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Matchbox Life inside a Matchbox

Lucía

Lucía Ponce


Last Updated: 10/18/2009

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Gender: Female
Status: Single
Age: 25
Sign: Aquarius

City: Madrid
State: Madrid
Country: ES
Signup Date: 11/18/2007
Thursday, February 05, 2009 

Current mood:  creative

Chicos que tiraban piedras a los gatos entre los surcos de las
cepas. Sucedía lejos de allí. En otros lugares los niños son verdes y
húmedos y juegan con conchas que recogen las tarde de agosto en la
playa. Sus madres los observan con cuidado mientras comentan cómo ha
crecido éste o aquel y cuánto ha subido el pescado. Ya ni en la lonja Mari, lo que yo te diga.

Y Carlos-Pedro-Pablo-Ricardo anhela trabajar en una fábrica de
Milkybar o Jungly o dibujando para Cinexin o inventando nuevos sabores
de cheetos. Crece viendo como la marea roba la vida de las piedras
cerca de la torre. Siempre fue un niño común, corriente. Y, aunque
pueda parecer contradictorio, especial. Nunca aprendió a nadar en
condiciones, se agotaba, no sabía siquiera bucear así que se limitaba a
dejarse flotar mientras el resto hacían carreras, a ver quién se
atrevía a ir hasta la boya y volver. Flotando, soñaba con ser capitán,
primero de un barco de madera precioso y más tarde, con el paso de los
años,  de cuerpos. Capitán de cuerpos suaves que se mecen al compás de
las olas en Riazor, el Sardinero o La Concha. Que al final da lo mismo.
Se trata sólo de noches en bares y bocas ajenas y piel, a veces de seda
y a veces de lija, y chicas con cortes de pelo moderno y pintas de
hippie y pijas de colegio de monjas que se dejan sobar cualquier
domingo por la tarde en un parque, al lado de la estatua de algún
místico músico mítico.

Pero el capitán no quería una novia en cada puerto. Él se limitaba a
liar Golden Virginia desde la cubierta, mientras sus hombres se echaban
a las tabernas en cada ciudad. Y cuando digo "cada ciudad" quiero decir
"cada noche", ya que no debemos olvidar que se trata de un marinero
especial, un marinero en tierra que ni por todo el oro del mundo
dejaría su casa azul, con sus cimientos bien fijos y sus fotos en
blanco y negro, tomadas en sitios a los que no deseaba volver.

Cuando llegó el momento, empezó a beber a morro y aprendió a adorar
la cerveza. Aparcó su colección de Barco de Vapor y llevó a la práctica
aquello de "Elige tu propia aventura". Por aquella época quería ser
músico, guitarrista, estrella del rock. También: astronauta, pintor,
artista y fotógrafo. Fue entonces cuando la conoció y con ella llegaron
las primeras veces (en realidad, esto ya había sucedido antes, pero ya
sabemos lo que pasa con el amor cuando creemos que es de verdad, que
nos hace olvidar aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor"). Ella
trajo el amor y el odio y la pasión y el dolor y muchas otras cosas que
hoy en día el capitán cree haber olvidado. Juró que por ella se
embarcaría, pero el desamor es un deporte muy raro y, por desgracia
para él, lo tuvo que aprender tarde, mal y rápido.

Ahora vendría la parte en la que os contaría que nuestro
protagonista pasaba triste las horas muertas mirando al mar: el pelo
agitado por el viento, los pies descalzos, las manos en la arena. Nein. Cuando
esto pasaba, él fingía olvidar que vivía en una ciudad costera. Cogía
su cámara y se iba al túnel a pensar. Se sentaba con las piernas
cruzadas entre la hierba y observaba a los coches pasar más abajo. Ese
verano pudo comprobar casi a diario los cambios en las vallas
publicitarias, cada semana uno nuevo: rebajas en El Corte Inglés, Ven a Reanult y sorteamos...y muchos más. En momentos así, le gustaba pensar que estaba solo en el mundo: los coches no eran más que hormigas y el tunel su hormiguero.

De esta manera pasaba los días lejos del puerto. Fue entonces cuando
una amiga le mostró que hay más sirenas en los bares que entre las olas
y se hizo capitán de cuerpos. Decidió que odiaba el mar. Fue entonces
cuando él se echó a las tabernas, las del puerto y las otras. Y a los
portales. Y a la playa. Y a cualquier lugar que le permitiese combatir
la humedad con un par de embates furiosos y muchos besos de miel y vino.

Ya no queda nada de aquel niño que devoraba chocolate blanco en la
playa. Ni del lobo marino. Sólo fotografías en blanco y negro. Las más
tristes azoteas y tejados que jamás podréis imaginar. Tan tristes que
sólo con mirarlas uno desea decirle que todo está bien. Que siempre lo
está.

No lo olvide Capitán: donde manda patrón no manda marinero. Sus hombres siempre estarán con usted. Nunca abandonaremos el barco.


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Tu Labio Superior
By Christina Rosenvinge
Release date: 2008-11-25
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