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Alberto Trinidad

Alberto Trinidad


Last Updated: 11/17/2009

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Saturday, October 31, 2009 

Nadie sabe mentir lo suficientemente bien como para llegar a decir la verdad.


Arrojo este estropicio de mirada, que se me llaga en los ojos, por el precipicio del cielo.

(Silencio)

Albergo, en toda la farsa que desprendo de cada palabra, el corazón de mi tristeza más profunda.

(Silencio)

Contemplo a cada una de las personas del mundo como figurantes inestables y toscos de lo que soy incapaz de imaginar. Cada día que camino por la calle concurrida debo taparme los ojos para tratar de no ver toda esa maleza humana tan mal construida. Sufro. El instante de rozar mi presencia con las demás es una tortura; el defecto crónico de lo que no he sido capaz de crear me atormenta con su mirada parapléjica, y sufro. Y desata en mí el más inconsolable de los llantos.

Los lazos de palabras que ato a los sentidos apócrifos estrechan desiertos de vacío.

Qué bonito es decirlo todo de maneras tan diferentes, qué bonito es seguir engañándonos, qué bonito es disimular frente a los seres cercanos que la vida corre por las venas de uno; es bonito hacer ver que este cúmulo de células informes nos constituye como seres conscientes.


Y una vez dicho esto, voy a tratar de relataros lo verdaderamente importante y trascendente de la vida. Para ello, tendréis que imaginar que estáis leyendo a Proust, o a Joyce, o a Santa Teresa de Jesús, o al lado de la chimenea encendida en el hogar de infancia, o a Santa Claus, o a Jesucristo-Buda, o a Stephen Hawking, o al Sr. Nietzsche, aunque no sea capaz de escribir tan bien:


Allá voy:


Aderezando la madrugada tierna y tibia del otoño, sin mis trémulas caricias de amor, y envejecido como una especie marchita en el crepúsculo de su evolución, me postro y siento en una silla del mundo. Desnudo de cintura para abajo, abro mis nalgas con las palmas abiertas de mis manos, desato mis saltos más ridículos e infantiles y enhebro el orificio anal en la punta salada y sonriente del miembro divino de la muerte.

Persigo el rastro de sangre de tu primera menstruación por los caminos inseguros de los aledaños del universo; sé que me esperas en las esquinas ambivalentes de la pecosa realidad que deshacemos en cada mota de sueño que desperdicié.

Qué frases tan largas, qué poca respiración en estos inventos, qué, ¡cuánto!, sería capaz de salvar y aprovechar si supiera escribir.

Si me alzo sobre cualquier nota tónica de voz, si me olvido de todo lo que aprendí leyendo en los estercoleros postestructuralistas, si chupo tierno y acobardado mi dedo pulgar encogido en la cuna imposible de tu amor salvaje e inaprensible por mí, tu amor inextricable e incumplido hacia mí, tu amor ingenuo e imposible por este cadáver que se pudre… Si… entonces me atrevería a mostrarme tal y como soy (mentiroso hijo de puta, mentira paradójica y demente), me atrevería a arrodillarme ante tu nimia lengua celeste, deshacerme de la vida y de la muerte, del porvenir y de la literatura, de mi ¡identidad! y de mis deseos, para, solamente siendo la última patraña viva, entregarme a ti, pequeña adolescente que no has nacido y sonríes liberada de nosotros. Entregarme al sueño imposible.

Bésame en la punta del cielo, logra que me corra sobre las aristas indecentes de la Tierra.

Amasemos nuestros cuerpos en una caricia de niña. Nunca vas a existir, nunca vas a existirme; así de perdido, rezo bajo tu sexo pubescente la lluvia que borre nuestra existencia.

Nada ha ocurrido lo suficientemente bien, lo suficientemente falso, como para creer en ello…

Soy la última posibilidad, la única esperanza de tu bonito feto lúbrico, la última oportunidad para escapar de todo esto y ser felices al margen de toda vuestra puta construcción simbólica, ligüística y advenediza…


No me mires, sugiéreme… y, en algún punto indeterminado, recrearé tus labios delineando las letras del beso que selle nuestra definitiva boda furibunda.

Sunday, September 20, 2009 

Current mood:  stalked

Voy a abofetear tu linda cara... Quiero hacer añicos la belleza pequeña de ese rostro que me mira con veneración desde hace cinco años. Lameré los segundos que tu sangre deliciosa recorra por la comisura de mis caricias desesperadas..., con esta lengua desnuda de voces, carente de sintagmas, seca de sentimiento...

Provocaré, con el eco de las sogas vocales de mi garganta atragantada, un terremoto de gritos. Griterío que eclipse los jadeos delicados de tu boca partida, de tus silencios secuestrados... Soy el aborrecible verdugo que se acuesta junto a la tragedia de tus ojos mudos..., el cadáver que observa desde su tumba descompuesta el devenir de los sentimientos humanos...


Me caeré encima de tu abismo: boquete salivoso que abrí con las manos que me amputaron siendo niño..., niño en la cúspide de tus labios recién nacidos... (Nadie nos enseñó a amar embadurnados de placenta)...


Y, ahora, yo arranco los cordones umbilicales que nos esclavizaron, arranco de tu cuerpo el sentido de lo venidero; del mío, la sentencia envejecida de ser el peor de los despojos humanos. Arranco la vida, la vida y la muerte; y hago de la existencia un lupanar de vértigos, de caricias, de sabrosas miradas al albor de estas uñas que arrancan despacio la epidermis sediciosa de los orgasmos que rezan mi nombre en tu sexo...


Estoy a punto de reventarte la boca con mi puño de cielo; con mi polla enardecida de hadas blancas que derramen su sentencia salvaje por las rajitas secas de tus labios adolescentes... Pronúnciame mientras me corro en tu boca, deletrea mi nombre insoluble en el momento en que eyaculo despacio el universo entero entre tus dientes blancos...


Me muero, pequeña... Muero entre toda esta muerte, esta vejez desaventajada...

Siéntate encima de mí, ahora que todavía estamos a tiempo, y haz todo lo que tengas que hacer... que adoro todo lo que segrega y evacua tu cuerpo...


La ventana se ha cerrado para siempre, el otoño nos ha asesinado…

Volveré a ser un hombre para el mundo..., cansado y harto...

Escúpeme, violéntalo todo... pequeña gota de cielo; haz (consigue) que yo nunca haya existido, orina y defeca en mi rostro... Sé siempre la niña que dibujo en el horizonte mientras me corro sobre cualquier cuerpo humano de mujer...


Odio todo lo que no se parezca a ti (incluido yo)...


Ojalá no hubiera nacido nunca...

Saturday, September 05, 2009 

Lloro; tengo toda la distancia de tu cuerpo atragantada en mis branquias. Tengo mi alma de sirena coagulada en el corazón que nunca ha dejado de latir por ti... Llanto salado, de azar, de desastre... He sembrado en todas las aristas de tu sarcófago abierto, un centenar de lágrimas coloreadas por tu tacto... Pero en el cielo no se puede sembrar nada, en el cielo no se puede enterrar a nadie... mi niño... mi ángel... mi perdición...

Hace cuatro años del velatorio y no me he movido ni un centímetro de aquí...  Todos se han ido, y el abismo me mira de reojo desde las profundas tinieblas de la vida, diciéndome que nunca más vas a volver...

Pero cada día lamo con la punta de mi lengua rosada la circunferencia de tu luna de plata... los puntos imposibles del dado azaroso que lanzaremos a la intemperie el día de mañana...

        

El agua del fondo del mar se está rompiendo; todas las otras sirenas se mueren: no existe cielo alguno si tus dedos mágicos no hienden sus yemas como bisturís sobre su piel... La noche palidece... la madrugada es un recuerdo...

 

Pero nada va a hacer que me mueva de aquí... recito con mis dedos pequeños los orgasmos que me susurraste entre las piernas... yemas delicadas que deletrean tu nombre cuando me toco... Que te gritan y delinean tu silueta irrumpiendo alada y azul a través de las sombras de mi presencia...

Tu ausencia.


El vacío se cierne a mi alrededor, una tormenta de hojas en blanco parten la insistencia de mi canto, corrompen el sentido de mi garganta abierta... Soy muy pequeña, todavía tan pequeña, pero te juro que voy a desafiar a la eternidad, alzándome desnuda y virgen de ti en equilibrio sobre esta cola de sirena que me ata a la imposibilidad, voy a desafiar a la derrota, al Abismo, a todo lo que un día provocó tu muerte... Pequeña voy a gritarles desde este espigón de roca encallecida, sepulcro de niño que te deshaces en vocales y consonantes, con un chillido demoledor uvular y sangriento; tan pequeña voy a ser capaz de clavarles este grito desesperado en el centro de la metástasis que desplegaron en la magia caliente que tu cuerpo segregaba en mi boca, en mi sexo, en mi piel blanca arada en versículos azules...

Y siendo tan pequeña morderé la vena precisa, la mina adecuada, el cuello de tus párpados... para hacer sangrar un géiser de incertidumbre alrededor del sarcófago que nunca llegaste a ocupar.


Mi ángel, mi sentencia, mi niño de cielo, cirujano erógeno... te espero... aborrezco los siglos de literatura que me hablan de tu desaparición, execro la hipótesis final de la ciencia que asegura tu muerte. Nadie va a convencerme para que deje de esperarte..

Siento, en cada uno de los poros de mi piel salvaje, la presencia intrigante de tu lengua caliente lamiendo mi sentido... El sentido de mi vida entera...


Ábrete espacio en el universo, rasga la tela delicada del espacio, del tiempo, con tus pestañas de amanecer; surge como una supernova deliciosa de la oscuridad de este mundo, ábrete camino como un feto prodigioso atravesando la cesárea imposible de lo nunca más eterno. Y estréllate contra mí, bésame con ese cuerpo sucio de líquido amniótico, de placenta vomitada; rompamos la existencia, huyamos de una vez por todas  del dictamen de lo escrito... (aunque sea lo único que nos quede). Y hundámonos despacio en el océano de mis flujos restregados en tu cara de ángel...


No voy a cesar en mi empeño, mi cielo...




"ay... "

Saturday, August 08, 2009 

Os voy a contar lo que me ha sucedido esta mañana, literalmente:

.. ..

Ha rugido el grito espantoso, esta mañana entre los acordes únicos de una guitarra que desgarraba el aire caliente que el sol expulsaba por ..la boca. Ha.. rugido desde mi garganta rota que he estado estrangulando por desidia. Miento: ha sido una sucesión de versos afilados la que ha estrangulado esa garganta que no ha tenido más remedio que emitir un rugido de grito que se ha estrellado en las paredes, blancas, de mi habitación vacía.

Ha sido espantoso, ha sido como eyacular sangre, así de bonito y espectacular, así de inigualable y estremecedor. Y no he podido dejar de gritar durante no sé cuántos tiempos; he saltado, cabalgando mi propio rugido, sobre la guitarra que desollaba las tinieblas de mis versos; he vuelto a gritarlo todo y he vomitado agua en el centro de esa habitación que podría describir como una tumba, pero que mejor diré que se parece al último beso de amor que recibí en mi vida...

Agua vomitada en el centro, porque toda la baba bebida era expulsada de mi boca, porque solamente así se puede chillar un rugido verdadero, ay, que no podía dejar de hacerlo y correr por toda la casa, chocándome por los pasillos y estrellándome contra las paredes. Mi casa... que podría definir como un cementerio, pero que mejor diré que se parece al sudario de las últimas caricias que me regalaste antes de desaparecer...

Encendido de sonidos guturales que no podía dejar de exhalar, enervado ante las últimas palabras escritas por mis manos amortajadas, me desgarré las ropas, ensangrenté mis labios inservibles (como eyacular sangre...) y me fui a la calle. ¿Qué clase de calles hay ya a mi derredor? No lo sé, no puedo saberlo. Las últimas frases escritas me perseguían lamiéndome los gritos que segregaban mis pasos, como baba caliente, como esperma desgraciado, como sentencias lejanas...

A la calle, flotando en un mar encharcado: posos de todos esos gritos que acaba de estragar. Flotando encima de todo eso, con las muecas de mi cara y de mi voz diciendo cosas extrañas, ajenas a la humanidad (que me encontraba por las calles y me miraba con caras raras, con las caras raras...). Pero yo no sé disimular, y no lo hacía, y proseguía mi recorrido deslavazado, con mi rostro asimétrico hendido por el estupor de lo que me estaba sucediendo: que todo lo que acababa de escribir se arremolinaba oscuro y grave entre las cuerdas de la guitarra a través de la cual no pude dejar de gritar hasta quedarme afónico, hasta atragantarme de toda voz, de toda saliva, de toda agua que no pude evitar vomitar en el centro de mi habitación perdida...

(Así... los dedos diminutos de la que acariciaba a la pobre fotógrafa... tan minúsculos que no era más que una muñequita entre sus piernas... ¿Dónde está la ilusión, pequeña?).

Así me arrastré a ..la playa... Cien.. mil kilos de sol derramándose del cielo, cien mil bikinis hirviendo en la arena, centenares de cuerpos absurdos interponiéndose en mi caminar salvaje y gutural: porque yo seguía diciéndolo todo con mi boca y con mi brazo derecho que dejaba, dolorido, a media altura, a la intemperie del viento, avisando a los transeúntes, a los bañistas, que estaba exhausto de tanto escribir. Pero como que todo el mundo se alejaba de mí al comprobar lo que expulsaba por la boca, por los gestos de mi boca, no se enteraban de nada...

.. ..

La arena estaba muy caliente, mi cuerpo a la deriva de lo que había gritado, y escrito, y deambulado en la tierna página en blanco, ya tan garabateada.

Todas las personas del sábado por la mañana en la playa del pueblo costero, las mujeres con sus tetas, los niños, los hombres con sus miserias, el cielo alejándose de la trágica caricia humana... y yo arrastrándome hacia el fondo el mar. Con mi brazo derecho dolorido encogido a media altura, exhausto de dolor y cansancio, mi boca torcida expeliendo sonidos cuyo significado y origen yo mismo desconocía, adentrándome en el mar, esquivando a los seres humanos: las gordas, los infantes, los desgraciados, las niñas, las carnes... Hasta el fondo frío, tan agotado, dejándome caer en la ilusión del horizonte, entre las nubes aterciopeladas de mi melancolía más olvidadiza, refrescando mis babas, mi esperma, todas esas consecuencias de mi grito selvático... haciéndome el muerto en mi cabeza caliente, dejándome arrastrar hacia la ilusión de ese horizonte lejano. ¿Dónde está la ilusión, Tatiana?...

Sin poder dejar de decir cosas raras con la boca, ruidos raros de subnormal, de desaventajado, así sonaban mis rebuznos ilógicos, así en la superficie marina, mientras me alejaba de los hombres y las mujeres, sin poder dejar de reírme... de decirlo en voz baja... y alta.

.. ..

Regresé, tres chicas jóvenes con las tetas al aire obviaban mi presencia, yo estirado en la arena, ajeno, enajenado, alienado de los mundos habidos, descansando al sol, de todo lo sucedido, rememorando la luna entera de la noche anterior.

A medianoche, llena la luna, enaltecida de naranja, presenciando mi infantil baño nocturno... a esas horas, dibujando la silueta de mi ausencia...

.. ..

Un poco más tarde, cayó la tarde...

Saturday, August 01, 2009 

El amor en la tierra…

(El otro día estuve en la cama con otra... Mis caricias naufragaban en su cuerpo como estandartes ciegos de melancolía desacostumbrada... Tenía tu nombre clavado en la mirada y, muda, mi voz pronunciaba susurros secos entre las piernas de la que me abrazaba. En la cama... con otra... salpicado de toda la eternidad que vomitaste en el cementerio, cuando me diste por muerto. Si quisiera callar, habría destrozado el calor de mis labios con tus uñas salvajes... Con otra... despacio penetré su sexo que no me recordaba más que a la decadencia en la que me sumo, despacio me despeñé por los abismos del silencio que jadeaba entre dientes... En mis oídos, en mi desierto de tacto celeste, ahora que tu carne ha sido despellejada del cielo... y... Y cuando se agachó, cuando buscó o que...)


Solo…

Autocirugía en mi entraña abierta. Tengo una herida en el cielo que sangra acordes melancólicos de tu voz pronunciado mi nombre. Nunca más lo había recordado; en el mar hay grietas sordas por las que se precipitan todos los cantos de las sirenas... y estrías dolorosas en cada ola que abandona el seno materno para perecer en las playas de tu tacto rasurado, cariño...

He buceado en la sangre espesa de este aborto que me sobrevive, he mendigado por, siquiera, un recuerdo de lo que un día tu lengua fue capaz de provocar en las ciudades de mi piel... ....

Por el amor de Dios te lo pido, haz que me calle...


"Shhh... pequeño cielo ensangrentado... shhh, guarda silencio... que la voz es un cáncer, que el lenguaje es una metástasis en el centro de tu garganta coagulada de designios fallecidos... Shhhh... cállate.... He estado observando desde los ojos de la que te amó y te he visto morir, mi niño... La muerte ha cruzado las piernas y ha evitado el nuevo parto, no hay sentencia, ni condena. El fracaso grita desde el ombligo invisible de esta libertad execrable...

Y están gritando, estamos gritando: este amasijo de carne, versos y huesos es imposible de besar, este cadáver descompuesto no puede violar a la hija aventajada de la vida...

He estado observando lo que ha ocurrido tras tu muerte, cariño mío. He visto lo que tu amor ha hecho con las lágrimas calientes que sembraste en la arena tibia de la arena que os vio nacer...

Calla… Yo ya no estoy aquí, ni estaré para siempre… Hemos acabado con esta narración… hemos extinguido todos los recovecos de tanto exprimir las posibilidades. No estoy a nuestro alcance, cariño mío…

Y aun así, abro la boca, las piernas, soy tan pequeña como tu voz el día que te atreviste a decirme que me querías, escondido de tu amor en ..la tierra. Aun.. así, abro los brazos al cielo, mi niño equilibrista, aun empujada al abismo de la última página escrita… Ahora que todo el mundo sabe que nunca existimos… cariño mío… Consigo hacer que calles, consigo que abandonemos la aventura, consigo que ocultemos toda voluntad, todo sentido, toda cadencia, mi cielo, contigo, conmigo, consigo…

Lo consigo.


Y aunque nunca hayas logrado tenerme, verme, abrazarme, y mis huellas en la arena en dirección hacia el mar del último libro aún por escribir denote mi ausencia… quiero que sepas que mi existencia sólo depende de ti…


Cielo, te hago callar, que nadie te pregunte por nosotros, por ti, que te dejen en paz… Nunca más libros, nunca más vida, más deseos…”


Desaparéceme… por dios, ya…

Saturday, July 18, 2009 

Current mood:  exotic

«Haz todo lo posible para ahorcar mi cuerpo de lo alto de la luna artificial que se atraganta de cielo en ..la altura. Hazlo.. clavándome en los órganos vitales las estrellas como clavos, profundamente para que sangren y no pueda respirar ya nunca más. Hazlo con esas manos tan pequeñas, empujando con furia, aprovecha la ira que supura del asco creciente que empiezas a sentir por mí. Hazlo así. Desnúdame en ese altar desorientado, sobre ningún horizonte habido, bajo el crepúsculo devastado. Escúpeme empujada por el recuerdo de mis ojos violentando tu nacimiento. Lánzame al abismo. Reniega de mí. Contempla, en la hora exacta de haber dejado de ser una niña, mi muerte necesaria; abandona, en esta muerte que exhalo de mi carne deshabitándose, todos tus recuerdos de mí. Que no he sido más que una rémora, un lastre para ti... pequeña silueta adormecida en el regazo de mis pecados... Vive ajena a mi tragedia, a mi condena, arrójame al mar de la perdición, niégame tres, cientos de miles de veces, haz de mí ni siquiera un recuerdo para el porvenir y sálvate, aúpate al mundo y sumérgete en el devenir tranquilo de la humanidad, construye una familia a tu alrededor y olvida (¡niega!) que una vez me exististe, nos existimos. Dame la espalda, quema mis palabras salvajes e insignificantes, destierra de tu cuerpo virgen mis caricias enfermas, vomita mi aliento fétido de tu boca, deshaz el calor mefítico de mi abrazo del recuerdo de tus brazos... Mátame, y sálvanos...»


«Estás loco si piensas que voy a abandonarte. Inoculada en el delirio de tus gestos más excéntricos, ubico el sentido de mi existencia en el centro mismo de tu crimen más atroz (más delicioso...). Arrancada del año que me hace dejar de ser una niña, me arrastro desnuda y despacio a tus pies para que perviertas todas las caricias que se amontonan en mi piel, intactas. Para ser violadas por ti... pequeño ser atávico que necesita que te acune la niña más pequeña del enjambre infantil de los pecados cocinados al fuego lento de tus ojos imposibles, cirujano de coños glabros... cirujano de sentencias azules en el colmo de la pubertad.....

Voy a lamer sin parar, con la lengua afilada y mojada de los cientos de semas que has eyaculado en el interior de mi boca, el contorno de tu cuerpo frío. Voy a escribir, con esa lengua caliente que te debe la vida, los versos que almaceno de tantas veces que te has corrido en mi boca.

Y, lejos de ahorcarte, rodearé tu cuello tembloroso con mis piernas delgadas y cortas para que saborees el sudor de mis flujos ácidos, para ahogarte de mis primeros orgasmos ardientes que deletrean en cada jadeo (grito incontestable que susurra silencios) tu nombre perfecto y precioso.

No voy a abandonarte, mi cielo, jamás, aunque me metan en la cárcel, aunque me repitan y reiteren miles de veces que has muerto, que ya no eres capaz de alzar la voz, la palabra, la lengua, el azar, el delirio, como una bandera enarbolada en el horizonte del universo.

Sorberé los misterios que has sembrado en cada uno de los poros de mi piel y engendraré gárgaras enigmáticas para escupirlas sobre el precipicio de tus ojos, del cadáver que me presenten y en el que no creeré. Jamás fingiré que nunca desolaste mi triste vida con un huracán de sentencias para arrancarme de este mundo. Jamás me marchitaré en los brazos de “otro” hombre que no sepa conjugar mis flujos con las volteretas sintácticas de mis ojos arrojados entre las piernas abiertas del cielo, que no sepa hablarme con esa voz rebozada de toboganes de plata, de espuma de mar salivada que estremece los oídos y los dignifica.

No renunciaré a ti, pequeño... No desistiré de reconstruir una vida improbable a tu lado. La salvación no consiste en asesinarte... No te abandonaré, aunque eso signifique mi muerte temprana, humillada y torturada... Seré la pluma última que remonte el vuelo del cadáver de tus alas estragadas... Estaré siempre insertada en tus ojos, como una aguja de sangre penetrando el final de la Aventura.

Aunque creas que ya sea imposible que pueda amarte.


Aunque de tan viejo seas incapaz de moverte.


No voy a cejar en mi empeño, jamás...


Me tienes para siempre, como una gota de imposibilidad latiendo en el centro de tu pecho, de tu lengua, reflejando el sentido último e inalcanzable de nuestras vidas.


Voy a explotarnos en la eternidad de una puta vez. Voy a levantarte con mis manos diminutas y nada, nadie, ensombrecerá nuestra victoria… Créeme, ahora, tú a mí…»

Saturday, July 04, 2009 

Hiatos de sangre en lo que balbuceo, cariño mío, cuando pronuncio tu nombre después de todos estos años... "Vamos a engañarnos., mi cielo y dime…"... Escondo en la madrugada de los actos la caricia leve que elevó mi cuerpo a la nube más alta... al cielo más partido... Fuiste capaz de romperme la cara, el designio, tantas veces con tus manos diminutas de porcelana china...! La piel, el rostro: sangrando efluvios azules de tacto desmoronado por la comisura de tu beso, virgen menstruada que te abriste partiéndome en cien mil pedazos diseminados. Párteme, otra vez con esa mano pequeña, los cien mil fracasos de mi cuerpo. Párteme.......

Ahora que no estás aquí, ni estarás nunca más, ahora que musito tu nombre gangrenado en mi alma y no alcanzo más que a tartamudear la vejez de mis miembros malformados.......

Aguardo el flujo plateado que segregaste, cariño mío, restregándote despacio por el borde del precipicio que nos separaba del Universo. Aguardo la tela de araña que tejiste con la yema de tu dedo corazón frotando en la orilla de mi boca, de mi lengua diseñadora de versos orales, de edificios salvajes a punto de caerse para siempre. ....

.. ..

He aferrado la navaja oxidada de mis recuerdos para acabar con todo esto de una vez... para aclarar, de una vez por todas, la situación, y vengarme de lo venidero.....

.. ..

Me azoto con mi cordón umbilical, flagelo mi cuerpo inservible con el cordón umbilical de mi madre destrozada. ¿Cómo, siendo un recién nacido, pude arrancar ese cordón, guardarlo en un cajón desinente y utilizarlo ahora para flagelarme para siempre? Utilizo el líquido amniótico de mi parto como vaselina para que mi padre me sodomice... utilizo esa pasta asquerosa para que mi padre, Dios, me penetre el culo con su enorme verga hipertrofiada... Hay qué ver, qué ímpetu, aun estando muerto. Me flagelo... sangro... tras toda esta aventura y desafío me he convertido en esto... Sodomízame, Padre... que he pecado... que he renegado de ti, de mamá, de mi origen, y he enarbolado la bandera de lo imposible y lo desarraigado en el corazón de lo maravilloso.......

.. ..

Maravilloso.......

.. ..

Estoy condenado, cariño mío, ¿cómo has sido capaz de creer en mí...? ¿Pudiste arrancarme el cielo de la lengua mientras te lamía la carne recién nacida? ¿Pudiste inyectarte el mar en las venas mientras bebías mi semen de la punta de roja de mi desmayo?....

Pudiste hacerlo, cariño mío...?....

.. ..

Todo lo que he escrito, lo que he enterrado y desperdiciado es sólo para ti.......

.. ..

El funeral que se celebró en mi nombre y tú lloraste permanece vivo en los entresijos de la existencia; solamente hace falta volverlo a leer.......

Sé que estás a punto de decírmelo de nuevo.......

.. ..

sé que tu espera valdrá la pena.......

.. ..

el universo es un lugar demasiado pequeño, la conciencia humana, el tejido simbólico en el que es capaz de operar, una realidad demasiado limitada; todos los impulsos, traumas y padres que la dominan algo demasiado estrecho como para que puedan conocer nada de lo que nos une, nada de lo que nos une, cariño mío.......

.. ..

He desgajado de mí toda la herencia anterior.......

.. ..

Te espero más allá de las fronteras de los hombres.....

.. ..

.. ..

Sé de un lugar donde te encantará jugar conmigo, cariño mío... hay muchos niños y gatos, está lleno de niños y niñas de todas las edades manejando sus sentidos en el lago. La piel es siempre muy blanca y todo se agita tal y como a ti te gusta, tú que acabas de cumplir esos catorce años de siempre podrás enseñarles cómo bañarse en el lago, como se baña uno en el lago.......

.. ..

estoy mirándolo todo... me he abierto las venas, cariño mío, y estoy observándolo todo, con las venas abiertas, los brazos en cruz, marificado, estrellas como clavos; mirándote, a los niños lamiéndote todas las edades (flujos plateados...). Me estoy desangrando, muriéndome otra vez para hacerlo todo posible.......

estoy colgado en la cruz del mar, de esa estrella lejana.......

a lo mejor no seré capaz de llegar a tiempo, cariño mío.......

.. ..

.. ..

.. ..

(y no voy a poder ocultarte, mi cielo, que tengo miedo...)

.. ..

Y no voy a poder dejar de decirte que eres lo único que me sostiene muerto a la espera… abierto de brazos en la cruz (del mar), abierto de piernas en el lecho del lago…

.. ..

Recítame, recítame, con todos esos niños y niñas a tu alrededor como un gran coro…

.. ..

no voy a pronunciar nunca más nada que no sea tu nombre aniquilando toda estructura que me sujete a la realidad del Hombre…

Saturday, June 06, 2009 
Santificado sea su nombre.
Llego con la cara cansada, la piel a rastras de un cuerpo que no sostiene ni la vida ni la muerte. Achacoso escombro de silencio acomoda la estancia a sus movimientos ya torpes, ya viejos...
Abro la ventana que encuadra el porvenir, siendo ese azul náufrago la tiniebla de las cataratas de mis ojos. Abro la ventana para que entre el aire, para que el viento desordene el pensamiento coagulado que se enquista en esta habitación como una metástasis de melancolía...
Y lo único que hace el viento es burlarse de mi cabeza calva, es arañar de frío estos huesos despellejados que se quiebran en cada paso.
Vomito polvo con los dedos cuando aparto tal y cual volumen, cuando me acerco a esas hojas mal escritas, cuando reubico esa libreta carcomida. Estornudo con el silencio enganchado a los párpados que se han cerrado para no ver, encuadrado en la ventana, lo que un día el cielo azul inundaba en mis venas.
Estoy en la habitación última, en el piso de arriba.
Entonces, me quito la ropa, sorbo la descomposición de mis fosas nasales, desgajo cualquier asunto perdido en el estómago, abro la boca, abro la ventana que encuadra mi perdición, abro la boca frente a esa ventana loca que mide la distancia con fragmentos de ala; me postro de rodillas, agarro la flauta temblorosa y declino mi sombra (no se halla mi sombra), y canto... canto con esta voz tremendamente rota, coja y atemorizada, canto con la flauta tiritante en equilibrio sobre la punta de mis labios resecos, canto, hijos míos, canto, encumbrado en un maremoto de silencio desgarrador la canción decadente que estalla:
Y canto:
Y...
canto:
"Queeee no todo está perdido, queeeeeee el nudo de mi ombligo huele a menstruación divina, queee en el desierto de mis últimos años se arremolina una tormenta de designios futuros, queeeee por las noches sueño con que soy joven, con que el año 1991 fecunda en mi pecho un nuevo corazón para amarte más que a nadie, para amarnos más que al tiempo, más que a Jesucristo mamando del pecho seco del cadáver de Dios, queeeeeee por las noches sueño que me levanto de la tumba para violentarte en tu cama tranquila y besarte en el centro de la boca con mi lengua delirada, trepanadora de misterios vírgenes, rebozada de todos los poemas líquidos que segregamos juntos entre las piernas de lo niños que tanto te enseñé a desflorar... Queeeeeee si consigo enterrar definitivamente la herida mortal, del interior de no sé qué nueva carne de qué palabra, germinará el nuevo Mesías de mi lenguaje. Y me susurrará al oído las frases que debo pronunciarte para que vuelvas a casa, para que desveles (epifanía desdoblada) el amor que jamás supe sentir por ti..."
Canté... Me hago un ovillo de sentencias en el centro de la habitación, de pellejo salvaje, de verano pordiosero, de luz oscura de esa ventana que me insulta a lo lejos, Me arrebujo en el centro de mi decadencia a punto de ser nada más que un recuerdo en la mente perdida del universo. Soy tan viejo que los niños ni me ven. Soy tan viejo que escupo versos cuando me encojo para tomar aire.
La habitación se parte.
Un día fui capaz de amarte cuando aún podía sostener tu corazón en la bandeja sedosa de mi boca a la intemperie del sentido... Un día fui el ángel que te arrancó de la realidad, para salvarte de todo lo que tanto miedo, tanto miedo siempre nos dio...
Hoy no podrías reconocerme; hoy duermes, bajo el techo de lo que nos capturó para siempre, sin noticias de mí, que envejezco al otro lado del Paraíso. Hoy has dejado de soñar que un día regresaré, hoy que trazo mapas con la punta enclenque de esta pupila que anochece en las caratas de mis ojos. No regresaré jamás. No moriré, puesto que estoy enterrado en el cielo, no alzaré la voz para reclamarte (como un loco) ahora que nadie se acuerda de ti, de mí, de lo que un día, de la salvación, de la Aventura...
Y entonces, desde ninguna habitación, no sé desde que piso de arriba en el último piso del hotel que desafía a la literatura, me desnudo,
me quito la ropa, abro la boca, abro la puta ventana que escupe cielo en la garganta de los amaneceres envejecidos, abro la boca, aferro la maldita flauta resbaladiza... y con un grito que asustaría a la despreciable y majestuosa primera obra de Dios, canto...
Y canto!!!
Canto!:
"Queeeeeeeeeee... estoy a punto de...
Friday, May 29, 2009 
... “La poesía, después de Rimbaud, sólo puede conducir a la cárcel, al manicomio o a la cartuja. Sólo puede hacer monjes, locos o presidiarios: Artaud, Reverdy, o Genet.”
Voy a hablar de lo que verdaderamente importa:
En estos centímetros cuadrados que ocupan la piel de mi cuerpo, rebozando lo que soy, hay tendones, arterias y músculos: existe el deltoide, el bícep femoral y el señor isquiotibial. Bien, una vez aclarado este punto, voy a decir que me acaricio con la mano abierta, y que cumpla los años que cumpla querré verte recién nacida bebiendo de mis flujos calientes a punto de ser exprimidos por tus dulces manitas blancas de nunca haber roto (jamás) el hilo que nos separa de pasado mañana. (Entonces, debiera sonar el acordeón ancestral que delinee en el horizonte azul la melodía, folclóricamente húngara, que esconde los pecados de amor que ensuciaré en tu boquita de princesa estimulada).
Será pues el momento de reconocer que tú, hija mía, babeas por la comisura del coño las letras que configuran los textos que escapan del discurso humano, del tejido simbólico que nos esperó al amanecer de nuestras vidas. Babea, cariño mío, que te lameré inconsciente hasta que no quede una gota, que te lameré a ti que tan pequeñita no escuchaste hablar todavía del placer ni de la muerte, pero que te abres como una mariposa de cielo ante mi lengua cancerígena de misterios marchitos...
Saber que eres fruto del vómito de semen que expulsé aquella noche: treinta y tantos de julio-agosto atragantado de mar cuando trepé la tiniebla ambiceleste que la mirada de un gato proyectó en el horizonte de las putas yemas de mis dedos... que...
Creo que tendré que explicar esto mejor:
Al finalizar una de mis esqui y zofrénicas conferencias para gatos en el espigón de debajo de... la iglesia de... sitg... expuesto el resultado final de mis conclusiones, siendo yo aún tan joven y habiendo vendido el flujo de mi sangre a cambio de un latido inconciso en el interior de un corazón de plástico humano barato, paseé mi miseria decadente y finalizada por el acantilado que tarareaba mi nombre en la superficie del mar; entonces vino el gato que acariciaba el plano incongruente y cubista que desdecía el continuo espacio-tiempo. Eso es... Yo estaba a punto de lanzarme al vacío del mar: mejor dicho, a punto de ser acogido por las manos azules de la marea que coreaba mi nombre como espuma deseosa de seda marina para desparecerme al fin en el sentido. Y ese gato me dijo:
"No te lances, Alberto, ¿Albe…? No te lances, trepa la tiniebla, trepa el castillo púrpura... trépate, yo que te escuché."
Entonces, Alber..., entonces, trepé la tiniebla ambipúprura y atragantado de horizonte, de los últimos designios del mar que ya me acogía en su seno por fin, amanecí en el centro de mi habitación, siendo una crisálida de desesperanza, aún joven y celeste. Entonces fue cuando vomité, atragantado de ese mar fetal, el semen que fecundó, en la punta de mis dedos imposibles, tu cuerpo de niña salvaje.
Pero yo no he venido aquí para hablar de eso...
Decía que: saber que eres el fruto del semen que vomité atragantado de ese mar, aquella madrugada, me enardece la entraña operada; me desestabiliza la matriz, injertada para que pudieras llamarme madre... Llámame madre mientras chupas, delicadamente de la punta de mi polla, las últimas gotas de esperma que desgañitan este orgasmo envejecido, que deletrea en tu boca el último verso que vocea mi cadáver.
No sé si queda claro cuánto te quiero, no sé si ha quedado claro que te acunaré hasta el final de nuestros días en este regazo con el que cubro el ataúd conjunto de la mística, la ciencia y el pensamiento post(decadente)modernista. No sé si todo el mundo se habrá dado cuenta de que todo el pellejo que cubrirá este cuerpo que han construido con tendones y músculos y el tríceps y los dorsales y el trapecio anterior que ensancho, todo este pellejo de anciano de la vida que morirá se convierte en una lengua caduca para lamer el clítoris apenas conformado de tu sexo eterno, fosilizado entre las piernas imposibles de la sirena que recitará nuestra historia olvidada más allá de este puto universo que se ríe de Nietzsche, de Freud, de Einstein y, por supuesto, de Jesucristo.
En este final me he extendido demasiado, lo reconozco, no debería haberme ido tanto por la rama, las ramas, la ramma.
Concluiré ya, diciendo tan sólo lo siguiente:
-Mi niña, ronronea en mis pies; te miro desde la terraza, porque he aprendido a observar sin ser visto, desde la ventana para que desnudes esos catorce años menos tres, menos cuatro... para que des sentido y detengas el envejecimiento de mis palabras, de mis párpados, de mi sexo vomitando...
Entonces, suspendido en todo lo que aún no se ha dicho de mí, y, por fin deshecho de lo que me une a esta humanidad, lograré domesticar el lenguaje (babita lista de Chomsky), domesticarlo como a un lindo gatito, como a una tierna putita... Agáchate, cariño mío, deshazte, ábrete, que voy a hacerlo encima de ti... que voy a domesticar te... que voy masticar las palabras, los maullidos, la carne, y pintaré con el carmín fragante de mi orina la delicia semántica que lustre el sentido del infinito en una cajita de orgasmos sintácticos, encadenados (como un ramo de sentencias eyaculado sobre tu cara sonriente de puta privada agradecida...)
escúpeme, mi cielo... que voy a acabar por fin con toda esta mierda...
Saturday, April 18, 2009 
Lamo, con el cadáver de mis pasos, la huella virgen que mi hijo peregrino ha dejado en medio del camino que se derrumba.

Qué
frío tengo... Qué helada está la mano arrugada que busca fragmentos de
piel en mi cara para acariciar lo que quede... Babeo versos por la
comisura de la yema de mis dedos... Saliva sucia que grita coja tantos
años después de haber perdido todo su sentido...
La muerte afable
de mi verdadera vida arropa la carencia de tinta en las hojas de mi
devenir, la muerte afable que entendió, antes que nadie (que yo) cuál
fue el momento idóneo para acabar con esto; la otra vida, la de la
Tierra (mundo), siempre fue siglos con retraso, y por eso permanece en
mí después de todo, en 2009, después de las derrotas, de la única
victoria, de la obra póstuma, de los amores enterrados, de la Aventura
aniquilada, de los sueños desterrados, de la esperanZa desvanecida...,
de los veranos desahuciados; permanece en mí, en el cuerpo envejecido,
en la cabeza calva, en el corazón desarticulado, en los versos vacíos,
en la carencia de trayecto narrativo, en el estercolero de los latidos
ajenos, en la sombra del hemisferio sur, en el altavoz de la tumba
real...

Tengo 93 años, estoy enclaustrado en la tercera planta
de un edificio que acoge seres indefensos motivados por la luz de mis
dedos 60 años antes... Tengo 93 sentencias arrumbadas en el centro de
mi pecho, en la palma de mi mano que arrastra el bastón que me dirige
por esta habitación de nueve metros cuadrados... Tiemblo, tirito al
tiempo que el reloj marca la pérdida de un nuevo recuerdo. Me asomo a
la ventana: contemplo el mar, el cielo tan a punto de atardecerse; los
personajes que habitan la casa a punto de desaparecer ansían una nueva
vida para significarse (En mí, en mí que me pudro), pero ya es
demasiado tarde, porque las letras de las ancianas hojas en blanco
padecen carcoma semántico, porque ni siquiera la dulce Ángela, ajena de
los devenires del pensamiento, traduce su existencia trascendiéndola de
la sucesión rectangular que la acota...
Ay, noventa y tres, asumo,
envuelto en la brisa narcótica de esta última ficción, la decadencia
definitiva de lo que narro, me postro ante el final que acontezca a mis
jóvenes herederos... Desde aquí arriba se ve el campo de batalla como
algo demasiado ajeno como para que haya pertenecido alguna vez a las
guerras de mi historia particular...
Noventa y tres años son
demasiados como para no haber perdido la cuenta. Y nadie ha recopilado
la Aventura, sé que nadie la ha recopilado para contársela a mis hijos,
a la posteridad, para hacer de esto el más grande de los desafíos... La
ficción muere, los otros pisos del edificio (del hotel) se derrumban
sobre lo malamente creado... El atardecer se cierne sobre mis huesos
viejos.
Nunca me dieron la razón y siempre fui capaz de convencerte...

Con
noventa y tres años, agachado ante la grandeza mezquina del Universo,
beso lo que fui con toda la tinta empleada durante estos años...

Me he sobrevivido y no tengo excusa...

Aún estoy a tiempo de morir...