Parece que fue ayer cuando Octubre me recordaba el estribillo de siempre. Un año más. O un año menos.O vaya usted a saber. Como siempre, cuando llega este momento crucial, sólo se me ocurren versos, dispersos y desmadejados, pero versos al fin. Ahí van, para los que tengan la paciencia de aguantarlos. Me salen del alma, ésa es, quizás, la única verdad de mi cumpleaños.:
Otra vez está aquí
el más chulo de Octubre,
ese ocho redondo
que me llena de prisa el calendario,
que me rasca la piel con otra muesca,
que me roba un trocito de horizonte,
que le añade otro chip a mis recuerdos,
que me mete en el hueco de la mano
otra ración de viento
para mover un barco con las velas muy lentas.
Otra vez está aquí,
con su vaivén de canas y de arrugas,
ese ocho redondo,
el mismo que me dio el primer azote,
el que soñó conmigo el primer sueño,
el mismo que me trajo Reyes Magos
sobre un milagro azul de bicicleta,
el que me puso un hijo en cada mano
y me dio libertad para crecerlos,
el que arrancó un amor de las estrellas
y le hizo amor conmigo para siempre,
el que fue abecedario con mis ojos
el que fue catecismo con mis rezos,
el que aprendió la letra con mi sangre
y me esculpió la radio en la cabeza.
Otra vez está aquí
y yo le miro
con la misma mirada desvaida
con que miro la luz que me revienta
los sueños de colores.
Y lo quiero alejar
con ocurrencias de poeta viejo,
con metáforas sucias de veneno,
con manotazos de gallego triste,
con aspavientos de molino inquieto.
Y el ocho sigue ahí,
lleno de octubre,
en asedio mortal de cumpleaños,
llenándome de otoño
la cuenta atrás de todo lo que quiero.
Pronto vendrá mañana,
el ocho morirá de chulería
y Octubre cogerá una curva nueva
camino del olvido.
Me enfrentaré al espejo
en el día después de tanto grieta,
contaré, uno por uno, mis amigos,
y si salen las cuentas del cariño,
empezaré a luchar por otra estrella.
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