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Lejos de la cordura, el principio de una nueva era, lejos de la espera, el ahora se desangra, y no hay mas que un fugas olvido del ser
Rayadores



Last Updated: 12/16/2009

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[19 Jul 2008 | Saturday] 

                                                            Ocaso2

Llevaba prisa, lo arrastraba la velocidad como a un papel huérfano de lugar, debía alcanzarla antes que otro la viera, era su debilidad, su secreto mas preciado, un pilar fundamental de su ser, una especie de alma suplente, no podía darse el lujo de perderla, así iba calle tras calle mirando de un lado para el otro, buscaba un rastro, un indicio, algo que lo guiara, a algo o a alguien que se la devolviera.

Anduvo noches y días enteros, de norte a sur, de sur a este y de allí al oeste, pero nada, ni señales de ella.

Se habían conocido hacia un tiempo por casualidad, no fue muy divertido el primer encuentro, el termino llorando desconsolado, no sabia donde estaba, solo recordaba una húmeda oscuridad y de repente se encontró allí junto a ella pero ignoraba  cómo ni por qué, tenia la sensación de que lo habían arrojado de algún sitio tranquilo, un desalojo violento, algo sumamente turbante.

Pero sin decir ni preguntar nada ella lo acurruco en su pecho, lo abrigo con sus brazos y contuvo sin chistar una a una sus lágrimas con su hombro. Luego lo dejo con alguien más, pero no sin antes alojar una parte suya en él.

Lo raro es que al ratito y tras comer algo, él comenzó a olvidarla, no a ella en si misma, sino al encuentro, a lo sentido, a la anestesia de aquel dolor intenso, dejo de llorar y comenzó andar, con una partecita de ella a cuestas, pero casi ya sin sentirlo, año tras año iba perdiendo más y más la noción de aquel encuentro, hasta que simplemente pareció nunca haber pasado.

Pasó casi veinte años de su vida, perdido en el olvido de aquel mágico momento, creció, amo, odio, beso, cojio, pero nada nunca lo volvió aliviar como en aquel encuentro.

Al parecer un sueño lo había  hecho recordar y no pudo siquiera levantarse sin prisa, la busco, es que entendió que había perdido incluso aquel pedacito que ella le había dado en ese encuentro, no recodaba ni  desde donde, ni  cuanto hacia que andaba sin nada mas que él, quizás solo unos segundos quizás la eternidad y más aún.

Su olvido, no era cualquier olvido, rebalsaba de costumbre, apestaba a costumbre, respiraba costumbre, un despojo de lo que se tiene en post de lo que no, pero a veces para alcanzar lo que se desea hay que mirar hacia lo que se posee y eso no lo supo hasta ahora, incluso para nada alcanzar hay que saberse.

Lo ausente la hacía desvanecerse, se deshacía en su andar, perdía consistencia, se pulverizaba, hasta que al fin se supo frente a sí agonizando, sangrando, llorando, simplemente muriendo, el se había olvidado de ella y ella lo había dejado ir, sus muñecas eran un rió sin cause  que inundaban todo a su alrededor, su sangre como endiablada brotaba, la flor del final, entonces recordó con nitidez el rostro de aquella, un rostro, millones de rostros y así comprendió que lo que había olvidado era la vida. emiliano el bajista

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