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EL POETA MALDITO DICE:

Corcobado



Last Updated: 4/8/2009

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Wednesday, January 31, 2007 

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Tuesday, January 23, 2007 

Category: Writing and Poetry

Hemorragia en el Tejado del
Cielo de mi Casa

por Javier Corcobado

Querida majestad:

Nunca me has observado. Nunca me miraste. Jamás me has visto. Soy una mujer de 40 años que miento sobre mi edad entre veleidosas convulsiones. Me dirijo a tí porque Dios ya está jubilado y no atiende a mis peticiones. Tampoco le doy nada ya. Mi soledad hoy es un glaciar negro y tú eres mi único recurso. Pongo toda mi confianza en ti. Te presento aquí, en esta carta, unas pinceladas de sangre, que te aproximarán a mi vida:

Mi momento es turbio, más aún que la adolescencia, esos restos de mutilación que se inyectan en la historia del ser humano hacia los quince años.

Por aquellos días volaban los buitres como carne muerta alada, hambrienta de carne muerta estática. Llegaban los hombres a mí, casi siempre, de manera anal, porque mi abuelo de éllo sacaba su sueldo para que pudiésemos vivir. Mi abuelo y yo, en un coche, trabajábamos las carreteras de España, los hostales de camioneros. En fin, yo era prostituta especializada en camioneros. El primer encuentro que tuve con el sexo fue con uno de ellos, uno rubio, joven y guapo. No se desnudó ni me acarició. Dejó intacto mi himen, pero me metió una navaja de veinte centímetros por el culo. Ocurrió en un pegaso blanco vacío de carga, a las diez de la mañana de un abrasador día de verano. Esa fue también la primera vez que ingresé en un hospital. Tuve suerte. Anduve muy cercana a la muerte. Perdí mucha sangre pero no vi ese túnel ni esa luz de la que hablan los que vuelven de morir. Solo vi a Jesucristo bajar de la cruz; quitarse el taparrabos y hacerse una paja que terminó en eyaculación de confeti de reyes gitana. Siempre me adoraron los gitanos; decían que tenía piel de perpeló.

Maté a ese cerdo güero de ojos azules que me rajó por el esfinter de aquella triste manera. Le coloqué un tiro en la boca y otro en los huevos con un viejo Colt 45 semioxidado que guardaba como diamante mi abuelo.

Mi abuelo siempre me quiso con locura, me llamaba muñeca; él me enseñó todo lo que sé, y nunca me puso la mano encima. ¡Cómo le quiero! Todos los 11 de abril voy a besar su tumba. Nunca le guardé rencor por ejercer de proxeneta conmigo, al contrario. Era tierno como tallo de amapola a la vera de la vía del tren. Le recuerdo con todo mi amor, y cuando evoco su imagen noble, deseo que el cielo sea mi corazón.

Me dediqué a la ruta de los camiones durante años, hasta que cumplí los 20. Aprendí todo lo que la aventura de la vida puede enseñar; lo ominoso y lo maravilloso, pero en todo ese tiempo no me enamoré de nadie que no fuera mi abuelo.

No hay dos tipos de hombres. Los hombres no se pueden dividir; sólo hay un tipo de hombres: los que mueren.

Bebía mucho en aquella época de puta de carretera. Solía tomar combinados. Todas las combinaciones que pueden hacerse con la ginebra, el vodka, el whisky, el ron y el vino. Iba con una minifalda negra de cuero tan corta que hasta en posición normal se me veían las bragas. Era guapa y tenía los pechos grandes y duros; se los enseñaba a cualquiera que me lo pidiera. Siempre me gustó parecer más alta de lo que soy, por eso usaba tacones. Huesos astillados que atraviesan el corazón del hombre cuando su deseo anochece. Hoy estoy descalza, porque es otoño en mi vida. Solía ir a las discotecas a mover las nalgas para provocar peleas. No había cosa más excitante para mí que ver fluir la sangre de un tipo al ser golpeado por otro, aunque siempre acababa follando con el ganador. El boxeo es la demostración pública de la escondida homosexualidad de los hombres, su acto sexual disfrazado de deporte. Bailaba a Sister Sledge y me emborrachaba hasta caer al suelo. Hice eso durante años. Al final la cosa degeneró mucho. Me gastaba todo mi dinero bebiendo e invitando. Así que cuando ya la esquizofrenia del alcohol se cebaba en mí, llegaba a cometer atrocidades que no me atrevo ni a contar. Bebía vasos llenos de pis. Le pedía a la gente que meara en mi vaso y lo hacían. Tenían un ataque de risa cuando veían que me lo acababa de un trago. A veces vomitaba, otras no. En alguna ocasión era yo la que jañaba en la copa.

El cielo rosa y las nubes rosas de los amaneceres llenaban de alegría mi alma. Contemplaba completo el desfallecimiento del alba, y entonces las lágrimas irrumpían en mis ojos. Y al aparecer el sol por el sereno horizonte, se formaba un arcoiris de lágrimas. Lloraba de belleza. Siempre lloré por eso, nunca por otra cosa.

A los veinte años me casé con un chaval de dieciocho, adicto al speed-ball de cocaína, speed y heroína. Ahí terminó mi carrera de coscolina de camioneros, y empezó mi etapa de esposa -ama de casa- yonqui. Dejé de trabajar porque mi marido lo quiso. Al principio me llenó de orgullo, pero al cabo del tiempo vi que nos deslizamos hacia el infierno de la miseria por un tobogan impregnado de aceite a la velocidad del amor. Mis ángeles tienen una factoría de arcos y flechas, pero en realidad es la tapadera de una red de traficantes de besos. Mi ángel de la guarda era el único en quien podía confiar, pero murió hace trece años. Mi marido aún vive. Consiguió dejar las drogas y ahora es subdirector de una empresa de venta de ordenadores. Yo jamás logré apartarme de las drogas ni del alcohol, creo que nunca lo intenté en serio. Amo mis adicciones porque son mis cremas interiores de belleza eterna. Soy una puta que leyó bastantes libros en una época en la que me tocó pasar una temporada en la carcel por sedición. Siempre supe escuchar.

El recuerdo mas hermoso que guardo de mi ex marido (hace mucho tiempo que no le veo) es el de aquella frase que me dijo una noche, totalmente ciego, a la orilla del mar Mediterráneo,con las estrellas bailando a San Vito, con la luna hinchada de fulgor y la arena haciéndome cosquillas en el coño: "Estás preciosa con las medias rotas, los tacones rotos, y tan borracha que podría robarte, sin que te dieras cuenta, hasta el corazón". Realmente estaba drogada y ebria, pero jamás se me olvidarán aquellas palabras en susurro mezcladas con la brisa del mar, palabras que en el laberinto de mis huellas dactilares se perdieron por siempre en mí. Recuerdo aún con emoción el suave tacto de su piropo en mis dedos. Esta dulzura no era habitual en él. Se pasaba el día en casa sin hacer nada absolutamente. Dejó el trabajo y, por supuesto, tuve que empezar a trabajar de nuevo en lo único que sabía hacer hasta la fecha. Acudí a mi abuelo para pedirle que nos volviéramos a asociar, pero le encontré enfermo de cáncer y de amor por los recuerdos. Murió al poco tiempo. ¡Qué desierto de tristeza me invadió! Casi no pude soportarlo, pero ni una sola lágrima de mis ojos brotó. Su epitafio dice así: "Me cago en mis muertos. Amén".

Un gran tipo, mi abuelo, el amor de mi vida.

No hubo más remedio que ponerme a trabajar por mi cuenta fuera del circuito de los bares de carretera, porque sin la protección de mi abuelo estaba perdida. Empezé en la calle Desengaño. Tenía un amigo saxofonista que vivía por allí, y él fue presentandome a la gente adecuada. Apenas tuve problemas en aquella época, además tenía a los negros cerca para conseguir caballo. Bolsas de plástico bañadas en saliva de oro, que al desplegarse, ya vacías de la ilusión celestial, se tornan en paracaídas diminutos, parche para las cicatrices de la basura del alma. Un reloj en la esquina que siempre marca la sempiterna misma hora, y un barco encallado donde viven las condesas de las ratas y los duques espectrales del ruido, de la sordidez quieta, sangre helada de un mundo que está pidiendo a gritos de caricia el apocalíptico bombardeo último de los pétalos blancos de la muerte y una cuna con sonrisa de estrellas. Las margaritas nos hablan del amor, pero siempre hacemos trampas con las margaritas; hay una hoja que contamos o no contamos, y siempre dicen: "me quiere". La heroína es así. Y la ginebra una princesa.

Voluntad, no existes, y Dios, como ya dije está jubilado, es inútil. Tú, mi rey, eres la unica esperanza que me queda, por eso he tenido la osadía de dirigirme a tí, contandote un poco de mi historia, para no serte totalmente desconocida.

Los años van pasando y mi juventud se acaba. Eso es lo peor que puede ocurrirle a una mujer: tener consciencia de su fugitiva belleza. Buen horror. También cruza mis pensamientos mi ataud, mi garabuy, y el crepúsculo de los dioses del cine en mi infancia: un escritor de guiones, ahogado, flotando en la piscina de una vieja estrella del cine mudo. La hermosura se me va, y quiero que se reencarne para que sea eterna. Rey de mi cielo y de mis súplicas, quiero tener un hijo. Quiero tener un hijo para perpetuar la esencia del arcoiris de lágrimas. Sólo tú puedes ayudarme. Este es el objetivo fundamental de esta carta. Has de saber que en aquella mañana aciaga con el joven camionero rubio, me quedó destrozado un ovario por el navajazo. Y un tiempo después me descubrieron en el otro, que yo suponía sano, un quiste, que al cabo de unos meses, terminó con el.

Rey de mi alma, como esclava tuya que soy, te pido humildemente que te apiades de mí. Como ves no puedo tener hijos por mí misma. Y estoy arruinada, no tengo recursos. Te demando un milagro, porque yo sé que eres el sustituto de Dios en la tierra ahora. Rey mío, haz que un hijo surja de mis entrañas. Yo sé que el dinero todo lo puede. He leído cosas increíbles en periódicos, avances espectaculares en la genética. Y si ningún metodo científico lograra el cumplimiento de mi deseo, por favor, cómprame un niño con dinero de las arcas del Estado para así hacer que la beldad aceitosa de los mares cubra la tierra para toda la eternidad. Te ofrezco a cambio un hechizo que hará que todos los inviernos nieven pétalos en el día de Navidad.

DIAMANDA

Tuesday, October 17, 2006 

Category: Music

CORCOBATOR

 

 

 

VIAJAR

Estoy esperando la tarde y la lluvia en un reloj.

Estoy teniendo una pena con la ausencia de tu amor.

Quiero viajar por las nubes a sueños maravillosos

donde encontrar la luz de las estrellas y el mar.

Estoy cantando la canción de la noche que llegó.

Estoy borrando tu rostro del recuerdo de mi voz.

Y me voy a opaises donde no veré al dolor.

Y me voy solito con el perfume del adiós.

 

 DAME UN BESO DE CIANURO

Estoy cansado de ser un hombre,

ahora quiero sentir estrellas en mis caderas;

sentir el rímel, besar mis lágrimas

y bailar una estridente canción romántica.

Quiero abrazar el fin de siglo 

y pulir la luz de las pestañas

de toda la humanidad que es tan extraña.

Dame un beso de cianuro y carmín

y mátame, mátame de amor.

Mis lentejuelas son bamboleo,

pequeñas hadas de cabaret.

Mi maquillaje es la tormenta 

que oculta el miedo que hay en mi ser.

Dame un beso de cianuro y carmín

y mátame, mátame, mátame de amor.

Yo quiero ver el fondo del mar de todos los corazones.   

 

RUMBO AL CORAZON

En gotas de lluvia, 

bebiendo tristeza,

viajando sin nadie rumbo al corazón,

yo sueño que sueñas conmigo dormida

y el brandy embelesa las noches de amor.

Pero esta mañana el sol travestido

de luna encantada bajó a mi estación,

porque al mediodía escribí

tu nombre en el vaho de un vidrio 

que en mi piel se esconde.

Rumbo al corazón.

Las noches de amor dejo mi estación,

besando tu nombre rumbo al corazón.

Rumbo al corazón.     

 

COCHES DE CHOQUE

En la longitud de nuestro beso

florecen accidentes transparentes.

Ya no hay mañanas ni noches

ni niebla vistiendo al desnudo sol.

En el parque del invierno

veo a los cisnes tocar un adios.

Hay coches de choque en las lágrimas,

esas lágrimas que nunca caerán.

Y nuestro amor es el único ser

que queda en este mundo destruido.

En el parque del invierno

veo a los cisnes tocar un adios.

 

 

TU ALMA EN MI

La ciudad está sudando luces de diamante y eternidad.

La playa del corazón se ha marchado de esta luna.

Tu alma está en mí y la mía en tí.

Mi alma está en mí y la tuya en mí.

Un barquero está sangrando jazmines y murmullo de azahar.

En la orgía de las medusas las sirenas me dormirán.

En la discoteca de tus ojos quiero bailar eternamente,

y estar siempre presente en el sexo de tus sueños.

Tu alma está en mí y la mía en tí.

Mi alma está en mí y la tuya en mí.

Tu alma está en mí.

 

CANCIÓN PEQUEÑA II

Con el número que tiene por delante, la fecha

10 4 84. Diecinueve (equis, palo, equis).

Me acuerdo de las cosas.

Tenerife. 1: 200.000.

Dos orejas unidas por un clip.

¡Blam, blam, blam!)

Cruzo una puerta.

Otra, otra, otra...

Aquí estoy por fín.

¿Dónde?

Terminais por ver la ternura de lo ojos asesinos.

Botero como marca, Botero como mar.

Invítame a recorrer,

invítame a beber,

invítame a fumar, 

invítame a dormir,

a morir,

a vivir, 

a gritar.

¡Macarjomen!

 

INUNDACIONES

He oído esta noche en la radio

que ha habido inundaciones de lágrimas

en la ciudad de tu corazón.

Y las víctimas son incotables

Y ya se duerme el invierno sobre mi cama de angustias,

donde los colores son violencia 

y las sábanas largas olas del tiempo.

Los pecados me han alimentado e intoxicado, 

pero mis oraciones se han adornado

con un árbol de navidad imaginado en el verano.

 

 

EN EL BOSQUE

En el bosque, los álamos están llorando. 

Porque sus bisagras se oxidan.

En el bosque es otoño 

y las putas son cuadros de Rafael.

Negro y carmín.

En el bosque son todas las estaciones de tren.

En el bosque son todas las estaciones de año.

En el bosque, cuando caminas, 

matas a las margaritas, 

ordenadores del amor, lágrimas.

En el bosque hay ratones que cuando todos duermen, 

forman una orquesta y tocan "Amo París"

en el bosque de la casa de campo.

En el bosque son todas las estaciones de tren.

En el bosque son todas las estaciones de año.

   

TU MAR

Cantan las sirenas dormidas el sueño

que te mece en la latitud de las heridas programadas por amor.

Ruge el murmullo del mar en tus sienes doradas

y un minúsculo beso se ha posado en tus labios. 

Vuelve ahora, mi amor, 

al crepúsculo de las perlas grises.

La luna me da su bocanada de humo añil

para caer de rodillas ante tí y ante tu mar.

 

 

MALDITA

Maldita tierra.

Maldita lluvia.

Maldita lumbre. 

Maldita sangre.

Ya no vais a romper más mi corazón con lágrimas de belleza triste,

solitaria y húmeda.

Maldita tierra.

Maldita lluvia.

Maldita lumbre.

Maldita sangre.

Ya no quiero dinero para sobornar más.

No quiero almas en mi noche abandonada,

solamente un beso en la lejanía. 

Maldita tierra.

Maldita lluvia.

Maldita lumbre. 

Maldita sangre

Monday, October 16, 2006 

Category: Music

AGRIO BESO

 

 

DESDE TU HERIDA

 Una gota de miel viene desde tu herida

hacia mi boca mientras llueve desde el suelo al cielo. 

Una gota de miel viene desde tu herida 

hacia mi boca mientras el gas no me ahoga,

el gas no ahoga, el gas no ahoga, no tiene manos, no tiene sombra.

Una gota de miel viene desde tu herida

hacia mi boca y parece que el polvo coagula en la suerte.

Las uñas rotas de arañar silencios 

y un grito blanco muere en mi boca. 

Es una pena... 

Una gota de miel viene desde tu herida 

hacia mi boca mientras llueve desde el suelo al cielo.

La distancia se retuerce por las carreteras 

sudando viento, sudando viento.

La distancia se retuerce por las carreteras

dejando al trance con un mal viaje. 

Sus pupilas inmensas ya no me besan

y hoy mis párpados también son rejas.

Es una pena, es una pena. 

Una gota de miel viene desde tu herida 

hacia mi boca y yo sé seguro que no llegará.

 

MADRUGADA

Con la cara hinchada, 

los labios estirados,

el pelo en guerra, 

el dedo índice de un fantasma señalándome 

y una nube de plomo sobre mi casa,

me acuerdo de ti, me acuerdo de ti

y el espejo me contesta con una sonrisa.

Con los ojos nublados, 

la lengua seca, 

el dolor en los huesos,

un asesino escribiéndome un anónimo

y una nube de plomo sobre mi casa, 

te recuerdo esta madrugada,

yo te recuerdo esta madrugada 

y el espejo me devuelve una sonrisa.

 

<H2 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align=center>NO PUEDO CAMINAR

No puedo caminar. 

En mis hombros hay plomo

y los hombres perdiendo una guerra; 

en los pies un mapa de venas.

No puedo caminar. 

Aún siendo pirata de gran corazón

y uñas en la lengua y años. 

Excelente infección pulmonar 

y orejas como ceniceros esparcidas por mi casa.

No puedo caminar.

Grito lo que he de cantar 

en la puerta de mi alma, 

aunque mis huesos sean tuberías 

de leche de suicidio.

Pero los locos enlosan mi camino 

con momentos imprecisos, 

con rombos de suelo oliendo a casco viejo. 

Pero los locos asfaltan mi camino 

techado las tumbas,

vengando a los brazos desembarrados.

Excelente infección pulmonar

y orejas como ceniceros esparcidas por mi casa.

No puedo caminar. 

Y estiro mis piernas 

para expresarme con poca claridad,

nado en el agua, 

araño la tierra con las ideas del hilo del casquero; 

perfectamente, no puedo caminar.

Y las gafas de buceo perdidas, 

soplando el oxígeno como si fuera un fliscornio 

llorando a su trompeta puta. 

Ante mi sombra, 

yo me confieso piloto jadeante pero rápido.

Excelente infección pulmonar

y orejas como ceniceros esparcidas por mi casa. 

No puedo caminar. 

Y me calzo unas botas 

de mi propia piel ácida

en la tormenta azul de vuestros sesos 

domados a golpes de sustancias.

 

NIEVE ROJA

Cuando llegue el año de nuestra muerte; 

cuando el sol enfríe en vez de quemar, 

abrazados y abrasados en la nieve roja, 

zapateando en nuestro beso letal, 

lloraremos y el llanto será risa, 

sufriremos y el sufrir una canción.

Cuando el alma nos diga que se marcha 

y la brisa se convierta en huracán, 

fumando nuestros labios,

bebiendo nuestro amor, 

susurrando los gritos, 

recordaremos lo que el tiempo no nos dio.

Cuando llegue el año de la muerte; 

cuando el sol enfríe en vez de quemar,

abrazados y abrasados en la nieve roja, 

zapateando en nuestro beso letal, 

lloraremos y el llanto será risa, 

sufriremos y el sufrir una canción; 

callaremos nuestros nombres,

licuaremos los deseos, 

quemaremos las palabras

en esa dulce canción.

Fumando nuestros labios,

bebiendo nuestro amor, 

susurrando los gritos, 

saboreando el final, 

recordaremos lo que el tiempo no nos dio.

 

 

 

PUERTA DEL AMOR

Hay una casa sola sin luz 

donde yo logré ocultarme,

y allí poder mi tristeza llorar

de un ayer cruel e infame. 

Algunas horas allí pensando

pero nada conseguí, 

de pronto en la cama estaba yo

y llorando al fin me dormí.

Y entre mis sueños yo me ví 

te ví en la nueva calle

buscando la puerta del amor

y yo ya no sufrí al ver que esa puerta se abre.

Hoy siento dentro de mí el amor. 

Contento y sin dudas desperté

recordando aquella calle

de un pueblo llamado libertad 

donde yo llegué a encontrarme, 

salté de la cama bajé al bar, 

tu te hallabas junto a mí, 

perdona, te dije, sonreí, me miraste y fui feliz.

Y entre mis sueños yo me ví

te ví en la nueva calle 

buscando la puerta del amor 

y yo ya no sufrí al ver que esa puerta se abre.

Hoy siento dentro de mí el amor. 

Junto a la puerta del amor te hallé y logré besarte, 

mis sueños son ya realidad, 

junto a la puerta del amor te hallé y logré besarte, 

te siento dentro de mí.

 

 SANGRE DE PERRO

 Sangre de perro en la puerta trasera de mi alma 

y en todo el suelo de la ciudad. 

Sangre de perro en mi sangre de perro

y en los árboles artificiales de navidad.

Hoy es año nuevo,

un ciego me mira sabiendo 

que mi cabeza está triste huyendo del tiempo.

Hoy es año nuevo 

y parece un viejo sin carne

pero muriendo contento en la magia marchita del rey Gaspar.

Sangre de perro en la niebla de la carretera, 

en las señales y en los cruces. 

Sangre de perro en los gritos, 

sangre de perro en los vasos, 

sangre de perro en los rios,

sangre de perro en tus piernas. 

Sangre de perro en mi sangre de perro 

y en los árboles artificiales de navidad. 

Sangre de perro en ningún perro, 

en tu gasolina, en tu ropa, en tu edad. 

El año comienza enamorado

y los perros se han ido del mundo 

robando todas las bombillas, 

dejando corazones destrozados y niños abandonados 

en charcos de lluvia hirviendo,

y me falta un beso, 

<P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" align=center>y esa canción me hace lágrimas, 

lágrimas de sangre de perro. 

Sangre de perro en la nieve de mentira, 

sangre de perro en la negra navidad, 

sangre de perro en los labios cortados, 

sangre de perro adornando tu sombrero,

sangre de perro inundando tus botas,

en la noche de reyes sangre de perro, 

sangre de perro en el champán...

Sangre de perro en mi sangre de perro 

y en los árboles artificiales de navidad.

 

AGRIO BESO

Ella puso su mano en el fuego,

las estrellas escupían lodo en nuestras cabezas, 

los caballos desbocados hacia el centro de la tierra. 

Ella cortó su mano con un cuchillo de hierro, 

el suelo estaba mucho más quieto que nunca, 

era yo el que temblaba, 

era yo el que temblaba.

Los blancos de un gitano mirando al lado rojo del cielo,

ella me entregó su mano gimiendo 

para que yo la comiera, 

el mar parecía muerto crucificado en una cruz de hielo

. Había cientos de niños sin pelo 

sudando años enteros.

Había cientos de niños sin pelo 

en la casa del ciervo enfermo. 

Agrio beso.

Yo comí la escasa carne de aquella mano

y le dí a ella los huesos,

el vino que yo bebía sabía a amoniaco dulce.

La tormenta de sus ojos produjo un estruendo

y los niños se mataban en casa del ciervo enfermo. 

Era yo el que temblaba, 

era yo el que temblaba. 

Ella hizo un collar con sus huesos,

un muerto aplaudía y le crujía el esqueleto.

El silencio tenía forma de mujer,

una rata fumaba un cigarrillo

y tocaba la guitarra para espantar a los ángeles

de aquel prado sin tiempo.

Agrio beso.

Ella me colocó el collar alrededor del cuello,

todas las piedras gruñían,

los árboles clamaban sangre. 

Un escorpión azul empezó a cantar agudo 

golpeando un tambor

mientras aquel demonio silbaba y se emborrachaba, 

entonces averigüé que no estaba en el infierno, 

y ella me puso el collar, 

me abrochó para siempre

y me pidió los labios. 

Era yo el que temblaba, 

era yo el que temblaba.

 

 

 

LABIOS REPLETOS DE PUAS

 

Caí desde la luna hasta tu casa 

y me  llené los labios de púas;

mil gatos suicidándose. 

Y yo te besé con mis labios repletos de púas 

en el momento de la catástrofe.

Caí desde la tierra hasta tu casa

y me llené los labios de púas;

mil perros suicidándose.

Y yo te besé con mis labios repletos de púas

en el momento de la catástrofe. 

Caí desde el sol hasta tu casa 

y me llené los labios de púas;

mil leones suicidándose. 

Y yo te besé con mis labios repletos de púas

en el momento de la catástrofe.

 

 

RITMO DE CIUDAD

 

Era bien entrada la noche,

la luna no tenía dinero para coger un taxi 

ni yo tampoco.

Caminaba dejando una estela de culebras,

los caracoles se reían de mí, 

las farolas hacían reverencias

o bien estaban hartas de estar de pie. 

La cidad se encogía de frío

y el aire era rosa,

como sin piel. 

El aire era rosa 

como sin piel.

Vi a una pareja devorandose en un rincón, 

desaparecieron en un segundo 

dejando allí tiradas sus sombras borrachas.

Están acariciando mi cabeza ritmos equivocados, 

cuando al desdoblar una esquina 

aparecieron dos basureros vestidos de carnaval, s

u camión rugía hambriento detrás de ellos, 

un vagabundo dormía a voces a dos metros de mis pies,

los basureros lo agarraron de la cabeza y las piernas,

lo llevaron silbando hacia el camión

y allí dentro lo arrojaron.

Ni un sólo grito en la noche.

Oí crujir sus huesos

o quizá fueron las patas de un mueble abandonado.

El camión dejó sus huellas,

y un taxista me abrió la puerta. 

Entré y apoyé un codo en el infierno 

y alguien me escupió lava en un ojo.

La ciudad se encogía de frio

y el aire era rosa 

porque no tenía piel,

la perdió hablando de algo a alguien en algún sitio.

El aire era rosa porque no tenía piel