Lokua Kanza Una sorpresa que llegó del Congo
Desconocido para el público sudamericano, el músico encantó a Punta del Este
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Por Pablo Sirvén
De la Redacción de LA NACION
PUNTA DEL ESTE.- Fue una noche intensa y distinta en esta temporada de "vacas flacas" en materia de espectáculos internacionales en el balneario top uruguayo. Por si la crisis golpeaba más fuerte, la mayoría de las pocas salas tradicionales de esta ciudad se conformaron con la presentación de artistas uruguayos, argentinos y acaso alguno que otro brasileño.
Por eso, la presencia de Lokua Kanza, un congoleño casi ignoto por estas latitudes en el escenario al aire libre de Medio & Medio asombró más que de costumbre por lo audaz de la iniciativa. Evidentemente el restorán y club de jazz de Portezuelo tiene un armado tan sólido de sus habituales propuestas veraniegas que cuando se conoció la programación de su festival en curso, que comenzó en diciembre y que proseguirá hasta fin de febrero, que Lokua no fuese conocido de casi nadie no fue obstáculo para que noches atrás el anfiteatro de Medio & Medio desbordara de público expectante por conocer la inusual confluencia de nacionalidades y melodías que prometía el músico recién llegado.
Con Barack Obama recién asumido como presidente de la principal superpotencia del planeta, tal vez la renovada atracción por lo "afro" agregó otro oportuno imán hacia Kanza como disparador en la venta de entradas.
Lo cierto es que aparte de ser de color, el mencionado músico es una suerte de Naciones Unidas andando, no sólo por haber nacido hace 48 años en lo que hoy es la República Democrática del Congo, sino por proceder de madre ruandesa (que le canturreaba durante su infancia melodías con influencias indias y árabes) y padre zaireño (que le legó todo tipo de percusiones). Estudió y vivió en París (donde fue cantante y guitarrista de Ray Lema; también de Peter Gabriel) y acaba de instalarse por tres años en Río de Janeiro.
A pesar de dominar unas pocas palabras en español, Lokua resultó un excepcional y simpatiquísimo comunicador, mechando inglés, francés y mucha gestualidad para conectarse con el público que le brindó un entusiasta voto de confianza y se plegó como divertido coro, más allá del trabajo profesional en la materia de Mariana Baraj (que al comienzo hizo sola una sentida y enérgica interpretación de temas autóctonos recopilados por Leda Valladares) y
Dorita Chávez (que suele acompañar a Diego Torres en sus recitales ).
Transcurridas dos o tres canciones de la docena larga que presentó (más los bises que impusieron los persistentes aplausos), quedaba claro que el tal Lokua Kanza había resultado uno de los mayores referentes de la música africana y lo demostró con creces durante su única presentación en Uruguay.
El lingala y el swahili, las lenguas de su madre y su padre, respectivamente, resonaron contra las copas de los árboles y el cielo estrellado con sugestiva suavidad y extraño magnetismo en su voz metálica en temas sencillos y pegadizos, tamizados por reminiscencias pop y de otros géneros, fluctuando entre lo melódico y lo festivo.
Toda una rareza que contribuyó a hacer más mágica la noche de Punta Ballena.