El tiempo engrandece las cosas, hace que las cosas grandes sean cada vez más grandes, y las pequeñas desaparezcan. Que la sangre corra a ríos y las multitudes giman la gloria.
Hombres contra hombres y mujeres contra mujeres chocando sus cuerpos desesperados como animales salvajes en las jaulas de un circo. Todo un público aplaudiendo y un payaso mirandolo todo desde afuera. Frotándose como diciendo malaspalabras a regañadientes.
Algo habrá cambiado.
Pero las cosas grandes y las bestias son cada vez más grandes, y las cosas pequeñas continuan desapareciendo.
A Eva no le cerraban las cuentas, tenía dos agujeros y se le pedía que los jurace sólo a uno. Un día se tragó una gran manzana, como un sapo a un insecto y corrió desnuda por montes grandes como gigantes sin destino fijo. Corrió por las decadas envuelta en fragancias abundantes. Vió gigantes, bestias, multitudes gimiendo y cruces enormes. Un día abrió los ojos, los llenó de tinta y se montó en colchones, grandes como bestias, que navegaban en ríos de sangre. Estiró sus dedos y se durmió para siempre.