De bruma y brillo la justicia se viste.
Muestra su incontestable prueba
frente al juez de millones de ojos.
El dios campesino espía,
con sus manos aparta las nubes.
Aunque su túnica de niebla
no deja que la luz brille,
él todo lo alumbra.
Y así,
con las manos llenas de planes
y los ojos vacíos de todo,
consumidos como velas caducadas,
como llamas temblorosas en lo oscuro,
avanzamos hacia atrás como cangrejos
y nos ocultamos en algún portal,
de noche.
Esa tormenta que nos censura
pronto pasará,
pero pronto habrá otra
más intensa, más larga.
Yo canto en el olvido de los sueños
esperando la llamada que no llega.
Me gasto y me desgasto,
y me da asco,
y me enredo
con las vanas ideas que nublan mi mente,
con esa espuma embriagadora,
la vanidad.