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Sandra Corizzo



Last Updated: 11/18/2009

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Tuesday, March 31, 2009 
11-01-09 | Marcelo Menichetti / Escenario


Rosarinos a la conquista de Europa







El tenor Juanjo Cura y la cantante y compositora Sandra Corizzo, dos rosarinos que amplían sus horizontes.




Juanjo Cura, Sandra Corizzo, Pedro Reñé, Carlos Quilici y el grupo San Telmo Lounge viajaron al Viejo Mundo para mostrar su arte. Por estos días, la cantante rosarina Verónica Marchetti está haciendo lo propio en Japón. Sus giras por el extranjero confirman que el mundo es más pequeño desde que la comunicación es más efectiva y se puede vivir en Rosario y trabajar en cualquier rincón del planeta.

Antes ya lo habían hecho, entre otros, la bandoneonista Alicia Petronilli, quien recaló en Dinamarca primero y en otros países después, cuando viajó integrando la orquesta de tango de la Universidad Nacional de Rosario que dirigió Domingo Federico y que, con su gira internacional, llegó hasta Oriente. También Los Khorus atravesaron mares para concretar hazañas tales como realizar viajes artísticos a Taiwan entre 1999 y 2007, país que desde entonces los invita a presentarse en sus escenarios cada año.

Cholo Montironi ya es un habitué del circuito europeo donde lo aplauden y conocen más que en su propio país. Sin embargo la concreción del sueño de viajar a Europa es un privilegio reservado para quienes trabajan acá mirando hacia adelante, y además cuentan con un empujón de la suerte o el acaso, que les permite llevar a otros escenarios sus propuestas.

"A Dios rogando y con el mazo dando", reza el refrán que más se ajusta a la realidad de estos hombres y mujeres que no flaquean a la hora de trabajar por su carrera y que no se achican ante las propuestas de ampliar sus horizontes profesionales.

El denominador común de las empresas que llevaron adelante los artistas rosarinos es la utilización de internet como herramienta de comunicación y difusión de las propuestas artísticas.

Entre los músicos que durante 2008 mostraron su arte en el extranjero se cuenta el bandoneonista, Carlos Quilici, el líder natural de Los Tauras. Su experiencia europea nació en 2002 cuando alguien dijo que necesitaba un bandoneonista para llevar a Grecia y Luis Corniero (veterano protagonista de shows en el Viejo Mundo desde los años del exilio) sugirió su nombre: el rosarino, atento a la oportunidad, no la dejó pasar. Desde entonces viaja solo o con Los Tauras para ofrecer conciertos o animar milongas en distintos escenarios de Europa.

Es cierto que el tango obró el milagro de abrir las puertas a los músicos argentinos, como lo confirman las presentaciones de San Telmo Lounge, un conjunto que apuesta a los nuevos horizontes de la música ciudadana.

"En 2008 hicimos tres viajes a Europa", explicó Martín Delgado, el líder del grupo. "Fuimos en enero y en agosto, y después en septiembre y en octubre, cuando llegamos a Holanda y Alemania —enumeró—. El primer viaje duró diez días y el tercero, casi dos meses. Los dos primeros fueron de inversión y recién el año pasado tuvimos ganancias".

"Nos presentamos en festivales de tango y, como tenemos otra propuesta, también tocamos en pubs y milongas —añadió—. En algunos lugares hacemos shows y en otros tocamos para que la gente baile ya que es un circuito condicionado por el baile. Por ejemplo, en Berlín (Alemania) hay milongas con 600 bailarines".

"Para mayo tenemos invitaciones de Francia. En realidad afuera hay un mercado grande y la idea es hacer un viaje anual", adelantó el músico.

El tango no es el único género que convoca a los artistas criollos. Sandra Corizzo, quien incursiona en el pop y el rock, cuando no en la fusión jazzera, tuvo su gira europea y ofreció conciertos en España e Italia.

La cantante que en 2006 actuó junto a Daniel Martina en Yakarta, Indonesia, confirma la regla que parece regir el flujo artístico hacia Europa: los contactos se estrablecen a través de internet. Ella afirma que, gracias a MySpace, la comunicación es posible en un rango impensable hasta ahora.

También ayuda la red de relaciones personales. "Hay amigos como David De Gregorio, que vive en Murcia o Cuni Massa, que está en Barcelona, quienes me abrieron muchas puertas", contó la compositora rosarina que recorrió escenarios como Libertad 8 y El bar de Madrid, donde cantaron Jorge Drexler y Pedro Guerra, entre otros.

"Este viaje me abrió la cabeza y pude constatar que podría vivir de tocar", concluyó Corizzo.

Juanjo Cura, el tenor rosarino que aborda desde la música lírica hasta la popular cantó en Alemania, sitio al que llegó de una manera totalmente inesperada. "Se abrieron horizontes en Alemania, Croacia y España", relató el cantante, y no sin orgullo remató: "Es un fuerte reconocimiento a lo que uno hace".

"En realidad mi viaje a Europa se originó en el llamado de una chica que sigue mi carrera y que hoy es mi manager", reveló el artista rosarino. "Ella planificó todo lo que fue esta presentación en Berlín para la que me contrató una de las tres productoras más conocidas de Europa", detalló.

Con legítimo entusiasmo Cura reveló: "Ahora tengo contactos en Dubai y en otros sitios impensados para mí".

Otro rosarino que salió de la Argentina para mostrar su arte es Pedro Reñé, intérprete de temas propios y de la trova latina que en 2008 visitó España y en su viaje también incluyó un escenario no tradicional como Nueva York.
Todo indica que afirmar que Rosario es cuna de buenos músicos, más que enunciar una frase de circunstancia, es el reflejo de una realidad que se constata hoy por hoy en escenarios de diferentes rincones del mundo.

"Tengo un caminito trazado en España"






La cantante, docente y compositora Sandra Corizzo juntó coraje y escuchó el llamado de sus colegas. "Durante 2008, con mi disco en la mano y por invitación de Anabella Zoch que me decía «tenés que ir a España». Hice los contactos y concreté un viaje en que realicé 14 shows", explicó. "También tenía invitaciones para dar algunas clases y después agregué un show en Italia, donde está radicado Emilio Maciel, a quien fui a visitar", abundó. "Creo que ahora tengo un caminito en España gracias a mucha gente que colaboró. Además de que Internet me favoreció mucho. My Space me simplifica todo en todas partes".


Tuesday, March 31, 2009 
Sandra Corizzo

Canciones desde el jardín

La cantautora rosarina se presentará en un doble programa en Córdoba. ........


Santiago Giordano
De nuestra Redacción
sgiordano@lavozdelinterior.com.ar



Sandra Corizzo viene de Rosario y compone canciones. Pertenecer a la ciudad de Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Lalo de los Santos, podría ser credencial suficiente para cualquier cantautor, pero en el caso de Corizzo hay algo más, como dejó sentado en Mi jardín vivo, el disco publicado el año pasado por el sello MDR Récords, que presentará esta noche en la Casa de la Cultura de Alta Gracia y mañana en Adagio, el Café de artes de 9 de julio 1593, en barrio Clínicas.

Desde la zona franca de la canción, Corizzo se mueve con desparpajo y sin prejuicios. Y no sólo compone, también recompone. De este modo, en sus recitales combina con idéntico encanto, desde el piano o la guitarra, sus propias canciones con personales versiones de temas de Charly García, Madonna, Bee Gees o Abba. “Se trata de una excusa para destruir ciertas canciones”, bromea desde Rosario.

Mi jardín vivo fue grabado en directo en el Centro Cultural Parque de España de Rosario, con poco público alrededor, sobre el mismo escenario, para que “con su mirada y su cálido aplauso brinde un simbólico abrazo a los ejecutantes”, como se aclara en las notas que acompañan el disco. “Es que el proyecto tiene que ver con esa instancia de intimidad, de calma, de lugar al que hay que cuidar, que se desprende del jardín como metáfora –agrega Corizzo–; además fui maestra jardinera y eso no es un dato secundario en mis canciones”.

El niño que todos llevamos adentro podría ser el destinatario de sus creaciones, pero prefiere evitar lugares comunes y aconseja evitar los rótulos. “En mi jardín el eje soy yo –asegura–; al le quepa que venga y se siente, pero si para definir busca en su bolsita de etiquetas se le va a complicar”.

“El hecho de hacer un tema de Abba o los Bee Gees, por ejemplo, tiene que ver con mi infancia –continua–; un día en el supermercado volví a escuchar Staying Alive y me pareció bueno hacer una versión personal, como una manera de rescatarlo. Y así sucedió con varios temas que me remitían a otros tiempos. Además, en el negocio de la música, la música es como la gran ausente; la manera en que nos la venden nos aleja de ella. Entonces está bueno generar desde el lugar del músico, por eso también me gusta hacer arreglos de otros, pero muy distintos al original”.

Genealogía
Respecto a las propias canciones, Corizzo se liga a la genealogía de la canción rosarina. “Me costó mucho comenzar a componer mis propias canciones –explica–. Me forme de muy chica al lado de Fandermole y Abonizio, y eso más que un compromiso fijó en mi inconsciente un estándar altísimo, porque se trata de dos de los mejores creadores de la actualidad, en el mundo”.

–¿Cuáles son tus modelos femeninos?

–Hace 20 años que hago música y los modelos fueron cambiando. Cuando era bien chiquitita, era fan de Sandra Mihanovich y de Celeste Carballo. Gracias a eso empecé a tomar clases de canto, porque para imitar a la Mihanovich había que tener mucha voz. Después no imité más a nadie, pero tuve muchas influencias: Joni Mitchell, Ella Fitzgerald, Aretha Franklin Diane Schuur, esas minas que tiene una voz increíble pero que son inimitables. De todas maneras siempre algo se te pega. El resto tiene que ver con una búsqueda personal, que está siempre en movimiento, porque también presentaré nuevas canciones.

–¿Por dónde pasan hoy tus canciones?

–Hoy en día mi cuestión con las letras tiene que ver más con lo reflexivo y la ironía; o, en todo caso, con el niño interior que se vuelve un monstruo.

Para agendar

La cantautora rosarina Sandra Corizzo actuará esta noche, desde las 22, en la Casa de la Cultura de Alta Gracia. Mañana, en tanto, está programada en Adagio, Café de Artes, 9 de Julio 1593 (23.30). Presenta Mi jardín vivo
Tuesday, March 27, 2007 

Category: Music

Un gajito de flores del jardín de Sandra Corizzo

Diego Colomba

Durante las noches del 24 y 25 de septiembre, el escenario del Teatro Príncipe de Asturias del CCPE/AECI congregó a público, técnicos y músicos en una experiencia atípica: la compositora e intérprete Sandra Corizzo grabó el material de su próximo disco bajo la modalidad "fila 0".

 

Desde hace al menos un década, es notoria la presencia de Sandra Corizzo en el panorama musical rosarino. Sus frecuentes perfomances en el circuito local han dado cuenta de su versatilidad como cantante, guitarrista y pianista, cada vez que se presentó como solista o acompañó a músicos de la talla de Juan Carlos Baglietto, Leo Maslíah, Litto Nebbia, Lito Vitale o Luis Salinas. Como compositora, cuenta con trabajos instrumentales y un nutrido repertorio de canciones, al que han acudido algunas figuras del pop nacional.

A doce años de la edición de Vidas imaginarias, su primer trabajo discográfico, Corizzo se propuso la grabación de un CD en vivo, con temas propios y ajenos, que tal vez registre uno de los momentos más intensos de su carrera.

Como en un bar, pero distinto

Los primeros espectadores que subieron al escenario, programa en mano, evidenciaron cierta sorpresa, a pesar de las risitas sofocadas y los comentarios "entre nos" que intentaban disimularla.

Las plateas de la sala permanecían a oscuras, mientras los recién llegados invadían "el lugar" de los artistas. Tres o cuatro filas de asientos móviles contorneaban un pequeño centro en el que aguardaban los instrumentos, bajo una luz tenue. Un piano, de perfil a las gradas inutilizadas de la sala, aguardaba a pocos pasos de la batería. A ambos lados, dos pequeños amplificadores se enfrentaban: uno para el bajo y otro para la guitarra. En sombras, apenas se insinuaban los micrófonos del coro. Cuatros bocinas, dispuestas en los cuatros ángulos del escenario, apuntaban hacia su centro, como si se tratara de un home theatre a gran escala. Mientras los operadores de sonido y grabación trabajaban inclinados sobre sus consolas, en la base de esa especie de semicírculo, de cara al público, los recién llegados recorrían con lentitud el escenario, intentado acomodarse a ese nuevo espacio de espectación que se les ofrecía. Pero calcular dónde se hallaba el mejor lugar de escucha no era una tarea fácil. Por ejemplo, quien se sentara junto a la batería, no escucharía lo mismo que quien lo hiciera junto a la guitarra. Todo esto se traducía en cierta cavilación a la hora de elegir asiento o en súbitos cambios de posición. Como si los organizadores del evento se hubieran propuesto desacomodarle el oído y la postura al escucha. Y algo de eso había: de un modo sonoro es como las personas, si le seguimos creyendo a Barthes, suelen apropiarse de los espacios. Los ruidos familiares componen una suerte de sinfonía doméstica sobre la que se yergue la escucha, que es una operación selectiva, en busca de una presencia amenazante o de la satisfacción de un deseo. Un espacio trastocado inquieta, entonces, a la vez que aguza el oído.

Al tiempo que todo esto ocurría, un señor mayor le explicaba a una pareja cercana: "esto lo vi en algunos videos de esos recitales que Dave Brubeck hacía con su cuarteto en las universidades norteamericanas, en los años cincuenta o sesenta… todos los músicos cerca con la gente alrededor". "Yo no lo vi nunca. Es como estar en un bar, pero distinto", reflexionaba la más joven del grupo.

Lo que para músicos y espectadores resultaba una novedosa experiencia espectatorial, constituía un verdadero desafío técnico para los operadores Ariel Migliorelli y Manuel Cerrudo: debían asegurarse de que los músicos se oyeran, que la gente captara el conjunto sonoro en vivo, que esos mismos sonidos se registraran con calidad para la elaboración de un disco. Con una sobria puesta de luces, el "negro" Agudo creaba una atmósfera intimista, al tiempo que se cuidaba de cuestiones más prosaicas como la de que las luces no hicieran ruidos que interfirieran en la grabación.

En camarines, mientras tanto, aguardaban algunos de los músicos con los que Sandra había compartido escenario durante los últimos dos años y medio.

La utopía de la infancia

Cuando el casi centenar de personas estaba dispuesto en sus asientos, los sonidos de un piano grabado acompañaron algunas estrofas de "Las alas del deseo", del poeta austríaco Peter Handke: "Cuando el niño era niño/ andaba con los brazos colgando/ quería que el arroyo fuera un río/ que el río fuera un torrente/ y que este charco fuera el mar (...) Cuando el niño era niño lanzó un/ palo como una lanza contra el/ árbol,/ y hoy vibra ahí todavía."

Con los últimos versos resonando aún en el silencio expectante de la sala, Sandra apareció en el círculo de luz del piano y ejecutó "Mi jardín", tema que da nombre a su show, y religa la experiencia infantil, singular, íntima y lejana al mismo tiempo, que sólo en ciertos momentos "de gracia" es posible recrear y compartir, con la experiencia musical, lúdica, imaginativa y auténtica. Apelaba de este modo a ciertas mitologías de la infancia, ya centenarias, que en nuestro país, durante la década del sesenta, cobraron fuerza al punto de nutrir algunas literaturas, el cancionero infantil, el imaginario de los padres modernos, inclusive las primeras canciones de rock. Hoy tal vez no gocen de tal poder de impregnación -parecen más bien reducidas a los géneros infantiles-, pero sin duda siguen siendo productivas como todas las mitologías, y en el caso de Sandra parecen conservar su potencial genésico.

La llegada de "Es verdad" y "Lisa en el país", acompañadas por su guitarra acústica, harían pensar en el arte lento y persistente de cultivar un jardín, siempre diferente, fluctuante, íntimo, pero que se abre a los otros. "Voy por el tercer tema y no se me pasan los nervios", confesó Sandra a los presentes. Y no era para menos. El proyecto de grabación preveía pocos retoques en estudio, pues "se proponía ser lo más fiel posible a la energía propia e irremplazable de esa actuación", que sin duda no dejaba de discurrir por el cuerpo de Sandra, que soportaba el mayor peso del espectáculo.

Entonces comenzó un diálogo con el público, que se iría expandiendo con la creciente intensidad emotiva del show. La versión del clásico "Staying alive" con el coro del público, ensayado varias veces antes de que se ejecutara la versión completa, hizo comprender de alguna manera a qué respondía la inusual estructura de la propuesta, con ciertos ecos del music-hall y una idea teatral de la música. Con ese cuarto tema, un espacio sutilmente respetuoso del silencio y de los matices e intensidades sonoras, comenzó a congregar a los músicos que de al menos dos años a esta parte han participado de los diferentes "Mi jardín". La idea de la grabación había surgido como un intento por capturar "una instantánea de ese diálogo musical", asumiendo la alta cuota de azar e imprevisto que ello implicaría.

Marcelo Stenta en guitarra, junto con Gabriela Sinagra y Adelaida Gamboa en voces, se sumaron a Sandra para interpretar "Los cuentos de Helena". Luego lo harían los excelentes Julio Fioretti en bajo y Javier Allende en batería, responsables de una sólida base rítmica que aumentaría el voltaje anímico del show. La versión de "Bancáte ese defecto" de Charly García dio cuenta del modo en que Corizzo sabe apropiarse de algunos clásicos del cancionero popular para dotarlos de su propia coloración. Para confirmarlo, la banda a pleno ejecutó una versión de un tema de Madonna, "Beautifull stranger", que Sandra invitó a "descubrir" en su particular reelaboración. Después de varios covers, se hacía evidente su lógica transpositiva: un alejamiento de los lugares comunes de la canción que permite desarrollar rítmica o armónicamente sus posibilidades inadvertidas o inexploradas.

Otro de los temas marcados en la memoria auditiva del público, el rollingstonesco "(I can't get no) Satisfaction", sería interpretado por Sandra en piano, según lo indicaba la ficha técnica. Pero más atenta al clima afectivo que se respiraba en el lugar, la cantante invitó a Fioretti y Allende a que la acompañasen, les pasó la secuencia de acordes y arrancó con las primeras notas. Los aplausos del público se hicieron cada vez más prolongados.

Tras una versión jazzeada del clásico de los Beatles "Can´t buy me love", arreglada y ejecutada por el guitarrista Gustavo Marozzi, el público participó en la elaboración de un paisaje sonoro con ruidos de motores, carcajadas, bocinazos, canciones brasileñas tarareadas, para acompañar el tema "Foto de carnaval". La proximidad de los cuerpos en escena parecía propiciar el diálogo, la aparición del humor, la improvisación, el juego, lo aleatorio; pequeños acontecimientos que se sucedían para responder a ese "escúchame" velado que todo espectador dirige hacia el artista.

Antes de hacer una melodía en una escolar melódica, para la introducción de "Puras mentiras", con ritmo de bossa y aires tangueros, Sandra aclaró "que iba a cantar una mentira, o una verdad" de otro de sus yoes, y entonó minutos más tarde: "Benditas tus blancas mentiras, mi vida/ que quiero volver a creer".

Una breve anécdota prologó el siguiente tema: Gerardo Rossin había compuesto letra y música para una canción de cuna, que la inspiración de Corizzo transfiguró en un candombe. Así nació "Supersueños". "Pueden hacer el típico ritmo de candombe con la boca, pla pla pla/ pla pla, pero en sordina, que es una canción de cuna", aclaró antes de regalar las primeras estrofas: "Pasó Superman/ y me preguntó/ de dónde sacabas tanta fuerza/ después Acuaman/ a él le conté/ que yo toqué el agua que te vio nacer./ Colgado otra vez/ igual que papá/ el hombre araña dejó un saludo/ y el hombre invisible/ no quiso ni entrar/ sabe que tus ojos todo lo ven/ No es cuento, no/ ni fábula de media noche/ super sueños te daré/ no es cuento, no/ te juro que lo intento/ pero a veces sé que los sueños te cuidan mejor/ que yo." Mientras tanto, Javier Allende, sentado en el piso, hacía percusión con una regadera.

Los finales "Extraña rareza", "Calles" de Rubén Rada y "Oración de la luna nueva", siguieron alimentando con ritmos de bossa, rock y balada el eclecticismo sonoro del "Mi jardín" sabatino.

La noche siguiente se repetiría la seguidilla de canciones y músicos, con algunos nuevos invitados. La adolescente Valentina Bearzotti cantó a dúo con Sandra una versión castellanizada de un tema de Abba, que finaliza con unos versos de "Que ves el cielo" del flaco Spinetta. Jorge Fandermole recreó la bella melodía de "Diamante", de su disco Pequeños mundos, permitiendo que la amplia tesitura vocal de Sandra se expandiera sobre los glissandos de guitarra con slide de Stenta. Guillermo Rizzoto acompañó con su "batería vocal", una insólita manifestación de la rica expresividad audible del propio cuerpo, un popurrí de canciones de James Brown; luego ejecutó la guitarra en "Cielo de ti", una sentida versión de Spinetta, que puso en evidencia la multiplicidad de registros a los que la voz de Sandra puede apelar.

Un mensaje

Los músicos se abrazaban, tras saludar ritualmente frente a las cámaras que, bajo la dirección de Pablo Rodriguez Jáuregui, filmaban el concierto. Seguramente, disco y DVD intentarán en vano capturar la energía del vivo –los efectos que los cuerpos de los músicos produjeron en los cuerpos de los espectadores-, que paradójicamente, en una cultura de lo evidente, discurre siempre como lo no representable: sólo deja rastros de entonaciones, miradas y gestos contenidos que deberán ser objeto de una pesquisa. En fin, tal vez sirvan de ayuda memoria de lo que son los shows de Corizzo.

Mientras algunos espectadores se resistían a dejar el escenario, los primeros que abandonaban las instalaciones del CCPA/AECI se detenían frente a las cartulinas dispuestas para anotar impresiones sobre el show. Una mujer pidió a sus acompañantes que aguardaran un momento.

De pie, inclinada sobre una mesa, escribió con letra trémula: "Sandra: en tu jardín, pasáme un gajito de flores".