Creer en Dios va más allá de pertenecer a una institución religiosa; de rezar, orar o como le quieras llamar; va más allá de ayudar a los pobres, a las viudas, a los huérfanos; va más allá de fomentar la paz, de evitar los celos, las envidias; más allá de evitar el sexo fuera del matrimonio, las drogas, el tabaco y el alcohol. Ahora, si bien todos estos elementos y muchos otros más, son símbolos tangibles de aquellos que amamos a Dios; tenemos que recordar que creer en Dios, es más bien aceptar Su iniciativa redentora a través de Jesucristo, que se refleja en actos de amor y obediencia, sobre todo en medio de los problemas.
Si creemos en Dios, recordemos la sangre de Jesucristo, capaz de limpiar nuestros pecados; recordemos el momento de nuestro bautismo en las aguas, símbolo de la nueva vida que tenemos en Cristo; recordemos que los brazos de la cruz son aún en el presente lo suficientemente fuertes como para que coloquemos en ellos nuestro destino, y por último recordemos que fuimos hechos para adorarle, con cantos, sí, pero también con nuestra actitud de vida.
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Gálatas 2:20