Siempre he mirado con mucho respeto y
admiración la vida de la gente del Valle del Huasco, en la tercera región de
Chile.
En el desierto más árido del mundo,
sus pobladores han sabido prosperar de la mano del esfuerzo y el trabajo, la
agricultura ha sido durante toda la vida el sustento y alimento de muchas
familias directa e indirectamente.
Si bien el valle ubicado al interior
de la ciudad de Vallenar no es turístico ni conocido por su misticismo como el
valle del Elqui, este ha sabido crecer y mantenerse fiel a sus costumbres,
lejos de luces ruidos y de costumbres foráneas que parecen marearnos permanentemente
al resto de los chilenos.
Dicen que nada es para siempre, y lo
que está pasando en el Valle del Huasco parece un brutal castigo a haber vivido
durante tantos años en una armonía y con
un respeto por su medio ambiente envidiable, digno de destacar, pero ¿Cuál es el precio de
tener tantas riquezas naturales?
Nuestro país, en cuanto a estas riquezas, es de mar a cordillera “una mina de oro”, y quienes han estado
particularmente en esta zona del país saben que no es necesario gastar una
fortuna para deleitarse con las maravillas de esta tierra: kilómetros de playa,
encajonados valles, aceitunas, aceite de oliva, camarón de río, pajarete y pisco entre otros condimentos que hacen a
este lugar una inolvidable zona.
¿De qué forma se puede luchar contra
el poder y el abuso de los capitales extranjeros, si las instituciones, a cargo
de hacer valer nuestros derechos y velar
por nuestro bienestar, son quiénes les dan la mano y abalan los ambiciosos proyectos? Beneficios que, por más
explicaciones que se nos den, no se
comparan con los irreparables daños que le causarán al medio ambiente.
Durante décadas las entidades pertinentes se
las arreglaron para frenar las obras de
Barrick en pascua-lama, pero
finalmente la ambición y el dinero todo lo pueden hacer; este mes se reunió Michell Bachelet y el
presidente de Barrick Gold, Aron Regent, en una secreta reunión donde se acordó la
apertura del proyecto minero.
Mientras, por los medios de
comunicación nos enteramos de los cuidados medio ambientales que son temas de
prioridad en muchos lugares del mundo, en Chile y especialmente en el valle del
Huasco, vamos a tener que asumir como el río que alimentaba a todo un valle se
llena de cianuro y ácido sulfúrico, y en
general desechos tóxicos y metales pesados que va a contaminaran nuestra agua y tierra, en pro de sacar
toneladas de oro, y plata.
¿Dónde van a parar estas riquezas?
¿Es que acaso estamos pecando de ignorancia
y con tanto dinero van a comprar nuevos glaciares y a crear nuevos ríos?
¿O es qué este oro se va a ocupar
para mitigar el hambre en África y Centroamérica?
Sabemos bien que las respuestas para estas
interrogantes no tienen alentadoras respuestas y que las riquezas van a parar a
manos de unos pocos.
Si las escasas y ambiguas respuestas de los políticos solo
apuntan a que los beneficios de este proyecto son las fuentes de trabajo para la zona, ¿Qué
pasa con las futuras generaciones?
Porque una vez más los medios de
comunicaciones no han mostrado el real descontento de los pobladores, que se
niegan a aceptar que el valle tenga que morir por la ambición de un pequeño
grupo de extranjeros.
Es que en Chile, país que se caracteriza en vender sus riquezas naturales a potencias
extranjeras, ¿vamos a terminar vendiendo nuestros desforestados bosques,
nuestros desérticos valles y nuestros contaminados ríos para que las potencias
extranjeras vengan a dejar los desechos de sus limpios y descontaminados
países?
Si en Canadá, país originario de
Barrick Gold, o en Estados Unidos, país de uno de sus socios mayoristas, el
señor Buch padre, existiera una reserva de oro similar a la de Pascualama, debajo de glaciares milenarios que funcionan
como verdaderas fabricas de agua ¿se les permitiría explotar y contaminar en
forma discriminada para sacar metales preciosos?
¿Qué tan nuestro es este territorio?,
si ni las cosas que son por derecho de todos los habitantes de este país
podemos afirmar que de alguna forma nos pertenecen.
Donde hay posibilidades de hace
negocios, se instala la máquina de hacer billetes, sin importar si esto implica
destruir: Glaciares, ríos, humedales, cerros y lo que sea necesario para seguir
aumentando las riquezas de unos pocos,
que insisten en dejar asegurada a sus posteriores generaciones, para
perpetuarse como poderosos en un mundo que no sabemos cuánto más resista.
Italo Valentino B.