Voy a abofetear tu linda cara... Quiero hacer añicos la
belleza pequeña de ese rostro que me mira con veneración desde hace cinco años.
Lameré los segundos que tu sangre deliciosa recorra por la comisura de mis
caricias desesperadas..., con esta lengua desnuda de voces, carente de
sintagmas, seca de sentimiento...
Provocaré, con el eco de las sogas vocales de mi garganta
atragantada, un terremoto de gritos. Griterío que eclipse los jadeos delicados
de tu boca partida, de tus silencios secuestrados... Soy el aborrecible verdugo
que se acuesta junto a la tragedia de tus ojos mudos..., el cadáver que observa
desde su tumba descompuesta el devenir de los sentimientos humanos...
Me caeré encima de tu abismo: boquete salivoso que abrí con
las manos que me amputaron siendo niño..., niño en la cúspide de tus labios
recién nacidos... (Nadie nos enseñó a amar embadurnados de placenta)...
Y, ahora, yo arranco los cordones umbilicales que nos
esclavizaron, arranco de tu cuerpo el sentido de lo venidero; del mío, la
sentencia envejecida de ser el peor de los despojos humanos. Arranco la vida,
la vida y la muerte; y hago de la existencia un lupanar de vértigos, de
caricias, de sabrosas miradas al albor de estas uñas que arrancan despacio la
epidermis sediciosa de los orgasmos que rezan mi nombre en tu sexo...
Estoy a punto de reventarte la boca con mi puño de cielo;
con mi polla enardecida de hadas blancas que derramen su sentencia salvaje por
las rajitas secas de tus labios adolescentes... Pronúnciame mientras me corro
en tu boca, deletrea mi nombre insoluble en el momento en que eyaculo despacio el
universo entero entre tus dientes blancos...
Me muero, pequeña... Muero entre toda esta muerte, esta
vejez desaventajada...
Siéntate encima de mí, ahora que todavía estamos a tiempo, y
haz todo lo que tengas que hacer... que adoro todo lo que segrega y evacua tu
cuerpo...
La ventana se ha cerrado para siempre, el otoño nos ha
asesinado…
Volveré a ser un hombre para el mundo..., cansado y harto...
Escúpeme, violéntalo todo... pequeña gota de cielo; haz
(consigue) que yo nunca haya existido, orina y defeca en mi rostro... Sé
siempre la niña que dibujo en el horizonte mientras me corro sobre cualquier
cuerpo humano de mujer...
Odio todo lo que no se parezca a ti (incluido yo)...
Ojalá no hubiera nacido nunca...