Status: Single
City: Ripollet, Barcelona
Country: ES
Signup Date: 3/21/2006
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Tuesday, October 06, 2009
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Reseteo
Ctrl + Alt + Supr
Demasiados programas inútiles que entorpecen y ralentizan el funcionamiento del disco duro; incluso algún virus...
Ctri + Alt + Supr
Siempre hay etapas en las que te llenas de software que no aporta nada, simplemente por probar cosas nuevas. Al final acabas usando los mismos viejos programas de siempre.
Es algo pesado invertir tiempo en cerrar esos programas. Mi disco duro tiene poca capacidad, es un armazón antiguo. A veces se abren involuntariamente demasiadas aplicaciones y todo se bloquea. Vuelta a resetear... Ya cansa.
Al final tengo que seleccionar los programas que sobran y borrarlos. Pero soy muy torpe borrándolos; suprimo el icono pero no los desinstalo desde el panel de control; de modo que siguen ahí; tocando los cojones aunque aparentemente hayan desaparecido de mi escritorio.
Y a pesar de que no me gusta, siempre voy acumulando mierda y llega un punto en el que acabo haciendo un scandisk y pasando el antivirus.
Tras esas épocas siempre vivo más tranquilo. De vez en cuando descubro algo nuevo interesante. Pero siempre acabo llenando el escritorio de basura. Y de nuevo CTRL + ALT + SUPR... Es un bucle. No aprendo.
No se si estás en mi escritorio o en mi papelera de reciclaje, pero probablemente no te necesite y pases por mi memoria fugazmente... como tantos otros. Quizá sea muy brusco y te suprima directamente, sin tacto. Pero lo hago en beneficio de la agilidad de mi procesador.
Tú también puedes suprimirme si no me necesitas. Entiendo que los reseteos son muy incómodos, irritantes, una verdadera pérdida de tiempo, y que son siempre; absolutamente siempre, evitables.
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Monday, July 20, 2009
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Necesitaba una mujer a mi lado para paliar mi crisis.
No se funcionar así… La música y la escritura; son elementos secundarios subyugados al sexo y a la compañía femenina. Sólo cuando tengo el instinto saciado y el objetivo cumplido puedo dedicarme a lo insustancial: crear.
Tuve alguna relación esporádica, convencido de obtener después la recompensa merecida; pero no funcionó.
Comencé a meditar seriamente la opción de que para poder crear no bastaba sólo con saciar mi líbido; debía sentir la seguridad de la estabilidad emocional. Es curioso el hecho de necesitar una estabilidad para sacar a flote tus inquietudes más inestables.
¿Cómo harían otros colegas para meterse en su mundo y pasar horas escribiendo y componiendo a sabiendas de que no les espera una mujer en la cama?.
Esperaba a que la inspiración llamara a mi puerta vestida con un TOP escotado, unos tejanos ajustados y unos zapatos de tacón, con el pelo muy largo y unos labios muy gruesos.
No deseaba a nadie excesivamente inteligente ya que por experiencia se que el grado de complejidad de una persona va en consonancia con su nivel de inteligencia, y no me apetecía descifrar códigos ni realizar hipótesis para resolver enigmas; yo soy de letras.
Aparte de eso, sería un plus interesante que tuviera pocos ideales para no contradecirse en exceso, que tuviera sentido del humor, que le gustara el futbol, que no le importara verme borracho y haciendo el ridículo ante la gente, que usara ropa interior de encaje, que tuviera una cintura muy estrecha y unas caderas muy anchas, que no vistiera a la moda pero que no fuera excesivamente dejada, que tuviera una sonrisa contagiosa, que supiera cocinar albóndigas, que hablara lo justo, que le gustara combinar una bonita falda con unas botas negras y vulgares, que tuviera un nivel suficiente para entender los sarcasmos y las ironías de mis momentos de inseguridad, que se dejara controlar en la cama, que no le gustara el cine de autor, que no le gustara el orden, que tuviera el cuerpo frío, que no planificara las cosas con una semana de antelación, que tuviera orgasmos vaginales, que supiera valorar los momentos de silencio, que no creara momentos de silencio vacíos, que no odiara nada, que no amara todo, que le gustara salir con mis amigos, que no me obligara a salir con los suyos, que practicara sexo salvaje, que entendiera que el amor es lo que se hace antes o después de practicar sexo salvaje, que no se maquillara, que tuviera una larga cabellera y no se hiciera nunca una coleta, que entendiera que jamás voy a gastarme más de tres mil euros en un coche, que no me reprimiera cuando estoy extremadamente positivo, que no me recriminara cuando estoy extremadamente negativo, que no me contara lo que ha hecho en el trabajo al llegar a casa, que pudiera contarle cualquier problema o preocupación sin que su respuesta fuera “pues anda que mi problema…” convirtiendo mi sesión de terapia en la suya, que masticara chicles de fresa ácida, que tuviera los pezones con la aureola grande, y básicamente; que me quisiera.
No se si ELLA llegó alguna vez a enamorarse verdaderamente de mí.
No puedo recriminarle nada puesto que yo también he fingido estar enamorado de otras.
Yo era un buen compañero, un agradable amigo e imagino que un aceptable amante. Mi debilidad era su fuerte, y su talón de Aquiles mi muralla: nos complementábamos.
Ignoro qué se necesita para que dos personas se consoliden con el tiempo, pero parece ser que complementarse no basta. O quizá sea cuestión de complementarse sin hacerse más preguntas; y nosotros éramos demasiado curiosos…
Pero yo la quería… como nunca quise a nadie. Modificaré la frase: Yo la quería… y nunca quise a nadie.
¿En qué consiste estar enamorado?. Creo que en sentirse corriente, normal, ordinario, rutinario… y aún así ser feliz. Por eso el que ya es así de serie no tiene tantos problemas para enamorarse ni se cuestiona tantos aspectos. Con otras mujeres cuando realizaba actividades fundamentalmente patéticas me sentía patético, y por consiguiente, desgraciado. Con ELLA, me sentía afortunado de ser un tío patético… hubiera tenido una patética existencia hasta el último de mis patéticos días.
No me veo capacitado para sentirme patético con nadie más.
Mientras tanto sigo peleándome conmigo mismo por no tener término medio… mi personalidad aparentemente sólida, no es más que un columpio en manos de la persona que me balancea.
Cuando alguien me interesa, no se comportarme de forma normal. Mi falta de carisma hace que no deje de llamar la atención, de una forma u otra. Constantemente.
¿Y qué es el carisma?. Nos lo venden como algo inherente a la psique del individuo, una mentalidad peculiar que ejerce de imán para las otras supuestas mentalidades de hierro. Toda esa basura de manual de psicología barato es mentira. El carisma no es más que un cerebro del montón compensado con un físico peculiar. El carisma, al menos en los océanos musicales, es aquel estado de gloria que hace que las ellas piensen “… encima me lo podría follar”; y que ellos piensen “… encima me podría pegar”.
Toda relación nace y muere siguiendo los mismos pasos lógicos: de la pasión al cariño, de ahí a la afectividad y la estima, y de ahí a la simple cordialidad; de la misma forma que el proceso vital del individuo sigue un orden: de la ilusión al conformismo, de ahí al tedio, de ahí al hastío,… pasos difícilmente reversibles.
Yo estoy entre la segunda y la tercera etapa, todos los días lo mismo, soy un autómata, pero me da igual.
Y me da igual porque la sociedad es un engaño.
Necesitamos alimentarnos para vivir, y optamos por hacerlo mediante el trabajo (un servicio al prójimo) en vez de hacerlo por nuestra cuenta, eso va a contranatura del género humano. No tendríamos sociedad si no tuviéramos genitales. Todas las relaciones se conforman alrededor de eso y las que no lo son se rompen cuando entran unos genitales de por medio.
Veo a los niños jugando, contentos, interrelacionándose sin prejuicios… Todo eso cambia cuando se transforman en seres verdaderamente sociales, es decir, cuando les crece la polla y las tetas. Eso conduce a las rencillas serias, a los estereotipos, a que el deseado tenga como destino una familia y una hipoteca prematura y el rechazado ocupe el tiempo en tareas antisociales que a veces despiertan las facultades intelectuales, y acaben siendo presidentes de un país o escribiendo líneas como éstas.
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Saturday, June 27, 2009
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Friday, September 19, 2008
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Es fiesta mayor. Estoy en casa, relajado, disfrutando… me encanta saber que en mi bloque y en todos los de alrededor no hay nadie; que todos están fuera, lejos… y me han dejado solo, una enorme parcela de oxígeno.
La ciudad tiene un mejor aspecto así cuando estoy encerrado en casa.
Leo, escribo, veo películas, me recreo en mi ocio… y ni un solo ruido que me perturbe, ni una sola señal de vida más allá de la ropa colgada en el tendedero del bloque de enfrente.
Al día siguiente me dio por salir un rato. La noche empezó bien cenando con los amigos, pero llegó el momento temido: entrar en el recinto de la fiesta mayor, con sus puestecitos, sus atracciones, sus tómbolas…
No aguanto las aglomeraciones, me dan angustia; pero especialmente éstas. En los días de fiesta mayor la mayoría de gente sale con sus mejores galas y se luce, dan la vuelta a la pasarela y juegan al juego de ver si encuentran a algún ex compañero del colegio o instituto para ver si se ha quedado calvo, tiene barriga o sigue soltero. Por cada persona que te encuentras a la que saludas sinceramente te cruzas con 4 que, en otras circunstancias, habrías evitado a toda costa. Pero yo aguanto el tipo; sonrío falsamente mientras mis amigos aparentemente disfrutan de la compañía de la masa. Les envidio.
No se podía andar 10 metros seguidos sin que alguien se parase a saludar a un conocido o familiar, a veces las conversaciones se alargaban… yo los despachaba en segundos. Recordé que había escuchado en un documental hace poco que a Hitler no le gustaba la gente, y empecé a asustarme.
En quince años apenas ha cambiado nada… las mismas caras, las mismas atracciones… solo ha cambiado el precio de éstas y que cada vez las veo más pequeñas, más ridículas, y no entiendo porque hacen filas y esperan minutos para subir.
También han cambiado los autos de choque. No la atracción en sí, sino su gente. Ya no es lo que era la fiesta mayor. Será que me hago grande pero, alrededor de la atracción ya no está la flor y la nata de la garrulería de cada casa, no hay peleas, no hay nadie robando a nadie… solo veo a mindundis de 15 años con los pelos ordenadamente despeinados que seguramente pidan tanda antes de montarse.
En un par de ocasiones me pararon "ei, a ti te he visto en la tele", "si?", "si", "ahh…", "venga, adiós", "¡adiós!". Que enriquecedora es la interacción.
Llega un punto en el que dejo de ver gente de aquí para allá y sólo veo caballos. Relinchan sin parar y me molesta. Mucho. Siento una aguda ansiedad y unas ganas enormes de volver a casa, quitarme la ropa y seguir mi vida de ermitaño.
Estoy sentado en el water mientras escribo esto en el portátil. No encuentro sitio más adecuado.
Seguramente tu leerás esto y pensarás; "puedo estar tranquilo, habla de otro tipo de gente, desde luego yo no soy uno más de la muchedumbre".
Desde luego que no. Tú relinchas de una forma bastante más agradable.
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Saturday, July 12, 2008
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Descárgate mi álbum debut, 'Crónicas de un Bohemio' (2004) y el maxi previo al álbum "Soy Ibérico" (2004) a través de estos links: http://rapidshare.com/files/129212558/Sr._Zambrana_-_Cr_nicas_De_Un_Bohemio_-_2004.rar.html http://www.hiphopcatalunya.com/maxi-5-sr-zambrana-soy-iberico.html En vista de que tanto el Lp como el maxi llevan un tiempo descatalogados y que por tanto, es ya muy dificil encontrarlos en las tiendas; os pongo los links de descarga para que los trabajos no queden en el olvido. Saludos.
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Sunday, March 30, 2008
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[Publicado en el núm 1 de la revista musical digital 24SIETE]
Soy una persona nerviosa, impulsiva, susceptible; y esporádicamente soberbia y agresiva. Al fin y al cabo se trata de devolver los golpes, ya que cada mañana sufro una agresión psíquica por parte del despertador... Cogería al desgraciado que inventó el despertador y le daría una patada en las pelotas, pero paso... porque no tengo ganas y sobretodo porque no soy demasiado corpulento.
Todo esto crea desequilibrio y necesito mi yan.
No soy el único. Los días empiezan con una hora de tráfico, quiero pisar el embrague y meter segunda pero no puedo, porque hay miles de cabrones a los que se les ha ocurrido la idea de poner el despertador a la misma hora que yo. Claxons, desesperación e insultos para acabar llegando, como recompensa, a tu lugar de trabajo... tu celda de ocho horas diarias...
El trabajo es el requisito necesario para que un banco te adquiera y te coja por los huevos a cambio de un techo y cuatro paredes.
"El trabajo te realiza como persona, te hace íntegro y digno..." esa frase es la mayor chorrada jamás escrita. Seguramente la inventaría algún director bancario.
En el trabajo las horas pasan, las personas se gritan y los ordenadores se cuelgan... Otra hora de tráfico de vuelta. Y así pasa un día, y pasa una vida. Tráfico, burocracia, dentistas, recibos, facturas, hacienda, multas, ... y finalmente, la muerte. Y vuelta a empezar. En medio de ésta vorágine, encuentro mi yan en la música.
No me gusta cierta música porque alimenta mi agresividad y me pone aún más nervioso. Por eso me gusta el groove del funk y la calma del soul. Incluso se puede criticar transmitiendo paz... hoy estoy oyendo un ejemplo de ello... Marvin Gaye, What’s Goin On.
La música es la cuarta pata de la mesa. Hace que no cojee. Y hace que me sienta bien... al menos hasta que un día el banco pueda venir a embargarme y a llevarse las cuatro patas, la base de la mesa, los cuadros, los cubiertos, el ketchup y mi cd de Marvin Gaye.
Cogería al desgraciado que inventó los bancos.... y me arrodillaría para ver si puedo ser su socio...
Mientras me relajo, cierro los ojos y abro las orejas
Mother, mother There’s too many of you crying...
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Sunday, September 02, 2007
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Siempre he intentado con todas mis fuerzas desvincularme del mundo artístico. Intento que mi gente y mis amigos estén fuera de ese círculo. ¿Y a qué llamo yo "el mundo artístico"? Pues acostumbran a ser grupos de seres humanos (mayoritariamente con poco talento) hablando apasionadamente de sí mismos.
No somos más que un cúmulo de líquidos y sólidos que entran y líquidos y sólidos que salen; un conjunto de vísceras y de órganos malolientes con capacidad para inventar la rueda y la bomba nuclear. ¿Porqué coño deberían interesarme sus vidas?.
Me vi atrapado en un grupo de tales características tras la salida de un concierto. Inevitablemente quedé encarcelado. Iba acompañado de Ricardo, un amigo que sí adoraba juntarse en manada con otros de su subgénero. Pero lo único importante era que en ese grupo estaba Mireia; una espectacular mujer que me volvía loco; una de las pocas con las que no me importaba fingir que me interesaban sus proyectos. Me interesaban otras cosas de ella, obviamente, y eso me mantenía vivo en medio de la marabunta de artistillas. Hubiera querido montármelo con ella en mitad de ese corro. No somos más que un cúmulo de cosas que entran y de cosas que salen.
Al día siguiente, trabajo. Y al otro. Y al otro. Y al otro. Y al otro. Dejé la semana atrás, y el sábado busqué desesperadamente en la "Guía del Ocio" para encontrar una excusa que me hiciera chocarme de bruces con Mireia, y con sus piernas, y sus ojos, y sus labios, y sus amigos, y las estúpidas risitas de sus amigos, y las voces desafinadas de sus amigos, y las guitarras mal tocadas de sus amigos, y las letras pésimas de sus amigos; y sus piernas, y sus ojos, y sus labios...
Encontré un concierto de jazz bastante interesante. Llamé a Ricardo.
- De acuerdo - me contestó. - Llama también a tus colegas del fin de semana pasado
Había sitio de sobras para aparcar. Era una zona industrial con algún que otro local musical. Las calles estaban vacías. A la gente le interesa ganar dinero, no la cultura; algo totalmente lógico y natural. Enfrente del local había un parque bastante grande; ideal para que Ricardo se liara un porro. Allí los esperamos mientras mi amigo le daba al canuto. Yo le acompañé con alguna calada por mero aburrimiento. Ricardo no hablaba demasiado conmigo. Sabía que tampoco teniamos mucho que decirnos. Es de esas personas de las que a veces te preguntas: ¿porqué se supone que es mi amigo?; y no sabes qué responder. La respuesta llega en los días de aburrimiento. Pero sobretodo llega cuando se presenta Mireia.
Me atraía tanto que me veía pequeño a su lado. Me creaba una inseguridad que por suerte superaba en cuánto abría la boca. Tuve que soportar de sus amigos las historias de sus ensayos, lo fuerte e hiperbólica que era la crítica que un tipo que no conozco había hecho a un grupo que no conozco (y que al parecer de ellos, debía conocer para ser un ente de este mundo); y también tuve que aguantar las rajadas que hacían de otros "artistillas" locales que a su vez rajaban de ellos por no se qué historias de conceptos musicales más o menos puristas, de envidias y de pollas en vinagre. Si pusieran el mismo empeño que ponen para esas cosas en aprender a cantar y a escribir...
La sala era otra nave industrial reformada para la ocasión. Le habían puesto una mano de pintura, un cartel luminoso y dos gorilas en la entrada.
Una vez dentro, nos encontramos en un lugar frío, oscuro y poco higiénico. Estaba agusto. Era muy largo y estrecho; el escenario estaba al fondo de la sala; una pequeña tarima sobre la cual los músicos deberían hacer puro contorsionismo para tocar. A la derecha, la barra y varios taburetes. Iba a dirigirme a uno de los taburetes a pedirme un cubata, pero Mireia me retuvo del brazo.
.- Shh... ya salen.
De golpe las personas que pululaban por el recinto (no más de 30), se acercaron al escenario y se sentaron en el suelo. Ricardo y Mireia y sus amigos hicieron lo propio, y yo me quedé con ganas de ingerir alcohol.
La banda tocaba bien, muy bien. Temas propios y alguna versión. Yo quería escuchar pero me desconcentraba el hecho de tener a Mireia tan cerca. Sus curvas eran la melodía perfecta que ningún músico de jazz habría acertado a componer. Delante mío tenía a Ricardo cuchicheando con los amigos del "mundo artístico". Luego seguro que saldrían haciendo la crítica del concierto, y ni siquiera lo estaban oyendo...
Acerté. A la salida hicieron la crónica del evento en el parque de enfrente. Mireia también hablaba al respecto pero ella podía hacerlo, porque ella lo había escuchado y porque estaba buena. Siguieron y siguieron hablando. Yo me levanté, alcanzé a ver un bar a unos 150 metros y fui a por una lata de cerveza. En el bar daban futbol. Atlético de Madrid contra el Zaragoza, un buen partido. Podría estar en casa, en calzoncillos, sentado en el sofá con un vaso de vino en una mano y una bolsa de pipas en la otra viendo el partido. Iban 1-1 y era la primera parte. El Atlético de Madrid había armado una buena delantera. Los jóvenes y los mayores del bar hablaban a gritos, reían delatando ignorancia y sinceridad. Ellos seguramente jamás habían oido las palabras "pedentaría" y "ego" en sus vidas. Quizá por eso parecían tan felices. Por eso, y porque el Zaragoza marcó un golazo de falta directa y el dueño del bar tenía un banderín colgado en la barra del equipo maño. Sería aragonés.
Salí del bar con cierta tristeza y con mi ropa impregnada al olor de embutidos y de albondigas caseras. Decidí no abrir aún la lata de cerveza.
Los chicos del mundo artístico seguían tal cual les había dejado, en las mismas posturas y con las mismas palabras; seguramente no se habían percatado que había desaparecido unos minutos. Me senté en el parque y abrí la lata. Aquello parecía ir para largo y yo dependía del coche de Ricardo. Mireia giró la cara, me miró y me dijo:
- ¿Tú qué opinas Julián? - efectivamente no tenían ni idea de que me hubiera marchado. - Yo sólo estoy de acuerdo con lo que tú has dicho, Mireia.
Mireia sonrió de oreja a oreja, y los ojos se le encendieron con un brillo precioso. Su cintura pareció estrecharse, su cadera ensancharse y sus pechos hincharse.
Se volvió a girar y miró a todo el grupo de artistillas con una sonrisa irónica y burlesca, como diciendo: "¿veis? tenía razón".
No se qué coño había hecho pero me encantó aquello. Me gustó tanto que volví a repetir la frase.
- Yo sólo estoy de acuerdo con lo que tú has dicho, Mireia.
Sus pechos no se hincharon más, pero se sentó junto a mi, me dijo al oido en voz bajita: "Gracias", y seguidamente me dio un beso en la mejilla rozándome los labios. Me excité y, cosa extraña en mí, me bebí la cerveza de un sólo trago.
Siguieron hablando y yo volví al bar. El Zaragoza ganaba 1-2 y el dueño había repartido taquitos de queso para celebrarlo. A mi también me ofreció y yo aproveché para darle las gracias y pedir otra lata. Mientras me alejaba del bar, oía gritos de "¡mierda!" y de "¡defensas blandengues!", así que supuse que el Atlético de Madrid había empatado.
Me senté en el parque. Tampoco se habían dado cuanta ésta vez de que me había marchado. Los oí hablar; me bebí la cerveza rápidamente y dije:
- Yo sólo estoy de acuerdo con lo que tú has dicho, Mireia.
Los demás me miraban extrañados, buscando significado a mis palabras, rastros de alucinógenos en mis gestos faciales... Ricardo me miró bastante enfadado, pensaba que les estaba tomando al pelo; a él y a sus enormes egos de críticos exitosos y músicos fracasados. Sin embargo Mireia volvió a sonreirme. Me pareció ver como sus pechos y sus labios y sus caderas volvían a hincharse en señal de agradecimiento. Se sentó a mi lado y me dijo de nuevo al oido: "tranquilo, los estás dejando en evidencia". Y volvió a besarme; esta vez más en los labios que en la mejilla; digamos que; 60% labios, 40% mejillas.
De nuevo siguieron hablando, y yo volví al bar. Había comenzado la segunda parte; el marcador era de 3-2 para el Atlético de Madrid. El dueño del bar ya no repartía tacos de jamón, sólo repartía tacos para la defensa de su equipo. El juego de bandas del Atlético estaba destrozando al equipo maño, los extremos cambiaban constantemente de bandas y eso descentraba a los laterales del Zaragoza. Además los laterales subían mucho al ataque y a veces dejaban libre el espacio que debían tapar, y los relevos no se hacían correctamente. El Zaragoza, por otro lado, había salido dispuesto a hacer un juego ofensivo, a no cerrarse, y eso era de agredecer porque aseguraba goles y espectáculo, aunque también riesgo. El Zaragoza parecía destinado irremediablemente a la derrota. Sentí algo de lástima por el dueño y decidí engordar su cartera pidiéndole un paquete de seis latas.
Salí a la calle. Subí hacia el parque. Oi gritos de locura. Había empatado el Zaragoza. Lástima, ¿qué tapita habría repartido ésta vez?.
Cuando llegué al parque iba por la tercera lata del paquete. Me senté; guardé el resto de cervezas detrás mío y los observé. Ahí estaban ellos, discutiendo hasta el extremo de declararse la guerra por asuntos que no importaban a nadie. Y ahí estaba yo. Sentado en la misma posición, con la quinta cerveza en 45 minutos; aunque para ellos seguía siendo la primera, porque para ellos, yo no me había movido del sitio.
- Yo sólo estoy de acuerdo con lo que tú has dicho, Mireia.
Me ignoraron. Incluso Mireia. Me bebí la sexta cerveza, la cuarta del paquete.
- Yo sólo estoy de acuerdo con lo que tú has dicho, Mireia.
- ¿Qué coño te pasa? - dijo uno de sus amigos. - Ricardo - dije yo -, llévame a casa anda. Puedes llevarte a Mireia conmigo si a ella no le importa.
Mireia se reía. Seguramente vería algún tipo de morbo en mi comportamiento. O también podría ser que en ese instante, con seis cervezas en el cuerpo, mi actuación rozara un ridículo del que yo no era consciente.
- Ricardo - dijo el mismo tipo - tú amigo se está riendo de nosotros y me está buscando las cosquillas. - Estoy algo mareado; del alcohol y de vuestra charla... deja que repose un poco y mañana lo que te buscaré será tu puta yugular. Únicamente Mireia dice cosas con algo de sentido... - Ricardo - volvió a decirle el tipo, mucho más enfadado - se ríe de nosotros... - Pues yo estoy de acuerdo con todo lo que él ha dicho - dijo Mireia y me guiñó un ojo. - ¿Te vienes conmigo? - le pregunté - Claro
Recojí las dos latas de cerveza que quedaban y le dije a Ricardo:
- Nos vamos, tú quédate; nosotros ya nos cogemos un tren.
Mientras nos íbamos, Mireia me dio su tercer beso de la tarde. Esta vez sin trampa ni cartón. 100% labios. Carnosos y suaves. Era consciente de que, mientras nos alejábamos sus amigos podrían estar observándonos, así que les levanté el dedo corazón a modo de despedida. ¡Me la quedo yo, panda de capullos!; sin necesidad de entrar en vuestro mundo. Me giré para besarla, ésta vez con lengua... ¡qué lengua!. Me sentía doblemente embriagado, me sentía débil, me sentía indefenso... entonces fue cuando sentí un golpe fuerte en mi cuello.
Cuando desperté estaba tumbado en el sofá de mi casa. Ricardo estaba conmigo. Mireia no.
Me dolía mucho el cuello. Tenía una bolsa de hielo detrás.
- ¿Qué ha pasado? - pregunté a Ricardo. - Calentaste demasiado a Víctor - ¿A quién? - A aquel tipo... - Ah... - Mira, será mejor que dejemos de ver a ese grupo. Incluso estoy planteándome el dejar de verte a ti por un tiempo, porque... - Tranquilo Ricardo, hablas como si fuéramos novios... puedes hacer lo que te de la gana. - De acuerdo - ¿Y Mireia? - A ella tampoco la veas, mejor que no - Ella sí seguirá viéndome - Todo su grupo está ansioso por tirársela. Y esta noche lo ibas a hacer tú a costa de reirte de ellos, y de mí; todo sea dicho de paso... - No me vengas con moralejas Ratoncito Pérez... - Vale, pero te advierto que tendrás a todo un grupo encima tuyo. - Puedo con todos - No estoy seguro... - ¡Puedo con todos! No son más que una panda de mierdosos frustrados. - Tu no eres tan distinto a ellos, quizá por eso les tengas tanta repulsión - ¡Otra vez con las putas moralejas! ¡Crionízate como Walt Disney! - ¡¿Ves?! No dejas de provocar...
Cogí aire y respiré profundamente. El cuello me dio un pinchazo.
- Ricardo, te agradezco mucho que me hayas llevado a casa; ahora por favor, véte.
Ricardo se marchó no muy convencido y yo me quedé en el sofá mirando al vacío...
Volví en mí rápidamente.y dejé el hielo en el congelador. Me puse en calzoncillos. Cogí vino, pipas y encendí el televisor. Daban los resúmenes de los partidos de futbol. El Atlético de Madrid había ganado 4-3. Lo sentí por el hombre de los tacos... Entre partido y partido me iba imaginando los puñetazos y golpes que iba a propinar a los miembros del grupo de Mireia. Uno a uno, en plan película de héroe vengador. No eran más que unos mierdas...
Tras el resumen de los partidos empezó el debate y la tertulia. Una panda de ex futbolistas y señores gordos trajeados discutiendo con fervor y de manera enfermiza acerca de la jornada, levantando el tono de voz constantemente, profundizando sobre algo superficial... creyendo llevar la razón y poseer la verdad absoluta. La mayoría de los ex futbolistas eran unos mediocres en su día, los señores gordos trajeados posiblemente fueran futbolistas frustrados. Eso me recordó sobremanera al grupo de Mireia y al cojunto de personas pertenecientes al "mundo artístico". Pero la diferencia era que, con estos del fútbol me divertía y me lo pasaba bien; me caían hasta simpáticos, ..... ¿no?........ ¿noooo?.
Si yo jugara a fútbol, ¿los odiaría e inventaría el término de "mundo futbolístico"?.
Bufff... Quizá no sea tan distinto a ellos como pienso... Aún así les partiré la cara.
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Friday, June 01, 2007
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SR. ZAMBRANA - HECHOPOLVO
01. INSPIRA, ESPIRA
02. TE TENGO
03. ESTRÉS (CON ANIKI; SCRATCHES: DJ CODE)
04. MI MORADA
05. ABSURDO (SCRATCHES: DJ SWET)
06. DEMASIAO PA TI (CON SEISMO)
07. YA SALDRÁ... (CON ALMARGEN)
08. COLOR
09. BATALLA DE CALLOS (A LA MARINERA)
10. DEL VALLÉS A TU EQUIPO (CON GRAN PUEBLO)
11. OTRO CAMINO
12. HECHOPOLVO (CON LA PRIMA)
13. GRACIAS (SCRATCHES: DJ GELY)
14. REY DEL HEDONISMO (CON INÉS MARÍN)
15. OYE TÚ, VEN AQUÍ....
........
TODOS LOS TEMAS PRODUCIDOS POR SR. ZAMBRANA EXCEPTO TEMA 10 POR EDUARDO DON VUELO (GRAN PUEBLO)
PRÓXIMAMENTE... SNIPPET! ;)
ESPERO QUE OS GUSTE!
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Monday, February 05, 2007
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Algunas veces me preguntan: "Julián, ¿porqué tus relatos son tremendamente más duros que tus canciones, si el estilo de música que practicas es aparentemente contundente?", a lo que yo respondo: "para mí la música es positivismo, me es imposible sacar la mierda que llevo dentro con música, pero debo sacarla de algún modo...", y continúo afirmando: "a veces me pongo lo que grabo, en cambio lo que escribo jamás vuelvo a leerlo", "¿y porqué?" me responden, a lo que yo contesto: "¿acaso después de cagar te giras para observar la mierda que has dejado?... por mi tiraría de la cadena sin más, pero parece ser que a cierta gente le gusta mi mierda... así que conservo algunas".
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¿Conoceis a esa clase de personas que dona parte de su dinero a organizaciones no gubernamentales, no tanto por ideología sino por sentirse reconfortados con ellos mismos? Bien, pues Martín hacía eso mismo. Pero con el sexo. Practicaba el sexo benéfico. Coitus ONG.
Decía que le parecía maravilloso follar con mujeres poco agraciadas a las que él consideraba inferiores, mujeres subdesarrolladas, mujeres en vías de desarrollo, mujeres tercermundistas, mujeres precarias; creía que hacía una obra social maravillosa.
En el fondo yo creo que tenía miedo de acercarse a las mujeres guapas e iba a por las "presas fáciles"; ciertamente, con las mujeres guapas se habría sentido lleno de complejos, mientras que con las mujeres muy gordas, muy flacas, narigudas, dentudas, cojas, tartamudas,... se sentía en la gloria, "ellas tienen la oportunidad de follar con alguien normal, y tu te sientes plenamente superior" me decía. A veces el sexo es más complicado que la política...
- Un día perderás el control - le dije.
- ¿A qué te refieres? - respondió Martín.
- Ese rollo de sentirse superior... de ahí a una violación dista un paso
- Más de una esas tipas desearía que la violaran
- Acabarás mal
- ¿Otra cerveza?
- Sí
Ibamos a irnos ya para casa cuando entraron dos chicas al bar. Una de ellas de aspecto bastante normal; la otra, una tipa bajita, algo encorvada, con un pecho bastante decente que sin embargo salía perjudicado por la tripita cervecera que lucía, con una cara un tanto incómoda. Pidió en la barra. Tenía una voz muy estridente. Como si hubiera aspirado helio. Sonaba bastante ridícula. Finalmente, se sentaron en la mesa de al lado y Martín me miró y sonrió.
- No jodas, Martín
Pero él seguía con esa mirada.
- Martín, ya es tarde...
Finalmente se acercó hasta ellas. Yo no me moví del sitio. Empezó por la táctica inversa a la de todo el mundo, la que para Martín era la táctica habitual: empezar por la amiga guapa para acabar con la amiga fea. Así, mientras Martín hablaba, miraba y sonreía a la guapa; la amiga fea podía regodearse en su mierda; para finalmente, incrementar de forma exagerada su felicidad al ver que era ella la elegida. Eso le haría sentir más afortunada aún.
Conocía los trucos de Martín, y a juzgar por la cara de la pitufina; parecía que iba a picar en el anzuelo. Sus gestos faciales destilaban odio mientras Martín hablaba con su amiga y dejaba completamente de lado a la otra.
Pegué la oreja a la charla. Martín rápidamente captó el rollo de las chicas. Tenían ese rollo político-social que a Martín se le daba tan bien fingir que le interesaba.
- Y yo a veces pienso... en las zonas más pobres de cualquier parte del mundo, de esta ciudad o de mi misma calle, hay más incultura... y más hábitos, llamémosles denigrantes: más machismo, más violencia, menos sentido de lo que muchos llamamos raciocinio; entonces es cuando me pregunto: ¿qué es consecuencia de qué?, ¿qué es causa de qué?; ¿creeis que ésta gente ignorante y pobre es así, y tiene estos valores, porque no ha tenido medios para culturizarse?, ¿o creeis precisamente que por no tener la inteligencia de otros, claudican en nuestra sociedad y no optan a otra cosa que a malos empleos o al paro, y por consecuencia, a la pobreza?, ¿creeis qué....
¡Joder, todo el rollo que estaba soltando para follarse a una fea!.
De pronto, Martín se giró, y sus ojos se clavaron en la pitufina. Y de allí no salieron. Escuchó y escuchó, o más bien, hizo ver que escuchaba a su chica. Yo ya no tenía la oreja puesta en la conversación, pero sí mi mirada en la situación.
Parecían debatir e intercambiar ideas de una forma supuestamente interesante. Ella sonreía y le replicaba con energía, él hacía lo propio. A los cinco minutos, la amiga guapa estaba completamente anulada. Fuera de juego. La pitufina tenía brillo en los ojos; la ansiedad anterior se había transformado en frenesí; para ella era algo increible: le habían ignorado, pero después, alguien sensible había captado que lo importante era el interior de las personas... y en eso, su amiga no podría ganarle jamás... aquel chico era sensacional... aquel chico merecía poseerla.
La amiga de la fea, aburrida de que la conversación solo tuviera dos dialogantes, pagó en la barra y se marchó. Yo hice lo propio.
Al dirigirme a la salida miré a Martín y le hice un gesto, con el puño cerrado y extendiendo los dedos pulgar y meñique... "ya me llamarás". Martín me guiñó el ojo y siguió a lo suyo.
Y me llamó. Quería que nos viésemos con urgencia. Quedé con él cinco días después en otro bar. Para mi sorpresa, se presentó con la pitufina; agarrada de la mano.
- ¿Qué tal, Martín? Te veo acompañado...
- Hola Julián, ella es Marta.
Dos besos.
- Voy al servicio - dijo Marta tras una sonrisa.
En cuanto marchó, miré a Martín buscando una explicación.
- No sabía que el sexo benéfico fuera tan duradero - le dije - Deberías saber que hay más paises pobres a los que ayudar.
- Mira Julián - me respondió Martín con semblante serio - Aquella noche me la tiré. Estuvo bien, como con cualquier otra. Me sentí bien, me sentí grande, me sentí altruista. Desde entonces, créeme, he roto con ella ocho veces. Mierda... ¡qué expresión tan fuerte! Romper con una persona con la que sólo has follado un par de veces.
- Ahá... ¿entonces qué haceis juntos?
- El día después de aquella noche... me levanté en su cama. Cuando abrí los ojos, una vez descargado, y una vez habiendo cumplido mi misión; vi aquella cosa espeluznante y horrible.
- ¿Qué cosa? - pregunté
- ¡¿Cómo que qué cosa?!: pues Marta. Ya sabes, con las bolsas descargadas hasta la más guapa pierde su atractivo; fígurate Marta. Me mira con esos ojos de sapo al que le acaba de pasar un todoterreno por encima y me dice cosas como "cariño", "mi vida" y que me quiere.
- Las hay que le das un glande y se cojen el pene ¿eh?
- En fín, que llevo cinco días dónde no dejo de repetirle que lo nuestro fue sólo sexo, que no tengo intenciones más allá de eso con ella.
- Y parece no entenderlo...
- Ni siquiera me escucha
- ¿Se lo has dicho seriamente?
- En cuanto intento hacerlo, me cambia de tema rápidamente.
- No quiere escucharte - le dije.
Marta regresó a su sitio. Martín parecía abatido. En parte se lo merecía. Las personas no somos ONG's. Por otro lado, lo debía estar pasando canutas; y al fin y al cabo, se trataba de un colega. Miré a Marta y sin pestañear le dije:
- Martín y yo somos novios.
Marta se quedó completamente pálida. Martín también, aunque tuvo buenos reflejos.
- ¿Qué vais a tomar? - pasó en ese momento la camarera.
- Vino para mi, agua para ella y cerveza para mi novio- le contesté y seguidamente le cojí la mano.
Marta seguía sin articular palabra.
- Hemos pasado por una pequeña crisis, en la que él no tenía clara su condición; y como somos tipos abiertos sexualmente le dije que adelante, que tuviera experiencias con mujeres y que él mismo decidiera.
Marta miró casi llorando a Martín y tartamudeó con su voz de silbato:
- Y... y... pa... parece que... ya has elegi... gido, ¿no?
- Amo a Julián - dijo Martín con solemnidad y ternura.
- Está bien - se levantó tristemente - Que seais felices.
- ¿Te encuentras bien?
- Soy la prueba viviente del fracaso. Soy un experimento andante: "¡cómo descubrir que realmente eres gay!... con mujeres de esta índole, ¿qué sentido tiene girarse a la heterosexualidad?".
- Exageras querida, yo soy... - comenzó Martín.
- ¡Tú eres un imbécil! - al insulto le siguió un gran bofetón - ¡Experimenta con tu puta madre!.
Y se fue enérgicamente.
La camarera llegó con el vino, la cerveza y el agua.
- Llévese el agua, por favor.
Hubo un rato de silencio.
- Gracias por la ayuda... corazón - me dijo Martín, y seguidamente nos echamos a reir.
Tuvimos conversación y risas aseguradas durante un par de horas.
Salimos del bar haciendo chistes de lo sucedido, bromeando constantemente. Al fin y al cabo, esa chica, nos había proporcionado unos momentos realmente divertidos.
Al girar una esquina, algo llamó nuestra atención. A lo lejos, parecía haber un borracho tirado en el suelo, sólo veiamos las piernas.
- ¿Aún sigue durmiendo por aquí el viejo "Tomás el Ciervo"? - le pregunté a Martín a lo que él se encogió de hombros - Voy a echarle unos céntimos para que se compre una botella mañana.
Al acercarnos, fuimos descubriendo el resto del cuerpo... no se trataba de Tomás tirado en el callejón. Como podreis imaginar, aquel cuerpo que sólo veiamos parcialmente de cintura para abajo debido a que los coches tapaban el resto, era de Marta.
Yacía cubierto de sangre. A su alrededor, trozos de cristal. Se había cortado las venas. Al lado suyo había una nota.
Me giré, Martín parecía atónito, incrédulo, inexpresivo. Recogí la nota del suelo y la leí:
"Martín, gracias por hacerme descubrir el verdadero valor de mi vida".
Sin tiempo de tomar el pulso a Marta, Martín cayó al suelo y empezó a tener convulsiones. Seguidamente, se sentó en la acera. Absorto. Completamente absorto.
Mientras intentaba provocar alguna reacción en Martín, el supuesto cadáver de Marta se levantó. Recogió los cristales del suelo, se puso de pie y se dirigió hacia nosotros.
- ¿Qué? - dijo airosmente - ¿Esto sí que no os ha parecido divertido, verdad? Os vi y os escuché. Riendoos de mi poco después de irme. Como si fuera una mierda. Tenía que daros un escarmiento. Tenía que seguiros y montar algo gordo. Daros una puta lección. Una lección basada en la venganza, el dolor, algo de teatro y un poco de mercromina. Al fin y al cabo me conformo con ver que se os han acabado las risas. No pido más que un poco de respeto.
- Captado - le dije - ¿Pero hacia falta llevarlo hasta este extremo?
- Vosotros si que habeis sido unos extremistas asquerosos, sobretodo tú - dijo a Martín - ¿Qué? ¿Ahora no tienes nada que decirme, verdad?
Ni ahora ni nunca. Ni con ella ni con nadie.
Martín permenece en estado catatónico desde entonces.
Marta, casi.
Yo decidí olvidarme de todo eso lo más pronto posible, y por ese motivo lo dejo escrito.
En este mundo sólo triumfa el egoista que no cree en la beneficiencia.
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Mierda que jamás vuelvo a mirar. El positivismo para la música. La mierda para los relatos. ¿Cómo iba a cantar sobre esto?
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Friday, January 05, 2007
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Consulta del médico. Del de cabecera. Había tenido una crisis de ansiedad y tras explicarlo abajo en recepción, un buen matasanos se apiadó de mi y dijo que podía entrar en su consulta al final de todo. Necesitaba recetas de alprazolam. Hacía tiempo que no había tenido ninguna crisis, y por tanto, hacia tiempo que no me medicaba; y ahora, al sucederme este episodio de ansiedad de golpe, me encontraba sin pastillas.
Era curioso. Siempre que había ido al médico, la sala de espera estaba repleta de pacientes y de gente esperando y aguardando para su consulta. Pero hoy estaba solo. Todo el ambulatorio para mi. Para mi, y para el paciente que había en la consulta del médico. Detrás suyo iría yo. Me concentré, y me di cuenta de que, sin gente alrededor, se oía perfectamente toda la conversación entre médico y paciente tras la puerta.
La voz del paciente era de chico. Y su problema? Pedía un volante para un especialista por un problema de impotencia. En cuanto oí la palabra "impotencia" sonreí, no pude evitarlo. Si el mendas hubiera mencionado la palabra "ansiedad", "hiperventilación" o "corazón", me lo hubiera tomado de una forma más seria; pero la impotencia era algo que, afortunadamente, me quedaba muy lejos.
El médico le decía que debería ver a un psicólogo, un psiquiatra, o alguno de estos... El paciente parecía algo reacio ante esa idea. Tras unos cinco minutos de entretenida charla, el paciente salió por la consulta con su volante bajo el brazo.
Coño! El paciente era un antiguo compañero de la EGB. Creo que se llama Héctor. Sí, Héctor "el malafolla". Le llamaban así por sus cejas arqueadas que le daban la impresión de estar siempre enfadado. Seguía teniendo las mismas cejas y casi el mismo aspecto; sin embargo, el tono de voz le había cambiado fuertemente. De ahí que, lógicamente, no reconociera su voz tras la puerta. Normal, habían pasado unos once años desde que salimos del colegio. Héctor siempre había sido grande, más grande que la mayoría de los niños y ahora estaba hecho un bestia de dos metros y un armario por espalda.
- Julián? – me dijo al verme
- Hostia puta! Héctor? – dije yo
- Qué hay! – dijo afectuosamente y me estrechó la mano
- Cuánto tiempo!
- Ya te digo
- Oye, Héctor, yo ahora voy a entrar un momento a que me hagan una receta y enseguida salgo. Si te esperas y te apetece o tienes tiempo, vamos ahora a tomarnos unas birritas a algún bar cercano.
- Mmm... vale, pero yo tomaré Coca-cola que no bebo – dijo y me sonrió.
- De acuerdo.
El bar estaba a escasos cincuenta metros del ambulatorio. Tras la barra se escondía una mujer entrada en edad, teñida de rubia, excesivamente delgada, con ojeras y cara de alcohólica. Le pedimos una mediana y una coca-cola y fuimos a sentarnos a una mesa. Mientras, a tres metros nuestro teníamos a una panda de quinceañeros con cara de gilipollas jugando a los dardos.
Por el camino le fui contando parte de mi vida en estos años. Bueno, le conté lo que me interesaba contar, que era a su vez lo menos interesante.
- Bueno, y ahora te toca a ti, que ha sido de tu vida? – le pregunté yo con intención de extraer alguna información valiosa para un próximo relato. El pobre se pensaba que lo escuchaba de corazón.
A Héctor se le humedecieron los ojos.
- Estoy pasando por una mala etapa en mi vida, Julián. Una muy mala etapa.
Normal, si no se te levanta el pájaro; pensé. Pero puse cara de interesante.
- Estaba realmente enamorado – siguió – Estoy realmente enamorado! Llevaba cinco años con Laura, teníamos planes. Estábamos amueblando el piso.
- Algún problema con ella, Héctor? – pregunté
- Teníamos la hipoteca concedida por el banco. Yo estoy fijo en la oficina, y ella trabajaba en una empresa de construcciones de administrativa, y ganaba un buen sueldo, porque su jefe básicamente contrataba a inmigrantes para hacer las tareas de la obra, mientras ella era bien considerada.
- Y bien?
- Uno de esos putos inmigrantes! Un puto negro! – empezó a chillar como un histérico.
La vieja alcohólica de la barra se giró.
- Se llamaba Amara o algo así, senegalés... – dijo – Laura siempre me decía en cuanto llegaba a casa: "Amara es muy simpático", "Amara está todo el día mandándome piropos", Amara no se que, Amara no se cuantos... Maldita sea, te digo Amara pero ni siquiera recuerdo el nombre del negro!
- Aja...
- Hasta que un día me dice: "Amara me ha enseñado el pene... joder, es como una manguera". Y estuvo todo el puto día con el pene del negro... "es que, no veas que exageración...", "es que la tía que esté con él puede acabar reventada...". Incluso me dijo que le comentó lo que le medía la polla. 26 centímetros! Mierda! Y yo de mientras con mi puto problema...
- Eh? A qué te refieres? – dije yo fingiendo que no había oído nada tras la puerta en la consulta del médico.
- La verdad es que no se que hago contándote todo esto, a ti, que hace tantos años que no nos vemos, y que apenas teníamos trato en el colegio.
- Bueno, yo te estoy escuchando, no?
- Cierto – dijo Héctor – Total, que me viene un día y me dice: "te dejo, me voy con un hombre de verdad". La muy zorra! La vi marcharse de mi casa, me asomé por el balcón y ahí la vi a ella, con el negro, con el puto negro besándose mientras le magreaba el culo. "Me voy con un hombre de verdad..." Me cago en mi vida! No pude hacer otra cosa que quedarme plantado delante del balcón, sin fuerzas para nada. Fue un mazazo para la cabeza. "Me voy con un hombre de verdad..."
Lógico, 26 centímetros convierten a cualquier individuo en un hombre de verdad, pensé yo...
- Vaya – dije – Lo siento mucho. Esto del amor es así de jodido.
- No creo que lo que ella sentía por el negro fuera precisamente amor.
Con 26 centímetros hay mucho amor para dar, pensé yo...
- Y como estás ahora? – le pregunté
- Mal, me sigue doliendo en el alma
- Bueno, si dices que lo suyo con el tipo ese no era amor, no te desesperes, puede que vuelva contigo siempre que tu la quieras recibir – le dije.
- Ella? – puso cara sorpresiva – Imposible. Ahora está en un piso de protección oficial viviendo con Musa, un amigo del Amara ese. Ahora está con él. Me lo dijo una amiga.
Mmm... 26 más 26 hacen 52. 52 centímetros de verga que han entrado en ella en los últimos meses, pensé yo...
- Bueno Héctor, eres joven, no te puedes amargar con algo así.
- Putos negros! – gritó otra vez. De nuevo, la vieja de las ojeras le miró. Alguno de los adolescentes agilipollados de los dardos le aplaudió: "ahí, ahí!".
- No seas así – dije yo – No culpes a los negros de que a Laura le gusten los trabajadores senegaleses.
- Ah, entonces la culpa es de Laura o qué!? – dijo él algo exaltado.
La culpa es de tu polla, pensé yo...
- De nadie – dije – Tú vive y deja a ella que viva. Y deja ya a esos negros en paz, macho!
- Los he acabado odiando – dijo casi llorando.
Deberías odiar a tu polla, pensé yo...
Llamé a la vieja de la barra con un gesto con el brazo. Enseguida vino.
- Dime guapo – dijo con voz de carajillo.
- Ponme un vaso bien grande de tinto – le dije
- Y tú? – dijo la vieja mirando a Héctor
- A mí, ponme un agua
- Vaya vaya... – dijo la vieja bromeando– aquí este chico con un vasazo de vino, y tu tan grandullón con un vasito de agua. Pensaba que eras un hombre de verdad.
A Héctor se le encendieron los ojos, tiró la Coca-cola al suelo y gritó.
- Me cago en todos vosotros! Me cago en esta puta vieja, me cago en ti, Julián, me cago en esos putos niñatos de ahí al lado, me cago en los putos negros, los chinos, los franceses, los alemanes y la madre que los parió. Hijos de puta todos!
Dicho esto salió corriendo.
La vieja y yo nos quedamos con cara de anodadados. Un par de los niñatos que jugaban a los dardos salieron detrás suyo a perseguirle con un pincho. Yo miré a la vieja.
- Es que no se le levanta... – le dije
- Ai, pobre...
- Ponme igualmente ese vaso de vino
- Marchando.
Me senté en la mesa con el vino, pensando que ya tenía material para otra historia.
Y con toda la tontería, me acordé que tenía que ir a la farmacia a por mi medicina, pero ya era demasiado tarde. Las nueve y media. Mierda. La farmacia de guardia estaba en el quinto coño. Mierda.
Suerte que esa noche no me dio ninguna crisis de ansiedad. La pasé escribiendo...
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