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Concepto de la Exhibición:
Hay que sacarlo todo. Lo que tenemos dentro no siempre son intestinos,
también podemos estar llenos de memorias, cartas, delirios e
incertidumbre. Estas cargas pesan demasiado y las vamos arrastrando sin
saberlo, haciendo más y más fatigosas nuestras vísceras. Se ven
reflejadas cuando tropezamos al hablar, al expresar nuestras emociones
y al mostrarnos al mundo, cuando tememos demostrar quienes somos en
realidad.
Todo aquello se va acumulando en nuestros estómagos,
piel, cabeza, senos y órganos vitales, al punto de que son tantas
escorias que nuestros cuerpos revientan y hacen fugas en por donde
escapan todos esos seres extraños y que nos vuelven enfermizos. Es
momento de que nuestro cuerpo se transfigure también, que se alargue,
se complemente o se corte para compensar todo lo que hemos perdido,
puesto que no sólo los monstruos se han ido, sino que también han
arrastrado lo positivo con ellos. Enloquecemos al punto de que hacemos
la cirugía para extirparnos de nosotros mismos y así aislarnos de
nuestro ser. En esta exposición demuestro mi necesidad de deshacerme de
mi cuerpo (utilizándolo como instrumento inmediato de mi obra) como es
por sí mismo, de desenrollar sus órganos y hacer pájaros con ellos, de
dejar nadar mi más remoto pensamiento fuera de su pecera sanguínea para
liberarlo al mundo y hacerlo parte de él, para que con el tiempo, lo
reconstruya y lo haga como debería ser:
Completa y absurdamente mío.
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Dedicatoria:
Sería
absurdo asegurar que he llegado hasta aquí por mi misma, me daría un
halago que seguramente no merezco. Quisiera dedicar esta oda
principalmente a mi famila, puesto que son ellos los que a travéz de
una pequeña palmada en la espalda o un severo regaño me han demostrado
que quedarse en el suelo no hará que la barda se haga más chica y que
me han dejado en claro que el éxito nunca será sinónimo de mérito.
También a aquellas personas cálidas que se han hecho un espacio en mi
vida y en mis entrañas, aquellos a los que gusto de llamar amigos y en
especial a Marcelo, que han apoyado mis proyectos, celebrado mis logros
y acompañado en mis fracasos, siempre ha valido más un sincero “no me
gusta“, “hazlo otra vez“ que mil falacias halagadoras.
Un sincero y especial agradecimiento a los que se han
encargado
de desmoralizar mi trabajo, puesto que gracias a ellos he aprendido a
superar las barreras que se me han impuesto; también por ser mis más
severos críticos y por su causa, se que mi trabajo jamás pasará
desapercibido, con malos ojos, pero nunca indiferente.
A todos
aquellos que han transitado por mi vida, para bien o para mal, puesto
que han moldeado las piezas que forman el rompecabezas de mi existencia.