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Magda



Last Updated: 6/19/2009

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Signup Date: 5/8/2008

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Sunday, February 15, 2009 
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Imposible no recordarte hoy, si cada
dia necesito oir tu voz.

Imposible no pensar en qué un
dia como hoy nació alguien con espiritu de artista, alma de
soñador, de triste mirada perdida y ojos profundos.

Imposible no decir que dejaste huella.
Marcaste un camino con acordes aún no inventados, lleno de
tristezas, alegrias y guitarras meláncolicas.

Imposible olvidarte. Tus labios
reposando en micrófonos apagados, tus ojos entrecerrados, tus
brazos abiertos entregándolo todo, tu sonrisa escondida.

Imposible que no sepas cómo
sigues brillando, si cada dia alguien, aunque sólo sea por
unos segundos recuerda quién fuiste.

Imposible no recordarte hoy, Enrique.



Monday, January 26, 2009 
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Dicen que la música amansa
a las fieras, en este caso, fue la música de Los Secretos la
que amainó de una forma casi milagrosa el vendaval que azotó
el sábado en Palma.



Y es que donde van triunfan, esta
vez la “amiga mala suerte” se quedó a un lado y se portó
bien.



Es cierto que hacia viento, no
tanto como lo habia estado haciendo durante el dia, pero corria una
brisa por asi decirlo, podia adivinarse en el pelo de Ramón, y
en los focos que en algún momento se zarandeaban. A pesar de
eso, ahi estabamos esperando ansiosos a que el locutor de cadena
cien, pronunciase la palabra mágica: ¡Aqui están
Los Secretos! Y la gente aplaudiese con toda la fuerza que parecia
habernos quitado el viento.



Empezó el concierto un
tanto frio, la gente no se animó hasta pasadas tres o cuatro
canciones, puede ser que la culpa fuera también del viento “la
culpa es del viento...” decia Enrique Urquijo en una de sus
canciones, que hubiera venido a pelo recuperar esa noche.


Cantaron clásicos: “Pero
a tu lado”, “No me imagino”, “Buena chica”, “Quiero
beber...”, “Agárrate a mi Maria”, “Nada más”,
“Déjame”, “Sobre un vidrio mojado”, “Y no amanece”
entre otras.


Del “nuevo” repertorio sólo
recuperaron “Te he echado de menos hoy” y “Gracias por
elegirme”.



Tocaron hora y media, se hizo
corto y eché de menos algunas canciones. Después
entramos hacia los camerinos en su búsqueda, se agradece
enormemente que se queden un rato con nosotros, siempre con una
sonrisa, tan amables, tan dulces, tan auténticos, tan
Secretos.


-¿Tu me suenas? -me dijo
Jesús. -Tu sales en el dvd!!


-A ver esas manos, ¿están
frias? -dijo Álvaro- Tendió sus manos, cogió las
mias -Las mias siempre están calientes.


Con esto no puedo decir otra
cosa, más que Gracias por elegirnos, por seguir siempre a
nuestro lado.







Monday, November 17, 2008 
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Triste y lluvioso noviembre. Triste y maldito diecisiete. Triste y miserable noche, que rompiste sueños y nos robaste un alma. Nueve años, digo, nueve años. Ya pasaron nueve largos años de aquel dia que amaneció por última vez para Enrique y aún parece que fue ayer.

Aquí seguimos, aquí siguen, tus canciones siguen sonando noche tras noche. Suenan tristes, como siempre, pero suenan. Y recuerdan a que de alguna manera sigues aquí. Tu alma no desapareció aquel diecisiete, eso creia la noche que creyó arrebatarnos una vida, pero era mentira y eso ya lo sabias.

Friday, November 07, 2008 
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LA LLAMADA


Abrió la puerta de la celda con fuerza, casi arrancándola.

-¡Salga! -me ordenó un policia correctamente uniformado, alto y corpulento. Fijé por unos instantes mi vista en su pistola perfectamente enfundada en su cinto.

-¡Rápido! -dijo devolviéndome de nuevo a la realidad. Alargó un brazo y me sacó con fuerza de las rejas.

-No tenemos mucho tiempo. -dijo.

Al mismo instante oí el tintineo de unas llaves, noté como cogia mis dos muñecas y las unia a las esposas. Miré al suelo mientras terminaba de sujetarme, y pensé en contar el número de baldosas que habia hasta la habitación donde iban a dejarme durante unos minutos.

-¡Acompáñeme! -me ordenó de nuevo.

Sin quitar la vista del suelo, aquel hombre me arrastró por aquel largo pasillo de celdas. Empecé a contar las baldosas, en ese instanté intenté recordar el número exacto de baldosas que habia en mi casa. Una vez las conté, pero no recuerdo cuántas habia -pensaba.- Entonces me desconté. Cruzamos muy deprisa el pasadizo hasta llegar a una sala de no más de diez metros cuadrados.

Me empujó a su interior y cerró la puerta. Sacó de nuevo las llaves del bolsillo derecho de su pantalón y me quitó las esposas. Me quedé de pie, esperando una nueva orden.

-Puede sentarse.

Una mesa y una silla eran los únicos enseres de la habitación. Encima de la mesa pude observar un teléfono color rojo, un bloc de notas y un boligrafo que reposaba encima de él.

-Puede realizar una sola llamada.

-¿Dejará que me lleve unas hojas de ese bloc?

El policia me miró muy serio.

-No -contestó.

-He dicho que puede realizar una llamada. Tiene tres minutos.

Puse la mano sobre el teléfono y lo descolgué lentamente. Me encantó el color rojo del aparato. Recordé que habia visto uno igual en algún otro lado. Rojo, el color de la pasión, el color de la sangre.

Marqué las nueve cifras del número, el único que recordaba. No tenia ninguna agenda, pero seguia recordando ese teléfono que habia marcado tantas veces durante los últimos años.

Miré al policia que me esperaba sentado en un rincón con impaciencia, moviendo nerviosamente las llaves que abrian y cerraban mis esposas. Mientras, escuchaba atentamente el número de tonos que iban pasando hasta que alguien me contestó.

-¿Cariño? -dije al reconocer la voz de mi mujer.

En aquel instante ella enmudeció.

-¿Cielo? -repetí. -Soy yo.

-Hola -dijo ella con voz queda.

-¿Cómo estás?

Volvió el silencio.

-¿No te alegras de oirme? Tengo buenas noticias.

-¿Desde donde me llamas? -preguntó.

-Sigo en la cárcel, pero me temo que muy pronto estaré fuera.

-Hacia meses que no sabia de tí.

-Lo sé, el proceso ha sido dificil, pero la semana que viene tenemos el juicio que me dará la razón. Sabes que soy inocente, no estuve implicado en lo de la muerte de tu hermana. ¿Lo sabes verdad?

No volvió a contestarme.

-Ya verás como todo irá bien. -continué- Dentro de nada volverá todo a la normalidad.

-No deberias haberme llamado.

-Todo será igual, nena.

-Tengo que colgarte.

-Me quedan dos minutos aún. ¿Cómo están los niños?

-Bien.

-Deben echarme de menos ¿no?

-Lo siento, pero voy a colgarte, no llames más por favor.

-Soy inocente -dije- Cuando quise volver a hablar ya me habia colgado.

Colgué el teléfono con rabia y lo observé unos segundos. El policia se levantó y vino hacia mi.

-Ya ha terminado. Vámonos.

-No he terminado aún -dije mientras cogia de nuevo el teléfono.

-Ya lo creo. Sólo una llamada y lo sabe. -dijo mientras apartaba mi mano y colgaba él mismo el aparato.

-Me ha colgado, no le he dicho todo lo que iba a decirle.

-Tendrá que ser en otra ocasión. ¡Levántese! -dijo mientras ponia una mano en mi brazo.

-¡Deje de tocarme! -dije al instante que me levantaba.

Cogí el bloc de notas de la mesa y el boligrafo.

-Me lo llevo. -dije.

El policia me miró con cara de resignación.

-Haga lo que quiera.

Sacó las llaves otra vez. El tintineo volvió a resonar en mi cabeza. De nuevo las esposas, de nuevo de vuelta a la celda. Cabeza abajo iba contando: Una, dos, tres... volví a contar las baldosas.

Una vez dentro, recordé el teléfono rojo. ¿Dónde habia visto uno semejante a ese? Me senté en el suelo, en un rincón. Busqué un cigarrillo que habia escondido hacia dias bajo una de las patas de la cama. Lo encontré, encendí una cerilla y fumé pacientemente.

Puse sobre mis rodillas el bloc de notas y escribí:

“Soy inocente”

Al lado dibujé un teléfono y escribí el número que habia marcado con anterioridad en aquella apartada habitación.

Dejé el bloc y el bolígrafo en el suelo. Me levanté, andé dos pasos, conté tres baldosas, a la tercera me agaché y levanté la baldosa, abriendo asi mi escondite. Saqué una navaja pequeña y en una milésima de segundo me hice un corte.

Cerré despacio y anduve de nuevo hasta el cuaderno, lo cogí y pasé mi dedo sangrante sobre el dibujo del teléfono.

-Ahora si es un teléfono rojo -dije ladeando la sonrisa.



Monday, October 13, 2008 
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LAS VENTAS – 10 DE OCTUBRE 2008

21:30 Hrs.

Los Secretos. 30 Años de canciones.



Imaginaos la plaza de toros de Las Ventas llena de gente, y un grupo que lleva 30 años de canciones a sus espaldas en el escenario, con un largo camino, sin grandes pretensiones, sin grandes ventas de discos, sólo son ellos y sus instrumentos, sólo son ellos y sus letras cargadas de sentimentalismo. Letras escritas con el alma.


Los Secretos celebraron sus 30 años en el escenario en la plaza más importante de España, en una de las plazas más importantes del mundo.

Tal vez la tristeza de sus canciones es la culpable de los sentimientos que llegan a aflorar cuando se les escucha, tal vez sea el recuerdo de Enrique Urquijo el que a menudo nos pone más tristes al oirles, tal vez sea porque lo que hacen es verdadero y eso se percibe.


Empezaron unos minutos más tarde de lo previsto. Y la aparición por sorpresa del Gran Wyoming revolucionó la plaza. Con su particular humor presentó a Los Secretos como “unos artistas con dos cojones que llevan 30 años cortando el bacalao”

Entonces llegó el primer impacto, que llegó directo como una flecha y empezó con imagenes en una pantalla gigante en el centro del escenario, proyectando fotos del principio como grupo hasta la actualidad. Los acordes de la rickenbacker de Álvaro lo anunciaron con “Te he echado de menos”. No podian empezar mejor. Fotos de Enrique iban pasando mientras Álvaro le cantaba “te he echado de menos hoy igual q ayer...”

Siguieron tocando algunos temas imprescindibles como “pero a tu lado”, “no me imagino”o “la calle del olvido”

Continuaron con un octeto de cuerda tocando “No digas q no”, “Hoy no”, “Que solo estás” y la primera colaboración de la noche llegó con Miguel Rios y “Ojos de gata”

Mas invitados como “Joaquin Sabina”, “Fito”, “Amaral” o “Manolo Garcia” (que hizo una versión de “Volver a ser un niño” deliciosa) alargaron el concierto a tres horas, un doble concierto de Secretos, sin duda inolvidable.

Continuaron con los bises y terminaron con un “Déjame” a capella, que coreó toda la plaza. Por un instante miré hacia arriba, vi los palcos llenos, el ruedo lleno, alcé la vista al cielo y algunas nubes tapaban la luna, pensé que Enrique nos estaba viendo desde allí.

Enhorabuena por seguir ahi. Muchas gracias por la música.


Sunday, October 12, 2008 
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Octubre 2008.


Enrique:


¿Recuerdas aquelaño, cuando la ilusión corria por tus venas y la músicaempezó a formar parte de tu vida? Cuando empezaron lassensaciones y aquello que a menudo se llama inspiraciónbrotaba en forma de canciones que fueron tomando forma añotras año. Pues, ya han pasado treinta años. Y tambiénhan pasado casi nueve sin ti, cuando te fuiste aquella fria noche denoviembre.


Sabes que siempre teechamos de menos en todos los conciertos, aunque creo que el dia 10se te echará en falta de una forma especial. Es que, Enrique:30 años no se cumplen todos los dias. Van a estar en LasVentas, ¡EN LAS VENTAS! Seria estupendo que estuvieras, laplaza brillará de forma especial, sabemos que estarásahi de alguna manera. Aún no me hago a la idea de cuanta genteestará alli, pero la ciudad de Madrid no dormirá esedia. Porque se lo merecen... y te lo mereces...


30 años Enrique,sólo 30 años. Te fuiste demasiado pronto. Te echaremosde menos el 10, como siempre.


Saturday, August 09, 2008 

"La técnica, si no hay detrás
sentimiento, no sirve para nada"

Y de sentimiento sabia Enrique Urquijo un rato, un buen rato. Quedó demostrado con todas las piezas que nos regaló, con la cantidad de acordes que rasgó, con la cantidad de letras que escribió.

Enrique era puro sentimiento y eso se notaba cuando cantaba, cuando interpretaba, cuando hablaba, cuando sonreia timidamente, esa "sonrisa que tan timida escondes" que poco después le dedicó su hermano, también con ese sentimiento que de tanto saben los Urquijo...

Se desnudaba con sus canciones y eso llega dentro a cualquiera que pueda percibirlo, llega tan dentro que cuesta expresarlo con palabras. Empieza por la garganta, tragas saliva, luego pasa por el estómago, tu corazón late más fuerte y sin darte cuenta puede que algún dia una lágrima asome por tus ojos cuando la voz de Enrique o tal vez de Álvaro empiece a sonar.


Monday, June 09, 2008 
Arrugué la hoja del periódico con fuerza. La apreté con el puño, dejé caer la cucharilla del café en el plato, tragué saliva y abri la mano, miré el papel en forma de bola, no me atreví a abrirlo de nuevo y lo tiré al suelo. Cogí el movil, busqué su nombre: Pablo. Lo lei tres veces antes de apretar la tecla de "Borrar".


Iba a llamarle. Guardé su teléfono aquel dia para volver a charlar con él, le debia un café.


No sé si alguna vez creyó que iba a llamarle para tomar ese café. Yo tampoco sabia si algún dia le llamaria.


Nuestra historia habia estado llena de desaprobaciones por parte de mis padres.

La primera y principal era porque Pablo tocaba en un grupo de Rock y según ellos estaba vinculado con las drogas."Ese chico anda por mal camino" -me replicaban. Siempre hacian la misma afirmación aunque nunca supieron en realidad si él andaba por ese lado oscuro.

Tampoco nunca se preguntaron lo que queria su hija, no me preguntaron nada a mi, con dieciseis años seguian decidiendo por mí.

Su niña debia dedicarse a estudiar y no andar con gente que pudiera desbaratar sus planes. La relación la mantuvimos dos años, escondiéndonos. Nos divertia infringir las normas, salir a escondidas por las noches, temiendo que algún dia nos pillasen. Hasta que llegó el dia en que mi padre se enteró de que seguia con él y se dedicó a vigilarme todas las noches, pendiente de que no volviera a salir con aquel tipo.

Le volví a ver un par de veces más, me pidió que volviera con él, pero ya me habia dado cuenta de la clase de vida que llevaba y de que no me convenia. Esas eran mis razones, que nunca le llegué a plantear.


Iba a llamarle. Dije que le llamaria pero no lo hice.


Le reconocí por detrás.

Con sus andares pausados, el pelo revuelto, su cazadora negra de piel y sus zapatillas Converse rojas, seguia pareciendo el mismo adolescente de hacia quince años, cuando venia a recogerme por las tardes a la salida de la universidad, con la guitarra colgada del hombro.


Y era una tarde cuando le ví. Una tarde gris. Una tarde en que empezaba a llover.

-¡Pablo! -pensé al verle.

Paré y dudé si debia llamarle.

-Sí. -dije en voz alta.

-¡Pablo! -grité.

Corrí detrás de él.

-¡Pablo! -repetí.

Lentamente se giró. En ese instante me quedé ahi parada, esperando que reaccionase. Sonriéndole.

Con las manos en los bolsillos se fue acercando a mi.

-¡Hola! ¿No me reconoces? -le dije.

-¡Sofia! - por fin me reconoció. Su sonrisa se quedó anclada unos instantes al tiempo que intentaba reaccionar.

-Estás, estás... estás increible. Guapisima.

-Gracias.

-Te veo muy bien.

-¿Qué es de tu vida? -me preguntó sin sacar sus manos de los bolsillos.

-Iba al banco ahora mismo, a hacer un recado para la oficina.

-¿Y tú?

-Madre mia... yo... no te esperaba. ¿Te apetece ir a tomar un café?

-Pues... no sé, es que ahora mismo estoy en horario de trabajo.

-Ya, claro. Podemos quedar otro dia, que después de quince años han pasado muchas cosas.

-Sí, aunque no creo que a mi marido le haga mucha ilusión que quede con un ex-novio.

Pablo soltó una carcajada.

-¿Y te casaste?

-Sí, hace ya diez años y tengo dos hijos.

-¡Enhorabuena! Ya has pasado un tramo por el que todavia no he llegado.

Yo tengo pareja y tenemos ganas de dar ese paso, deberia darlo supongo. Tengo casi cuarenta años y todavia sigo teniéndole miedo a la palabra "compromiso"

-Siempre tuviste miedo a las cosas que suponian una responsabilidad.

-Lo sé.

Sonreimos los dos y nos miramos en silencio.

Pablo levantó la mirada al cielo, y se revolvió el pelo mientras se iba mojando con las gotas que seguian cayendo, cada vez más espesas.

Bajó la cabeza y me miró con las pestañas mojadas. Me sonrió, nunca antes le habia visto sonreir tanto en tan breve espacio de tiempo.

-Me alegro de verte.

-Yo también.

-Y que estés bien.

Ya sabes, si te apetece un café, puedes llamarme. -sacó del bolsillo un trozo de papel y apuntó su número.

Me lo tendió, mirándome a los ojos. -Cuando quieras -me dijo. Al tiempo que me lo tendia, rozó sus dedos con los mios. Aparté la mirada, lo cogí y guardé el trozo de papel en mi bolso.

Cuando levanté la cabeza su cara estaba a dos palmos de la mia.

-Que te vaya muy bien. -me dijo- y me besó en la mejilla.

-Igualmente -contesté, tragué saliva y me acerqué también para darle un beso.

Avancé y me topé de nuevo con su cuerpo, sonreimos de nuevo. -Voy hacia allí -indiqué.

-En ese bar -me señaló- me encontrarás todas las mañanas. -Me debes un café.

Sonreí sin darle ninguna respuesta.

Salimos cada uno por el lado contrario.

-Parece que ya no llueve -le oí gritar. Me giré y le vi moviendo la mano despidiéndose.

Levanté también la mia. -Adiós Pablo -


Dije que le llamaria pero no lo hice. Me presenté en el bar donde me dijo tres meses después, con el periódico en la mano. La noticia habia saltado esa misma mañana.

"Esta madrugada se encontró el cuerpo sin vida del guitarrista y cantante Pablo Arroyo, victima de una sobredosis..."

"Deja como tema póstumo una canción supuestamente dedicada a una ex-novia con la que se reencontró hace unos meses.."


Volví a coger la cucharilla del café, removí. Me lleve la taza a los labios y me lo tomé de un sorbo. Me agaché para recoger la bola de papel del suelo. Cogí el mechero y le prendí fuego, mientras observaba como se iba quemando, noté como me resbalaban las lágrimas por las mejillas.

Tuesday, May 20, 2008 
A Álvaro Urquijo:


Por...


Por tu viva sonrisa, por tus labios sugerentes, por tus pestañas despistadas, por tus ojos almendrados , por tu nariz divertida.

Por tus manos acariciando tu guitarra, por tus dedos jugando con los acordes perdidos, por cómo tu voz acaricia mi alma, por cómo una de tus sonrisas me provoca una a mí, por cómo te entregas al público, por cómo nos tratas, por los agradecimientos, por cómo sólo una breve sonrisa y unos breves minutos significan tanto en mi vida, por cómo nos enseñas parte de tu alma, por cómo tu voz me atraviesa, por como al salir al escenario te brilla la mirada... porque formas parte de mi vida.


Por estas y mil razones más, gracias por dejarnos seguir disfrutando de Los Secretos.

Tuesday, May 20, 2008 
POR LA CARRETERA


Mi padre conduce con la vista fija en la carretera. Veo como mueve los ojos de un espejo retrovisor a otro, mientras me echa alguna que otra mirada. Sonríe y mira a mi madre después. Ella le mira también y después se gira al asiento trasero para vigilarme y luego me sonrie.

-¿Podrias abrir más la ventana? -le digo.

Mi madre abre enseguida la ventana. ¿Te da mucho el aire?

-No. Estoy en la gloria. -digo mientras cierro los ojos y disfruto de aquel aire caliente y abrasador que te pone moreno sólo con rozarte.

-Creo que tendré que parar a poner gasolina -dice mi padre- Todavia nos queda un buen tramo de camino.

Abro los ojos y miro por la ventana. Veo pasar el paisaje que veo sólo una vez al año. Está desierto, el terreno es llano, la carretera que nos lleva al pueblo donde veraneamos es larga y parece que no acaba nunca. Tengo la sensación de que llevamos medio dia de viaje y sólo llevamos dos horas. Es terrible, el calor es sofocante, quiero llegar y darme un baño en la playa.

Los ojos de mi padre siguen mirando al frente, con su mano izquierda activa el intermitente, sus manos giran el volante y entramos en una gasolinera. Para el coche, quita las llaves y se las da a un señor con mono gris que descuelga una manguera y me mira mientras nos llena el depósito.

-Mamá.

-Dime.

-Tengo sed. ¿Podriamos comprar algo para beber?

-Toma -y me tiende una botella de agua.

La cojo y bebo.

-Está caliente.

-Lo sé, cuando lleguemos ya lo meteremos todo en la nevera, ahora sólo tengo esto.

Sigo bebiendo. El calor abrasador, el agua caliente. ¡Qué asco de verano! -pienso.

Mi padre vuelve, se mete en el coche y arrancamos de nuevo.

Me he terminado el agua. Tiro la botella a mi madre y le doy casi en la cabeza. Me mira pero no me dice nada, simplemente coje la botella y la guarda en una bolsa que tiene a sus pies.

Mi padre sólo acierta a decir:

-¿Qué haces? -pero después sigue mirando a la carretera.

Abro mi mochila a punto de reventar. Del bolsillo más pequeño saco una caracola, también pequeña. Hace un par de veranos la encontramos en una cueva que daba al mar. Y decidimos que cada año, cada verano, cambiaria de dueño. Este año debia darsela a Marina, una chica de ojos azules con la que soñaba a menudo, al final del verano pasado quedamos en qué el verano siguiente nos encontrariamos alli el primer domingo de julio.

-El primer domingo de julio, a las nueve de la noche -habiamos dicho.

Para que fuera ese dia sólo faltaban unas horas.

Escondo de nuevo la caracola. Mi madre tiene los ojos cerrados y mi padre sigue en silencio conduciendo.

Después cierro los ojos. El sol está empezando a apagarse.


EN CASA


-Ya hemos llegado -nos despierta mi padre.

-Vamos, ayudádme a bajarlo todo.

Abre el maletero del coche y empieza a descargar bolsas y mochilas.

Mi madre ya ha bajado y está cogiendo varias de las bolsas.

-Vamos, no tenemos todo el dia -me dice mi padre.

Bajo adormilado y me pongo la mochila en la espalda. Voy hasta la puerta de la casa y mi madre busca las llaves en su bolso.

-No encuentro las dichosas llaves -murmura. -Sé que las he cogido y las he puesto en el bolso pero ahora no las encuentro.

-¡Cómo que no las encuentras! -dice mi padre.

-¡No las encuentro!

Se pone de cuclillas en el suelo y sigue urgando.

La estoy mirando, pero ella no me mira a mí.

-Ahora. Por fin las tengo. -dice sonriendo.

Se levanta y las pone en la cerradura. Abre.

-Entra -me ordena.

Entro -el olor a humedad es terrible.

-¡Cómo huele a humedad! -dice mi madre. Vamos a abrir todas las ventanas, que después de casi un año sin venir el olor es inaguantable.

Deja las bolsas en el pasillo y empieza a abrir todos los ventanales de la casa.

Yo me siento en el sofá y enciendo la televisión.

Mis padres entran y salen una y otra vez con todos los bartulos para pasar tres meses ahi.

Tengo sueño, mucho sueño, ya son casi las once de la noche y me he levantado a las ocho para llegar hasta aquí.

Me pesan los ojos, caígo redondo en el sofá hasta las nueve de la mañana del dia siguiente.


LA PLAYA


Después del magnifico desayuno que me ha preparado mamá, me pongo el bañador y me voy a la playa. Espero encontrar a alguno de mis amigos por ahi, aunque sino los veo ahora los veré esta noche cuando le entregue a Marina la caracola. Estaremos todos allí, contando lo que hemos hecho estos meses y pensaremos qué hacer hasta septiembre.

Pablo y Marina, ellos son mis compañeros de aventuras. Y por eso los veranos son inolvidables.

Vamos a cazar cangrejos por las mañanas, tomamos el sol por las tardes y por la noche nos sentamos en la arena para contar historias.


Llego a la playa y busco un hueco para mi toalla. Me lanzo al agua. Chapoteo, doy brazadas, meto mi cabeza en el agua, buceo, abro los ojos en el agua, me escuecen pero sigo mirando por si encuentro algún pez interesante, salgo a flote, vuelvo a meterme y asi hasta que me canso y voy a secarme a la orilla. No he visto a ninguno de mis amigos.

Me seco con la toalla, no tomo el sol. Con los pies llenos de arena llego a casa.


ME PREPARO

No me apetece meterme en la ducha y me doy agua con la manguera y me ducho ahi fuera en la terraza. Me quito toda la arena, me enjabono y me doy agua de nuevo. Me seco con una toalla que me ha sacado mi madre y subo a mi habitación a vestirme.

Ya estoy listo para esta noche. Abro mi mochila y cojo la caracola. Qué ganas tengo de volver a verles.


-¿Dónde vas? -me pregunta mi padre desde el sofá.

-He quedado con mis amigos.

Él asiente y enciende la televisión.

-Me voy -le digo a mi madre que prepara la cena en la cocina.

-¿Te vas? ¿Vas a cenar con nosotros?

-No mamá, he quedado con mis amigos y estaremos por la playa esta noche, ya cenaré cuando vuelva.

Ella también asiente.

Salgo de casa.


ESTA NOCHE


Llevo la caracola en las manos. Estoy nervioso. No sé por qué. Después de tantos meses, tengo miedo.

Llego a la cueva, el mar está en calma. La cueva se encuentra en una cala y el agua llega hasta allí, me quito los zapatos antes de entrar. Cuando entro, el agua me tapa los pies.


Estoy de pie hace diez minutos y no aparece nadie. Se habrán retrasado por algún motivo, ¿pero cúal?... siempre suelen ser puntuales -me digo a mi mismo.


Ya llega alguien, pero con la luz todavia no distingo bien quién es. Se va acercando, pero después se bifurca y desaparece. No es nadie de los mios.

Sigo esperando diez minutos más, sigue sin aparecer nadie. Me siento en una roca, la luz de la luna se refleja en el mar. Cojo una piedra y la lanzo, da tres botes sobre el agua antes de ahogarse en el mar.


Ya hace una hora que espero y sólo ha venido a visitarme algún cangrejo. Dejo la caracola en el suelo pero la sujeto con la mano. Lloro de rabia. No sé por qué no han venido. Decido ir hacia su casa. Agarro de nuevo la caracola.


Me planto enfrente de la casa de los dos hermanos. La luz está encendida. Quiero llamar y que me expliquen que ha pasado, se han olvidado de una promesa.

Les veo a través de los ventanales, sonriendo.

Marina mira un instante y se topa con mis ojos, su sonrisa se borra de golpe, me mira unos segundos y aparta la vista.

Me acerco al felpudo de su casa y dejo la caracola allí.