Olvido, que fui más tierno,
y mucho más comprensivo,
porque nada es lo que parece.
Dejo atrás más de un fracaso,
no tiene sentido llevarlos conmigo.
Olvido, que tuve penas,
lágrimas de cocodrilo,
a causa de la esperanza
y creer que era cierto.
¡Adiós!
a los exámenes de lengua,
ya nadie los puntúa,
- tampoco yo lo hago -.
¿Tal vez pueda utilizarlos
para encender el fuego?
Ni ramas de ciencia
ni academias pagadas:
mi ego sigue marcado
por la escuela de la calle.
Olvido que, pocas veces
enseño mi verdadero rostro,
que está tapado con máscaras,
que me dejo llevar mar adentro.