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Valiant 76

Valiant Fanzine


Last Updated: 12/9/2009

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Wednesday, December 09, 2009 
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Domingo por la mañana

Ella partio 5 meses atras,

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            Emotiva despedida hemos llevado, la misma que ha durado mas de 4 años, en donde ella nunca ha estado, en la que jamas comenzamos algo, desde aquel 13 de julio en que nos conocimos.

Ella de una relacion tormentosa, asfixiante...  yo de los bares, la noche, el vicio.

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Pensaba que esta vez seria diferente, pero ocurrio lo mismo, me quede parado en la terminal 1 viendo como se alejaba nuevamente de mi, con una estupida esperanza de volver a verla, sentirla, de pensar tenerla conmigo.

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Han pasado horas, dias, semanas enteras, mi cuerpo no responde, no niega que la extraña, pero tambien lo hace asi con mi antigua vida, mas ahora, que en brazos de otras mujeres comienzo a recordarla, a sentir su aroma, pero esta vez es distinto ella no esta cerca, esta mas alejada de mi vida, de mis sueños y recuerdos, ahora es una desconocida, una extranjera, una pasajera.

Mis brazos se extienden a nuevas experiencias, nuevos aromas, nuevas borracheras.

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Dan las 7 am nuevamente desde hace algunos dias, el sueño no llega, el alcohol no termina, las mujeres rondan, mi vicio no se olvida.

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Estoy al telefono, platico con ella, le explico que esta vez no sera igual, que no necesito buscarla, que me alegro que este lejos, que asi disfruto mas la vida, que soy indiferente, que estoy vacio completamente, que nada me satisface, que nada me interpreta, ella solo responde que se alegra que al fin yo sea quien decida mi futuro o mi desgracia, que si mañana estoy muerto seria porque asi lo he deseado en vida, que ella no solo me recorda, si no que me extrañara tal vez hasta sus ultimos dias, yo golpeo el telefono, doy vuelta y destapo otra cerveza.

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El silencio asfixia nuevamente mi añoranza de compañia, de una vida compartida, sobre la alfombra sucia de la cocina escupo mi esperanza de poder querer a alguien; miro el reloj, son las 5 de la tarde, alguien llama a la puerta, procuro no hacer ruido para que el visitante pronto se vaya, pero insite golpenado con mas fuerza.

En mi estado destrozado y perdido, comienzo a pensar si la muerte, si acaso es ella, si hoy sera mi ultimo dia.

Me acerco a la puerta, giro la perilla, ella la empuja con fuerza para no darme oportunidad de cerrarla, comienza a gritarme, a golpearme la cara a patadas yo trato de bloquear los golpes con los brazos, ella insiste.

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Al fin miro su rostro, el mas bello que he visto, me apunta a la frente con un revolver, me mira sonreir, dispara y llorando me dice, solo asi te he de amar toda la vida.....

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a. rodz.

valoeyes69@hotmail.com

Monday, December 07, 2009 
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Yo amanezco un poco más tarde que tú, y aún mas tarde en invierno que en verano, cuando el sol lo tengo antes de la hora.
No cierro las persianas, no corro las cortinas, no me molestan las ambulancias, ni los coches de policía. Me dan igual los gatos, las campanas y las discusiones del bar.

Duermo hasta los cinco minutos antes de que suene el despertador, el mío, el de mi teléfono. Lo miro, quedan cinco minutos, lo sé.
En algunos fotogramas se me ve adelantándote, en la mañana, por la izquierda. Pero están trucados, es el montaje del director. El director soy yo, claro, como no va a ser así, en mi historia, en mi pacto con la biografía.
Aquí, detrás de los títulos de crédito, los días festivos son relativos. Tengo un trabajo relativo, unos ingresos relativos, y unos días de fiesta relativos.
Hoy no es fiesta, el sol salió antes de mis cinco minutos, no hago trampas con las sábanas y adelanto legalmente, según el reglamento.

Todo irá bien si amanece y hoy amanecí antes que tú.
Ahora, en primavera, ya es de día cuando me levanto y sí, siempre es de un salto. Es porque así es más fácil cantar mis canciones favoritas.

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http://www.javiermolinero.blogspot.com/                    


Javier Molinero

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Saturday, October 03, 2009 
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La puerta de Tannhäuser....

Por Esteban Raymundo González....

Ella tenía razón, en realidad siempre la tuvo, era un perdedor. Me conocía a la perfección, sabía mis debilidades y fortalezas. Por ejemplo, no le podía ocultar el vértigo que me causan las alturas o la excitación que me producía revisitar una y otra vez  El silencio de los inocentes, cinta de Jonathan Demme, filmada en 1991. Por eso la necesitaba tanto, porque jamás se equivocaba. Era mi brújula, mi sendero. Una sombra ominosa que me acompañaba noche y día. No importaban sus denuestos ni humillaciones. Además, es inevitable, las personas que más quieres son las que seguramente te dañarán con mayor ferocidad. El amor es un sentimiento maldito, sin duda. Entre más dolor me causaba, más la amaba. Era mi monstruo personal, hasta que le diagnosticaron cáncer en el estómago. Esa tarde se encerró en su recámara y, por primera vez, después de muchos años, la escuché llorar. El ogro se derrumbaba como las murallas de una ciudad bíblica.

Conforme la enfermedad avanzaba, ella se desintegraba bajo las sábanas. Sus músculos y huesos se volvieron frágiles, como de cristal. Llegó un momento en que no podía controlar su vejiga, mucho menos su esfínter. Sus necesidades elementales como comer y defecar eran impensables sin mi ayuda. No dejaba que nadie más la atendiera. En cierta ocasión, le arrojó el cómodo a una de las muchas enfermeras que desfilaron por su habitación. Tuve que renunciar a mi empleo en la editorial para dedicarme exclusivamente a sus cuidados. Estaba seguro que mis ahorros serían suficientes, después de todo, los especialistas no le habían dado más de tres meses de vida.

Los colores encendidos anunciaban el arribo del otoño. En algunas tiendas comenzaban a exhibirse mercancías correspondientes a la temporada de Día de Muertos y Halloween. Resultaba irreal la combinación entre calaveras de dulce y papel picado, con máscaras de asesinos dementes, colmillos falsos y sangre artificial. En unas semanas, los niños saldrían a las calles, disfrazados de vampiros y fantasmas, con calabazas y cráneos de plástico, solicitando calaverita. Recordé a mi madre, sentada en la cocina, después de que mi padre nos abandonó, preparando calaba en tacha, mientras yo terminaba de limpiar los azulejos del baño como castigo por andar limosneando el Día de Muertos.

Los malos días se presentaban con mayor frecuencia durante el sexto mes. No quedaba mucho de carne en su cuerpo. Orinar le producía un terrible dolor. Su deyecciones siempre iban acompañadas de pedazos de intestino. La enfermedad se la comía por dentro. Los medicamentos no servían de nada. Sus gritos eran idénticos a los rugidos de una leona herida. Pero sus alaridos eran ronroneos comparados con las maldiciones e insultos que vociferaba cuando la bañaba o le cambiaba los pañales. Con el tiempo, como consecuencia de la permanente postración que la mantenía inmóvil, su espalda se ulceró, de las llagas supuraba una sustancia viscosa, maloliente. Ella de pudría.

Los ahorros se terminaron. Comencé a trabajar en casa corrigiendo tesis de cualquier especialidad. El dinero era suficiente para cubrir gastos y mantener al día las deudas. Compraba lo necesario para sobrevivir y el único lujo que me daba era rentar películas. Mientras ella se retorcía por el dolor, yo acompañaba en su masacre a Leatherface, en su locura campista a Jason y en sus andanzas oníricas a Freddy Krueger. Ellos, junto con Norman Bates, Michael Myers y Hannibal Lecter, se convirtieron en mis únicos compañeros. Los lobos nos reconocemos por nuestro pelaje.

Las últimas semanas habían sido particularmente insoportables. Le supliqué al doctor me proporcionara algo más fuerte para aliviar su dolor. Pero sólo podía recetarme los mismos analgésicos y dejar que la enfermedad evolucionara. Un día llegaría el final. Un desenlace que se había prolongado durante casi un año.

Abrí la puerta. Estaba exhausto. Frustrado por el resultado de una entrevista de trabajo. Un empleo como corrector de estilo para un importante periódico. Me urgía una entrada extra de dinero. El reclutador, un hombrecillo de anteojos gruesos y sonrisa estúpida,  consideró inusual mi gusto por las cintas de horror de los setentas y ochentas. No estoy muy seguro, pero creo que me levanté, lo tomé de las orejas y estrellé varias veces su rostro contra una de las esquinas de su escritorio. Pero no lo recuerdo bien. Fue como un sueño, una pesadilla. Una bruma nubló mi mente durante horas. De hecho, no recordaba cómo regresé a casa. Entré a la cocina, llené un recipiente con agua y lo puse sobre la hornilla. Busqué una bolsa de té. Entonces descubrí que mi traje estaba manchado de sangre. ¿Sangre de quién? El agua comenzó a hervir.

Desde que comenzó su enfermedad, me propuse componer una Te Deum – mis conocimientos musicales eran básicos, pero estaba empecinado en escribir una obra que le recordara cuánto la amaba -. Procuraba traer conmigo papel pautado para trabajar en cualquier lugar, uno no sabe con certeza cuándo llegará la inspiración. Cierto día, mientras esperaba en la recepción del hospital, conversé con una mujer que padecía insuficiencia renal. Una profesora retirada que enseñaba música en una escuela católica. Me contó que estaba en lista para recibir un nuevo riñón, pero en lo que llegaba, debía presentarse con regularidad para practicarse una diálisis. Un procedimiento que la mantenía con vida. Despertó mi simpatía y decidí mostrarle mi trabajo. Leyó las primeras notas. Dijo que era evidente la influencia de Haendel y Mozart, pero mi trabajo resultaba superior. Me abrumó con sus halagos. Me sentía tan bien con sus comentarios que no le presté atención a sus gestos. Tenía algunas semanas que había caído en cuenta que regularmente éstos no corresponden con las palabras. Es decir, una mueca de desaprobación no necesariamente significa eso. Es más, la gente solo decía lo que yo quería escuchar. Todos querían complacerme, incluso Baal, mi reciente amigo del mundo espiritual. Desde niño, descubrí mi talento para comunicarme con los otros. Mantuve en secreto esta cualidad, pues todo aquello que mi madre tocaba se volvía excremento. Baal y yo conocimos en uno de los baños del sanatorio, mientras defecaba. Nunca se separaba de mí. Me aconsejaba y advertía de los peligros de la vida; peligros encarnados en todas las personas.

Baal resultó un gran motivador. Me estimuló para escribir, simultáneamente, tres composiciones: el Te Deum, una sonata, titulada Las delicias del Infierno y mi ópera La puerta de Tannhäuser. Además amplió mis horizontes cinematográficos. Me recomendó películas del llamado J-Horror, como Ju-on, de Takashi Shimizu, y  Joyu-rei y Ringu, de Hideo Nakata. Nuestra relación se había vuelto simbiótica. Antes, ella tenía el control; ahora, él pensaba por ambos: decidía las actividades del día, desde la hora de levantarse hasta el momento preciso para ir al baño; la comida que se consumiría durante la semana; la rutina que se seguiría con madre para administrarle sus medicamentos y asearla. Baal ordenaba todo, incluso el movimiento de los planetas.

Una noche, ella no dejaba de quejarse. Sus lamentos incomodaban a Baal e interrumpían mi concentración. Me levanté del escritorio. Caminé hacia el armario donde guardaba las herramientas y tomé un martillo. Subí las escaleras y abrí la puerta. Me recibió con una letanía de reproches. Las sábanas estaban manchadas con su vomito. Me recordó que sin ella, yo no sería nada. Le debía la vida, horas de cuidado, estudios. Yo solo era un apéndice, una extensión, una rémora anclada a su costado. Por mi culpa, ella se había quedado sin pulmones en la fábrica. Lloraba. ¡Cómo detestaba esos sollozos hipócritas! Me senté a su lado, en el borde de la cama. Acaricié los mechones desordenados que aún cubrían algunas partes aisladas de su cráneo. Le dije que el dolor terminaría. Sería libre. Ambos seríamos libres. Mejor aún, los tres seríamos libres. Bajo el quicio de la puerta, Baal observaba complacido.

Arrastré el cuerpo hasta la bañera. Corté músculos y huesos. Guardé los restos en una bolsa. La enfermedad la había encogido. Después de lavarme, bajé el bulto hasta la cocina y lo guardé en el refrigerador. Pensé en comprar más tarde algún tipo de desodorante para evitar cualquier pestilencia posterior. Por fin me dedicaría solo a mi obra, con la permanente aprobación de Baal.

Conocí a Leonora en el subterráneo. Era una mujer agradable, hermosa, con un gran sentido del humor. Era como uno de esos colibríes que revolotean sobre las flores. Aceptó que la acompañara hasta su casa. En el camino, me contó que era divorciada y tenía tres hijos. Le gustaban las rosas y bailar. No buscaba un príncipe azul, se conformaba con un hombre responsable que la ayudara con los niños. “Los niños necesitan un padre” repetía constantemente al finalizar cada frase. Yo crecí sin padre, por eso no entendía la obsesión de Leonora de conseguirle uno a sus críos. Era una perdida de tiempo andar en busca de un padre sustituto. Acordamos volver a vernos.

Baal montó en cólera. No estaba dispuesto a compartirme con Leonora. Amenazó con abandonarme. Me arrodillé y le supliqué que no me dejara, lo necesitaba demasiado para concluir mi trabajo. Le aseguré que haría cualquier cosa por él. Me miró con sus siniestros ojos amarillos. “¡Quiero su corazón!” ordenó.

Recogí a Leonora en el mismo lugar de siempre. Tenía ya casi un mes que salíamos juntos. Era parte del plan. Un par de veces intenté alejarla de mí, pero Baal siempre me descubría. Entonces me torturaba para regresar con ella. Sus castigos eran espantosos. En cierta ocasión me obligó a colocar mis manos sobre una hornilla encendida. No había nada que pudiera hacer por Leonora. No podía negarme a los deseos de Baal.

Llegamos a la casa. Le dije que se sentara en el sofá. Entré a la cocina por un par de cervezas. Regresé con Leonora. Se había puesto cómoda: sobre el piso, su blusa y falda descansaban inertes. Me acerqué. Ella se lanzó a mis brazos y metió su lengua dentro de mi boca. Las botellas resbalaron de mis manos. La abracé, comencé a acariciar su espalda, su vientre, sus nalgas. Su aliento saturó mis pulmones. Mientras la besaba, Baal se colocó atrás de ella. Me miró fijamente con sus horribles ojos sin vida.“Quiero su corazón” reclamó. Sabía que ya no podía retrasar más el sacrificio. Entonces le pedí a Leonora me esperara en la recámara. Subió las escaleras. Baal me acercó el martillo.

Los cuerpos se fueron acumulando. El refrigerador se volvió insuficiente, así que retiré parte de la duela del piso e improvisé un cementerio. Enterraba los despojos de forma vertical para administrar el espacio. Constantemente compraba aromatizantes para matizar el hedor de los cadáveres en descomposición. Había perdido la cuenta de mis víctimas. No importaba cuántas matara, Baal nunca estaba satisfecho.

De vez en cuando los vecinos me molestaban por el tufo que salía de la casa. Para justificar la peste, les aseguraba que tenía problemas con la cañería. Con frecuencia insistían en que resolviera lo más pronto posible el problema. Cerraba la puerta en sus narices. Me enfurecía que interrumpieran mi trabajo creativo por nimiedades. ¿Cuándo se preocuparon por preguntar por madre? ¿Cuándo alguno de esos hijos de puta se ofreció para cuidarla? ¿Les incomodaba el olor de la muerte? ¡Pues lo siento, cabrones! La matanza no terminaría hasta que Baal lo ordenara. Además, me había asegurado que pronto concluiríamos La puerta de Tannhäuser. Era mi recompensa por alimentarlo.

La cuadrilla de trabajadores comenzó temprano. Los habían llamado para que revisaran el drenaje, pues desde hacía días el agua salía turbia y con restos animales. Espié las maniobras de los obreros. Con una palanca levantaron la tapa. Todos se taparon la boca al percibir el hedor. Uno de ellos bajó. Pasaron varios minutos. El obrero salió disparado, dando manotazos. “¡Llamen a la policía! ¡Allá abajo es un pesadilla!” gritaba. Imaginé lo peor. Caminé hacia la sala. Levanté el tapete. Retiré las duelas. No era posible. Mi cementerio particular estaba inundado. Los cuerpos se desparramaban de las bolsas. Cabezas y manos flotaban en el agua hedionda. Escuché las sirenas de las patrullas. Le pedí ayuda a Baal. “¡Deja de lloriquear! ¡Es tu momento!¿No deseabas tanto la inmortalidad?”. Entonces recordé una de nuestras primeras conversaciones. Veíamos Suspiria, de Darío Argento, cuando le confesé mi preocupación de cómo sería recordado. Prometió que nadie me olvidaría. ¡Qué importaban algunos cuerpos desmembrados? Ante mi obra maestra, La puerta de Tanhäuser, mis pecados serían desdeñados.  Los genios tenemos el privilegio de ser glorificados por nuestro talento, no por nuestros crímenes.

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Tuesday, September 08, 2009 

Maldita sobriedad

Alfonso Morcillo


Hace un año y medio comenzaron mis molestias en el estómago, luego de una borrachera que se prolongó por cuatro días, (que se ha prolongado por cada semana durante ya cinco o seis años y que inició hace 20 cuanto tenía 16 de edad) en la noche me asaltó un tremendo dolor, una punzada mortífera. Alucinaba, le decía a la mujer con la que dormía en ese momento que no pasaba nada, que el mounstro del dolor se iría, pero no bien cerraba los ojos cuando la punzada regresaba más feroz. Ella me dio una pastilla que quién sabe de donde sacó y me la tomé y me dormí. Al otro día los dolores continuaron. Acudí a un doctor en una clínica de teporochos en la colonia Guerrero. Me la recomendaron porque precisamente va puro borrachín y los doctores saben bien como tratar a estos individuos, me dijeron. Pues fui y lo que me detectó el doctor fue gastritis, le dije lo que bebia, los días que bebía (cerveza tinto vodka mezcal whisky pulque), lo que comía (barbacoa panzita pozole tacos picante birria), lo que no comía (frutas verduras y cereales), lo que no dormía, lo que trabajaba (trabajo) lo que esnifaba y fumaba. En fin que le dije todo lo que entraba y no en mi cuerpo maltrecho.


Me extendió una receta que surtí apenas salí del consultorio que más parecía el camino al patíbulo y me dijo que durante el tratamiento no bebiera. Así fue. Tres meses después los dolores volvieron y fui con mi médico de cabecera, o por lo menos el que ha me ha atendido durante los últimos cuatros años por diarreas o gripes menores (a mi edad ya no se está para dejar sanar al cuerpo solo). Le dije lo que le había dicho al médico del patíbulo y me dijo lo mismo. Pero además, al ver el volumen de mi estómago me mando a hacerme un ultrasonido para verificar si no tenía cirrosis. Esa era su sospecha.

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Fui al ultrasonido y a otras pruebas de sangre. Con mis resultados en el brazo acudí de nuevo con el doc. Revisó primero los resultados arrojados por la sangre y la orina. Todo en orden. “Demasiado bien para la vida que me dices llevar”, dijo. Bien de triglicéridos, colesterol, azúcar, y otros elementos. Sacó los resultados del ultrasonido y vio lo que decían. Esteatosis nivel leve.


Me dijo que pensaba que era más grave, que si dejaba de beber en ese momento mi hígado podría regenerarse, pero que era imprescindible dejar de beber y de tomar café y de fumar y que habría que comer sanamente, verduras, fibra, fruta, cero picante enlatado. Bah, lo que siempre le dicen a todo mundo que enferma de una cosa u otra. ¿Pero dejar de beber? “Si sigues como vas aún puedes vivir 10 años con ese hígado, ya después no te platico”, dijo por último, aunque agregó que si sufría por mi manera de beber o tenía problemas me recomendaría un psicólogo o un grupo de AA.


Pum, cuaz, zas. ¿Y ustedes creen que hice caso? No, este señor siguió bebiendo como antes. Paró de comer picante enlatado, tacos y demás fritangas, menos café y cigarro. Pero otro día, hace un año reaparecieron posdolores de la gastritis, no así lo del hígado, que debió haber incrementado su nivel de grasa por el alcohol.


Y desde entonces, mayo de 2007, vivo en una patética y absoluta sobriedad. No se lo recomiendo a nadie, ni a mi peor enemigo. Si los gobernantes del mundo hubieran tomado las grandes decisiones de sus países como ir a guerras o estupideces similares en estado de ebriedad, seguro que viviríamos en un mejor planeta, pero estaban sobrios, sabían lo que hacían. La sobriedad causa ansiedad, estrés; disminuye la convivencia social; aumenta las preocupaciones; pone en estado de mal humor. En fin, la sobriedad total es peor que la ebriedad total.


Y hoy sigo sobrio un año después. Aunque he de confesar que hice una deliciosa pausa de dos semanas. Tomé un curso en ..La Plata.., Argentina, a unos kilómetros de Buenos Aires. El sólo hecho de pensar que allá el vino es abundante y barato hizo a mi estómago cosquillear. Y efectivamente, aun desde el avión mi estómago comenzó a acostumbrarse al dulce sabor del vino tinto. Y tres días antes de partir una sesión de amargas cerveza negra del Vizcaya junto a Juan Beat fue el preámbulo.


En Argentina, con calor, mujeres guapas por doquier, parques por toda la ciudad donde puedes beber y mear sin que la policía te moleste, cafés y bares de toda la noche, pizzerías, en fin, casi cualquier changarro te vende cerveza y las puedes beber de manera libre mientras no escandalices; y no vi a nadie escandalizar ni pelear ni matarse ni robar borracho.


Así que feliz por ese descubrimiento compraba mis cervezas, me salía a las plazas y bebía sentado en las bancas y meaba detrás de los árboles; y después sacaba botellas de vino y saca corchos y continuaba la juerga, viendo a los deportistas correr, a los bailarines practicar sus coreografías, a familias pasear, a otros borrachos beber y fumar mota. Me iba a dormir hasta las 4am y me despertaba para ir a mi curso a las 9. y salía de ahí y continuaba la borrachera. Y comía carne buena y pastas y pizzas y pan y mi panza comenzó a hincharse de nuevo, más por la cerveza.


Y el viaje terminó y llegué aquí y sufrí una cruda de tres largos días. Había olvidado l oque era una resaca de tres días. Fue espantosa, tuve que recurrir al pedyalite para hidratarme. Además, los ojos me ardían, las mujeres son feas y mamonas, no se puede beber cerveza en la calle, no como allá y mi estómago de nuevo resintió el exceso de picante. A mi hígado no lo he vuelto a mandar analizar, supongo que continuará su putrefacción, más lentamente que antes por lo menos.


Y hoy no sé qué hacer, qué decisión tomar. Mientras la tomo, no bebo y créanme, ver el mundo estando sobrio es peor, mucho peor de lo que ya es. Aunque si me largara a Argentina apenas después de salir del aeropuerto me compraría un buen López o un Álamos o cualquier vino y me iría a una plaza a beber hasta haber destruido mi jodido hígado o hasta haber agotado el dinero de mi bolsillo.

Tuesday, September 01, 2009 

IV....

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Sueño con mujeres frustradas,....

Gordas lujuriosas,....

Envenenadas con mi esperma,....

Sueño con un sartén humeante,....

Y flujos resbalando por mi garganta.....

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Deseo comer unos pezones,....

Y que se conviertan en mis pupilas,....

Lanzarlas al fin de mi vida,....

Hasta llegar a tu pubis ensangrentado....

Y resguardarme de la soledad,....

De la puta falsedad,....

De las mujeres que alimento con extrañas lunas.....

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Sueño con la maternidad,....

Dar a luz niñas empobrecidas,....

Brotándoles sangre de sus pequeños ojos rojizos,....

Tan rojos como mi carne,....

Como el planeta más alejado,....

Como la sangre de mi sangre....

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José Luis Calva Zepeda....

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(“El Caníbal de la Guerrero”)....

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Nota de los editores: En un gran trabajo de investigación, logramos obtener una copia de un panfleto que Calva Zepeda vendía en el chopo y rescatamos uno de sus poemas, descanse en paz nuestro mentor caníbal.......

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Thursday, August 27, 2009 

NEIN


http://nnein.blogspot.com


n_opb@yahoo.com.mx



Post-it

el disco duro
de mi PC
se desfragmenta poco a poco
y afuera
el cielo de la ciudad
se desfragmenta también
en una lluvia furiosa
cuyas gotas se reorganizan
entre techos y calles
como los archivos que el
procesador
ordena y borra
quisiera poder desfragmentarte también
para guardarte en pedacitos
por toda la casa
y no tener que soportar esta
enorme ausencia tuya
por toda la ciudad
como en esta noche de lluvia
que no pudo mojar mi voz
junto a este ordenador
que se queda sin memoria


Post-it sobre un pasaporte checo

tu caminar desesperado
tu español entrecortado y tu checo furioso
los despegues del aeropuerto, aullantes
como tu llanto inútil
bocas fruncidas
tus ojos, tristes como el trance de
los tangos que bailabas
las manos que se separan
el derrumbe de las promesas, vaciarse y
ser olvidado
La ausencia fechada y rotunda, el infinito
del adiós y los husos horarios
de una partida sin retorno


Thursday, August 13, 2009 

SIEMPRE GUARDO UNA CERVEZA PARA LA CRUDA


POR FERNANDO MORCILLO


Sabía que estaba en mi casa porque el vómito estaba en la pared de mi baño
porque el espejo me mostraba que yo estaba ahí, vaciando mi estomágo en la pared, porque no llegué a levantar la tapa del bacín.

Y también sabía que estaba en mi casa, en mi baño, porque llevaba demasiado tiempo ahí sin que nadie preguntara, por lo menos, si todo estaba bien ahí, donde yo estaba.


Lo que no entendía es ¿qué hacía ella a esa hora y en ese Mi Lugar, en Ese Momento, si ni estuvo donde yo me acuerdo estuve la noche anterior?

Buscar respuesta a mi enigma era regresar a los principios de la filosofía que nunca entendí en la escuela y por eso no le pregunté qué hacía ahí conmigo.


El baño estaba disponible para mí, porque era mi baño, el baño que siempre me ha atendido; el baño que en los últimos cinco años me ha atendido sólo a mí.


En la pared, una de las cuatro paredes, el closet estaba en su lugar con la ropa en su lugar; la tele y el DVD en su lugar, encima de su mueble con los discos en su sitio.

En la otra pared mi silla y mi mesa con el intento de comida que tenía por despensa (dos bolsas de papitas y una de cacahuates salados) en su sitio.

Y en el otro lado, el refri de cinco pies. Es decir, todo en su lugar.

Hasta el cuadro que dejo el inquilino anterior estaba en su lugar.

Hasta la mancha que intentó quitar, el que vivía antes, con pintura azul de agua conservaba la misma forma.


Todo bien, excepto por dos cosas: ¿qué hacía ella a esa hora y en ese mi Lugar, en ese Momento, si ni estuvo donde yo me acuerdo estuve la noche anterior?

Lo otro, lo que no cuadraba en mi habitación, aún no sabía qué era, pero estaba seguro que faltaba.


En fin, terminé de hacer mi obra en el baño, la obra por la que algún artista habría pagado miles de dólares, para revender a algún buscador de tesoros, pero que en cuanto me sintiera bien mandaría, con ayuda de la regadera, al desagüe.

Incluso, sobre el lavabo un número incontable de hormigas dañaba mi obra plástica del día

¿Cómo llegaron?, sí lo sabía. Igual que la última vez que me descuidé y no les aventé Baygon Hormigas

¿Cómo llegó mi obra plástica ahí?, eso sí no lo sabía, aunque tenía una hipotesis.


Pero, ¿qué hacía ella a esa hora y en ese mi Lugar, en ese Momento, si ni estuvo donde yo me acuerdo estuve la noche anterior?


A un lado de mi codo izquierdo, la sangre coagulada ya había hecho una costra.


La luz del día, que asomaba por la esquina derecha de mi habitación, no me decía mucho de la hora… tantos años de vivir aquí no han servido para entender cómo camina el sol.


Ante mi escasa creatividad para formular respuestas o inventarme alguna, decidí acostarme en el piso, en la misma posición que recordaba haberme levantado.

Pero esa posición, mi cuerpo, ya no estaba dispuesto a aceptarla un rato más.


Por eso, para recuperar el lugar que mi cuerpo exigía tuve que preguntarle ¿qué hacía ella a esa hora y en ese mi Lugar, en ese Momento, si ni estuvo donde yo me acuerdo estuve la noche anterior?


Y ella dejó el libro, no sé si era mío, que leía entonces para preguntarme si estaba bien.


Dos años atrás hizo la misma pregunta pero tenía otro sentido.

Dos años atrás no tenía para pagar mi consumo y ella evitó que lo que yo conozco como cuerpo tuviera lesiones serias y por lo cual se comprometió a pagar la deuda.


Dos meses atrás hizo la misma pregunta cuando, dentro de uno de esos pequeños espacios que compartes con más de cinco, me preguntó si ya iba a cambiar.


Dos días atrás me preguntó lo mismo, pero tenía otra connotación, ¿estaba bien?

Sí, aunque en ese momento ya se iba de ese cuarto que compartimos…


Entonces, ¿qué hacía ella a esa hora y en ese mi Lugar, en ese Momento, si ni estuvo donde yo me acuerdo estuve la noche anterior?


Y antes de responder a esa pregunta mi cerebro, a través del sentido de la vista, apreció que en una de esas cuatro paredes había un charco de agua.

Un charco de agua que tenía origen en el refri de ..5 pies.. de alto y que en su espalda había sido desconectado.


La vanidad siempre lleva a la gente a presumir los únicos logros que puede tener en su vida, así como el narcisismo puede llevar a los que se creen bonitos a ver el mundo feo.

Para nosotros los alcohólicos, la vanidad es pensar que cuando la fiesta va a acabar debemos de pensar que no tenemos nada más para tomar.

Debemos entender que vienen horas duras y difíciles para que nuestro organismo vuelva a asimilar algún tipo de brebaje que evite que el cuerpo tenga esa sensación de sed, de cansancio, de me lleva la viejita…

Bueno, así era en el pueblo del que salí, donde la venta de alcohol terminaba a las 11 de la noche y depués, si no compraste lo suficiente, aguanta hasta las 10 de la mañana cuando Don Cuco regresaba de raspar el maguey.

Y así aprendí que aún cuando nunca faltaba el alcohol en este lugar, debías preveer .

Pero aquí, cuando supe que el pulque no existe porque no existen ni los dioses que lo pueden beber porque simplemente no hay magueyes…


Desde que compré el refri he tenido la precaución de guardar una cerveza.

Este refri de ..5 pies.. de alto ha podido conservar mi salvación del día siguiente.

Me ha ayudado y me ha salvado de tener que salir a buscar apaciguar mi sed en temperaturas de hasta 35 grados centígrados…


Tenía aún dos preguntas sin respuesta… y una de estas casi estaba por descubrirla.


Abrí la puerta del frigo, del refri de ..5 pies.. de alto, y revisé su interior.

No había nada a excepción del queso oaxaca que olvidé desde hace tres semanas.


Pero siempre guardo una cerveza para la cruda y en ese momento no estaba donde siempre la he dejado.


De momento yo no podía responder a esa mi pregunta, pero había alguien que podía responder la otra, mi otra pregunta.

¿Qué hacía ella a esa hora y en ese Mi Lugar, en Ese Momento, si ni estuvo donde yo me acuerdo estuve la noche anterior?.


Pero, de momento, esa pregunta ya no me interesaba…

¿Dónde está la cerveza que siempre guardo para la cruda?; esa sí me urgía preguntar.


Hace algún tiempo la pregunta más importante de mi vida se la hice a mi mamá.

Le pregunté cómo era yo cuando salieron mis primeros dientes.


No se acordaba y por eso mintió.

Me dijo que era un niño lindo y hermoso al que todos querían abrazar.


Con eso me dí cuenta que preguntar no valía nada porque siempre alguien te va a mentir y se va a aferrar para hacerte creer que es verdad porque para ellos ya lo es, porque ya aceptaron las mentiras de los demás.


Pero de eso, a preguntar sobre la cerveza que guardaba para mi cruda…

Más importante que saber ¿qué hacía ella a esa hora y en ese Mi Lugar, en Ese Momento, si ni estuvo donde yo me acuerdo estuve la noche anterior?, era necesario saber dónde estaba la cerveza que siempre guardo para la cruda.


Y ella, con preguntas (varias) en su cabeza, lejos de responder mejor recogió las blusas que aún quedaban sobre mi cama y le pertenecían.


Y partió con las grandes dudas por las cuales fue a buscarme, pero se fue con la gran respuesta de decirme dónde quedó la cerveza que siempre guardo para la cruda…


HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

Wednesday, July 22, 2009 

LA CUMBIA.. DEL.. COCODRILO


donovan villegas ortiz


hijo_de_un_beat@hotmail.com


Todo florecería finalmente. Tantas tardes dedicadas, semanas de práctica después del trabajo. – No es un sueño. Esto está pasando. Tenemos que ganar- Ya escucha los aplausos, el público desbordado, las cámaras embarradas en sus rostros. Los nombran y salen al set de la mano. Verónica Contreras y Ramiro Gutiérrez. Se pavonean en sus trajes dorados. Minifalda y top, pantalón acampanado y chaleco. Sonrientes, con las cámaras encima, acorralados.


En casa de Verónica está toda su familia comiendo tacos de guisado – Hay mi vero, tan guapa ella, dios quiere y de aquí se va para arriba. En casa de Ramiro está su hermano fumando un raleigh. – Este cabrón se ve jotísimo con ese uniforme, pinche ridículo, haciendo esas mamadas.


- Y ahora, de aquí del distrito federal, desde la colonia Bondojito. Recibamos con un fuerte aplauso a nuestra próxima pareja. Ellos son: Ramiro Gutiérrez y Verónica Contreras; y ellos bailan, así.


La cumbia del cocodrilo. Piruetas alocadas. Vueltas y giros a medias. Ella al aire y entre las piernas del que extiende los brazos como un iluminado en su traje de lentejuelas. Una dos tres cuatro vueltas de ella, se apretujan, una dos tres cuatro vueltas de ella, se apretujan y estiran fluyendo el uno del otro. Mano derecha bajo su nuca y casi la jala como se tira la cuerda de un trompo y ella va a caer de espaldas dando giros pero la mano sigue ahí y la salva. Calla la cumbia. Permanecen hincados, ojos cerrados. Algún despistado del público aplaude. Comienza a escucharse un viento ondulado, como entre montañas, silencioso. Dos tiempos de un pum como latido sincronizado como corazón. Toma de frente. Alzan la cara y sonríen. Pum pum, pum pum, pum pum – un pum que va siendo loco progresivamente – pum pum pum, pum pum pum pum, pum pum, pum pum pum, pum pum pum, pum pum pum, pum, pum, pum, pum pum, pum pum, pum pum. – El público lo asimila, sí, esa pirueta fue real, se vuelve loco, nadie, nunca, volverá a ver semejante hazaña de los cuerpos bailando cumbias. Ella, con todo y tacones, lo saltó, cuando él se paraba de manos. En el cenit de la locura de los pumes ya irreconocibles, inseparables, cuando todos absortos esperan un final decoroso viene esto y los enmudece. Para irse al carajo. No hay más por hacer, nock out, primer lugar asegurado y el resto puede irse a la mierda. Lo saltó mientras el estaba parado de manos. El presentador se ha quedado con el micrófono en la mano, sabe que tiene que hablar, no puede.


Todo comenzó exactamente – si hubiera en las historias comienzos exactos- la noche en que Ernesto corrió a su hermano y a su cuñada de la casa porque – me caga escuchar pugiditos de putas y mañana tengo que trabajar. Muy indignados y calientes salieron a la calle. Justo enfrente el motel Emporio con su anuncio:

Villas de lujo con jacuzi.

Villas de lujo con alberca

Villas de lujo


Para tanto lujo no les alcanzó y tampoco estaban tan calientes para caminar diez cuadras mas o menos hasta el otro hotel. – Te lo prometo, una noche nos vamos a quedar ahí- Así que hicieron lo más sensato a sus posibilidades, inscribirse al concurso de baile del canal cuatro. Veinte mil pesos por cabeza si ganaban, para la pareja que quedara en segundo lugar una bicicleta de montaña, a partir del tercero un abrazo y un silencio de perdedores. Habían llegado a la final nacional, habían batido a decenas de parejas de todo el de efe. Y esta noche, sus sueños de mundo se podían tocar.

Era triste, triste pero hermoso verles ahí en la pantalla del televisor. Sintiéndose los más afortunados, ojos chispeando de alegres, tuteando al conductor. – Sí Miguel, lo vamos a ahorrar, bueno, si es que ganamos. Jajajajaja - Mentirosa, se van a ir de vacaciones a Cancún y van a hospedarse en un hotel con jacuzi, van a comprar un televisor gigante y el refrigerador que tanta falta hace cambiar.


Un performance posmoderno de haber ocurrido en una galería de arte. Ocurrió en los estudios televisa chapultepec y fue una gran farsa. – Y bueno, ha llegado el momento que hemos estado esperando con tantas ansias. En este sobre tengo los nombres de las parejas que quedaron en los dos primeros lugares, voy a leer los nombres de quienes quedaron en segundo lugar y se van a llevar a casa una lujosa bicicleta de montaña adecuada para todo terreno. Redobles de tambores. Expectantes en la casa de Verónica, la madre se persigna, el papá se congela con el taco a centímetros de la boca abierta.- Y el segundo lugar va para… ¡Verónica Contreras y Ramiro Gutiérrez! del distrito federal. No caminan. Ni se inmutan. No lo han escuchado, esto es un sueño, no escucharon esos nombres, sus nombres. – Una pinche bicicleta, que mamadas- Ernesto enciende otro Raleigh.


“Esto es un sueño y no vamos por avenida Tlalpan en bicicleta en la madrugada para llegar a un hotel que podamos pagar”

Sunday, July 19, 2009 

¿Quién te hará el amor?


Habrá quien te bese

quien te masturbe,

quien mame tus pezones

tu sexo aromado.


Habrá quien te penetre.

y te haga gemir como una diosa,

habrá quien reptando te diga:

“te amo”


―no me importa―


con cuantos quieras

abre tu corazón

como tus piernas


―no me importa―


es tu cuerpo y tu vida,

puedes acostarte con idiotas o suicidas


―no me importa―


pero cierto sabes,

quisieras ignorarlo

que sólo yo

puedo

hacerle el amor a tu alma

y dejarte temblando

durante algunos años.



Andrófona


Un día reconocerás tu patria

verás que no fue inútil aunque tarde


Dormida deletrearas mi nombre

j o r g e j o r g e j o r g e

y cuando acaricies tu vientre

cerrando los ojos

extrañaras inexorablemente, mi semen


Te encanta engañarte

creas artificios de palabras

para ocultarte, para vencerme


Disfrutas verme derrotado

Tú Luna y yo Sol para eclipsarme

Cada fruto nuestro

Trataras de arrancarlo

Madre de la muerte



Jorge Contreras

lo que no fuimos, somos. Somos lo que no seremos


jorgiastico@hotmail.com....

Wednesday, July 08, 2009 

"MUJER HEROICA"

JUAN BEAT


http://homepage.mac.com/juanbeat/iblog/


El “Chat” más profundo que he tenido ha sido con Morcillo; mientras medio escuchaba que el Barca jugaba contra un penoso equipo llamado Rangers de Escocia, Morcillo escribió
---ya no estoy para andar de noviecito, ya estoy viejo… dónde quedaron esas mujeres heroicas. Solo hay los extremos, o muy “locas” o muy ñoñas, de esas que piden que seas un caballero y detallitos pendejos…-----. Si, vaya que tiene razón, en estos tiempos solo me he topado con las histéricas, agresivas, ebrias, intolerantes que me resultan muy desagradables, o el otro lado, las cursis, que piden atención y me dicen “te quiero”; qué demonios es eso. Ya no se que significa querer a una mujer, solo se que me gustan sus tetas, que me gusta calentarlas por msn o que me gusta beber con ellas, pero “quererlas... bueno querer a “una”, creo ya me es imposible. Esa “mujer heroica” de la que Morcillo hacía referencia, es quizá lo que algunos buscamos, no una mujer “ideal” de culo redondo y voz sexy, si no aquella que “no pregunte” y entre a la cantina que sea junto a ti, sin miedos, sin prejuicios, sin esperar un retrete reluciente y finas personas alrededor; o simplemente que caiga al lado tuyo después de una enfurecida madrugada recorriendo cervecerías y moteles con relucientes y brillantes anuncios.

Puedo presumir de haber tenido una mujer heroica, nunca un reclamo, ni si quiera una mala cara, con su andar pausado, sin prisa, despertándome con mensajes al
móvil para saber si tenía cruda, dejándome pasar muchas madrugadas en su pequeña habitación, incluso importándole mis más malos poemas. Nunca me dijo ---te amo Juan----, pero no era necesario (además no me amaba), me quería lo suficiente como para “acuchillarme”, y no lo hizo, solo se fue. Y se que ya no habrá otra mujer heroica, no quiero una que se beba dos botellas de tequila, tampoco una feminista ávida de “conocerme”, tampoco una que se folle a sus amigos, no quiero una noviecita, por eso estoy encerrado, embrutecido frente al monitor jugando fifa 2008; no quiero perder mi tiempo y robarles lo mucho o poco que les quede a “ellas”.

....

juanbeat@mac.com


Monday, July 06, 2009 

De Reversa mami.

http://tutoerrado.blogspot.com/....


Ahí estaba yo cediendo ante el sistema, llevando mis documentos “en regla” para darme de alta en Hacienda, que aunque pareciera mentira, le temía más que a los policías, banqueros y políticos.

Fila enorme, aun con previa cita telefónica, registro en Internet. Me dan un papelito con un número, paso a otra fila para sentarme a esperar mi turno, mierda. En esas estaba cediendo ante el enemigo Carstens (que según una amiga, el tipo es obeso porque se come los salarios de los obreros…es coherente), viendo a la gente que estaba a mis costillas: revisando una y otra ves meticulosamente los documentos que previamente les pidieron, que ya se encuentran apuntados y checados en una lista, y que ya han sido casi casi oscultados en la entrada.

Ahí estaba yo desvelado y aun un poco dopado por el toquecito mañanero, despeinado, escuchándome una cinta del Coltrane en los walkman del Pirruris, pensando que será de mi en esta nueva empresa, trajecito de por medio y horas nalga frente a una rudimentaria PC cuando la vi. Bueno, más bien se lo vi; figura esbelta y de gran estatura (bueno, frente a mi porte de medida “sotaco” todos eran altos), dejaba asomar unas lonjas discretonas que se le desparramaban de su ajustado pantalón negro de vestir con rayitas blancas. Estaba en cuclillas recogiendo sus papeles que se le habían caído, nadie la ayudaba, puesto que el espectáculo presenciado era de lo más lascivo: con respeto, la tanga rosa pastel más caliente que he visto en mi vida, diminuta, satinada y con onda que resaltaba ese moderado, discreto y elegante culo.

Mi esplendor perdió cabida, al igual que mi turno por distraído, al corroborar que no sólo la retaguardia era digna de mención sino también el porte; aunque menos ya que no tenía demasiado pero la cara linda y tierna no hacían sino remitirme a canciones ridículas en español de los ochentas. ¡Puf!, esos tacones, esa blusita que sólo algunos sabíamos que hacía juego con sus calzones, ese cabello que seguramente le estaría oliendo a algún perfume innovador y orgánico. Ahí estaba yo frente al enemigo Carstens, cediendo frente al status de las cosas, entrando a un trabajillo de mierda por ganar unos pesos, con mi timidez y achicamiento frente a las cosas y las personas. Omito el pequeñísimo detalle de que se me olvidó la fascista CURP y que no le hablé a la hermosura.

Una vez ensartado formalmente para pagar impuestos por fin entré a la mentada casa productora-Agencia, lugar donde mi función sería corregir los horrores ortográficos y sintácticos de los demás, buscar sus “ideas creativas” en la red y decirles que sí a todo lo que me dijeran con cara de que acababan de descubrir algo nuevo, entre un par de cosas más.

Deberé omitir aquí la ocasión en que de pequeño un amigo, clavado con la idea del destino y predisposición de las cosas, el orden del universo, los Almada y varios más, me vendió que realmente las situaciones ya estaban dadas. Me acordé mucho de él porque siempre me advertía que yo estaba predispuesto a ir para atrás en lugar de lo contrario, nunca le entendí hasta que entré a este trabajo pitero. Entonces, pese a toda obviedad, parquedad o novela de Televisa, la volví a ver. Sí, entró a trabajar a la misma empresa que yo.

Ahondando en mis especulaciones de principio de semana laboral, idealizaba lo buen pedo que sería la chica en cuestión, lo rico que sería cogérmela en el cuartito alfombrado donde el mensajero guarda sus cosas, con la tanga puesta, derretida ante mi, cayendo en un abismo de pasión hasta que por fín su novio nos cachara, me partiera la madre y me corrieran. Otros días sólo pensaba en que de seguro era años de culta y mamona, que seguro se iba de “reven” de jueves a sábado a meterse un poco de coquita, echarse unos “drinks” en polantro y coger igual de loca pero con varios tíos igual de trendys que ella. Pero ahí era donde me atoraba: de que le fascinaba follara (como potro dice aquel rap) era casi un hecho.

No sabía bien a bien cuál era su función en la casa-agencia, seguramente una “creativa”, o sencillamente un prejuicio machista de ardillés laboral hecho belleza. En esas estaba yo, cediendo ante mi descenso a lo más profundo cuando nos topamos en la máquina de café. Trataré de no omitir lo revelador que resultó la lacónica conversación que tuve con ..la Sandra.

- ¡Hola!....

- Ay ¡hola!, ¿tu trabajas también aquí manito? No te había visto

- Yo sí, todas las mañanas entras en aquella oficina

- A sí, trabajo con Ernesto

- Orale, eres productora o creativa

- Ay no man..to, ya quisiera, nomás ahí yo le ayudo a contestar teléfonos

- Orale y ¿qué tal, acabas de entrar no?

- Si. Está re aburrido, yo le digo que ponga música o algo, algo así…alegre ¿o no?... ¡digo! Ya de perdis porque hijole. Aquí todos andan así…como momias la mera verdad

- (la mera verdad) jejejeje

- Mira ya salió el cafecito, bueno manito me dio mucho gusto conocerte, ay luego nos vemos

- Sale cuídate, oye ¿cómo te llamas?

- Me llamo Sandra manito.


Sandra. Uno no sabe para quién trabaja. Todo mi libido se había ido a la mierda. De cerca ni tenía onda y ahora hasta la tanga me parecía vulgar, en fin.

Algo parecido a mi desilusión con Sandra comenzó a pasar en mi vida: el trabajo me comenzó a agobiar más de lo normal, no pasó ni un solo mes cuando quería votar todo a la chingada, pero no lo podía dejar porque el departamento me resultaba irónicamente “liberador”, me cagaban los sermones de amigos y familiares, personas exitosas todas ellas y ellos, y bueno, regresar a casa jamás. Mi computadora en casa (una rudimentaria PC más antaña que la del trabajo) se averió, y el dinero que aun no cobraba ya estaba empeñado en mil cosas más, de esas de “primer orden”. Como quisiera ser vieja y estar bien mamacita, seguramente no tendría estos pedos. Seguramente los tenía por eso: por ser un pinche lugar común.

Así aguanté los famosos reglamentarios tres meses, aguantando historias de chicos bien que terminan mal (puta goé , acabamos hasta el pito, yo así ya sabes, onda cinco de la mañana…), comerciales buenísimos (entonces que este cuate abra la caja y salga el chocolate hablándole, luego zoom a…) y cosas como casa con “K” y discusiones inútiles sobre el lenguaje, abordado por sagaces publicistas hechos en la práctica.

Como es más que obvio terminé el día de quincena (que para mi suerte cayó en viernes) en un como bar de por mi kasa. “Los vodkatoniks kon la zonora matansera de fondo están vien sabrosos” hablaba y me sentía bien ante las decenas de desconocidos, en su mayoría dones con chamarra de piel y zapatito de charol. Acabé hasta el pito goé, metiéndome unas piedritas y contándoles a los de la barra que yo antes quería ser cineasta y hacer un corto. Ma-la-no-che-no. Igual de operado andaba.

El sábado temprano, me hablaron de la empresa, era Ernesto, que dónde estaban los comerciales rendereados de los clientes y que el trabajo se cuida, y que así le has estado haciendo, y que tu actitud y que te vas a la mierda. Por la tarde me habló el Pirrurris para decirme que tenía una fiesta en el centro si le quería caer.

Fuera del ahora glamour wanna be impostado del centro histórico, por la calle de Cuba, casi llegando al eje, ya cerca del “otro” glamour, está la casa del pirrurris, vive en una vecindad, pero le cae cada güerito barbón y cada preciosura a bailar salsa que bueno…como en ..La Perla.. pero sin cover y con doñas gordas y ñores a toda madre mezclados en un patio, hitter discreto y la morenisa dándole recio a las vueltas.

Cuando llegué todos estaban en pleno dancing, unos pedos y otros flamas pero ninguno sobrio. Todo el mundo se encontraba en armonía con el Bacacho y la cumbia aguda pikuda que es pura sabrosura. Así llegué y me puse a bailar, la gran bacanal en acción, Dionisio Morales pasa por el centro y chinguen a su madre los publicistas.

Como también había botanita y de antemano sabía que ya comería alimentos así de bien preparados en un rato, o hasta que mi hambre y mi dignidad llegaran al tope de reversa, decidí entrarle con singular copiosidad al pozolito y las tostadas de tinga y de pata. Granito, cebolla, artesanía comestible más alcohol crearon la analogía perfecta entre el intelecto y el estomago.

Ya entrado en el baño comunitario, ahí estaba yo cediendo ante el enemigo del vicio, sufriendo los estragos del alcohol sin desperdicio. Iba en un Topáz a ..180 km... por hora pero en reversa, curveando, los ojos se me salían y el escusado cada vez se alejaba más. En eso, se interpuso en el camino ..La Sandra.., metiéndose en el baño porque la habían cachado metiéndose unas piedrolas. Al superar su espanto al verme, me dijo que la ayudara…y le obedecí.

Atrancamos la puerta del sanitario picoso con nuestros cuerpos, yo la quería ayudar a volarse por el traga luz, pero el desequilibrio se hizo presente justo entre su entrepierna y mi rostro.

Esa noche fueron largos tragos a la oscuridad, sabores y visiones se fusionaban, la música era una versión dub de la otra que dice “esto es pa..que lo bailes…de ahora en adelante”. Voz lenta y aguada, beats arrastrados y nuestros cuerpos sudados encontraban fundirse hasta parecer una sola cosa. En realidad amaba a Carolina y las dos historias del guión que revisé se entremezclaban. ¡Ahora todos!: “De reversa mami…de-re-verrrrr-sá”. Atrás y adelante, Carolina, y la amargura de un buen orgasmo cerraron la oscuridad que ..la Sandra.. había venido a destaparme. Sus piernas me apretaban las nalgas y me sacaban las lágrimas, sus nalgas heladas encontraron escaparse fuera de la fiesta, conmigo en sus manos, cediendo ante el enemigo.

Ricardo PinedaAguilar

Saturday, July 04, 2009 

Tales of the last boy scout: Esto no es gótico.


Carlos Camaleón


duendekamaleon@yahoo.com


http://www.myspace.com/carloscamaleon


Tanta soledad. Ocho balas en medio de los ojos. El demonio seguia vivo. Fausto Vega irrumpio el ojo derecho de la bestia y con el globo ocular en el cuchillo, mordió para comerselo. Era casi como comer una cebollita de cambrai. El demonio seguía latiendo. Sus labios secos y suplicantes. Fausto atinó a patearlo por horas, luego se aburrió y entró a Internet a ver fotos de famosas mexicanas desnudas. Se masturbó varias veces. Eran las 3:36 am y seguía aburrido. El demonio seguía vivo. No sabía como matarlo. El cabrón estaba desfigurado, desangrado, vamos, sus sesos habían explotado, pero seguía ahí, como un zombi, medio hablando, porque ya no tenia lengua para vociferar las palabras magicas que lo enviarían al infierno. Upskirts de sherlyn en la pantalla. Ya estaba cansado. Fue demasiada venganza. El puto demonio no se esperaba el hechizo que lo convirtió en un animal sin poderes misticos. El diagrama mistico perdido de Newton había funcionado. No podía haber caído en manos tan guarras. Fausto escupió a la indefensa criatura. Volvió a la maquina para ver los vidcaps de Thalia, el monstruo con los cuernos trozados aun no comprendía. Porque el humano alquimista no cumplió su parte del trato?. Fausto tampoco entendía, era obvio que alguien tenía que perder, y ya habían perdido demasiadas veces los humanos.
Salió a la calle. Estaba un poco crudo. Le había pedido al diablo solo un deseo. Podría pedir todos los deseos que su mente imaginara, todos. Y se cumplirían. Para no volverse loco, dejó el mundo hecho mierda, como estaba. Pero pidió mucho de beber. No se quiso quitar la cicatriz de la cara, ni la nariz chueca, ni el olor de patas. Bueno, lo del olor de patas lo reconsideraría. Pero estaba contento con lo que era. Deseó un auto, apareció uno del año, subió y lo encendió. Había terremotos y huracanes en el radio, seguramente le querían dar en la madre los otros demonios. Cagado, tendría que cuidarse y eso estaba bien. Agarró su cabello en una coleta, estaba un poco largo. Pidió una tacha, que en su mano apareció. Miró a un par de chicas con ropa ochenterona, se detuvo y preguntó si eran de por ahí. Eran de Chile. Una guera chaparrita y delgada, nariz fea. La otra trigueña, muy buen cuerpo, ambas con ojos claros.



Tales of the last boy scout: Esta Mierda.


Carlos Camaleón


Adan Martínez miraba el mar, ella solo sonreìa sin que la viera. Estaba acostada en la hamaca. Desnuda, morena, sudando poquito. La sal de sus cuerpos estaba untada por la resbaladiza cordillera de sus formas. Adan prendiò un cigarro. No podìa dormir. Antes no creía en Dios. Hasta que escuchó su voz saliendo de una bola de fuego.

cabrón- decía Dios- has sido elegido de entre 1757 almas que han amado verdaderamente. Eso lo se yo, que lo se todo. Tu tomarás una decisión en este pinche momento. Te propongo dos cosas. Uno: se que amas a tu vieja, lo sé yo que lo se todo. Así que te pediré que la dejes. Dejala wey y el mundo cambia cabrón. Se compone todo. Adios pobreza, adios hambre, adios enfermedad, guerras, injusticia, todo pinche Adan. El mundo será un puto paraíso cabrón. Pero deja a tu vieja. Dos: si no dejas a tu chica, el mundo sigue como esta. No te pido que la mates o que me la sacrifiques. Nada más dejala. Qué dices.

No pues que puedo decir señor… no me lo pienso.

Piensalo bien Adan, no la cagues. Recordarás este dia después.

No la dejo

Seguro?

Simón. No dejo a mi chica

Va, no puedes echarte para atrás

La bola de fuego se esfumó. Adan se quedo ahí, inmóvil. Luego vino ella. Hace tan solo 14 minutos había hablado con Dios, y Adán Martínez sólo pensaba en ella. La tomó de la cintura, dio un largo beso. La playa seguía ahí. El sol, la vida, el mundo. Ellos seguían alquilando palapas y preparando comida y haciendo ropa para vivir. Adan destapo una cerveza. Le pasó el cigarro a ella. Dio un trago largo. Algun día se lo diría, pero no hoy. La desnudó. El sudor untado seguía ahí. De otro trago se acabó la cerveza media y se montó sobre ella, frágil, domestica criatura, usando sus filosos dientes para sonreir. Esas perlas mordieron el cuello de Adan, como abriendo frente a la lengua aspera que sorbía el sudor nacido de sentir el fuego de dios y el sol de la playa. Cogerían, cogerían como en una puta película de amor, con bosaa nova o baladas de los setenta y mirada enamorada, sentirían celos de cualquier intruso en el territorio. Nunca serían viejos, ni gordos, ni asquerosos, sus pedos olerían a rosas en aquel amor. El resto del mundo sería sordo a su existencia. Esa es la explicación a porque vivimos en esta mierda.


Thursday, July 02, 2009 

En ..La Merced.. con Sta. Marta....

Renato Bocchio Linares

http://subjetivosubjetivo.blogspot.com/

Quien podría pensar que las cosas se darían de este modo…. mmmm uno que sale a la universidad con las mejores ganas prestando mucho oído a todo lo nuevo, opiniones discusiones, cafés después de las clases, música, the doors, LSD, Lewis Carroll… a veces también en carros. Experimentar. Al final que es lo que te detiene… pues nada, y piensas siempre: ¿pues sino lo hago ahora cuando?, y ahí viene el primero, ya ni recuerdas exactamente como fue, en fiesta drogado y con muchas risas, pero, ¿normal no? Ósea un beso, ya que mas da y no se siente mal. Recuerdas que te gustaba como se vestía tu mama, recuerdas que te quedabas ahí pegadote viendo como ella se estaba viendo, los dos frente al espejo, y sombras y rimel y pestañas (porque estaban de moda las pestañas) Que tal viaje no, un súper flashback de tu primer beso gay y drogado a recordar tus mañoserías de nene. Así pasa cuando eres muy mimado.


Ahora en la mesa a tus 43 y recién con niños de 9, es que la vida es para vivirla tu solito y sin nadie mas. Claro que nunca te alejaste del todo de esas mañas, de esos harapos y las faldas. Y si te casaste fue por que te gusto como se vestía, si hasta te excitas mas de solo verla, a veces con un boxer, con tu boxer y tu muy discreto te pones su lencería, como quien esta jugando nada más.


En la mesa con tus niños de 9 tu mujer de 33 y sus padres de 56 un poquito mas viejos que tu, fácil y el viejo era de las buenas promociones del colegio, colegio para solo hombres bien machito, y pues si, el viejo resulto bien machito, aunque siempre tenga que escudarse en su vieja mujer y en sus hijas. Tu no te escudas nunca tu siempre sacas la cara, tu eres lo suficientemente machito para fumarte un porro aunque estés en pantimedias eso si que es machito. Pero los viejos padres no comprenderán jamás, así que mejor calladito nomás y a disfrutar de la malaya solo es una cena de las miles que ya tuviste con ellos, de las que tuviste en su propia casa cuando le metías mano por debajo del mantel, cuando le metías mano a su linda y virginal hijita que siempre cuando follaba te decía de perrito de perrito; así es la vida.


El comentario que no querías escuchar, tu amigo el que murió la semana pasada ahora esta como plato de fondo en esta cena familiar, y como le dan, todos pican por aquí y por allá, no van a dejar ni huesos. Javier o Javiera murió queriendo estar más vivo que los presentes en la mesa (con excepción de los niños), murió de lentejuelas, falda corta, sin blusa, con unas tetotas de silicona; en el cruce de ..La Merced.. con Sta. Marta. Salvaje ¡salvaje! la molieron a palazos, ni siquiera pudieron gastar una bala los malditos, porque según la necropsia los 23 balazos se los metieron como a los dos días de muerta. ¿Pero que puta tiene el mundo? En que carajos esta pensando cuando deja hacer estas cosas… mira que si Javier no trabajase… y ni por estas por que así sea un vago que acaso no hay 700 000 que están igual solo que sin las tetotas. Tercer mundo, tercer mundo, y si que trabajaba: Mercaderes 402 oficina 306-A, si que trabajaba. Su esposa también sabía vestirse; teníamos el sueño de algún día (o noche) poder verlas a las dos juntitas, ya no se va a poder.


Que más da, un maricón menos / y quien iba pensarlo de Javier / hay hijita con esos nunca se sabe / y como quedaran los hijos /


Ya me da igual. Ni me pone nervioso el que siquiera se enteren de que cosa son aquellos viajes de negocios. Es que no tienen ni la más puta idea; pero por suerte ya estamos en el sobremesa, media hora más de historias viejas sobre El Hipódromo de Porongoche y ya. Acostar a los nenes que si no mañana no se levantan para la escuela, un polvito que todavía jalo y estoy de ganas y mañana fin, a pasear por Umacollo que ya me pasaron la voz: “ahí no jode nadie”.

Tuesday, June 30, 2009 
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yo-hoko....

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Por: Yahir Alonso Ortiz....

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esa pared de vidrio era transparente mas la revista “olvidada” entre los diarios nos daría tiempo suficiente. ya en uno de los cuartos estuvimos un par de horas  “levantando sábanas”.  disminuidos y aborregados por “el caldo de pasión” salimos charlando, como nos viera la recepcionista reaccionó de manera vitolesca: ....

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-qué hacen?....

-sólo pasábamos… estabas ocupada… no quisimos molestarte....

-peppero vienen de uno de los cuartos?....

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las muecas que nos lanzamos fueron suficientes ....

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-esperen, más vale que no se vallan,....

dijo mientras comenzó a gritar: yo-hoko! yo-hoko! ....

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-con un pinche tonito metálico, aborrecería más tarde Diana. yo-hoko, un akita más colmilludo que su dueña de tres saltos flanqueo nuestro escape....

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-vamos  arreglando esto...  al  sótano!....

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gritó Norma al tiempo que se quitaba el mandil y yo-hoko inundaba de ladridos la incipiente noche....

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-ésta va por su cuenta eh?....

respondimos y alejamos entre la estremeciente semipenumbra que las ramas  hacen cuando las luces están apagadas y las camas crujen.....

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Musicografía:....

Cubano Chant, Dear Oscar; Sabotage, Beastie Boys....

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De: reflexiones  misóginas*....

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23....

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en mi naturaleza estaba seguir siendo el tipo amable que ella conoció. fui a la barra para apresurar los croissant que  por fatuidad había pedido (discutió unos minutos con la mesera la pronunciación correcta y  ahora  misteriosamente no llegaban)....

          la imagino luz canela atrapada en los vapores o alguna otra vorágine tan deliciosa como ella emanando de su café noisette, mientras lee de memoria L..albatros de Baudelaire. Miro hacia nuestra mesa. busco la escena al tiempo que ella lanza  esa mirada traviesa a la parte baja del cabrón que pasa junto. ....

          me acerco, ¿era agradable ver el reflejo de mis dedos a través de sus polarizados al tratar de encender una candela?  ....

            volvieron los iridiscentes ojos hacia mí, a la vez que sus labios torcían el carmesí en un silábico: !te amo!....

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2....

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a partir de cierto momento un hombre "no violentará" a una mujer más allá de lo que "ella misma" se ha violentado....

Saturday, June 27, 2009 

3 de la madrugada. ....

Por: Héctor Viramontes....

.. ..

Es la segunda vez que en esta noche venimos acá, a esta maldita colonia del Fresno, una de las más horribles de la ciudad. Casas viejas con colores desgastados, grisáceos, de gente pobre, que lucen manchadas por la nata de smog que flota todo el día sobre ellas.....

La primera vez bastó un mensaje desde el teléfono celular para decirle al Portero que nos esperara afuera de su casa. La verdad nunca he sabido cómo se llama, es el portero de nuestro equipo de fútbol y viejo conocido de Radames, bastante malo por cierto, muchas de las goleadas que hemos recibido han sido por su culpa, seguro es porque le va a las chivas. Le daríamos los 100 pesos y nos iríamos a esnifar la porquería que vende, a alguna cantina o un bule de esos donde las que bailan son señoras con varias cesáreas encima, o bien, gatas gordas y prietas como un comal, que mueven sus suaves (eso sí) lonjas al compas de cualquier canción de Thalia o Paulina Rubio,....

Y a fin de cuentas eso fue lo que pasó. Primero la cantina y una vez que nos corrieron fuimos a la zona (allá por Medrano y ..la Sesenta.. y tantos [Sesenta y nueve probablemente]) donde nos metimos a un lugar llamado Kaliman y entre viejas encueradas y pornos en las pantallas gigantes, nos chingamos una botella de tequila “Jalisquito” (¿Jalisquillo?) que sabía horrible pero ponía chido; o más bien, casi ni ponía gracias al perico que le compramos al Portero en una rápida pasada. ....

Pero todo se acaba, menos las ganas de meterse más cochinada y seguir pisteando. Lo bueno es que la quincena aún no lo ha hecho, pero en cuanto llegue a mi casa, Euri se encargará de ello.....

Yo no sabía que el vato tiraba droga, le dije al Rada y él me comentó que todos los de el equipo sabían, ya que el cabrón se había hecho publicidad bien machín y a la primera oportunidad le gustaba presumir que según él era narco, pero en realidad vendía droga para sacar lana para pagar los pañales de su hijo. ....

Pero ahora el Porter no nos contestó y aquí estoy esperando como pendejo que el Rada haga el conecte. Todo nervioso y paranoico en estas calles mal alumbradas, semioscuras y con esa maldita luz amarilla del alumbrado público que ponen en todas las colonias jodidas, donde en cualquier momento te pueden asaltar.....

Algunos metros adelante del carro, hay unos cholitos fumando quién sabe que, que hiede como a acetona o a hule quemado y apenas alcanzo a ver cómo le dan unas jaladotas de un denso humo blanco a un bote de cerveza. Por el retrovisor veo que al fondo de la calle, las sombrías casa se iluminan con fugaces luces rojas y azules (los colores de las pinches chivas) y mi corazón comienza a bombear el atole que por mis venas corre en lugar de sangre. Ya nos cargó la chingada. Bueno, a mí, el Rada está adentro de la casa del Porter parando la cois. Lo bueno es que no traigo bronca encima, lo malo es que la traigo toda adentro y no creo poder disimular la placota que me cargo. Entonces cierro los vidrios polarizados del coche y trato de hundirme lo más que puedo en el asiento, pero una linterna ilumina el interior del carro. Era lógico que se pararan, no se ven muchos de estos carros por aquí, en un lugar tan jodido. Ya valí verga.....

Pero la luz de la linterna se vuelve hacia la esquina, donde los cholitos pegan carrera y la camioneta arranca a todo tras ellos. Desde la reja de la casa de enfrente, cruzando la calle, Radames me hace señas de que venga y me saca un pedote porque está ahí en silencio, hablándome con la mano como una pinche aparición. El rush de adrenalina no ha abandonado mi sistema y al bajar del carro mis piernas flaquean. Si todavía había algún efecto por la cocaína dentro de mí, con el susto no ha quedado nada, solo el ansia por conseguir un gramo más para acompañar la botella de Smirnoff que pendejamente dejé en el carro, porque el Portero nos invita a pasar a su casa. De perdida me hubiera traído el vaso con el desarmador que me estaba chingando. Su torso está desnudo y muestra orgulloso una prominente barriga, sus ojos pequeños y nariz chata, cabello negro ensortijado y la piel morena (Canto de pasión y arena) pinche música del bule aún no sale de mi cabeza, bueno, luce como todos los cabrones albañiles que le van a las chivas.....

Pinches cabrones —dice— Se la pasan pasando toda la noche. Pero no hay pedo ¿eda mi Rada? Ya los tengo apalabrados.....

No puedo distinguir bien dónde estamos, todo ésta muy oscuro. A pesar de que la última vez que miré mis ojos en el espejo para jalar un par de rayas con un billete de dos dólares que Radames utiliza exclusivamente para esos fines (super naco la neta), mis pupilas estaban tan dilatadas que el verde de mi iris había desaparecido por completo y me tripié pensando que mis ojos se habían vuelto negros porque se me había metido el diablo o algo así. Y ahora no sé cómo estén pero supongo que normales porque apenas alcanzo a reconocer los azulejos bicolores como tablero de ajedrez en el largo pasillo de esta especie de vecindad, y las casa son tan idénticas que parecen ser el reflejo de las de enfrente.....

No sé cuantas viviendas pasamos y nos metemos en la única que tiene las luces encendidas. Huele como a naranjas podridas. En el diminuto interior lo primero que se nota es una televisión de plasma de sepalachingadacuantas pulgadas, después un horrible poster, un poco más chico, del Bofo Bautista cuando jugaba para las chivas. Asco, que mal gusto, la neta, digo, entiendo perfectamente que no a todos les caiga bien el gran Cuatemoc Blanco, pero la verdad yo nunca podría un poster del Jorobado de Nuestra Señora de Tepito en la sala de mi casa, además que Euri no me lo permitiría jamás, pero una tele como esa no se vería nada mal en mi sala.....

Los muebles son de estilo clásico, los sillones acá, de terciopelo rojo con madera y se ve que le costaron una buena lana a este cabrón (a pesar de que son horribles) y de verdad me pregunto cómo le hizo para meter todas esas cosas aquí, en esta miserable pocilga de estilo Art Narcó (o Art Nacó, mejor dicho), jajajaja, ahora sí, literalmente, me cae.....

Jajajaja, lo que pasa es que viene banda bien placa, que se ponen a quemar acá afuerita toda la noche y pues nomás andan calentando la zona— dice el Portero.....

Pero tu aquí eres el mero chingón ¿Qué no? Ya llevas rato tirando y nunca te han hecho nada— dice el Rada....

Pos si no creas, me cuesta mucho mantener a estos cabrones a raya.....

Y yo lo que quiero es meterme unas rayas. Hay que hacer la compra y largarnos a la chingada. ¡Que péndejo! Además de no haber bajado mi desarmador, no sé si le puse seguro a la puerta del carro y ojalá que no se lo vayan a robar. De haber sabido que estos cabrones se iban a poner a cotorrear.....

Miro de un lado a otro la minúscula sala-comedor-estudio-cocina-casa y al toparme la pelona jeta del Bofo me dan ganas de soltarle un putazo a alguien. No dejo de morderme los labios y marcar con el pié el ritmo de una inaudible canción de Speed Metal. Mi boca está seca.....

—Eh guey ¿no quieres una cerveza? — Me pregunta el Porter y es obvia la respuesta, así que se va al fondo de la casa (es un decir) y saca un par de Soles en botella no retornable.....

Apuro el trago y esta vez no intento hacer el chiste mil veces contado de ponerme a bailar como el marica de John Travolta en Pulp Fiction para después decir “Twist to open”. Y el amargo sabor de la cerveza más culera del país baja los últimos residuos de esa alcalina masa de mocos que se atora en donde la garganta se une con la nariz cuando estas periqueando.....

Otro trago más para ver si el alcohol apendeja la estúpida adrenalina que hace que mi corazón no deje de latir. Ya cabrón, ya estás seguro aquí, ya no va a pasar nada y la patrulla hace tiempo que se fue, relájate. Me digo. Ni quien se acuerde de la pinche patrulla ahorita, lo que yo quiero es conseguir la coca y largarnos a la verga de aquí. Me contesto.....

Pero a estos cabrones no se les ve nada de prisa, nomás les falta ponerse a ver la supertelevisión me cae.....

—A ver, aguántenme— Dice el Portero checando su celular que cuelga con un clip de su short del Barcelona F.C. Para tener una tele muy chingona, su cel está bastante pinche. Sale al pasillo y se escucha que se abre un cancel. Junto al Portero entra un morro de unos 19 años, se ve fresita, con cara atractiva y un tanto femenino. Lleva unos tenis Puma de gamuza roja, pantalón de pana café que se arrastra al caminar, playera con la lengua jugosa de los Rolling Stones y una boina también de pana que usa al revés sobre una cabellera que le llega a los hombros. Su cara es bonita, su nariz estilizada, me le quedo mirando fijamente y soy consciente que lo observo y pienso si no se me estará saliendo lo joto, porque siento un leve cosquilleó en el vientre, cuando después de haber pasado horas viendo viejas encueradas bailando y sentándoseme en las piernas para que les invitara un trago (que no lo hice), mi verga no pareció dar señales de vida ni una sola vez. Paro naaaa, todo desaparece cuando el bato se da cuenta que lo miro y me saluda como compas erizos parando droga en la madrugada.....

El guey se despide y el Portero lo acompaña a la salida. En la forma de matar la bacha se conoce al buen atizador.....

—Guey. Ya compra la chingadera y larguémonos de aquí a la verga— Digo.....

—Pues yo ya no tengo lana cabrón. Tú eres el que andaba de caliente por venir, y ahora si que tú dirás cuanto compramos. Tu boca es la medida— Dice Rada y me caga que hable así porque me suena a que hay albur en sus palabras.....

Busco en la cartera y solo encuentro un billete de 100 pesos. Lo bueno es que el chivo (guacala) de Euri lo clavé en los calcetines. Lo malo es que ya no va a quedar para comprar los jugos y hielos para chingarnos la botella, total, voy a agarrar unos 100 baros, no creo que haya tanto pedo. Me la pienso para darle el billete.....

Cuando el Portero regresa, por fin pregunta que cuánto vamos a querer y le doy el ciego. Pero todavía se queda cotorreando un buen rato antes de meterse al único cuarto por la mercancía.....

—Guey, ¿no quieres venir con nosotros? —Pregunta el Rada —Ahí traemos una botella de Vodka esperando que le partamos la madre.....

No guey, gracias. No puedo, hoy es el día bueno y apenas va llegando la banda desvelada.....

Del cuarto sale un bebé de algunos 3 años de edad. Tal vez la misma edad que mi hija Ariel. Se ve mugroso, con las piernitas chorreadas y cenizas, una abultada panza lombricienta y dos ríos de mocos secos que le escurren de la nariz hasta el cuello, lleva un hinchado pañal que apesta a miados, su piel era pálida, como si estuviera enfermo o se fuera a morir.....

Al niño no parece extrañarle nuestra presencia y se me queda mirando con sus ojos adormilados y lagañosos y el Portero sale de su cuarto con un par de papeletas en la mano. Rada toma una y yo la otra, el Portero agarra al niño de la mano para regresarlo a dormir a la cama que seguramente comparte con él y su esposa, y le pregunto si puedo meterme unos jalones en su casa antes de irnos.....