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Puertorriqueños por Puerto Rico


Last Updated: 5/10/2009

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Tuesday, December 11, 2007 

El poder de la reconciliación política


Nos dividieron para vencernos.  Hoy nos reconciliamos para obtener el poder político y crear un nuevo puertorriqueñismo.

Por siglos, la clase política dominante de Puerto Rico creó y fortaleció un discurso para dividir a los puertorriqueños en tribus. Esta división tenía el propósito de evitar que nuestra población descubriera las verdaderas causas de la pobreza y la violencia en las que ha vivido siempre.

También tenía el propósito de cancelar cualquier movimiento de pueblo dirigido a retar a la clase política dominante, causante de esa pobreza, y asegurar la permanencia de un mismo grupo de personas en el poder político.

Sabía nuestra clase política dominante que a un pueblo dividido y confundido se le haría difícil darse cuenta de que el egoísmo, la corrupción, el pobre desempeño, la marginación y la destrucción ambiental desde los que opera nuestra clase política tradicional son el mayor problema de Puerto Rico y la fuente de la mayoría de nuestras frustraciones y fracasos. El divisionismo era la nube de humo que protegía a los que gobernaban mal.

Para dividir al pueblo en tres tribus y confundirlo, se usaron tres miedos: el miedo a la "indignidad" del estatus actual, el miedo a la "pérdida de identidad y cultura" con la estadidad y el miedo a la  "miseria económica" y "caos civil" con la independencia.

Miedo si boga y miedo si no boga, miedo a la parálisis y miedo al movimiento.

Esos miedos eran raras veces cuestionados, pues los partidos tradicionales y sus facciones tenían el monopolio del discurso político. No había espacio para otros puntos de vista ni para denunciar el esquema. El esquema de tres partidos y sus facciones que se configuraron para ocultar a una sola oligarquía política, que conspiraba continuamente para orquestar una falsa realidad puertorriqueña.

Esta falsa realidad no permitía que el pueblo hablara de política, excepto dentro de una misma tribu. Cuando compartía propósitos, lo hacía limitadamente ante el temor de que el otro tuviera una preferencia de status diferente. Mientras el pueblo dividido sobrevivía en la carencia de poder, la oligarquía política estaba unida por el monopolio del poder.

El resultado fue un pueblo limitado en sus posibilidades de lograr grandes proyectos, que se echaba la culpa a sí mismo de las situaciones que le aquejaban. Por el otro lado, una oligarquía política con un poder casi absoluto que se hundía cada día más en el fraude y la corrupción.

La reconciliación de los puertorriqueños surge del darnos cuenta que de seguir como vamos nos destruiremos como pueblo.

Entendemos ahora que las divisiones entre nosotros son construcciones por parte de un pequeño grupo de políticos y no algo natural como pueblo.

Ya sabemos que bajo la división tribalista nunca vamos a vencer los retos locales y globales, ni vamos a poder aprovechar las oportunidades que se nos presentan y que dejamos pasar todos los días.

La reconciliación política es el intercambio de información e ideas políticas entre ciudadanos de diferentes preferencias de status con el propósito de eliminar las barreras creadas entre nosotros como pueblo. Es un proceso de construcción de un pueblo con propósitos comunes, que produce motivación en lugar de complejos y mueve a la acción en lugar de a la parálisis. 

Es un proceso de búsqueda de alternativas de status que no tengan miedos atados a las mismas. La reconciliación política es un proceso de "autodeterminación de pueblo" que rechaza las manipulaciones de la oligarquía política local y de los intereses externos que históricamente han actuado a través de ella.

La reconciliación construye un nuevo puertorriqueñismo fuerte, del siglo 21, que no está atado a ningún status, sino a la nacionalidad, a la etnia boricua. El nuevo puertorriqueño, reconciliado, sabe que puede tener éxito bajo cualquiera de las alternativas de status y ve en nuestra tierra y en nuestra gente los mejores recursos para nuestro progreso, para constituir, desde nuestra esencia, el Puerto Rico que queremos. La reconciliación tiene vida propia. Se fortalece con el compartir ciudadano y crece exponencialmente al insertarse en el discurso político. Un punto máximo de la reconciliación es poder votar por ella, rechazar la cultura del divisionismo y votar por un nuevo Puerto Rico. La reconciliación es imparable. La semilla está sembrada para que en nuestra unidad de pueblo, que crece cada día, se vaya reconstruyendo un nuevo y poderoso puertorriqueñismo.
PJQB UMET

 
Sentido Comun
 
Posted by PJQB UMET on Tuesday, December 11, 2007 - 1:41 PM
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