“¡México te ama!” gritó alguien desde una de las butacas del primer
piso del teatro. Como si se tratara de una epidemia, dicha consigna se
multiplicó rápidamente logrando que Mónica Naranjo se estremeciera
hasta llegar a las lágrimas. Con la voz entrecortada, la española sólo
alcanzó a responder: “Y yo a vosotros”.
La escena anterior,
ocurrida el viernes pasado en el Teatro de la Ciudad, fue por demás
emotiva. Se trató del reencuentro de aquella mujer que a principios de
los 90 causaba furor en las listas de las estaciones de radio en
México, la misma que llenaba cualquier cantidad de centros nocturnos, y
que se convirtió en todo un estandarte para la comunidad lésbico-gay.
Pero
como dice Rubén Blades, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la
vida”. Siete años después, Naranjo regresó a México en una actitud
completamente diferente, como una mujer totalmente terrenal que llora,
sufre, es humilde y que anhela reconquistar a esa audiencia que hace
varios años la catapultó en un éxito tal, del que luego la española
tuvo que escapar por su propio bien.
Porque más allá del
autoexilio de la escena musical al que ella misma se sometió, y de toda
la polémica que tuvo que enfrentar (tras las supuestas declaraciones a
la revista Rolling Stone sobre México), si algo hay que reconocerle a
esta mujer, es que siempre toma al toro por los cuernos.
Por
ello, la noche del viernes, vimos a una Mónica centrada, muy alejada de
ese personaje de cabello bicolor que llegó a México queriendo comerse
al mundo.
Sin tapujos, contó todo a sus fans: “Aprendí a
vivir, estuve siete años alejada del medio, no componía, no cantaba.
Pude casarme y tener un hijo, un verdadero privilegio para los artistas
(...) Pasaron los años, y mi marido un día habló conmigo. Me dijo que
le preocupaba vivir con alguien que casi llega a los 40 años y que ha
interrumpido un ciclo de su vida”.
Así pues, Mónica Naranjo
fue recontratada por la disquera Sony, bajo la promesa de que ahora
podría realizar lo que ella quisiera: “regresar al conservatorio, a los
orígenes”.
“No fue nada fácil, fue una tempestad, bueno...los
artistas no somos muy cuerdos, créanme, y saben que yo nunca he estado
muy equilibrada”, bromeó la cantante española Mónica Naranjo.
En
diversas ocasiones, las poco más de mil personas que se reunieron en el
foro mencionado se pusieron de pie para ovacionar por varios segundos a
la intérprete. El gesto fue respondido con lágrimas y reverencias por
parte de ella.
Las muestras de cariño por parte de su público
(mucho de éste conformado por la comunidad lésbico-gay) fueron
diversas, e inclusas unas ya caían en lo ridículo. Por ahí, alguien
hasta parafraseó al fallecido Papa Juan Pablo II: “México siempre
fiel”.
El del viernes fue el primer paso que Mónica Naranjo
dio en su regreso a México. No será extraño que tras el caluroso
recibimiento que recibió, la española de 35 años realice conciertos en
otros teatros en la capital mexicana, seguramente segura de ese dicho
de que “el tiempo lo cura todo”.