Volví del Sahara,
pero una parte mía, quedó allí atascada en la arena.
Volví y era como si hubiera estado siempre,
Como si conociera desde antes aquella sonrisa
en los 10 añitos de Susu,
Como si ya supiera de los ojos tristes de Brahim
al regreso de la escuela con sus cuadernos tan bien cuidados.
Era la impotencia ante el sabor del caramelo
y ante los brazos extendidos e involuntarios de los niños.
Era como si el dolor no me alcanzara
y el desierto me tragara tirándome a la cara
las lágrimas de los abuelos con sus cortos pasos
perdidos entre las jaimas
mirando agotados hacia ninguna parte.
Eran los fríos y buenos días
despertando y soportando la carga de saber
que después de cinco días,
ibas a coger el avión.
Eran las noches empatadas con los días
soportando una hospitalidad de brazos abiertos,
Los ojos encendidos de Bashim
contando historias de sus años en Cuba
y buscando entre sus mejores palabras castellanas
las mayores ofensas y su sobrada repugnancia
hacia los responsables de estos 32 años.,
Que son los míos.
Era la vergüenza ante la madre Matnu
y su familia sobre hombros,
Ante los médicos cubanos y los de allí,
Ante lo profundo de los razonamientos de Bashir
mientras preparaba el fuego y nos deleitaba con el ritual de su té,
Ante aquel hombrecito menudo, gigante, incansable
que respondía a un Castro
y que sostenía una montaña de esperanzas
allí, en mitad del desierto,
Ante Javi y los otros ingenieros de la universidad
que pasaban sus vacaciones
con la rodilla pegada a la de los refugiados,
Ante las cuerdas gastadas
y los parches rotos de mi amigo Moufi,
Ante los que me enseñaron los secretos de los campamentos
y me regalaron mi pedazo de desierto,
Ante la ruda espera, ante las gastadas promesas...
Volví pero hubo cosas que no pude traerme,
Hubo lágrimas que no hallaron rendijas,
Preguntas latiendo en estas dos manos,
Allí se quedaron mis venas rebeldes,
mis angustias, mis gritos, peleando con ellos.
Volví, pero no todo volvió conmigo