Cándido tributo a la música negra
Rendido a todos los temas sociales candentes, John Sayles, director de Hombres armados o la reciente La casa de los babys, pero sobre todo de la que apunta como su mejor película, Lone Star, baja su listón crítico —que, todo hay que decirlo, nunca llegó a los niveles de Ken Loach— y se infunde del espíritu de Frank Capra para dirigir esta película cándida, pero tributaria de una época en la que los guitarristas de blues —el estilo que tan bien se analizó en los documentales producidos por Scorsese— empezaron a convertirse en verdaderas estrellas. Sucedió gracias a la electrificación de sus instrumentos, lo que les posibilitaba estar a la altura sonora del saxo, la trompeta o el piano.
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