Segovia. Últimos noventas o primeros dosmiles. Lo sé, porque cobramos en pesetas. Literalmente. Nuestro manager en la zona (un saludo para el gran Anti), nos entregó una bolsa de plástico con duros y pesetas.
Como decía, gracias a nuestros impagables contactos, nos salió un concierto en una okupa, en Usurbil.
-Vamos a tocar en un Gazteche, tío.
-Hostias, no jodas, ¿vais a Euskadi?
En aquellos tiempos, ir a tocar a Euskalherria era poco menos que peregrinar a Tierra Santa.
Había que prepararse bien para estar a la altura de las circunstancias. Lo primero era cómo ir. Los Tinakis éramos seis, antes de que se fuera el guitarra bueno (Sergio) con los hijosdeputa de los Duff Hooligans; y se quedara el malo, pero guapo, en solitario (Belcho). Hubo que elegir entre la imagen y el sonido, y obviamente, lo tuvimos claro.
Como decía, éramos seis. En nuestro primer desplazamiento a una plaza seria, lo suyo era ir todos juntos, en furgoneta, como los grandes. Después de que no nos alquilara una furgoneta barata ni Dios en toda la provincia, conseguimos una Opel Zafira, en Avis, a precio de puticlub. Eso sí, la furgoneta estaba nueva. Menuda entrada triunfal hicimos en la okupa, con un monovolumen reluciente con Mª Jesús y su acordeón a todo trapo (hicimos una selección musical decente). Unos costrones nos miraban desde una ventana de la casa con la mirada perdida, supusimos que de la emoción. Yo pensé que iban a tirarnos flores de bienvenida, pero en realidad debían estar tomando el aire, porque antes debía haber tomado algo que no les había sentado del todo bien...
Aparcamos, y vino a recibirnos un hermano gemelo de Poli Díaz, con cresta, secándose los sobacos con una camiseta:
-Qué pasa chavales. Si queréis comer, ahí hay un perolo de lentejas vegetarianas.
-Ah.
Declinamos tan suculenta oferta, y fuimos a conocer la sala; el garito; el altar ceremonial donde pensábamos dar un impetuoso concierto jalonado con espontáneos vítores ilegales y banderas de reptiles leñadores.
-Menudo zulo.
No esperábamos tocar en un sótano, apenas sin luz, sin suelo y poblado de perros. Concretamente había uno que mordía a todo el que se subiera al escenario, músicos incluidos.
Tocábamos con otros grupos punks de otros sitios. A alguno de ellos no le debió parecer bien que uno de nuestros cantantes se quedara en calzoncillos al caérsele la minifalda que llevaba, y nos estuvo poniendo verdes en el backstage y alrededores. Te entiendo colega, nuestro cantante tiene un pollón que deja mal al más pintado. A ver cómo iba a salir él luego en mallas.
Mientras andaba yo cotilleando lo que decían de nosotros otros grupos, yendo y viendo a la barra y hablando con un despojo por aquí y con un iluminati por allá, apareció frente a la casa, que estaba perdida en el monte, una furgoneta cargada de franceses. Más que aparecer, se quedaron atrapados en el barro, justo enfrente de la okupa.
Cientos de flacos calaveras empujaban la furgoneta, pero la rueda del gabacho seguía patinando.
Me arremangué la americana, aparté a un par de maricas para tener más espacio, y empujé con cojones. Con tantos cojones, que saqué la furgoneta del barro, ocupando yo su lugar. Fue una demostración del principio de arquímedes, pero con fango y un tío semiinconsciente.
Después, disfrazado de anciano embarrado del mar menor, me uní al resto de Tinakis, que andaban por ahí dando el coñazo a los parroquianos, muchos de los cuales, tras ver el espectáculo, al día siguiente se cortaron el pelo y buscaron trabajo.
El concierto fue un asco. Solo bailaban nuestros colegas, que llevaban un par de días por allí y el "cambio de aires" les hacía moverse sin parar. Del resto del respetable, destacar a una joven de mala pinta preguntando a uno de nuestros cantantes por sus inclinaciones sexuales; y los perros, que siguieron durmiendo en el escenario como si nada.
Nada amigos, que volvemos cuando queráis.
Ya lo he contado. ¿Contentos, hijosdeputa?