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Diane

Daiane Da silva


Last Updated: 9/27/2009

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Gender: Female
Status: Single
Age: 17
Sign: Aries

State: Tarragona
Country: ES
Signup Date: 12/29/2007
June 22, 2009 - Monday 

Current mood:  relieved
La ciudad era considerada el punto cero. Donde empezaba su día a las seis de la mañana, y donde, por supuesto, acababan sus noches. Juraría que era totalmente incapaz de recordar si estaba en Santiago o en Praga. Su control sobre sí misma, algo que se veía de lejos, no lo controlaba. Recuerdo que me mencionó que el cielo todavía seguía soltero. No lo entendí hasta años después. Tenía veinte años y un miedo descontrolado a estar realmente sola. Norah me explicó las veces que no podía dormir y ni siquiera sabía por qué.
El miedo le congelaba, le paraba de tal manera que era incapaz siquiera de levantar la mano y encender la luz al lado de su colchón. En plena oscuridad, se quedaba en la cama con los ojos abiertos mirando la negrura. Lo único que se diferenciaba de aquella penumbra era la luz de la televisión parpadeando, al final del cuarto. Y a veces se hablaba a sí misma, pero eso lo consideraba una locura, se hablaba para intentar entender qué le pasaba. Era incapaz de dormir al lado de alguien. Sentía vergüenza ante la idea de despertarse en plena noche y que el tener otra persona al lado le paralizara aún más.
Mientras me lo explicaba se reía. Comprendí la risa de una persona rota. Me dijo que jamás había estado una noche entera con ningún chico, siempre lo expulsaba de su apartamento a media madrugada. Y que luego era imposible que le volvieran a llamar. Le dije que tratara de buscar a un experto. Norah se negaba completamente. “Hay cosas que esos locos son incapaces de comprender.” Mentiría si dijera que no pensé que aquel miedo hasta le gustaba. Llevaba tanto tiempo con él, que era incapaz de decirle que se marchara. Lo que más me sorprendió fue que no había sido capaz de explicar todo aquello a nadie. Y a mí sí, y apenas nos conocíamos. Llevaba dos días en la ciudad, y la había conocido porque se había chocado conmigo y me había estropeado una entrevista de trabajo. Al día siguiente estaba en la última mesa del bar de la estación, cogería un tren a las seis y media de la mañana. Tenía pensado pasar la noche allí solo. Hasta que Norah me propuso ir a dormir con ella, tenía que probarlo que podía dormir con alguien y si era conmigo mejor, ya que no nos volveríamos a ver, y en parte ya entendía su miedo. Dudé en aceptarlo. Al final dije que sí, tampoco tenía ganas de estar toda la noche solo. Su apartamento estaba en una de las principales calles de la ciudad, su punto cero. No tenía cama, un colchón en el suelo al lado de una pared totalmente blanca, las ventanas eran muy altas. Persianas negras, a un lado de la pared. Pocos muebles, los suficientes para una chica como ella, pensé. Pasadas las dos de la mañana, me encontré con su mano apretujando la mía, pero no dije nada, me hice el dormido. Hasta que la apretaba cada vez con más fuerza. Exclamé un ¡Ay! Automático y se rió. Buscó mis labios, hasta que los encontró. Me dije que estaba completamente loco en el apartamento de una chica que acababa de conocer en una ciudad extraña. Creo que lloró en algún momento, pero no me atreví a decir nada. Luego empezó a hablar, ni me acuerdo de qué. Y estuvimos así hasta que el despertador cumplió su función de recordarnos que había un mundo ahí fuera. Me acompañó a la estación y se las ingenió para acompañarme también al andén. Sólo quería un beso más, y seguir apretándome la mano. No sé cuánto duró aquel beso, ni me importó que estuviera a punto de perder el tren. No nos dijimos nada. Hasta que al final me gritó que el cielo todavía está soltero.
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