos por ese asunto.
Muchas veces, incluso, llegamos a insultarnos y hasta intentar agredirnos delante de su familia, por lo que debo reconocer que no contaba precisamente con el afecto de mis suegros y hasta me animaría a decir que me odiaban con todas sus fuerzas.
De todas formas, doy fe que ella me lo pidió de todas las maneras posibles, hasta rogándome de la forma más humillante, pero para mí la idea de deshacerme de Camilo era simplemente inconcebible y si bien ella amenazó muchas veces con marcharse de casa, el amor que nos teníamos la obligaba a dar marcha atrás con sus intenciones y luego de la reconciliación, al menos por una semana, todo se olvidaba y no se hablaba más del tema.
Una noche Camilo se liberó de la gruesa cadena que lo mantenía confinado a un sector del patio y se metió en la cocina. Natalia, distraída mientras introducía en el microondas nuestra cena, no advirtió que mi amado perro fue directo hacia su tobillo y la mordió, aunque levemente. Aterrorizada y furiosa comenzó a gritar y pegándole con una olla que encontró sobre la mesa, se zafó de Camilo que volvió asustado al patio.
Natalia fue ciega de odio hasta el dormitorio, en donde me encontraba recostado sobre la cama, escuchando música. Comenzó a tantear con su mano derecha arriba del ropero hasta que encontró el arma, una 22, que teníamos por miedo a los múltiples robos que sucedían a diario en el barrio. Apenas la vi, fui corriendo tras ella, que se dirigía al patio a ejecutar a mi amado Camilo. Cuando vi a Natalia empuñando el arma, apuntando a mi indefenso cachorro, me tiré sobre ella de una manera tan poco afortunada, que en el forcejeo un disparo se escapó, dando en el pecho de mi esposa que, en forma inmediata y de manera fulminante, cayó sin vida sobre el piso de la cocina.
En la desesperación, a pesar de las vertiginosas imágenes que se sucedieron, alcancé a comprender que estaba en un grave problema y que me sería complicado demostrar de que mi intención no había sido la de asesinar a Natalia.
Entre lágrimas, sufriendo por lo que ocurrió y por mi segura encarcelación, tomé el cuchillo con el que cortaba la carne y los huesos que Camilo devoraba día a día y corté en trozos el cuerpo de mi esposa que ya comenzaba a enfriarse.
Una vez terminado el trabajo, guardé algunas de sus partes en una bolsa sellada que luego dejé en el freezer, entre medio del pan y otras viandas de comida. El resto, se las di a mi perro para que las comiera y al parecer Natalia le gustaba mucho más de lo que yo hubiese imaginado.
Al día siguiente, le di un poco más de esa carne, ya que necesitaba que la terminara cuanto antes, porque la súbita desaparición de mi esposa, en poco tiempo llamaría la atención de mis vecinos, y por sobre todo, la de mis suegros.
Pero de pronto, mientras Camilo comía lo que parecía ser una porción de pierna de Natalia, comenzó a dar arcadas y a emitir un extraño gruñido, víctima seguramente de un hueso atravesado en la garganta que le impedía respirar.
Todo fue cuestión de un par de minutos, prontamente de su hocico comenzó a caer una baba espesa y tirado en medio del patio, sufrió una muerte horrible.
No hay mucho más por decir, salvo que mi amado perro quedó enterrado en el fondo del patio y que lo que quedó de mi amada esposa, terminó sobre la parrilla compartiendo el último asado conmigo.
Los tres viejitos estaban, como desde el primer momento, mirando en dirección a la Catedral. Las campanas comenzaron a sonar dando las doce y el contingente de jubilados que visitaban el lugar, enfilaron hacia el micro, con un gesto de cansancio pero también de alegría. Una joven y atractiva enfermera, se dirigió hasta donde se encontraban estos tres jubilados y comenzó a llevarlos de a uno hasta dejarlos cómodamente sentados en el asiento del ómnibus. No se molestó en hablarles ni en preguntarles como la habían pasado, ya que ella siempre creyó que los tres eran sordomudos, debido a esa constante actitud autista que siempre llevaban.. Pero esa enfermera pudo ver en esas miradas perdidas y distantes, un brillo especial. Un destello que le indicaba que ellos se habían divertido.
FIN
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March 7, 2007 - Wednesday
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CUENTOS QUE NUNCA CONTARÍA A MIS HIJOS
La mayoría de los cuentos infantiles comienzan con frases del tipo: "Había una vez…" o "En un lejano lugar…" o bien: "Había una vez, en un lejano lugar…" y terminan casi siempre con un: "Y vivieron muy felices..." Esto sin olvidar que el desenlace debe tener alguna enseñanza o moraleja, intentando que lo que se acabe de contar, lleve al pequeño oyente a realizar alguna reflexión.
Estas historias que voy a dar a continuación, guardan algunos de esos preceptos e incluso la forma y el ritmo del relato se asemejan a ese tipo de cuentos. Pero estas historias no están dirigidas a esos buenos niños sino a los otros, los más molestos, peleadores, maleducados, caprichosos, egoístas, avaros y ambiciosos: los "niños adultos".
El primer cuento se llama: "Altos y enanos"
Había una vez un planeta que contaba con habitantes muy singulares.
La mitad de su población era de gente muy alta, la otra mitad se trataba de enanos.
Siempre vivieron en armonía hasta que comenzaron a escasear los recursos.
Entonces aplicaron varias medidas para paliar esa critica situación: racionalizar el agua, incentivaron el cultivo en tierras ociosas, repartieron equitativamente los alimentos, reciclaron desperdicios, etc.…
Pero a pesar de todos los esfuerzos no se logró revertir la crisis.
Los enanos, se reunieron en una asamblea y llegaron a la conclusión que el origen del mal que vivían no era la sobrepoblación, sino la gente alta, que por ser tan grande, consumía muchos más recursos que ellos: más agua, más alimentos, más espacio…
"Los enanos somos más chiquitos y por lo tanto, también más prácticos" era la conclusión a la que habían llegado, por lo tanto, siguiendo con ese razonamiento, la única manera de salvar el mundo era eliminando a los altos e inmediatamente y sin dudarlo, les declararon la guerra.
Los altos, heridos en su orgullo por haber sido acusados de ser los culpables de lo que le sucedía al planeta, salieron presurosos a buscar sus armas.
Y la guerra estalló.
El conflicto se extendió durante décadas, hasta que la gente de ambos bandos, cansada de tanto sufrimiento, decidieron firmar la paz.
Debido a las bajas que ocasionó el conflicto, solo sobrevivieron el 20% de la gente alta y el 20% de la gente enana. Y se dieron cuenta de que ahora los alimentos, el agua, el espacio y el resto de los recursos sobraban para la cantidad de gente que ese momento habitaba el planeta.
¿Cómo? ¿No es que la guerra es una atrocidad? Seguramente.
Pero en este caso, La Tierra solo trató de mantener su equilibrio ecológico. ¿Fin?
El segundo cuento se titula: "La bruja y el príncipe vanidoso"
Había una vez un príncipe enamorado de una bruja que, lejos de lo que indica la creencia popular, era muy hermosa y simpática. Pero la brujita no sentía lo mismo por ese príncipe que era vanidoso, altanero, petulante y que tenía como mayor defecto el de menospreciar a la gente pobre que, como en todos lados, era la gran mayoría del pueblo.
El príncipe la cortejaba pero siempre haciendo alardes sobre su poder, su dinero o su hermosura.
Así utilizaba su ejército para que marchara delante de la casa de ella, mientras entonaban alabanzas al príncipe, resaltando su heroísmo, su patriotismo, su altruismo, y muchos "ismos" más. O le regalaba lingotes de oro con la figura del príncipe (cientos de obreros murieron en las minas por conseguirlo, pero el sacrificio era válido si con ello conseguía el amor de su doncella) y hasta mando a construir una gigantesca estatua, delante de la casa de la hermosa brujita, en la que obviamente era representado el vanidoso príncipe.
Pero un día la bruja se cansó de ese hombre fastidioso y egoísta, y decidió que era hora de utilizar sus hechizos para darle una lección. Abrió un viejo y enorme libro, en el que figuraban todos los embrujos conocidos en el mundo y luego de revisar varias páginas, encontró la solución de su problema. Fue hasta el estante en el que guardaba las pócimas mágicas y luego de mezclar algunas de ellas en un pequeño frasco, esperó el momento en que, como en cada noche, una orquesta sinfónica se ubicara ante su puerta para que el príncipe, con la música de fondo, entonara poemas de amor y alguna que otra publicidad sobre las grandes obras que realizaba en el principado. La bruja abrió la puerta, le sonrió y lo invitó a pasar. El príncipe, creyó que finalmente su hermosa pretendiente había cedido ante sus encantos. Ella le invitó a tomar algo y él aceptó complacido, sin saber que estaba por beber una pócima. De repente, el príncipe hizo un suspiro y se comenzó a desvanecer lentamente ante la sonrisa maliciosa de la brujita. Ahora, su majestad ya no podría ver más su rostro en los cientos de espejos que se encontraban desparramados en su castillo, ni tendría sentido el de representarlo en estatuas o pinturas porque ya nadie podría ver su imagen. Pero el príncipe, en lugar de recapacitar sobre su egoísmo y vanidad, decidió aprovechar su nueva situación de invisibilidad, para satisfacer cada noche y mientras todo el mundo duerme, sus más bajos instintos no solo con la brujita, sino que con casi todos los habitantes del pueblo.
La brujita tardó años hasta que pudo hallar el antídoto para la pócima mágica y la única forma con la que pudo convencer al príncipe invisible de que la bebiera fue aceptando casarse con el. ¿Si fueron felices para siempre? No lo se. Pero el pueblo, al menos la gran mayoría, lo fue, ya que pudieron volver a dormir cada noche en paz sin miedo a volver a sufrir los acosos sexuales del perverso príncipe. (Por) Fin.
El último cuento que les tengo es una fábula llamada "Elecciones en el Edén"
Cuenta una leyenda que lo que está escrito en el Libro Génesis de la Biblia es totalmente falso. En realidad, el Edén por entonces vivía un tiempo en el que la política predominada en todos los estratos de la sociedad, al punto en que todos sus habitantes se habían organizados en partidos políticos.
Las aves, sobre todo los cóndores y las águilas, se agruparon en la "Unión Cívica Rapaz". Con el tiempo, la mayoría de sus adherentes fueron las aves carroñeras, sobre todo los buitres.
Entre los peces, se conformó el "Socialismo Acuático", el cual nunca pudo convertirse en una fuerza homogénea, ya que estaba dividido en dos corrientes antagónicas, la "Corriente de Mar" y la "Corriente de Río".
Entre los animales terrestres predominaban dos tendencias. Una de ellas era el movimiento "Justicia Lista" encabezado por Adán y Eva, los cuales, aprovechando el hecho ser ellos los animales más inteligentes, convirtieron su partido en el más populista del Paraíso.
El otro sector era la "Alianza Liberal", en la cual los gorilas y los chimpancés eran los que tenían más poder de decisión. Ellos eran partidarios de engrosar sus filas con el Lu.Ci.Fer (Lucha Civil Fervorosa), agrupación que respondía a la Serpiente.
A una semana de las elecciones, todos los partidos políticos comenzaron a repartir bolsones de frutas entre los votantes, lo que fue en vano, ya que lo que más sobraba en el Edén era la comida. También repartieron colchones, subsidios, becas… pero lo que más sobraba en el Paraíso era el bienestar. Entonces, ante el fracaso de la demagogia, los discursos de la campaña política se fueron tornando cada vez más violentos.
El Socialismo Acuático acusaba a la Unión Cívica Rapaz de que a sus gobiernos siempre se les volaban los pájaros, de que estaban desconectados de la realidad del pueblo ya que ellos vivían en el aire y que de ganar ellos, todos terminaríamos desplumados.
A su vez, la Unión Cívica Rapaz denunció por todos los medios de que el Socialismo Acuático hacía agua por todos lados, de que sus integrantes eran unos pescados que andaban en negocios de mal olor y que de ganar, todos terminarían cayendo en una red de corrupción.
El movimiento Justicia Lista, apoyado por el gremio de hormigas obreras, abejas recolectoras, castores ingenieros, horneros albañiles y pájaros carpinteros, acusaron a la Alianza Liberal de hacer quedar a la democracia como la mona, que eran peligrosos como mono con navaja y que cuando se discutía sobre política económica se iban por las ramas.
Pero la Alianza Liberal, en lugar de contraatacar, les ofreció sumarse a su frente, para asegurarse todo el espectro de la centroderecha política. La propuesta fue aceptada rápidamente por Eva, que usó toda su influencia para que Adán aceptara.
Muy pronto, miles de afiches de la Alianza Justicia Lista Liberal empapelaron los árboles, mostrando una foto de Adán, Eva y La Serpiente abrazados sonrientes.
Luego de un reñido escrutinio, no exento de denuncias de fraude, impugnaciones y amenazas varias, finalmente venció la formula conformada por Adán y Eva, que a partir de ese momento comenzó a ser llamada por el pueblo "Evita".
Al comienzo todo fue paz y tranquilidad, hasta que un día La Serpiente, ministra de economía del gobierno, recomendó privatizar todos los árboles frutales del Paraíso, sobre todo los manzanos, para generar ingresos extras. Adán, acompañado como siempre por su esposa Evita, se asomó por sobre la copa de un árbol, y comenzó a decirle al pueblo:
-"Compañeros, de ahora en más los frutos de los árboles pasarán a pertenecer a la compañía extranjera "A.V.E.R.N.O. S.A.", empresa que fijara el precio que de ahora en más comenzaran a tener".
Inmediatamente, el pueblo se autoconvocó a la Plaza Mayor del Edén y entre insultos, pedradas y quemas de troncos, repudiaron la privatización y no solo obligaron a Adán, Evita y La Serpiente a abandonar el poder, sino que también debieron irse expulsados del Paraíso.
Por lo tanto, no fue Dios quién desterró al primer hombre del Edén. Fue otro Dios:
EL PUEBLO. (Al) Fin.
Espero que los cuentos le hayan gustado, pero recuerde, no se los cuente a sus hijos.
Ya demasiado tienen esas pequeñas criaturas de Dios con el mundo en que nacieron y con el paso del tiempo, que pronto los transformara en adultos, para que encima tengan que escuchar estas porquerías que se me ocurren. Ahora si…
FIN
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January 4, 2007 - Thursday
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Category: Life
¡me cago! - (extraido de : eldetonadorastral.blogspot.com)
De pronto, mi frente se empapa de un frío sudor. Una puntada, un dolor agudo en mi estómago, me hace encogerme y el malestar mis sentidos rápidamente. Es lamentable, es totalmente inoportuno. Me estoy cagando y los bruscos movimientos del destartalado ómnibus, en el que voy de sufrido pasajero, sobre las destrozadas calles de la ciudad, no ayudan a aliviar este terrible sufrimiento. Mira vos, yo que nunca me preocupe ni por el estado del transporte público, ni por el deterioro del pavimento, ni por todo ese tipo de cosas, ahora estoy, sin embargo, odiando al intendente, al gobernador, al presidente y a todos aquellos que sean culpables de esta tortura que me están haciendo pasar. ¿Pero qué puedo hacer? Estoy a medio camino y falta mucho para llegar a la casa de mi novia. Pero no puedo ir en este estado a la casa de Fabiola… Me haría morir de vergüenza tener que pedirle permiso para pasar al baño y más aún, me daría vergüenza salir después de él, con todo el pútrido hedor que seguro dejaré detrás de mí. Intento utilizar la autosugestión, ignorar el estremecimiento, pensar en otra cosa, pero no hay caso. Me estoy cagando, nomás. Entonces tendré que ir eliminando poco a poco los gases que presionan en mí. Estoy sentado a lado de la ventanilla, por lo que la abro haciéndome el distraído para sofocar el calor que tengo y de paso para tomar un poco de aire. Aire que muy probablemente, necesitara el resto de los pasajeros, una multitud debido al horario, algunos segundos más adelante. Poco a poco, concentrándome en el movimiento de los músculos, voy dejando que ese molesto gas que me tiene a maltraer vaya saliendo al exterior, intentando aliviar de esta manera el agudo dolor que tengo en mi abdomen. El silencioso, pero a la vez potente vaho salió de mí quemándome el ano, diseminándose velozmente como un poderoso gas letal por todo el ómnibus. La gente no pudo disimular la pestilencia de la atmósfera y comenzó a abrir rápidamente la totalidad de las ventanillas, olvidando el helado aire invernal que entraba por ellas. La viejita que estaba sentada a mi lado comenzó a abanicarse con una revista de tejidos y me sentí totalmente avergonzado por lo que acaba de hacer. Ya no me tiraré más pedos, me dije para mis adentros, no solo por el devastador efecto que causó, sino también porque al hacerlo, casi se me escapa algo a más sólido que gaseoso. Por lo tanto hice un supremo esfuerzo para levantarme del asiento sin cagarme y aprovechando que estaba cerca de la puerta de descenso, me abalanzo sobre el timbre y a la primera parada me bajo. No sin poco dolor, arrastré mi humanidad por las calles, hasta que logré divisar un sitio baldío que me dio una alegría semejante a la que un beduino extraviado en el medio del Sahara sentiría al ver un refrescante oasis. Ingresé sigilosamente en ese terreno baldío, protegido por la intimidad que me regalaban los altos y frondosos yuyales e hice lo que irremediablemente tenía que hacer (en eso de los altos y frondosos yuyales, no me quejaré de ningún intendente, ni gobernador, ni presidente). Me limpié con el suplemento de economía de un diario que estaba tirado por allí y me subí los pantalones con un alivio tan grande, con una paz física y espiritual tan inmensa, que hubiese cantado el Himno Nacional con todas mis energías de no ser que quería evitar que los vecinos del lugar me descubrieran y me denunciaran a la policía. Estaba a veinte cuadras de la casa de mi novia y la lluvia amenazaba ese gélido mediodía de agosto, pero ya nada me importaba. Iba feliz y liberado a ver a mi amada Fabiola.
FIN
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December 27, 2006 - Wednesday
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editorial
bienvenidos a revista loop, y binvenidos al año 2007 tambien , vamos a comenzar el año con una nueva edicion de esta revista que promete mucho, podremos cumplir con todo?
Por empezar queremos contarles a las personas del mundo( de habla hispana al menos) que esta revista ha nacido hace bastante tiempo atras(2005) y que ha estado atravezando una crisis economica que ya va a ser subsanada, y que por lo pronto va a tener su comienzo por la red.
la tecnologia y las nuevas formas de comunicacion nos ayudan llevar esta revista que salio y seguira saliendo en formato papel, a este medio mas amplio y mundialmente conocido.
lo cierto es que ustedes, personas del mundo, van a conocer las cosas interesantisimas que se hacen en cordoba capital, ciudad mediterranea de la republica argentina!!!
bienvenidos sean pues
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