El aumento en el consumo de drogas, junto a la violencia del narco, ha motivado actitudes un tanto surrealistas de varias celebridades mexicanas.
Por Mauricio González Lara
Siempre he desconfiado de aquellas personas que sostienen que un país tiene lo que se merece. Que si nuestra televisión es una basura, pues ésa es la televisión que merecemos; que si nuestros políticos son corruptos e idiotas, pues nos los merecemos porque también somos corruptos e idiotas; que si nuestro futbol apesta, los mexicanos debemos ser peores en nuestros respectivos oficios, y así, un muy pero muy largo etcétera. Esta teoría de los merecimientos, muy popular en la autoflagelatoria idiosincrasia mexicana, no sólo es errónea en términos comparativos (¿en verdad Argentina se merece el futbol que tiene?), sino que es insultante por exudar una estupidez fatalista que nos condena a la inmovilidad eterna (si nuestro líderes son los encargados de conducir el desarrollo de una base de la pirámide en perpetuo estado degenerativo, ¿cómo esperar un cambio?).
Dicho esto, si bien estoy seguro que no contamos con los héroes e ídolos populares que merecemos, no me queda otra más que aceptar que, debido a su naturaleza de construcciones culturales populares, nuestras celebridades sí funcionan como espejos de nuestros más profundos anhelos, miedos, sueños y limitaciones, sea de manera intencionada o inconsciente. Los reflejos se tornan más claros cuando se sienten obligadas a reaccionar en relativa sincronía ante un problema coyuntural específico. Algunas de sus reacciones son encomiables, otras ofensivas, muchas risibles, e incluso una que otra califica como tragedia (sobre todo cuando la celebridad en cuestión es una derivación misma del problema); sin embargo, todas son interesantes en el sentido de que reflejan las emociones de la sociedad.
El botón de muestra más reciente de este fenómeno es la coyuntura dibujada por la sincronía de la cruenta guerra contra el narcotráfico junto a un notorio aumento en el consumo de estupefacientes. El fenómeno no le ha pasado inadvertido a nuestras celebridades. He aquí una colección de reflejos.
¡No hagan pendejadas! Aunque ciertos sectores dizque identificados con la “intelectualidad” practiquen el fácil deporte de denostar a cualquiera que se atreva a salir en la pantalla del “Canal de las estrellas”, lo cierto es que manejarse bien en la frecuencia más vista por el pueblo de México es una tarea que pocos pueden realizar con gracia, trátese del Show de los sueños o Muévete. No obstante, de todos los programas del Canal 2, el formato más difícil es el del noticiero matutino, pues a diferencia del tono más serio y corto del informativo nocturno, se requiere un perfil muy específico que pueda hilar durante tres horas decenas de notas cuya gravedad puede ir de narrar atentados terroristas en Morelia al último escándalo de Niurka, sin obviar la exigencia de entrevistar personajes tan dispares como Amandititita, Andrés Manuel López Obrador o Enrique Krauze. Todo, aparte, en medio de un siempre ascendente flujo de cápsulas donde se pueda subir y bajar de nivel cada tres minutos sin reflejar alguna clase de condescendencia intelectual que le provoque corto circuito a las amas de casa que miran el programa mientras le hacen el desayuno a su familia. Es complicado. Por ello, no me salta que Carlos Loret de Mola, el wunderkind de Televisa que conduce Primero Noticias, el informativo matutino del 2, goce de una amplia popularidad.
Loret no sólo domina el formato con maestría, sino que además posee una guapura que le ha ganado un amplio número de fans femeninos que rara vez veían la televisión en la mañana. Loret es dedicado, ilustrado y capaz, pero más que eso, reúne una serie de características (juventud, dinamismo, arrojo) que lo han transformado en el primer informador “celebrity” del país. Loret está encantado con el papel y no duda en contribuir a su estrellismo, sobre todo entre el público clase-mediero universitario que, estoy seguro, se volcó a comprar el número de “Quién” de la primera quincena de septiembre cuya portada era “Todo sobre Loret”. Loret conecta bien con esta audiencia, la cual se reconoce en él y lo admira. Quizá por ello, el pasado 18 de septiembre, tras comentar un par de notas sobre el aumento en el consumo de estupefacientes y la violencia del narco, Loret de plano decidió decir “la neta” sobre las drogas. Haciendo gala de un manejo excepcional del timing emotivo frente a las cámaras (muchachos de TV Azteca, ¡aprendan!), se dirigió a su base juvenil de fans:
“Quiero hablarle a los chavos que nos están viendo, que se están preparándose para irse a la escuela. En serio, chavos, chavas; este asunto no esta pa (sic) jugar, o sea lo que empieza con una bromita de cuates y de rola la mota y pasa la yerba, lo que sea. Te conduce en muchísimas de las ocasiones. No te vas a ir a la cárcel, porque este país pa (sic) que termines en la cárcel es muy improbable. Te conduce a la muerte por dos rutas, por la ruta de la ejecución y la violencia pública o por la ruta de la adicción. No es broma, por favor (golpea la pluma para efecto dramático)… ¡no hagan pendejadas!"....
¿Cuál habrá sido la reacción de los chavos y chavas? ¿Le habrán creído que una fumada de mota conduce al narco o la adicción? ¿Se habrán asustado? ¿Estarán con él? Ese mismo día, en el blog de Primero Noticias, Loret comentó sobre el asunto: “Si hice bien o hice mal, eso me dirán ustedes. Pero en ese momento, alimentado por un México violento al que le pega el terrorismo, fue lo que me vino a la mente.”....
Yo tampoco sé si hizo bien o hizo mal, pero estoy seguro que este lance, tan reminiscente de las campañas antidroga histéricas de los 60, es la clase de golpe maestro que le va a ganar algún día la silla de López Dóriga. Al tiempo.
El árbol enano de Gael. Otro icono de la juventud mexicana, quién podría dudarlo, es Gael García. Menos fresa que Loret (pero infinitamente más pretencioso en el uso de su imagen), García es la clase de celebridad “integra” que luce un tanto incómodo con su fama. Sin embargo, cuando se trata de emitir una declaración de principios, Gael no duda ni un segundo en utilizar su fama para ser escuchado. Así sucedió el 23 de septiembre, cuando El Universal publicó en primera plana (¡faltaba más!) un texto en el que Gael reflexionaba con hondura deslumbrante sobre el caos mexicano. ¿Su punto de partida? El recuerdo bucólico de su árbol enano:
“Había un árbol enanito que quizá aún existe: creció en la azotea de la casa de mi abuela. Nació en medio de grietas. El árbol jamás pudo dar sombra, tal vez porque tampoco había a qué darle sombra. Siento como si ese árbol lo hubiéramos visto sólo dos o tres personas. Puedo dibujarlo, y aún me puedo perder pensando en la fauna microscópica que lo habitaba, tal como lo hacía cuando tenía cuatro años.....
“En esa memoria me gustaría encontrar algo -la solución, una frase, una imagen, un sonido- para encontrar la manera de cambiar las cosas. Si la hallo, no sé si la podré explicar. Pero una cosa sí puedo explicar: la libertad es la búsqueda personal del bien común. Por lo menos esa búsqueda me hace sentir libre. Y no quiero renunciar a ese camino.”
¿Conmovidos? Yo también.
¡Adiós hermoso Quetzal! No todas las celebridades pasan por la televisión. El underground también tiene sus famosos. Ejemplo: Quetzalcoatl Rangel, diseñador de 22 años que había alcanzado cierta notoriedad debido a la adopción a full de un estilo de vida “fluorescente” identificado con el electro, la moda estilo Sicario, la promoción por Internet las drogas y una destacada proclividad en aparecer en cuanta fiesta fashion se pueda pensar. En síntesis, Quetzal era una especie de fashionista alternativo región 4 que asumía con honor los principios efímeros e inocuos del canon warholiano. Un personaje interesante en su desmadre, admito, pero nada más. Quetzal apareció muerto hace unas semanas. Se especula que, en medio de una demencia provocada por las drogas y los vaivenes emotivos, decidió terminar con su vida y saltó por la ventana.
Al día siguiente de su muerte, la blogosfera se puebla de in memoriams y despedidas. En un blog se lee “¡Adiós hermoso Quetzal! En otro, alguien escribe: “it’s better to burn out than to fade away.” Neil, por favor, ¡perdónalos!
*Publicado en noviembre en la revista Deep
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