De mi se dicen tantas cosas.
Que nací y morí tal día.
Que nací un mayo y morí con veintisiete.
Que tuve una mujer y después otra.
Que quise bien y también que defraudé.
Que dejé un hijo.
Que morí envenenado con un whisky convidado por un marido celoso que me pilló,
o que tal vez morí de neumonía
o que tal vez morí de sífilis.
Pero en las versiones que corren sobre mí me veo más atractivo de lo que realmente fui.
De mí se conservan sólo dos fotos, en ambas aparezco con mi guitarra, en ambas con mi cigarro.
Una es de cuerpo entero e ilustra la tapa de mi único álbum con mis únicas 29 canciones, la otra es un retrato mucho más cercano donde miro a la cámara sin sonreír.
Dicen que en un cruce de caminos hice un pacto con el diablo.
Que le di a cambio mi vida por tocar el mejor blues de todos los blues, y que luego que me desvanecí y me esfumé como un ángel.
¿Qué es lo que tuve que la gente se empeña en querer de mí?
¿Cuál fue el propósito de mi talento inigualable si mi vida duró tan poco?
Me cargo la guitarra al hombro y ensucio mis zapatos deformados en el camino de tierra. Fui y soy pobre.
Mi lápida es puro cuento, no hubo nada de mí que se pudiera enterrar.
A. Knight