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Last Updated: 7/15/2009

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Saturday, October 07, 2006 

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Las investigaciones folklóricas del compositor Béla Bartók (1881-1945) en Hungría, Rumania y Bulgaria en 1905, le habían mostrado la existencia de ritmos que divergían de las normas simétricas de la música centroeuropea.

Encontró formas métricas a base de números primos, tales como 7/8, 5/8, 11/8 y así sucesivamente; y también acentos asimétricos en las formas métricas tradicionales.

Así, un compás de 8/8 puede descomponerse en corcheas en diversas combinaciones: 3+3+2; 3+2+3; ó 2+3+3, creando efectos distintos del compás clásico de 4/4, de la misma longitud. Aparte de estos nuevos esquemas métricos, las investigaciones desenterraron combinaciones polimétricas que eran la antítesis del sencillo ritmo tradicional.

Este uso de metros y ritmos que difieren de los antiguos de dos y tres partes es también característico de la nueva prosa del pensamiento musical y corresponde a la liberación de la frase o estructura periódica de las reglas clásicas (Hans H. Stuckenschmidt).

Debemos mencionar aquí, los importantes aportes del pedagogo musical y compositor suizo Émile Jacques-Dalcroze (1865-1950), quien a través de su novedosa metodología enseñó a las nuevas generaciones europeas a pensar y sentir simultáneamente en diversos modelos o patrones rítmicos.

Uno de los compositores pioneros de la polimetría y la polirrítmica fue el norteamericano Charles Ives (a quien nos referiremos más adelante), con su obra de 1904 titulada Marcha 1776. También, el francés Eric Satie logró tales efectos en su ballet Parade (1917).


Jesus Ignacio Pérez-Perazzo
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