Hoy la canción está un poco más huérfana, hoy de nuevo he sentido ese aguijon en el estomago, ese pequeño desgarro en eso que llamamos alma. Y me he acordado de Hilario, y me he acordado de todos esos amigos que se baten el cobre día a día, buscando escenarios, buscado unos ojos entre la oscuridad de la sala que devuelvan un poco de esa ilusión que vamos derramando, a veces tanto que uno se queda casi sin ninguna. Me vienen a la cabeza los viejos fantasmas del artista incomprendido, del injusto anonimato en el que tantos y tantos musicos de calidad viven. Y se me salen las lágrimas y los puños por los ojos. Afortunadamente, también me acuerdo de toda esa gente que como yo, o como tu, miman la música bebiéndola a grandes sorbos, admirando a quien crea belleza por el placer de compartirla, a quien nos ayuda a enlazar corazones para sentirse/hacernos sentir acompañados.
Joan era todo eso, un cantante de voz de seda, de ternura y sinceridad. Ahora toca cargar con sus maletas y retomar su camino. Y sobre todo no olvidarle...