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GANposta

gustavo alvarez nuñez


Last Updated: 7/7/2009

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Gender: Male
Status: Single
Age: 82
Sign: Libra

City: bs as
State: Buenos Aires (Ciudad Autónoma de)
Country: AR
Signup Date: 8/18/2007
Sunday, November 11, 2007 

LA SEPARACIÓN

Alcanzo a ver a tu mamá,

exultante ella,

desatada y concentrada a la vez,

llevada por el ímpetu de madre

que escribe el futuro de los días.

La veo a tu mamá, Ángeles,

hipnotizada por la velocidad de unas piernas

que se despliegan vertiginosamente

en el rodeo sepulcral de tu aura

de niña hermosa y consentida

sin rubor…

Puedo ver a ella,

tan joven y valiente,

afincada en la plenitud evanescente

de sus fragosos estertores de vida,

ahí, corriéndote a vos.

Subida a una bicicleta con rueditas, vos,

mientras escribís en los bordes

de una imagen recurrente

las hilachas incandescentes

de un prontuario en perpetua oscilación.

Vos, sujeta al deslizamiento

conmovedor de las rueditas,

estilizando la frescura vital

de tu belleza insolente;

vos vas rompiendo las últimas cavidades

donde tu madre depositaba

la felicidad estridente de su insolente belleza, Ángeles.

No me resisto a creer

en que hay una explicación que anuncie un por qué,

pero no es la ocasión

para medir el grado de transparencia

que se agita en cada enfoque

donde la madre conduce a la niña

a los jardines del porvenir.

Ella, mamá a ciegas,

no puede con la tentación

de cristalizar el deterioro,

la brecha que comienza a desarrollar

tu belleza acogedora y fulminante,

a años luz de la belleza fulminante y acogedora

que ella va esparciendo

por las calles de Retiro

un domingo de otoño.

Ahora, mirando las diversas monedas

que resaltan el poderío de tu territorio

–la sonrisa hilvanadora,

la crítica chispeante,

la arrolladora sexualidad–,

puedo ver a tu madre llevándote

hacia inconfesables gestos de comunión,

dejándose llevar por tu arremolinada bicicleta

que posaba sobre unas rueditas estelares.

Tu madre, ahí,

arrojada a una persecución vanidosa y fatal,

sosteniendo tu huida hacia delante,

buscándote proteger del fragor irresponsable

con que algunas situaciones

se dejan llevar por las sorpresas desagradables.

Entonces vos,

una niña motorizada por el tren de las sensaciones

nuevas e inesperadas,

vos ves el avance de la separación,

la vertiente irrisoria de congeladas

suposiciones que comienzan

a desplegar su ansiada materialización.

Casi percibís al instante

cómo la chispa de los rumores

descansa en el broquel de iridiscencia

en que se repliegan al fomentar el abuso

de eso que no parecería posible.

Ay, Ángeles,

columpiada al bombeo del asiento

de la bici con rueditas,

ya tan jovencita

sos llevada

ante las puertas de la ley

para impedirte el pasaje

a la felicidad.

Puedo entender el sobrepeso

de esa mochila,

la ostentación inconexa

que busca fagocitar

la elocuente morada de la responsabilidad,

vos, una niñita,

tan dulce

en tu papel de niñita,

desorbitada ante la inclemencia de la precipitación

con la que esa bici con rueditas te guía.

Ángeles, Ángeles, Ángeles,

¿por qué te tocó justo ahí sentir

–en la presión de madre

que empuja a su hija arriba de una bici con rueditas–

el abismo

que empuja tu vida

al continuo pálpito del abandono?

Ella, madre y mujer,

esposa y cornuda,

intenta bañarte de incontinencia infantil,

sobrellevada por su incontinencia

de amargura y desesperación,

ataviada entonces en una caudalosa

marea de efervescencias y espasmos,

ella, tu mamá,

como una esponja que se ve desbordada

por las inflexiones de su debilidad

en arropar distintas y diversas

magnitudes de limpieza y estabilidad.

Ella, madre hay una sola,

se escucha decirte precipitadamente,

contar sin el empacho de la sutileza,

la historia de un final,

el comienzo de una nueva vida:

"Con tu papá es imposible contar".

Ni números

ni cuentos

ni alternativas.

No los agrega

pero ahí comprenderás

casi para siempre

el valor de una mirada.

"Tu papá me cansó."

Ella, vos, las rueditas, tu belleza,

el domingo por la tarde, Retiro,

ser madre, ser hija, el abandono,

el divorcio, lo oculto, la suerte,

el cansancio, lo inesperado.

Y vos sólo buscabas aprender a andar en bici,

poblar con novedosos itinerarios

los caminos que te separaban

del hecho de poseer autoridad,

quizá determinación.

Se torna vago, ahora,

terminar de dibujar

el fogonazo

que arrojó el encuentro

de esos ojos.

La moral que resplandecía

en esa (amarga) constatación.


BESOS SIN ROUGE

¿A cuántos chicos quisiste besar

esta noche,

Ángeles?

¿Hasta dónde

llevaste la luz

de una mirada lastimada

que acude

al sacrificio de toda dignidad?

Porque los hombres,

bien lo sabés

y no dejás de ponerlo en práctica,

suelen olvidar con facilidad

toda vana vanidad

que los compromete a ciegas

con su especie.

Los hombres, Ángeles,

mienten a sabiendas

en su preocupación preocupante

por la causa y el efecto,

nunca dispuestos

a tomar distancia

de que en los bajos y obvios anhelos

respira el horror vacui.

Ángeles, Ángeles, Ángeles,

no te cuides de los hombres.

Sólo no te descuides,

que no es lo mismo.

¿Vos también

no soportás

a esa gente

que al despedirse

dice "Cuídate"?

LIOS

¿Podremos,

podré alejarme,

alejarnos,

alguna vez,

alguna,

de nosotros,

de mí?

La recurrencia es ausencia,< P>

es desaliento,

es huir de la memoria,

es construir sobre la tarea

maratónica y titánica

que encierra el hecho de escapar.

No hay deseo de recordar

más que el instante

en el que la pérdida

se encargó de montar su territorio.

Ahí,

en la línea fugaz

en donde se trasladan

las palpitantes variaciones

de una ensordecedora y esquiva

turbulencia de indiferentes espasmos,

en ese lodazal

se termina por invertir

la canónica luz

que hace estragos.

La felicidad

es saber que la posibilidad

está abierta;

que en cualquier momento

se hará presente

el futuro.

La felicidad,

lo sabemos desde chiquititos,

nunca está relacionada

con el presente;

que se evapora,

que es transpiración pura

–sudor hecho puré,

diría un poeta poético.

El cuello,

el pie izquierdo,

un dedo de la mano izquierda,

la vista cansada.

El cuerpo

es un cúmulo de señales

que tienden a nublar

cualquier propósito

de estabilidad y sosiego.

Ni hablar

de los terremotos afectivos,

la oscura facilidad

con que nos distendemos

en los periplos precarios

con que el amor festeja

nuestra valorable independencia.

¿Por qué escribir poesía?

¿Para qué?

¿Me lo podrías decir, Ángeles?

¿Dónde vamos a terminar,

atrincherados en esta terca manía

de correspondernos

con la impaciente atención

de las palabras,

susurros casi evaporados

de una ambición

que se ha vuelto

insuficiente?

Inconsistente red

que tejemos, Ángeles,

pluralizada y sin vacíos,

rodeada la cadena

de lentas desapariciones…

¿Por qué se fagocitan

las instancias de goce

de los poetas

en tiránicas

cadencias suburbanas,

arropadas en el jardín,

las lagunas, los ladrillos,

los árboles, la dictadura gay,

las rutas?

Ay, Ángeles,

estamos perdidos otra vez.