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Esta mañana la señora Solal se levantó temprano para ir a trabajar. Lo
que no sabía era que hoy le habían cambiado el turno. Cuando llegó, le
dijeron que no tenía que ir hoy. Pero como muchas veces se equivoca, al
final le han dicho que estaba bien, que se quedase, aunque hoy no
estuviera previsto.
Esta mañana la señorita Esser no podía
dormir. Anoche cometió algún que otro exceso, y la cabeza no paraba de
darle vueltas. Como hacía mucho calor se tomó un licor de Peppermint y
aquello fue lo que desencadenó todo lo demás. Tuvo una extraña
pesadilla. De repente se encontraba en una casa ajena, que en parte era
cierto, puesto que se había mudado a otra ciudad. En aquel dormitorio
la cama estaba deshecha, ella se desperezaba, se miraba al espejo y las
ojeras se le salían de las cuencas de los ojos. En su pesadilla no
paraba de recoger zapatos y ropa sucia, zapatos y sandalias, ropa
interior, papeles de chocolatinas, y recordaba que habían dormido
juntos. Pero él no estaba.
Piiiii...
La señorita Esser se despierta. Se encuentra desnuda, tapada con la manta, con escalofríos.
Piiiii...
Vaya,
ciertamente, no estoy en mi casa, qué hago ahora. Creo que se ha ido
sin decirme nada, ese es el castigo, por eso ahora tiene que volver.
Pero yo no puedo salir así.
Piiiii...
De repente escucha
pasos. No se ha marchado. Estaba allí, y sonríe mientras ella se
apresura a vestirse, y recoger todas sus cosas. Solamente unas
zapatillas, un vestido y el bolso.
Viene la señora Solal. La
semana pasada la señora Solal le dio la mano. Ahora pensará que la
señorita Esser es una señorita indecente.
Ambas mujeres se miran a los ojos.
La
señora Solal añora su juventud en la señorita Esser, mientras admira su
valentía de hacer lo que en su época no pudo hacer pero le hubiera
gustado. La señorita Esser se avergüenza de algo que no tiene por qué,
pero se avergüenza.
Sin embargo él ya le dice que la vergüenza no sirve para nada.
Su psicoanalista le recomienda que utilice el tiempo en cualquier cosa menos en dar vueltas a los mismos pensamientos.
Todos
sabemos que el amor no existe, pero la señorita Esser no quiere vrelo.
Todos sabemos que el amor es sacrificio, es aceptar y convivir con los
defectos y desperfectos de la persona o personas amadas. Es un
cansancio perenne, y sin embargo lo soporta con total estoicismo.
Dicen
que la historia se repite cíclicamente y no soporta pensar verse como
la Señora Solal. Pero ella, con sus años y kilos de más, y neuronas de
menos, sabe que siempre hay un pequeño hálito de esperanza, y que si
los jóvenes lo pierden, el mundo entonces, se acaba.
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