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Last Updated: 11/28/2009

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Wednesday, May 06, 2009 

Current mood:  angry

Prisionero federal 89637-132

  Saber que Wallace Black Elk estaría presente fue un factor decisivo para aceptar la invitación de pasar un mes acampando en una montaña de Michoacán.
Llegué al DF y de allí a una casa en las afueras de Morelia donde me preguntaron algunos datos personales. Al día siguiente me tocó compartir el espacio de una camioneta con un nativo purepecha, un yaquí, un alemán y un vasco rumbo a la montaña
Había alrededor de ochenta personas de diferentes países, la mayoría pertenecientes a naciones nativas americanas.
Allané el terreno, armé la carpa, tiré mi mochila dentro y antes de acostumbrarme al aire seco y polvoriento me encontré cargando un poste que formaba parte de la estructura de un enorme tipi (esas tiendas indias que se ven en las películas del lejano oeste). Dos días después arribó Alce Negro Wallace, líder espiritual Lakota (esos a los que en las mismas películas donde vemos los tipis llaman Siux).
El abuelo, así le llamaban, aprovechaba la soledad que reinaba en la cocina, muy temprano a la mañana, para desayunar. Ese era el momento ideal para escucharlo. Con voz grave que golpeaba fuerte las consonantes y entre chistes que tenían como protagonistas a los “batas negras” (sacerdotes católicos) dijo: “voy a hablar de Wounded Knee”.
En 1890, alrededor de 400 hombres del séptimo de caballería de Estados Unidos rodearon un campamento lakota con órdenes de escoltarlos hasta un tren que los llevaría a Nebraska. Aquel encuentro se resolvió con 25 soldados y casi 300 lakotas muertos entre los que se cuentan mujeres y niños.
Pero Wallace situó su relato en 1973 cuando el Movimiento Indio Americano (AIM) ocupó durante 71 días el pueblo de Wounded Knee en Pine Ridge para protestar por los continuos abusos a manos del FBI y una suerte de grupo paramilitar pro asimilación llamados Guardians Of the Oglala Nation (GOONs). “Los días de hacer tratados con los indios terminaron en 1871, hace 102 años” decía la carta enviada por Richard Nixon. A cambio de la negociación esperada por el AIM, el gobierno estadounidense creó el programa COINTELPRO de contrainsurgencia que dio comienzo al denominado “reino del terror”. Para 1975 los muertos del movimiento sumaban 69 y los acusados de conspiración y terrorismo 700. Ese mismo año, dos agentes del FBI ingresaron a la reserva y, en un incidente poco claro, fueron abatidos por disparos de escopetas.
Según las autoridades, más de 400 nativos participaron de la balacera a la que se sumaron funcionarios del Bureau of Indian Affairs (BIA) y los mencionados GOONs en aopyo al FBI. Fueron detenidas cuatro personas, uno de ellos es Leonard Peltier, quien luego de un juicio confuso y sin pruebas firmes, en una revisión del juicio a pedido del Comité de Defensa un fiscal de EEUU admitió que “no podemos comprobar quien le disparó a los agentes” fue condenado a dos cadenas perpetuas.
Peltier lleva 30 años en prisión, donde mantuvo contacto con otros presos políticos como el puertorriqueño Rafael Cancel, condenado a 25 años por actuar en contra de que su país fuera Estado Libre Asociado, y del periodista miembro del Partido de las Panteras Negras Mumia Abu-Jamal, también condenado a cadena perpetua.
El 12 de setiembre, Leonard Peltier cumplió 63 años.
Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, el Arzobispo Desmond Tutu, el Reverendo Jessie Jackson, Amnistía Internacional, el Alto Comisionado para los derechos humanos de la ONU, el Parlamento Europeo y el Centro Kennedy para la Memoria de los Derechos Humanos son algunos de los que solicitaron al Gobierno de EEUU el indulto del activista. En el año 2000, el ex mandatario Bill Clinton afirmó en un programa de radio que liberaría a Peltier pero, después de una marcha en la que participaron 500 agentes del FBI en contra de la clemencia, se arrepintió.

“Puedo decirles, como hombre que ha pasado gran parte de su vida en un agujero de piedra y acero, que agradezco inmensamente y me asombra por completo esa atención de un mundo exterior que con la mayor frecuencia olvida a quienes nos encontramos entre estas paredes.” Leonard Peltier.


El Fuego Sagrado