Y esto, desgraciadamente, es de todos bien sabido.
T.Rexmania lleva más de 2 años ofreciendo un producto de dudoso éxito: tributar a T. Rex, una banda desaparecida hace más de 30 años.
Una banda capitaneada de forma férrea por su alma mater, Marc Bolan, cantante, guitarrista, compositor, productor, y como era de esperar, desapareció al morir Marc en un trágico accidente en septiembre de 1977. T. Rex no tenía razón de continuar, porque T. Rex era él.
Muchas veces nos preguntan ¿por qué no hacéis versiones de varios grupos mucho más conocidos o todavía en el candelero? ¿por qué no hacéis temas propios?
• Es nuestra apuesta.
T. Rex es muy desconocido en nuestro país, porque la época de mayor éxito (1970-1973), nuestro país todavía estaba dando los últimos coletazos de una dictadura, con mano especialmente dura en el tema de la censura. T. Rex era glam, era sexualidad, ambigüedad, tabú. Sus discos, como muchos otros, llegaban con cuentagotas, y sus imágenes con dificultad.
Una banda que mientras, en su país de origen, Inglaterra, era adorada, en España era desconocida.
A veces lo decimos al público en los conciertos: nuestra única razón de ser es que esa música, esa labor creadora, no se pierda. Y no sólo eso, que la gente joven que realmente gusta de la buena música, pueda acercarse a conocer las creaciones de un grupo, que desapareció en muchos casos, antes de que ellos naciesen.
No obstante, no somos atractivos musicalmente para el público, y menos para el público joven. Y es desesperanzador, porque queremos mostrar algo que ya se puede denominar casi folklore dentro del rock, y no causa interés.
Y ha sido a 300 kms. de nuestro hogar, de los locales donde solemos tocar, donde hemos encontrado el calor del público, un público que llenaba una sala familiar, entrañable, el pub D'Leyend en Castellón, que de forma magistral dirigen Carmen y Jose.
• La clave del éxito de D'Leyend
Esta sala y sus dueños, nos han hecho sentirnos "heroes por un día": hemos tenido una breve reseña en la prensa local y una entrevista en la radio, poco antes del concierto. Hemos sentido su calor y sus ganas de que estuviésemos a gusto, de que nos sintiésemos como en casa, aunque jamás en casa nos hemos sentido como en D'Leyend.
D'Leyend tienen una filosofía que los locales de otras ciudades, deberían adoptar. En estas grandes urbes las salas no se llenan, el público no va a los conciertos, no disfruta de ellos.
Esta vez no hemos tenido que alquilar la sala, ni llenarla de público, normalmente amigos, que una y otra vez vienen a vernos, siendo muy pocas las veces que acuden desconocidos por interés.
No voy aquí a desvelar el "secreto" de Carmen y Jose, pero les invito a todas estas salas que ofertan conciertos con "llenos" de 30, 40, 50 personas a lo sumo, que les pregunten a ellos y tal vez obtendrán la respuesta para conseguir algo parecido.
D'Leyend goza de su propio público, un público fiel, que asiste a sus conciertos como el pío que va a misa cada semana.
No importa el origen ni el tipo de música: reggae, metal, punk, rock, da igual. Allí están todos cada semana. Les gusta la música y valoran el esfuerzo de los músicos que durante esos minutos se suben a la pequeña tarima del local a ofrecer su producto.
Pero lo que pasa en D'Leyend no ha sido fruto de la casualidad. Es un trabajo laborioso, creado con amor y mucha paciencia por sus dueños.
A lo largo de los años, han conseguido rentabilizar su idea.
Nos comentaba Jose: "No estoy aquí para hacerme rico, sino para que todos disfrutemos: el público, los grupos, y en último lugar, nosotros".
Esta forma de pensar se ha perdido, se ha perdido ese encanto, el "glamour" de la música por la música, sin artificios.
La entrada al local, coronada sabiamente con un maravilloso póster de una gira de Bowie. En el centro de la sala, un cartel lleno de tickets de conciertos a los que sus dueños han asistido, desde Duran Duran hasta Led Zeppelin, sin tapujos. Vinilos serigrafiados de Elvis, Ramones y otros. Todo allí era música.
Y eso es lo que se ha de conseguir: Pero eso requiere paciencia, cariño y en las grandes ciudades priman las prisas, el dinero fácil. Pregúnteles a ellos cómo lo han conseguido, y tal vez esa fórmula magistral pueda traspasar fronteras e ir a otras ciudades, como Barcelona, ciudad de donde vinimos.
El público nos esperaba al bajar, coreaban nuestras canciones, desconociéndolas, saltaban, bailaban, pidieron bises, nos daban la mano al terminar, compraban nuestro merchandising.
¿Hemos de buscar todo esto tan lejos de casa? Por lo visto sí, así ha de ser.
• Agradecimientos
Un concierto entrañable, increíble, como pequeñas estrellas en un firmamento que no acaba de iluminarse, porque hay demasiada contaminación lumínica, y nadie parece capaz de apagar toda esa contaminación para poder ver como brilla hasta la más pequeña de las estrellas.
A todos los que estuvieron allí, muchas gracias, y en especial a Carmen y Jose, por su cariño, confianza y su buen hacer.
¡Larga vida al rock!
¡Larga vida a D'Leyend!
Gracias, Castellón.