No es fácil escribir un comunicado como éste. Nunca es fácil decir adiós con la incertidumbre del
que no sabe si va a volver. Pero muy a pesar nuestro, después de ocho años, tenemos que
despedirnos.
Ya sabíamos que el ataque masivo de este ayuntamiento contra la noche madrileña iba a cobrarse
víctimas, seguramente las más débiles, aunque la verdad es que nunca pensamos que, por una
carambola del destino, los que íbamos a tener que irnos éramos nosotros. Ces..t la vie, que diría
aquel.
Pongamos negro sobre blanco lo que está ocurriendo en nuestra ciudad: mientras banqueros y
grandes empresas se reparten el pastel de la crisis a manos llenas, el ayuntamiento no tiene nada
más urgente en su agenda que tratar de cerrar los únicos negocios sobre los que no tiene que dar
explicación alguna: los bares, las discotecas, los pubs, es decir, la noche. Para ello no racanea en
medios, poniendo a la policia a patrullar por las “peligrosas” calles de Malasaña, requiriendo todo
tipo de documentación absurda, adelantando horas de cierre, para que la gente se quede en su casa
viendo Telemadrid y pidiendo lo último de Teletienda por no tener ningún sitio a donde ir... en fin,
tratando de destruir la tradicional vida nocturna madrileña.
Y decimos tradicional, aunque en el sentido estrictamente temporal del término. La noche de esta
ciudad es de todo menos clásica, tiene vida propia, una vida conformada por miles de personas de
espíritu crítico, con una concepción alternativa de la vida; gente alegre, gritona, bailona, abierta y
tremendamente feliz de relacionarse con sus congéneres humanos mientras asisten a un concierto,
bailan al son de Daft Punk o de Los Planetas, o piden una copa en la barra.
De épocas peores hemos salido. No se si algunos os acordareis, pero Malasaña revive cada cierto
tiempo, es como un ejército de gente bailonga que se retira a los cuarteles de invierno durante unos
meses para volver con renovadas fuerzas y caras nuevas y no tan nuevas. Esta vez no será diferente,
necesitan mucho más para acabar con nuestro espíritu, aunque sean capaces de acabar con nuestros
bares.
Así que, de momento, Barbarella se desliga de la sala Nasti, obligada esta última por razones
económicas a tratar de rentabilizar los viernes para sí misma y así poder pagar las obras que, una
vez más, el ayuntamiento le requiere. Eso quiere decir que abandonamos? Nada más lejos de la
realidad! En el futuro, haremos fiestas en otros sitios (si nos quieren, claro), organizaremos
conciertos como siempre y seguiremos pinchando allá donde nos dejen. Seguiremos tratando de
mantener esta ciudad como siempre ha sido: dinámica, soñadora, llena de luz... aunque intenten
apagarnos la luna.
Esperamos de verdad, sinceramente, que el granito de arena que hemos estado construyendo
durante este tiempo, haya servido para algo. Si a una sola persona le hemos descubierto un grupo,
una canción, una nueva amistad... nos damos por satisfechos.
Asi que, señoras y señores, despidámonos el viernes 27 de febrero como se merece: riamos,
bailemos, bebamos, dinamitemos la desidia que nos quieren imponer con la felicidad del que sabe
que no hay nada mejor que la noche, nuestra noche, la noche de Madrid.
Os queremos, muchísimas gracias por estos ocho años.