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Nosotros, anarquistas, no podemos olvidar, ni aun en aquellos momentos en que una negra derrota nos llama a la prudencia, al hombre valeroso y arrojado que cayó por la Anarquía. No debemos extraer de su caída otra cosa que voluntad solidaria. Afirmarnos en su acción para volver a pararnos.
Decir que cayó por que fue iluso, o porque, imbuido de un entusiasmo teatral, saco el brazo o el pecho más allá de esta línea o de aquella experiencia es, no solo cantar al desánimo, sino algo mas feo: declararnos superiores. Derrotarlo más aún. Pegarle por que es caído.
No debemos hacerlo. Ni ante ese hombre ni ante las multitudes. Estas también, muchas veces, avanzan sobre nosotros, a destiempo. Juegan libertad y vida por causas que nos parecen mezquinas o de planteo inoportuno. Por el triunfo de una huelga que, al fin de cuentas, las dejará como estaban, asalariadas, o por reacción instintiva contra una vulgar infamia que les golpea la cara, atropellan y se hacen diezmar. Ir luego a los cementerios a plañir que estaban locas, o a las cárceles a dictarles cátedras de cordura es, más que feo, repugnante.
La rebelión, individual o del pueblo, no será, estamos de acuerdo, la revolución , pero es su nervio y su esencia. Es el sentimiento de ésta, sin el cual no hay anarquistas ni habrá Anarquía. De ella hemos partido todos, partirán siempre el hombre y las masas, y no de nuestras consignas. ¿Qué podríamos reprocharles?... ¿Qué su caudal de indignación y coraje es mas hondo e irrefrenable que el nuestro?... ¿Qué el dolor le duele más y la injusticia le es mas injusta? ¡Linda cosa!
Nunca tenemos más jefes y catedráticos que cuando estamos en el suelo. Todos somos excelentes para acaudillar carneros; muy pocos para enseñarles que tienen cuernos como los toros; menos aún para atropellar con ellos y rompernos donde ellos se rompan. Los esperamos de vuelta para decirles, a los que llegan desangrados y deshechos, lo que alguien le dice a los obreros y campesinos de España: "la revolución perdió lo que tenia que perder"... Que es decir: los que yacen en cementerios y cárceles por la intentona de Asturias, que revienten y se pudran por estúpidos.
¡Coño, sí! Hay que sacar lecciones de las derrotas; pero no de posibilismos y de consignas, sino de audacia y de conciencia. De solidaridad mas firme con los caídos y de redoblada acción al lado de los que quedan. No para hacernos sus jefes, sino para ser, mas que nunca, sus compañeros. ¡Con los rebeldes siempre!.
Rodolfo González Pacheco.
(1882-1949 – textos del libro "Carteles").
2:55 PM
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