Hay en “Sólo para lo noche” originalidad (tan difícil a estas alturas en contenidos tan trillados como la relación amorosa), potentes imágenes, temprana sabiduría. También una cierta fantasía de impunidad. En el trato tan insistente con la muerte, por ejemplo (qué distinta la literaria percepción que nos muestra Ana Muñoz, de la de César Simón en su último libro, consciente ya de una muerte real, anunciada, que acaecería pocos meses después de sus versos).
Antes que el ¿banal? humor de las dos últimas páginas, prefiero otros versos aparentemente menos ingeniosos que, en su difícil sencillez, muestran la singular agudeza psicológica de la autora y aciertan a expresar una emoción reconocible, evocadora, que tal vez hemos intuido más de una vez pero nunca la habíamos visto recogida tan certera en un poema: “Soy cobarde en las despedidas”. O esa interrogación que te deja con el ánimo suspenso en el misterio de la buena poesía: “¿Quién ha osado viajar mi vida?”
Cierro el libro pensando que apenas he catado unas gotas del manantial de intenso lirismo que guarda Ana Muñoz en su “podría”.