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Thursday, February 05, 2009
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Current mood:  creative
Chicos que tiraban piedras a los gatos entre los surcos de las cepas. Sucedía lejos de allí. En otros lugares los niños son verdes y húmedos y juegan con conchas que recogen las tarde de agosto en la playa. Sus madres los observan con cuidado mientras comentan cómo ha crecido éste o aquel y cuánto ha subido el pescado. Ya ni en la lonja Mari, lo que yo te diga.
Y Carlos-Pedro-Pablo-Ricardo anhela trabajar en una fábrica de Milkybar o Jungly o dibujando para Cinexin o inventando nuevos sabores de cheetos. Crece viendo como la marea roba la vida de las piedras cerca de la torre. Siempre fue un niño común, corriente. Y, aunque pueda parecer contradictorio, especial. Nunca aprendió a nadar en condiciones, se agotaba, no sabía siquiera bucear así que se limitaba a dejarse flotar mientras el resto hacían carreras, a ver quién se atrevía a ir hasta la boya y volver. Flotando, soñaba con ser capitán, primero de un barco de madera precioso y más tarde, con el paso de los años, de cuerpos. Capitán de cuerpos suaves que se mecen al compás de las olas en Riazor, el Sardinero o La Concha. Que al final da lo mismo. Se trata sólo de noches en bares y bocas ajenas y piel, a veces de seda y a veces de lija, y chicas con cortes de pelo moderno y pintas de hippie y pijas de colegio de monjas que se dejan sobar cualquier domingo por la tarde en un parque, al lado de la estatua de algún místico músico mítico.
Pero el capitán no quería una novia en cada puerto. Él se limitaba a liar Golden Virginia desde la cubierta, mientras sus hombres se echaban a las tabernas en cada ciudad. Y cuando digo "cada ciudad" quiero decir "cada noche", ya que no debemos olvidar que se trata de un marinero especial, un marinero en tierra que ni por todo el oro del mundo dejaría su casa azul, con sus cimientos bien fijos y sus fotos en blanco y negro, tomadas en sitios a los que no deseaba volver.
Cuando llegó el momento, empezó a beber a morro y aprendió a adorar la cerveza. Aparcó su colección de Barco de Vapor y llevó a la práctica aquello de "Elige tu propia aventura". Por aquella época quería ser músico, guitarrista, estrella del rock. También: astronauta, pintor, artista y fotógrafo. Fue entonces cuando la conoció y con ella llegaron las primeras veces (en realidad, esto ya había sucedido antes, pero ya sabemos lo que pasa con el amor cuando creemos que es de verdad, que nos hace olvidar aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor"). Ella trajo el amor y el odio y la pasión y el dolor y muchas otras cosas que hoy en día el capitán cree haber olvidado. Juró que por ella se embarcaría, pero el desamor es un deporte muy raro y, por desgracia para él, lo tuvo que aprender tarde, mal y rápido.
Ahora vendría la parte en la que os contaría que nuestro protagonista pasaba triste las horas muertas mirando al mar: el pelo agitado por el viento, los pies descalzos, las manos en la arena. Nein. Cuando esto pasaba, él fingía olvidar que vivía en una ciudad costera. Cogía su cámara y se iba al túnel a pensar. Se sentaba con las piernas cruzadas entre la hierba y observaba a los coches pasar más abajo. Ese verano pudo comprobar casi a diario los cambios en las vallas publicitarias, cada semana uno nuevo: rebajas en El Corte Inglés, Ven a Reanult y sorteamos...y muchos más. En momentos así, le gustaba pensar que estaba solo en el mundo: los coches no eran más que hormigas y el tunel su hormiguero.
De esta manera pasaba los días lejos del puerto. Fue entonces cuando una amiga le mostró que hay más sirenas en los bares que entre las olas y se hizo capitán de cuerpos. Decidió que odiaba el mar. Fue entonces cuando él se echó a las tabernas, las del puerto y las otras. Y a los portales. Y a la playa. Y a cualquier lugar que le permitiese combatir la humedad con un par de embates furiosos y muchos besos de miel y vino.
Ya no queda nada de aquel niño que devoraba chocolate blanco en la playa. Ni del lobo marino. Sólo fotografías en blanco y negro. Las más tristes azoteas y tejados que jamás podréis imaginar. Tan tristes que sólo con mirarlas uno desea decirle que todo está bien. Que siempre lo está.
No lo olvide Capitán: donde manda patrón no manda marinero. Sus hombres siempre estarán con usted. Nunca abandonaremos el barco.
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Friday, January 02, 2009
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2008 #2 12/31/08 Fumé algo menos. Me acostumbré al metro. Incluso a las ocho de la manaña. Descubrí cómo huele Lavapiés de madrugada. Y Tirso después de comer. Y el Barrio de Salamanca cuando anochece. Supe como ducharme a diario en algo así *. Aprendía a tocar Blackbird. Y a chapurrear francés. Conocí a gente en el ciberespacio. Superé las 3200 vistas en Tuenti. Y las 2100 en Flickr. Me enganché a tres series más. Vi cine mudo alemán de los años 20. Cociné croquetas. De queso. De sobrasada. Y de setas. Hice alguna foto medio decente. Y aprendí que es la velocidad de obturación y la profundidad de campo. Gasté menos en teléfono. Pinté mi habitación. Juré lealtad en una parada de tranvía. Conseguí el disco blanco en vinilo por 8 euros. Paseé sola por Berlín y me hice socia de un videoclub en la Danziger strasse. Fui al Reina Sofía. Pasé más tiempo con Ainhoa. Me reí con Irene a las dos de la mañana en el sofá un domingo. Escribí más que en 2007. Pero menos que en 2009.
Mi padre me enseñó a coger níscalos. Estuve en casa. Y en Mota del Cuervo. Y en la Tacheles. Y en un castillo. Y en los sueños de alguien. Hice promesas que no cumplí (porque no quise). Fui feliz. A veces.
(*http://berlinmeineliebe.wordpress.com)
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Friday, January 02, 2009
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Current mood:  tired
2008 #1 12/30/08 Ingerí más coca cola que el estadounidense medio. Compre más ropa de la necesaria. Bebi más cerveza de la debida. Y más ron del recomendado. Mentí más veces que metros pasan al mes debajo de casa. Cometí más errores de los que estoy dispuesta a admitir. Cocine más tartas de queso que en dos años. Use más cámaras de las que sé realmente manejar. Nunca fui objetiva con el resultado. No respeté la acción. Tampoco la reacción. Comí más grasa que alguien con 20 kilos más que yo. Fumé más tabaco del que me permito. Pero menos del que compré. Consumí menos drogas que en 2007. Y menos que en 2009. Copié. Hice acopio de preservativos que nunca usé.
No fui a América. No conseguí trabajo como traductora. No escribí un solo poema. Ni un prosema. Ni toqué nada nuevo con la guitarra. No aprendí a usar el Photoshop. Ni a cantar mejor. No me atreví a llevar pantalón corto. No usé champú especial. Ni cambién la leche entera por semi. No fui a los bares que quería ir. Ni a Santander. Ni a Santiago. Ni a Gijón. Ni a Dijon.
Y esto es sólo el principio.
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Thursday, April 10, 2008
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Current mood:  ashamed
Botas de agua 2
Se derriten los cristales, despacio, despacio. Los árboles detrás se ven deformes, se balancean, enormes péndulos de madera que oscilan, adelante y atrás. El agua resbala por el cristal, el viento sopla tanto que cambia el curso natural de las gotas al caer, dejan rastros babosos, densos, como gotas de miel. El tiempo está como tú y como yo. Tú y yo estamos como el tiempo, enérgicos, cambiantes e intensos; lástima que no coincidamos últimamente en periodo de anticiclón o borrasca. Te has ido, me dejas en la calle, con el sol iluminando la acera, unos auriculares que no funcionan, una cámara sin pilas en el bolso y un móvil sin batería en el bolsillo. Ahora estás lejos, sigue lloviendo, como ayer, y antes de ayer, y así desde que recuerdo. Por la noche no me importa, la luz naranja de Madrid hace que la sombra proyectada en mi techo de las gotas de agua en el cristal le den un aspecto galáctico a mi habitación, por el día es distinto. Puedo pasarlo sin más, pero hoy no tengo música, ni botas de agua, ni paraguas de cuadros, ni sonrisas en la cama al llegar. Hoy me he hecho yo la cama, hace un rato me he puesto a pensar en cuanto hacía que no me tocaba a mí estirar las sábanas y me he dado cuenta de que se puede medir en días, meses e incluso años. Quique González no me trae hoy Pájaros Mojados, pero no pasa nada, torres más altas han caído. Torres de Manhattan.
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Wednesday, November 21, 2007
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Current mood:  confused
Der Winter Ahora llega el invierno, se nota al entrar en la cocina por la mañana, los platos helados, la leche en la mesa sin caducar. Se nota en la cara de la gente, es el carnaval del entretiempo, jerseys de lana y zapatos de verano. Calor a mediodía, frío a media tarde. Ahora llega el invierno, lo notan los patos del Retiro, los limpiabotas de Callao, las flores del Palacio Real. Lo notan las castañeran que empiezan a hacer su negocio, y ese que tiene un quiosco mediofascista lleno de banderitas con águilas en la Gran Vía. Lo notan las chicas de la calle Montera, los universitarios cada mañana en el interacambiador de Moncloa. Ahora llega el invierno, lo notan lejos de Madrid, pero primero aquí. Lo notan en Berlín, lo sabe Björk, ahora elige ir en tranvía aunque solo sean dos paradas antes que pasear. Lo notan los Biergarten, cada vez más vacíos, lo notan los Starbucks, cada vez más llenos, sobre todo ese enfrente de la Puerta de Brandenburgo. Ahora llega el invierno. Lo sé yo que adoro el frío en Madrid pero echo de menos la nieve en Berlín. Ahora llega el invierno sin avisar.
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