Una vida colectiva
Conservo día con día la alegría de ser padre. El Creador me ha permitido tener dos hijos: Isabela (5) y David Eugenio (3). Ellos aparecieron en mi vida como el respiro que fulminó la agonía de padecer una encefalitis viral.
Juntos, mi esposa, mis hijos y yo; hemos aprendido a coexistir en este mundo a pesar de las secuelas que la encefalitis dejó. Al decir verdad, hoy día se reducen a una debilidad visual. Mis hijos, han aprendido a ayudarme en mi debilidad. Mencionaré un par de tantas actividades colectivas:
Al ir de compras, Isabela me ayuda a conseguir algún artículo; indicándome el valor del objeto, colores o algunos datos necesarios que estén a su alcance. Mi hijo, estando sobre mis hombros, actúa como visor cuando busco a mi esposa entre la multitud.
No es fácil, sin embargo, la debilidad ha permitido generar valores de amor, colectividad y madurez en la formación de nuestros hijos.
Gracias por permitirnos compartir con ustedes algo de nuestra vida.
Bendiciones.