He dedido pensar en mí por una vez. O quizá por unas cuantas veces.
Me cansa el acudir a sitios a los que no me gusta ir, sólo por conciencia, por "obligación moral" por llamarlo de algún modo.
Me cansa decir sí, cuando me apetecería decir lo contrario.
Me cansa tener el "Síndrome de la buena persona" y pensar en mí en último lugar, si es que me da tiempo a pensar en mí.
Ahora me toca hacer lo que realmente me gusta:
- Salir a la calle con los bolsillos vacíos, que el que tiene, necesita, y a mí lo único que me hace falta de verdad es que el sol me dé en la cara.
- Ir a lugares que nadie visita, perderme por las callejuelas, recorrer cada rincón por el simple hecho de ver, de contemplar.
- Pasarme muertas las horas para hacer una buena foto, y acabar el día sin haberlo conseguido, sin pensar por esto que he perdido el tiempo.
- Cantar a voz en grito canciones que sólo me gustan a mí.
- Hacer "nada" en lugar de "lo políticamente correcto".
- Contar cuentos a nadie, o a quien los quiera oir.
- Sentarme en la arena de la playa al atardecer y esperar que anochezca del todo para ver las estrellas.
- Oir cómo me dicen «está chalao...» por ir sonriendo por la calle.
- Coger la guitarra y tocar acordes sin concordancia, solamente por disfrutar del sonido de sus cuerdas.
- Decir a alguien «No» y quedarme tan pancho... sin remordimientos.
- Ver las caras que pone la gente cuando me cruzo con ellos tarareando la cancion que en ese momento vaya escuchando.
- No dejar de asistir a conciertos que me encantan porque "mi gente" no vaya.
- Mantener la mirada con la gente con la que hablo; o incluso sin necesidad de hablar.
- No entender el significado de la "amistad", y llamar amigo a cualquier persona con la que yo me sienta yo
...«Un día llamarás y ya no te abriré la puerta»... te lo advierto