Perdido en el eterno fluir de la duda.
Desolado, me desahogo frustrado y confuso,
en la prosa exuberante y concienzuda
que me permite imaginaros leyendo.
De ti recuerdo tu olor, tu piel, tu boca.
Me atrevo a asentir ante esa pregunta
del amor imaginario y duradero.
Tu manera de mirarme, casi idiota.
Esos ojos al luchar contra ti misma,
inocentes, temerosos y adictivos
como imaginarme en tu lecho, contigo.
No te veo al partir. No quiero mirarte,
ni entristecerte. Porque sé que me verás
allí, buscando el fallo que tu conoces.
No sufras, de verdad quiero acariciarte
y mezclar nuestros cuerpos y nuestras voces.
En las sábanas de raso me tendrás
rendido, exhausto y entregado, ido,
consciente de que al luchar yo ya he perdido.
Hambriento de ti, de escuchar tu latido.