UN ATRACO INTELIGENTE
En la oscuridad de la madrugada solo se podía detallar el lujoso color negro de la habitación. Interrumpiendo levemente el silencio sepulcral, los dos hombres se movieron como si actuaran en una película en cámara lenta. El más alto, con el antifaz un poco caído hacia la oreja izquierda hizo un gesto a su compañero con la punta del revolver y señaló hacia la enorme cama cubierta de sedas en donde un señor entrado en años dormía placida y profundamente. Al localizar el espacio de acción en el sitio señalado, el otro delincuente hizo un gesto de aceptación y de inmediato saltó como impulsado por un resorte para caer sobre el viejo poniéndole las dos manos en la boca.
-Shhhh....ni una palabra porque mañana aparece en las esquelas funerarias-- le dijo casi en forma de susurro.
Los ojos del anciano sorprendido lograron distinguir a los dos hombres armados y en cuestión de segundos comprendió que era víctima de un robo.
Fueron segundos que le parecieron horas. Por su cabeza pasó en secuencia angustiante la caja de caudales llena de joyas, el cuadro de Picasso del comedor, la platería labrada y sobre todo los dólares, en cantidades suficientes como para vivir el resto de sus días en la Costa Azul al lado de hermosas mujeres experimentando mundos nuevos. Una lágrima de angustia se asomó al área de desborde de su ojo derecho, pero logró contener la caída que le habría delatado. Aspiró fuerte hacia adentro con el ojo y la regresó a su bolso lacrimal.
–Ya habrá tiempo para derramarlas- pensó.
El hampón más alto, que parecía el jefe, le preguntó con cierta amabilidad:
-¿Cuántas personas hay en la casa?
-Solo estoy yo, mi familia está de viaje y hoy es el día libre de la servidumbre.
Los dos hampones se cruzaron la mirada y sonrieron apretando los labios en gesto de satisfacción. Se confirmaba el dato, esa noche podrían trabajar tranquilos.
El más pequeño se dirigió al anciano:
-Vamos a la biblioteca...
El millonario pensó para sus adentros que los ladrones tenían toda la información. Se consideró perdido. La desolación le inundó la parte trasera del cuarto glóbulo frontal y se extendió lentamente a las dendritas laterales.
A los pocos segundos, las tres figuras, la del viejo cabizbajo y los dos grandullones armados detrás dibujaban la imagen tenebrosa de un atraco nocturno. Esta vez estaba embadurnado con la afrenta de fractura y nocturnidad. Si aquello fuera una película con capítulo legal, para los que la perpetraban seria el primer día de una larga vacación de más de veinte años de prisión por los agravantes.
Al llegar a la biblioteca encendieron las luces. El lujo abofeteó las pupilas de aquellos menesterosos: Las maderas lujosas, las alfombras persas de seda refulgente y con arabescos que solo con mirarlos inducían al éxtasis y tocaban las puertas hacia el delirio emocional. El escritorio de caoba, enorme y biselado en bronces. Estatuas de firmas cotizadas. Centenares de pequeños objetos de plata y cristal, y la colosal biblioteca desde la que observaban como mudos testigos las obras más importantes de la literatura universal. Al lado, tapando la enorme caja fuerte, una grandiosa discoteca que asombraría a cualquier compositor. En las paredes varios cuadros costosos adornaban el paisaje cálido y lujoso.
-¿Ves esto?- dijo admirado el cabecilla.
- No lo puedo creer- contestó el otro rufián recorriendo con sus pobres ojos de pobre adherido a la pobreza consuetudinaria la estantería de ébano y los muebles de cuero fino.
Tocó un pisa papel de plata maciza y preguntó algo confundido:
-¿Por donde empezamos? Es mucho, y hay que buscar todo lo que está escondido. Las verdaderas riquezas. Seguro que están en la parte alta de la librería.
El viejo propietario sintió que su corazón se empasaba *. Si descubrían la caja fuerte, ya sin motivos para vivir se lo donaría completo a la Del Monte para que lo vendiera en sus clásicas cajitas. Una vez más habló el jefe de los criminales y ya más habituado al lujo, dijo:
- Bien empecemos, toma tú este saco y mete adentro todo lo que es del siglo de oro español. Busca al Arcipreste de Hita y trata de encontrar al Quijote. Yo iré metiendo en la mía a Nietzche y a Sartre, de este lado vi que están las obras completas de Voltaire. ¡Cuanta riqueza, dios mío! – terminó diciendo mientras sin poderse controlar agarró de un manotazo dos tomos de las obras de Balzac que se cruzaron en su camino.
-¡Mira, aquí esta La Divina Comedia! – gritó desaforado su cómplice agarrando entre las manos la obra del Dante y hojeándola a toda prisa.
El dueño de la casa hizo con la cara un gesto difícil de describir. Le metió dos gramos más de angustia a su confuso espíritu y pensó: -Estos desalmados se llevarán hasta los libros- No pudo contenerse y se trazó mentalmente el plano arquitectónico de su ruina.
Los delincuentes ya habían llenado casi la mitad de los bolsos, cuando uno de ellos, luego de apartar varios libros del estante, se le acercó al dueño y le dijo amarrándolo fuertemente por el pecho:
-Bien no creas que no vas a engañar ¿Donde tienes las obras completas de Dostoievsky y los demás rusos?
-No sé...no se...- respondió el hombre atemorizado- yo no lo sé...
El delincuente le empujó brutalmente haciéndole caer en un sillón y le dijo al compañero:
-Mejor nos vamos, creo que no las tiene, y ya conseguimos material como para dos años de lectura...agarra algunos discos, creo que vi "Los Hijos de la Tierra" de Gustav Mahler y la "Wenn wir in hochste noten sind" de Bach
- ¿La Wenn wir in hochste noten sind? No lo puedo creer, tómala, eso no se consigue...
Cuando el rufián se acercó a la discoteca le temblaron las manos:
-Mira, también tienen el concierto para clarinete y flauta en D mayor de Galuppi ¡Increíble...mira y obras de Manis, Berio, Bloch... todo lo último de Kalabis! ¡Dios mio!...
Las palabras del ladrón terminaron por desconcertar totalmente al dueño de la casa. Se dio cuenta de que estaba siendo asaltado por unos delincuentes muy extraños. En el fondo se alegró de haberles dado el cheque en blanco a aquellos dos músicos cuando les pidió que le decoraran la discoteca. En todo caso se sintió aliviado.
Diez minutos mas tarde los dos hampones salieron con sus dos bolsas cargadas de libros y de discos y las metieron en un pequeño Volkswagen. Una vez adentro se dieron a la fuga completamente entusiasmados por el éxito del golpe, se llevaban piezas únicas que ya no se conseguían.
En la desolada mansión, el viejo millonario sentado en un sillón ya más relajado al ver que se habían ido, apuró un trago de coñac mientras decía:
-Malhaya noche...menos mal que decoré con libros.
*Volverse pasa.