Bueno, yo es que he empezado correr, y claro, como buena coballa de ordenador me he puesto a buscar consejos para, más que nada, saber qué estoy haciendo y cómo. Y he encontrado este texto genial digno del club de la comedia pero que sin embargo me cuenta lo que quería saber. En fin. Lo he sacado de una web muy graciosa que se llama www.elsentidodelavida.net, pero no he conseguido sacar el nombre del autor de este texto, así que mis disculpas, pero si llegas a leer esto, por favor, deja un comentario e incluiré tu nombre como autor.
Cómo empezar a correr
Desde que tuvo lugar
el peor día de mi vida moderna
me he encontrado con un exceso de energía que me veo obligado a
gestionar. A veces suceden acontecimientos que cuestionan lo
establecido y uno se encuentra con un extra de combustible,
generalmente en forma de ácido estomacal, que hay que acabar quemando
de alguna manera.
Hasta ahora siempre he preferido emplear esos excesos de energía
negativa en hacerme la vida imposible, en golpearme en el estómago
tantas veces que lo terminaba disfrutando. Esta vez no. Ni creo que me
convenga, ni siquiera tengo las ganas de hacerlo. Así pues estoy
deshaciéndome de todo aquello que no quiero yo ni querrían otros
intentando llevar a cabo actividades productivas: principalmente me he
volcado con
la tira y con estas
largadas. Como esta vez tengo mucho mal del que deshacerme, llevo un
par de semanas levantándome a las 06:50 y saliendo a correr unos ocho
kilómetros. Me he apuntado a la media maratón de Regensperry que tendrá
lugar el 20 Mayo. Con esta marcha, apenas me quedan tiempo y energías
para pensar en lo que no debo.
De otra cosa no, pero de pajas y de salir a correr sé un rato.
Durante un año estuve corriendo diez kilómetros seis días a la semana.
El séptimo lo descansaba por prescripción médica. Ni siquiera dios
trabajó el séptimo día.
Imagino que más de uno, con la llegada del buen tiempo o la amenaza
del verano y ese bikini que no entra, habrá resuelto durante estas
semanas dedicarse al noble arte de poner un pie delante del otro más
rápido de lo normal. Los comienzos son frustrantes, y lo sé de primera
mano porque yo mismo acabo de comenzar a correr tras casi nueve meses
de inactividad.
Para aquellos que pretendan iniciarse en el footing, nada mejor que los consejos de un experto metido de nuevo en zapatillas de principiante.
1. Motivación
Lo primero que tienes que hacer es encontrar una motivación para
salir a correr. Para echar un polvo no hacen falta razones, pero para
ponerse unas calzas y echarse a la calle a sudar hacen falta motivos
muy poderosos. Estos pueden ser diversos y van desde la necesidad de
rebajar dos tallas de culo hasta la noble intención de mejorar nuestra
salud en general. Debes saber que cuanto más cerca te encuentres de
este segundo polo, más posibilidades tendrás de ser constante, entre
otras cosas porque es precisamente la falta de disciplina la que te ha
llevado a tener ese culo.
Para motivarnos, nada mejor que quedar con un amigo para echar unas
risas o con un posible ligue para echar otras cosas. Del roce nace el
carino, y si pasas con alguien una hora todos los días lo más probable
es que terminéis bailando el mambo horizontal.
En cualquier caso hablamos siempre de motivaciones iniciales. Una
vez lleves corriendo dos meses, los días de descanso te sentirás como
un yonki al que le han quitado el chute. Más vale que sea así, porque
algún día el amigo se cansará o el posible ligue vendrá con el novio y
tu motivación se habrá ido a pique. Que sepas que toda tu vida vas a
estar solo, así que mejor si no dependes de nadie para hacer las cosas.
De todas maneras, como siempre, lo importante es empezar. Echa a correr y después ya puliremos los detalles.
2. Material
Si follar es barato, correr es la segunda actividad saludable más
barata que puedes llevar a cabo. Evidentemente, hay artículos para el
corredor profesional que valen un huevo de la cara pero, como el nombre
sugiere, son para corredores profesionales. De momento tú eres un
tarado que está pasando una mala racha e intentas encontrar la solución
a tus problemas en el deporte. No te preocupes, sea lo que sea lo que
te ha llevado a ejercitarte, lo más probable es que lo hayas superado
en poco tiempo. Hoy en día ni los diamantes son para siempre.
El equipo básico del corredor aficionado consta de: camiseta vieja
(puedes recortarle las mangas con unas tijeras para obtener un
bronceado uniforme), bañador, calcetines más o menos gordos y las
zapatillas de deporte de toda la vida. Lo más probable es que dispongas
de todo este material en el armario de casa, así que no consideres
inversiones extraordinarias hasta que descubras que la pronación no es una desviación sexual sino una manera de mover los pies al correr.
3. Distancias
Una pregunta habitual entre los corredores noveles es ¿qué distancia
debo recorrer? En realidad, más que la distancia, lo importante es el
tiempo que corras. Pasemos pues directamente al siguiente apartado
porque este ha dejado de tener sentido.
4. Fundamentos del cuerpo humano
A grandes rasgos, y como corredores noveles, nos interesa saber que
esto de correr es como todo y que sólo hay dos cosas importantes: el
fondo y la forma.
El fondo viene a ser la cantidad de ejercicio que puedes realizar con tu mejor grupo de músculos antes de caer fulminado.
La forma es la lamentable forma física en la que te encuentras.
Concretando, se trata del conjunto de articulaciones y músculos que van
a verse involucrados en este deporte que ahora comienzas a practicar.
Cuando eches a correr por primera vez no sabrás si vas a terminar
rompiendo por el fondo o por la forma. En mi caso, mi estado físico
general es bueno pero carezco de la musculatura que una vez lucí en
muslos y pantorrillas. Si me pongo las calzas largas que usaba antaño,
se hace evidente que he encogido, y después de unos kilómetros se
resienten las rodillas por la falta de chicha en la zona de la bisagra.
Así pues yo, termino rompiendo por la forma. En general, y cuando uno
empieza, lo normal es que tanto el fondo como la forma sean de risa y
que cuando pares de correr estés tan mareado que no sepas si te va a
estallar la patata que tienes por corazón o si se te van a quebrar las
piernas con el siguiente paso.
En realidad todo esto no tiene ninguna importancia y no sé por qué
lo estoy contando, así que pasemos al ritmo cardiaco, ese gran
desconocido.
Para nuestra empresa nos bastará con distinguir tres estados cardiacos:
Reposo: 60-80 pulsaciones
Zona aeróbica: 80-150 pulsaciones
Zona anaeróbica: Desde las 150 pulsaciones hasta el colapso
No hace falta que explique lo que significa el reposo porque es lo
primero que aconsejan siempre los médicos y es la postura a la que
tienden todos los cuerpos físicos.
La zona aeróbica es aquella en la que la cantidad de oxígeno que
aportamos a los músculos mediante la respiración es suficiente para que
éstos desempeñen el trabajo que les estamos exigiendo.
La zona anaeróbica es aquella en la que nuestros músculos están
consumiendo tanto oxígeno que no es suficiente con el que llega a
través de los pulmones. Los detalles técnicos son complicados pero
tampoco nos interesa, basta con saber que en esta zona se produce una
deuda de oxígeno y el colapso ya es sólo cuestión de tiempo.
Evidentemente, estos rangos son orientativos y dependen de la edad
de la persona, su estado físico, las copas que bebió el fin de semana
pasado y la cantidad de cigarros que se enchufara ayer.
Los pulsómetros no son demasiado caros y nos permiten llevar un
control exahustivo del estado del corazón. Por apenas 20 ó 30 euros se
pueden encontrar casi en cualquier sitio, y sólo necesitamos que
indiquen las pulsaciones por minuto o ppm en terminología
molona. Si no queremos hacer el desembolso, sabremos que estamos
corriendo demasiado rápido para nuestras posibilidades si no somos
capaces de mantener una conversación.
En cualquier caso, se trate de las rodillas, los tobillos o el
corazón, deja de correr en cuanto notes la más mínima molestia. Si lo
que buscas es putearte puedes hacer el camino de Santiago de rodillas,
pero no corras.
5. Los primeros días
Los primeros días son los más difíciles, y separarán a los que llegarán lejos de aquellos que apenas darán unos pasos.
Como ejemplo, el primer día de esta nueva época recorrí unos seis
kilómetros. Mi ritmo fue lo que se conoce en el mundillo como "trote
cochinero", un estilo en el que parece que corres pero en el que apenas
te desplazas. Tuve que caminar aproximadamente la mitad del tiempo para
mantener el corazón por debajo de las 150 pulsaciones por minuto, y
parecía que mi cuerpo no sabía que hacer con el aire que trabajosamente
le introducía en los pulmones. La segunda vez caminé sólo un par de
veces. La tercera o la cuarta ya no tuve que caminar, aunque empleé el
estilo cochinero la mayor parte del tiempo.
Lo bueno de estar en el fondo es que no se puede caer más bajo.
Cuando empiezas a correr estás en el fondo, y cada paso es una rápida
progresión realmente gratificante. Cada semana notas que puedes ir más
rápido para el mismo nivel de esfuerzo, y cada semana te animas a
recorrer más distancia y...
Pero no empecemos a lamernos los pijos, que todavía estamos planificando el entrenamiento.
La base fundamental de la constancia en el entrenamiento es:
Nunca volver a casa extenuado
No puedo dejar de insistir en la importancia de este sencillo principio.
Durante una gran parte de mi juventud salía a correr una tarde, me
desfondaba, y al día siguiente era incapaz de encontrar la motivación
para volver a pasar por lo mismo que el día anterior. La explicación
para no poder encontrar la motivación es que no la tenía; ni
motivación, ni ganas, ni fuerzas: me las había merendado todas la tarde
anterior.
Cuando salgas debes trotar a un ritmo cómodo. No te debe faltar el
resuello en ningún momento. Si ves que te falta fuelle, afloja o echa a
andar un rato mientras te recuperas. En cualquier caso, cuando llegues
a casa, no tienes que encontrarte al borde del colapso. No te deben
doler las piernas y no has de tener ganas de vomitar, y cuando te
acuestes varias horas más tarde, tu corazón deberá latir por debajo de
las cien pulsaciones. De lo contrario no serás capaz de establecer una
rutina, no porque te falte disciplina, sino porque lo que estás
haciendo es una tortura y no un deporte. Créeme, no me lo estoy
inventando, yo he pasado noches sin poder conciliar el sueño preso de
una taquicardia debida a un sobresfuerzo.
Volviendo a la distancia, no te preocupes en absoluto. Para empezar,
aconsejo carreras de entre 20 y 40 minutos, más en función de tu
disponibilidad de tiempo que de otra cosa. Esto no debería suponer
ningún esfuerzo si regulas el ritmo y no te castigas, echando a andar
cuando te falte el aliento. No te dé vergüenza caminar aunque te
adelanten las chavalas, probablemente ellas llevan corriendo mucho más
tiempo que tú.
La mejor manera de llevar a cabo el entrenamiento es, si has
planeado por ejemplo media hora, eches a correr y des la vuelta a los
quince minutos. El hecho de no marcarse una distancia tiene la ventaja
de que no sentirás la tentación de acelerar la marcha para terminar el
suplicio cuanto antes.
6. El día a día
Otra de las preguntas que se hace uno es ¿cuántas veces debo salir
por semana? Yo, en mi humilde experiencia, no aconsejo menos de dos ni
más de seis. Todo depende fundamentalmente del estado de forma de cada
uno, pues organismos más decrépitos requerirán pausas más largas para
recuperarse del esfuerzo. Al principio no corras más de tres días a la
semana y siempre en días alternos, ya que necesitarás un tiempo para
que se desarrolle la musculatura de las articulaciones, especialmente
la de las rodillas.
Una vez le hayas cogido el gusto al asunto (si te llega a suceder
tal cosa, que ni siquiera a todo el mundo le gusta follar) te
sorprenderás saliendo más veces a la semana. Como digo, no te cebes: al
menos un día de cada siete es obligatorio un descanso. Habrá gente que
no pueda concebir que alguien prefiera correr que quedarse en casa
viendo la tele, pero cuando esto te coge bien y dispones del tiempo es
como una droga.
Por otra parte, lo ideal para mantener la forma es salir un par de
veces a la semana, una vez como mínimo. Si no haces un pequeño esfuerzo
semanal, poco a poco irás perdiendo facultades y al cabo de un tiempo
te encontrarás otra vez en el fondo del que tanto te costó salir.
Cada vez que salgas, relájate, disfruta y fíjate en cómo la semana
pasada habías emprendido el camino de vuelta a la altura del campo
municipal y hoy has llegado hasta el quiosco del tío Indalecio.
Recréate en las sensaciones de superación, en las duchas calientes al
volver a casa y en el subidón de endorfina después del ejercicio.
No hay una mejor hora del día para salir a correr. Quizá la tarde es
más propicia al ejercicio físico, pero la mañana tiene otras ventajas.
A mí, por ejemplo, me suena el despertador a las 06:50 y, tras unos
primeros días de condicionamiento operante, cuando me he dado cuenta ya
estoy en la calle con los calzones de lycra. No te cuestionas si lo que
estás haciendo está bien o mal; cuando te has conseguido despertar del
todo ya lo estás haciendo. Además la carrerita matutina te acelera el
metabolismo y te pone a punto para enfrentar el día con alegría.
En cualquier caso, si prefieres correr por la tarde, aseguráte de
que es un par de horas antes de irte a la cama. El esfuerzo trastoca el
reloj biológico ese y te puede costar más de lo normal conciliar el
sueño. A mí siempre me ha costado mucho dormirme por las noches, pero
con esta marcha matutina pongo la cabeza en la almohada y en menos de
diez minutos he perdido el conocimiento.
7. Forzando la máquina
Finalmente, si has conseguido mantener el ritmo unos cuatro o seis
meses, serás capaz de trotar sin ningún esfuerzo durante una hora y
recorrer en ese tiempo unos doce kilómetros. Por las noches dormirás
como un bebé y durante el día te sentirás fresco y despejado. En
realidad, si no lo has probado, debes saber que podrías cubrir veinte
kilómetros sin ningún tipo de esfuerzo suplementario. Esto es debido a
que, mientras te mantengas en la zona aeróbica, puedes mantener la
marcha casi de manera indefinida.
Otra historia es la zona anaeróbica, la del esfuerzo intenso, la que
se alcanza al hacer fuerza en la taza del váter o al hacer un sprint.
Una vez entras en ella tendrás que dejar de correr indefectiblemente al
cabo de un cierto tiempo. Este tiempo se puede ampliar. Para eso se
inventó lo que se llama el entrenamiento anaeróbico o lo que toda la
vida se ha llamado "hacer series".
Las series son distancias cortas (500 ó 1.000 metros) que deben ser
recorridas a toda mecha con el corazón trotando en la zona anaeróbica (
>150 ppm). Estas carreras se repiten unas cinco o seis veces
realizando pausas de unos tres minutos entre ellas. Es un entrenamiento
bastante exigente y sólo se debe llevar a cabo una vez que se ha
trabajado bien el fondo, que al fin y al cabo es lo que va a conseguir
que metamos el culo en el bikini y salvemos el verano.
Resumiendo:
Corre tiempo, no distancias.
Nunca eches el bofe. Si vuelves fundido pensarás que al día siguiente va a ser Rita la que pase por el mismo episodio.
No dudes en caminar un rato si crees que vas demasiado rápido
Sé constante
Correr no es de cobardes
Si no te gusta, no corras, coño. Hay incluso gente a la que no le gusta follar.