¿Cómo empezar? Es mi eterna pregunta.
Desde lo más simple hasta lo que me parece más complicado. Incluso comenzar este texto me cuesta horrores. Tantas ideas, tantos pensamientos, tantas sensaciones, tantos sentimientos…
De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de una cosa. Pertenezco al Club de los Corazones Rotos. No sé si por bromas del destino, casualidad o coincidencia, me he cruzado con personas que han vivido situaciones similares. Con cada una de ellas me he sentido identificado.
Yo pensaba que sería como las fases de mi querida Luna. Unos años en fase menguante, consumiéndote poco a poco. Perdiendo las ganas de tantas cosas, ahogándote en culpas, gritando en silencio… Hasta que un día, sin previo aviso aparente, desapareces.
Luna Nueva. Te ocultas tras la oscuridad por miedo, temor… No quieres que nadie te vea, que nadie te preste atención… Huyes de tu normalidad refugiándote en tus lágrimas, tus noches de insomnio, tu soledad, tus pesadillas…. tu realidad.
El reloj avanza imparable, clavando cada segundo en un interior desvalido, sin ánimos para sonreír después de tantos años, decaído por la ausencia deseada… Te falta el dióxido de carbono que respirabas y a tu alrededor solo hay oxígeno. Incongruencias que provocan un sinvivir anhelado. Sientes que no puedes iluminar aquel sendero por donde viene tu futuro más próximo, acechante, con paso firme… No lo puedes detener. No lo quieres detener, obviando cualquier paisaje nuevo y enmudeciendo cualquier latido…
Pero debes continuar con tu vida. La fase creciente espera impaciente. Intentas negarla y deseas que llegue. Sientes la necesidad de huir de esa oscuridad que te abraza fuertemente, que te ahoga, que te hiere… Suplicas fuerzas para ver nacer pequeños rayos de Luna que acaricien a los enamorados que pasean por el parque en una noche de verano.
Lentamente recuerdas lo bello de las pequeñas cosas… Te estaban esperando… Pacientemente, año tras año, te esperaron. Sabían que volverías. Reencuentros con la sonrisa, con dulces sueños, con ilusiones….
Sin embargo, la tranquilidad no está presente. Sientes que no estás solo. Por el cielo te rodean nubes que presagian tormenta. Descargan siempre por la noche, cuando estás más indefenso… Rayos que reabren las heridas del recuerdo iluminando tu habitación… Truenos que retumban y gritan el dolor… Vientos que amenazan con silbidos del ayer… Lluvia de espejismos que ensordecen el silencio… Tu silencio…
Son nubes que pasan y se desvanecen en la misma oscuridad.
Continúas creciendo. Lo que era gris se torna de color. Lo que era tedio se convierte en sorpresa. Lo que no era, vuelve a ser.
Te conviertes en el protagonista de tu propia película. Tragicomedia que se escribe con esbozos de agridulce cotidianidad. Caramelizas todos los detalles e impregnas de sentimiento cualquier gesto, cualquier mirada, cualquier movimiento. Tímidamente vuelves a confiar en ti mismo. Notas que la energía regresa paulatinamente. Tu esencia olvidada, apagada por aquel periodo largo de tiempo, está llamando a la puerta y espera que la dejes pasar como invitada de honor. Te quiere indicar como llegar a la siguiente fase: Luna Llena.
Esta fase está sin descubrir. Tras largas horas de conversación me ha dicho que estoy cerca. Pero aún me restan algunas cosas. En cuanto vislumbre la Luna Llena, tranquilos que os lo comunicaré.
Sin embargo, de todas las conversaciones con ella, me quedo con una frase:
"Cuando mires la Luna Llena te darás cuenta que no es blanca completamente. Pequeñas manchas grises tiñen su imagen… son las cicatrices de un pasado que la hacen más bella en el presente."
Joan