Querida Luna,
Ayer resplandecías pletórica en un cielo sereno que te abrazaba y realzaba tu belleza. Allí en lo alto iluminaste el sendero de los enamorados, el camino del perdido y la inspiración del artista.
Supongo que te diste cuenta que te miraba. Nunca dejas pasar ni una, eh? Tu eres así, sencilla, enigmática, misteriosa y bella.
Sí, es cierto. Desde las calles de la ciudad y entre el gentío de lo bohemio te observé. Te seguí como lo hacías antaño conmigo. ¿Lo recuerdas? ¡Qué tiempos aquellos en que nos acompañabas en los viajes, paseabas con nosotros por los parques y nos deseabas las buenas noches! Siempre estabas presente. Eras mi presente.
Desde entonces ha llovido mucho y nos hemos distanciado. Supongo que es normal, que le pasa a mucha gente.
Pero ayer noté tu presencia. Quizá fuera yo quien te necesitara de nuevo. No lo sé. Pero te sentí. Sentí tus lágrimas recorrer mi piel cuando dejaste que te acercara el hombro. Mis palabras te consolaron y logré dibujarte una sonrisa. Estabas triste y no querías contármelo. No querías estropearme la noche.
Cuando volvía a casa la melancolía nos unió de nuevo. Tú, la noche y yo. Un escenario perfecto donde rememoramos nuestros momentos, donde escuchamos el silencio, donde nos convertimos de nuevo en uno…
En estos momentos estás durmiendo, lo sé. Pero te dejo estas letras para que tengas el más bello despertar y recordarte que sin ti no soy nadie. Aunque haya estado ausente durante muchos años, siempre te he sentido cerca y nunca te olvidé.
Espero que hayas soñado bonito y nos vemos luego, ok?
Te quiero mucho.
joan.