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Héctor Tuya



Last Updated: 12/4/2009

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Monday, September 28, 2009 
http://www.estacionsonora.es/conciertos/cronicas/tuya_gonzalez.html
Monday, August 31, 2009 
Jorge “Ilegal” y Los Magníficos: GOLPE DE ESTADO Nº2


Gijón, 1976. Recién llegado del servicio militar, Jorge Martínez confunde su Zetme de Jeréz de la Frontera con una Hofner antigua y el tirador de una granada de mano con el volumen de un AC-30. Escoltado por un par de delincuentes juveniles más, funda el trío Madson(menos músicos, más pasta para todos) y se pone a disparar canciones al diestro y siniestro norte de la Cordillera Cantábrica. Tres años después, el hijo loco se cambia el nombre por Ilegales y en el '82, la banda alcanza Madrid y se la zampa. Sin posible oposición por parte de las fuerzas de la capital, Ilegales estalla como una bomba en los pañales de ese niño mimado, pelín bobo pero divertido, que fue La Movida madrileña. Desde entonces, la banda comienza una imparable carrera que les lleva a Mexico, Puerto Rico, Estados Unidos, Ecuador... 

Aquel primer golpe había sido gestado entre un palacio medieval asturiano y un colegio abandonado. Y fue allí, entre otros lugares, donde esta banda organizada convivía y se alimentaba de galletas, discos y anfetaminas durante más de un lustro de servicio musico-militar. Lo mejor eran las novias inglesas. Además de ser excelentes amantes (el puritanismo inglés, ya se sabe), sus hermanos mayores tenían los discos de la Nueva Ola británica que aún no habían llegado a España. Code Blue, Joe Jackson, Graham Parker quizás... La New wave londinense hizo que Jorge y los suyos aparcaran sus discos de Psicodelia y Rock sinfónico, y se pusieran a vomitar canciones influídas por los discos digeridos en las dos últimas décadas. “Delincuente habitual”, “Princesa equivocada” o“Problema sexual” eran algunas de ellas, así como “Soy un macarra” o “La casa del misterio”, que, a todas luces, poco tenían que ver entre sí. La banda parecía un monstruo de varias cabezas, con varios cerebros. Al poco tiempo,  Ilegales cuenta con un arsenal de temas excepcionales, muy buena técnica y mejor sonido que el de ninguna banda de la época. Sólo tienen que escuchar cualquiera de sus primeros discos y luego contrastarlo con un corte al azar del recopilatorio de La Movida; “La Edad de oro del Pop español”. Después me cuentan. En aquellos primeros ..80,Ilegales ya tenían su propia mesa de mezclas y sabían hacer sonar tanto un Delay de cinta como un pedal Bass Ball. Además ya no necesitaban hacer más “puentes” en furgonetas “prestadas” en polígonos industriales para irse a tocar, pues para entonces ya contaban con furgoneta propia. 

En Madrid se había corrido la voz, y gente como Diego Manrique o Jesús Ordovás se habían percatado del inmenso talento que albergaban canciones como “Europa ha muerto”, que ya en el ..81 sonaba en Radio 3 aunque nadie pudiera comprarse el disco. Porque el disco no existía. Sólo quedaba la posibilidad de ir a verlos en directo para comprobar si eran tan buenos como parecían. Los destrozos de aquellos primeros conciertos en Rockola los atestiguan napias como la de Ferni Presas, bajista de Gabinete Caligari y al parecer, desagradable anfitrión en camerinos. “Y cuando de abre la caja de las galletas, ¡galletas para todos!”, me suelta Jorge cuando le pregunto por aquel conocido pasaje.

El caso es que ahora, este hombre del norte prepara un nuevo asalto. Un golpe magnífico. Así se llama su nueva banda: “Los Magníficos”. Y su nombre no miente como no mentía el de su formación anterior. Son músicos veteranos que se conocen bien. Todos ellos ya “ilegales” un día, excepto uno: Xuan Zem, vibrafonista ovetense y nuevo fichaje con el que Jorge ya había colaborado en Zem, banda de Jazz experimental que recomiendo a todo explorador musical que se precie.

El resto de la banda la conforman Jaime Beláustegui a la batería, Alejandro Blanco al bajo y Juan Flores a los saxos y las flautas. Magníficos músicos con especial mención para Juan Flores. Todo lo que toca Juan se convierte en oro. ¿Saben?, ahora hacen tangos antiguos, boleros enterrados, composiciones propias que se confunden con los clásicos y a la vez, nada tienen que envidiarles. Siguen siendo eclécticos pero ahora beben de Machín, Gardel, Los Estudiantes, Celentano... Suenan como una vieja orquesta de los 50 con traje nuevo. Ya lo verán. Si quieren, pueden escuchar una muestra de lo que hacen tecleando la siguiente dirección en sus aparados informáticos:


Hay algo en Jorge Martínez de caballero andante, de soldado en su propia guerra, de visionario poeta, de hombre del Renacimiento que te habla de Roma y como por arte de magia se le corona la calva de laurel. Hay algo en él de Jerry Lee Lewis si hubiera sido asturiano (“el asesinu”), de soldadito de plomo, de pez-espada. Es coleccionista de guitarras antiguas. Cuenta en su haber un total de más de sesenta guitarras, entre las que se cuentan varias Stratotocaster de los ..50 y ..60, Gibson de caja de los años ..30 y '40,  Jaguar, Alhambras... En su peor pesadilla se despierta guapo. Es gran observador de la naturaleza y voyeur de todo lo marino. Tiene varios acuarios en su casa y en sus fiestas vale todo menos tocar las peceras. 

En fin, si no hubiera sido Jorge “Ilegal”, probablemente Jorge Martínez hubiera sido aún peor. Pero como verán, a sus 53 años le sobran fuerza, ingenio y frescura. Yo le digo que también le sobran guitarras, a ver si me regala una, pero no hay forma. Las necesita todas cerca, las sesenta y tres. Qué cabronazo. Luego pienso que sus motivos tendrá porque sé que e s muy probable que dentro de 20 años, a Jorge Martínez, “el calvo” para los amigos, ya no se le conozca por Jorge “el Ilegal”, sino por Jorge “el Magnífico”. 
Tuesday, July 07, 2009 

DESPERTAR. Por Héctor Tuya.



Andy me cita a las 12 del mediodía. Aunque me jode que me levanten temprano de la cama accedo, pues llevamos alrededor de mes y medio tratando de encontrarnos y parece que no way por parte ambos. Al fin, llego a su casa y toco el timbre del telefonillo. “Andy duerme. Espere un momento, Señor Tuya”, me anuncia una voz femenina. Al minuto escaso añade, “baja enseguida”. Decido hacer tiempo paseando frente a la casa. Salto las vallas amarillas que escoltan la obra que raja la calle -Madrid, ubicua remodelación. A los diez minutos largos y al otro lado de la calle, estando yo ya en plena conversación telefónica, oigo una voz distorsionada que parece brotar del cañón que divide la calle. Me asomo a la valla en busca de la voz. Me imagino a un  Tom Waits en miniatura vestido de minero y armando gresca en el subsuelo, así que de nuevo decido saltar la cerca para escudriñar de más cerca el monumental boquete. “Holaaaaaa”, persiste la voz en grito. Pienso en los grillos y su don para burlar al ingenuo humano que intenta cazarlos. “Holaaaaaaa!”. Parece que el grillo vive en el portal de Andy. Salto la segunda valla amarilla y, llego al portal. “¿Subee!”, me grita.



Al rato, tras librar varias puertas y pisos de por medio, nos damos los buenos días y arrastramos hasta su terraza él su resaca y yo, mi madrugón. No hace falta ser Hercules Poirot para descubrir la batalla de la noche anterior. La hostia de cigarrillos en los ceniceros. “Ayer me fumé tres paquetes de Chester”, me explica mientras se enciende uno. Después, el espigado anfitrión no tarda en ofrecerme algo de beber, interrumpiéndose a sí mismo antes de terminar la pregunta advirtiéndome con brazos en alto “no hay alcohol, eh!”.  Convenimos té verde y mientras yo le espero a la sombra, él en la cocina prepara el té. Aparece de nuevo, con una taza por mano. Cuando pruebo el primer trago, noto la miel y le pregunto para cerciorarme. Me lo confirma y se lo agradezco.  Los animales se relajan y arranca el día y de su mano, la conversación.



No es extraño que su amigo Fito Páez le presente en su último concierto en Madrid como “el último dandy porteño” (“con ustedes, Dandy Chango”, hubiera rematado yo”).  Si el encanto es la virtud sin la cual ninguna otra tiene sentido, es ésta precisamente la virtud principal de Andy.  Hay algo en él de Wilde en Oxford, de Rimbaud en Bruselas, si no tanto por sus destrezas líricas, sin duda por sus formas; puro reflejo del alma. Me dice que ha perdido la curiosidad pero yo no le creo. Me suena al eco de un pequeño tic, el tic del gusto por lasboutades. Luego se corrige y me dice que siente curiosidad por los libros pero no por las revistas.



La partitura de “All of me” descansa sobre uno de los dos pianos que Andy tiene en casa. Es la transcripción del conocido “Real book of Jazz”, una prestigiosa compilación de partituras de standards de Jazz con la que todo músico que se precie, antes o después, ha de tener la curiosidad de enfrentarse. Así que ya tenemos dos curiosidades en la lista: la curiosidad por la armonía del jazz y la curiosidad por los libros. La combinación perfecta para escribir canciones. Aunque esta temporada, Andy anda con Boris Vian. El enfant terrible del rock argentino ya no es tan enfant y ya no hace rock argentino. Ha encontrado en Vian, por curioso que resulte, una voz propia. Si les digo la verdad, me atrevería a decir que, a pesar de que es la primera vez en su carrera que hace un disco de temas que no firma, suena más a él que nunca. Quizá haya algo de fenómeno paranormal en ello. Su voz suena más limpia, menos impostada. Su presencia en el escenario apuesta por el hieratismo, el minucioso tejido musical que produce su banda de lujo y la fuerza de la palabra. La palabra. La palabra como bala. La palabra como artículo decorativo. Andy habla y decora el Teatro Alfil. Decora a su público. Pone candelabros en las paredes, lámparas de araña en el techo -con telas y polvo incluidas- , moquetas en los suelos -con agujero y cenicero remendón encima-, cigarrillo y whisky en tu mano izquierda, estilo Sinatra. Y todo ello, mientras recita con voz infantil sus travesuras de borracho o snob de la Universidad de La Plata.  Con todo ello, el agente provocador y subversivo de esa tradición madrileña de roqueros argentinos, se planta contra el rock de toda la vida y se acerca al Jazz, porque inconsciente (o conscientemente) sabe que no hay nada másrock que el Jazz. Ahí están para demostrarlo biografías como la de Chet Baker  o Charlie Parker. ¿Qué puede haber más rock que Dinah Washington en Londres soltando por el micro “Sólo hay un cielo, una tierra y una reina. La reina Isabel es una impostora...”, refiriéndose a sí misma, claro. Andy no sería rey. Sería duque, probablemente.



La mañana se mueve lentamente hacia el mediodía y Andy no ha comido nada. Dejamos la terraza y salimos a dar un paseo. En el ascensor coincidimos con una hermosa mujer que le ofrece un mordisco del pedazo de melón que lleva en una de sus manos. Andy patalea un poco pero al final, accede y se lo come. Luego ella decide dárselo entero y se despide cariñosa. Caminamos hacia el centro. Andy tiene una cita ineludible con otra mujer. Tras encontrarnos a uno de sus mejores amigos, caminamos los tres en dirección Pza. Dos de mayo, que Martina -1,20 m. de estatura, sangre de su sangre- manda y quiere ir a los columpios. Andy, cumple sus deseos sin rechistar. Lo más importante de ver a viejos conocidos, te conozcan ellos o no, es verlos felices incluso en los mañanas de resaca.
Wednesday, June 03, 2009 
TAN OSCURO COMO BRILLANTE. EN BUSCA DE A.V. (Por HT.)

“Por el día alguien con quien no vivir/por las noches alguien con que no dormir/
la tristeza en el bolsillo y/la careta de cartón/esperando que regreses, sí/ antes de que salga el sol"

Con esta declaración de intenciones abre Antonio Vega el que sería su primer disco con Nacha Pop (1980). En ese momento se definía lo que sería una constante en el resto de su vida, artística y personal: la incomodidad existencial de un sector acomodado económicamente que había tenido ocasión de educarse en el Liceo, estar en contacto con libros y desarrollar su pasión por la música y las artes en general, sí. Pero que al mismo tiempo provenía de una familia ligada a la ciencia -no olvidemos que el padre de Antonio era médico- con todo lo que ello conlleva. 

Quien haya crecido cerca de un científico sabe de qué estoy hablando. La ciencia, su rigor y su método tallan las personalidades hacia la prudencia y la humildad, hacia una percepción holística del mundo y por tanto, en feroz oposición al romanticismo. Si la primera invita a mirar a nuestro alrededor y preguntarse porqué, la segunda implica mirar hacia dentro, ver qué pasa y a partir de ahí, hablamos. Sin embargo, parece cierto que cualquier expresión artística -sea cual sea la disciplina- necesita de esa exaltación romántica del “yo” como motor creativo. En el terreno del rock o el pop la cosa va más lejos aún y esta “exaltación del yo” está expuesta a una alta probabilidad de derivar en cierto endiosamiento, sea éste absurdo o no. Al fin y al cabo, al científico no le quieren hacer un favor centenares de jovencitas tras llegar a una fórmula que revolucione la neurofisiología modena, por ejemplo. Al artista de pop, por otro lado, se le aplaude a lo largo de un concierto más veces -y más fuerte- de lo que se le aplaude a un pintor, escritor, filósofo, frutero, carpintero... en toda su corta o larga vida. Está claro que este fenómeno produce trastornos en la personalidad y la forma de reaccionar a este “efecto aplauso” dice mucho del material del que tal o cual sujeto está hecho. 

Así pues, ¿era Antonio un artista de pop o un dibujante minucioso de lápiz bien afilado?, ¿era un pintor impresionista?, ¿naturalista quizás? ¿O simplemente era mago? De todo un “mucho”, supongo. Todas sus canciones tenían algo de fórmula secreta, de color nuevo, de hallazgo científico. Su manera de combinar los acordes resulta tan brillante que merece la pena aprender música sólo para disfrutar de ello. “Dos flechas, tres dianas para ser exacto”. Incluso él mismo encuentra la manera de auto definirse mejor que nadie. Siempre con el pulso firme de quien sabe que su labor es solamente producto de un íntimo compromiso con su propio talento y con su tiempo. Y lleva a cabo su cometido teniendo claro que se expone al riesgo de ser deslumbrado por su propia luz/oscuridad, pero aún así se aventura a quemarse y salta. Y se quema. Tengo que confesar que yo siempre creí que no sería así. Que Antonio era más listo. Que tendría una larga vida, feliz a su manera. Y que además, duraría por lo menos tanto como William Burroughs, Ray Charles, Etta James o Keith Richards. Convivir con ciertas adicciones y sobrevivir a tantos años de malas costumbres es privilegio de naturalezas salvajemente resistentes. El opio de Baudelaire, Poe, Nietzsche, Wolf, Doyle, Freud. 

Hay drogas en el arte y en la ciencia, sí. Recordemos algunas palabras de Kubrick sobre este tema: «Creo que en realidad las drogas son más útiles para la audiencia que para el artista. Creo que cosas como la unidad del universo, o la absorción de lo que significan las cosas a tu alrededor, o la persuasiva aura de paz y satisfacción no constituyen el estado ideal de un artista. Tranquiliza la personalidad creativa, lo que entra en conflicto con la furia que debería suponer el nacimiento de las ideas. El artista debe buscar la transcendencia en su propio trabajo y no imponerse barreras artificiales entre él mismo y motivo principal de su subconsciente. Puede que cuando consigues que todo sea bello, en realidad nada es bello.» Ustedes mismos con sus mecanismos. Personalmente creo, en el caso que nos ocupa, que fue el precio a pagar por todas las coincidencias de las que Antonio fue víctima y heredero. Esa historia ya la sabemos... Madrid, años 8o, Tierno Galván y la curiosidad, esa madre peligrosa de la inteligencia que nos lleva a lugares que no entraban en los planes. Está claro que hay ciertas sustancias que a alguien que se recrea solo mejor que acompañado le sientan demasiado bien. Por suerte, a Antonio le escogió la música para canalizar sus descubrimientos de gigante con ojos nuevos y paso silente, de gigante que explora la Tierra por vez primera y nos cuenta lo que ve sin filtrado alguno. Había algo en él de genio-niño, de cazador de mariposas. Alguien que rebatía ese viejo binomio clásico entre vida-obra: a más vida, menos obra, a menos vida, más obra. En su caso, da la sensación de haber tenido mucho tiempo que perder, o haber perdido mucho tiempo que siempre cobraba sentido al final: “Sólo al final tiene sentido la soledad”, cantaba. Aquí reside la clave de toda su arquitectura. Y esa forma de cantar... que no conoce los fuegos artificiales pero sí la cocina a fuego lento. Él tenía bien claro aquello que explicaba Cohen: “No exteriorices nunca las palabras, no trates de representarlas. Nunca trates de dejar el suelo cuando hables de volar”. Si la palabra fracasa como transmisora de una idea, Antonio conseguía trascender la palabra misma y conectar la idea -anterior a la palabra- con el oyente. Magia y precisión a partes iguales.

Es divertido escribir "Antonio Vega" en el buscador de Youtube y dejarse llevar por la cascada de vídeos que se suceden uno tras otro. Programas de televisión, vídeos domésticos, oficiales... Entre ellos, hay un pequeño reportaje para “Rápido” -programa del que no tengo referencia alguna- en el que ante la pregunta “Antonio... ¿tú eres una persona un poco oscura, no?” él mismo se describe como “soy tan oscuro como brillante, tan sombrío como soleado”. Y lo hace con esa manía suya de dar en el clavo constantemente y sorprenderse al instante siguiente de lo que acaba de soltar sin darse ni cuenta. Antonio no era más oscuro que brillante. Quizá escribía temas oscuros que interpretaba de manera brillante o temas soleados que cantaba de manera sombría. 

Conocí a Antonio Vega el 18 de agosto de 2001 en el Festival Socarrat, en Valencia. Me lo presentó su primo Nacho. Era la primera vez después de trece años que ambos primos compartían escenario. Esta vez, cada uno con su propia banda. Y yo, que descubrí que esto iba a suceder la víspera del concierto a última hora y en Oviedo -ciudad en la que nací-, me embarqué en un 127 hecho trizas junto a mi amigo Andrés Moutas y Claudia, mi chica de entonces e introductora personal del universo Vega. Viajamos toda la noche y tras más de quince horas de trayecto, al fin lo logramos. Nacho nos invitó a los camerinos y me presentó a Antonio. Negro estricto, heridas en las manos, la ceniza cayéndose en el pantalón. Estaba ante el ser más frágil que había sentido nunca. Conectamos rápido. Ayudó la historia del 127. La sonrisa se le deslizaba entre los mechones de pelo y podías sentir su tesoro. Esa noche salió dos horas tarde al escenario y se olvidó bastantes letras pero no importaba. Antonio era el único artista al que le aplaudían cuando se equivocaba. Porque realmente no importaba. No importaba nada.



http://www.revistamu.com/index.php?s=276&a=537
Wednesday, May 13, 2009 



Nuestro primer concierto en Madrid ha sido en el Búho Real.  Y ha sido todo un lujo. Desde Darío (dueño del Búho) hasta cada uno de los asistentes podemos y debemos dar las gracias y decirles que su apoyo se traduce en un compromiso con nosotros mismos por seguir mejorando. Gracias a Roberto y Patricia por el video, a Adriana por las fotos y aguantar a Ángel y a mi, a Clara por lo oscuro (claro) y lo demás, a Joaquín por escuchar a Diego y venir a vernos... yo que sé! Nos estrenamos como era debido gracias a vosotros. Aquí os dejo un testimonio de aquella noche y os emplazamos para la próxima.


 Un abrazo a todos.


Friday, March 13, 2009 

Aquí este último experimento sonoro, para el que he contado con la colaboración del gran Lomax (Deep Wave) a las bases desde Ibiza, el groove del maestro César Capote al bajo desde Venezuela (el tipo apareció en el estudio y se dio un revolcón con el tema: poco que decir, mucho que bendecir), el vibrato de André Gilmour en las guitarras "reverse" desde Brasil. Bien. Lo pasamos bien de verdad estos días!

Se trataba de sonorizar un fragmento del relato "Atenas. Terminal 28", incluido en la antología "La edad del óxido", que saldrá esta semana o la que viene. Os invito a que os paséis por el blog de esta buena gente a escuchar, ver y lo que os plazca.

El caso es que la cosa empezó a crecer y aquí está este nuevo artefacto. Es nuestro primer "corto experimental" de lo que hemos bautizado como "cine sonoro" (ya que el mudo agoniza).

La experiencia ha sido intensa. Aquí colgamos esta mezcla a ver qué resulta.

Y no se asusten, no somos gente violenta.

Estos viajes sonoros son sólo el aperitivo de algunas grabaciones que colgaré aquí en los próximos días. Se trata sólo de engañar un poco el hambre, si es que hay alguna.





Tuesday, November 18, 2008 
'Amour fou' fue la grabada en los estudios Acme en Agosto 2008 con el maestro Herrero haciendo de las suyas. Batería, bajo, trompeta, piccolo, teclados Farfisa, coros... tremendo políglota instrumental. Veneno al piano Yamaha de Acme. Un piano viejo como ese, único superviviente de un incendio, tocado por alguien en llamas, como Mike, sólo podía sonar incendiario.Yo me limité a meter guitarras y relojes, palmas y coros, tijeras y gritos. El resto fue cosa de Migueles.Grabamos este tema para el Homenaje a Ángel Guache que se editará en Diciembre y se estrenará en el Teatro Filarmónica de Oviedo en día 23 de ese mismo mes. En 'Apaches y subterráneos', título del proyecto, colabora gente de todo tipo. Nacho Vegas, Julian Hernández, Zem, Pauline en la playa, Mate... son algunos de ellos. Nosotros lo hemos escuchado y nos parece un trabajo de lujo.Espero que este pequeño adelanto os guste...
Tuesday, September 23, 2008