El influjo popular del "rock mestizo"
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Karamelo Santo.
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Desde sus orígenes, el movimiento del rock en Mendoza quedó restringido en las capas medias y altas de la sociedad mendocina y no sólo procuró distanciarse de la música popular, sino que también fue generando un espacio de difusión y proyección nacional muy acotado.
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Próximo a realizarse el festival mayor del rock mendocino "Mendorock 2008", algunas consideraciones de carácter histórico, social y cultural obligan a razonar sobre el presente del rock en nuestra provincia. Como viene sucediendo desde el comienzo de este festival desde el año 2004, la presencia de bandas de "Rock Mestizo" asoma como el rasgo más significativo del rock local. Pero veamos más de cerca el sentido de este fenómeno mestizo en el rock.
Durante la década del noventa el rock nacional es conmovido por las transformaciones sociales del país. Si gran parte del movimiento del rock nacional se fundaba como parte de una expresión preferencial de la clase media argentina, con la crisis del modelo neoliberal y los consiguientes cambios en la estructura social, no sólo se originó una mayor apertura social en el seno de su movimiento, sino que además admitió la formación de un espacio simbólico de unificación entre diferentes sectores populares de la sociedad nacional. Desde el reggae, ska, salsa, candombe, fanky, punk, hasta el flamenco, murga, folclore o cumbia, el rock nacional pudo aglutinar estas expresiones como nunca antes lo había dispuesto. Y lo pudo hacer en la medida que el descenso en la jerarquía social y el empobrecimiento profundo de la clase media posibilitó, correlativamente, la incorporación de los sectores populares al rock y una hibridación musical que contuvo la esencia de la cultura popular.
El rock mestizo señaló, por esos años, un proceso de fusión que coincide con una nueva etapa de desarrollo en el rock nacional, donde lo que lo distingue de otros tipos de fusión en el rock son, básicamente, los componentes socioculturales de la mezcla. Aquel encuentro cultural entre los diferentes sectores desplazados que produjo la crisis del neoliberalismo, ubicó al rock en contacto con los sectores populares, marginales y étnicos de la nación. De esta manera, la emergencia de un subgénero dentro del movimiento del rock nacional transformó, a partir de las diferentes expresiones musicales del campo popular, la naturaleza del rock nacional en una nueva forma de expresión: el rock mestizo.
También por estos años, es esta expresión del rock la que debe disputar con los estereotipos que impone la industria del rock los espacios de producción y difusión dentro y fuera del país. Si bien el rock nacional es parte de una expresión artística contestataria y de fuerte asimilación sobre lo propio, durante los ochenta y noventa se estableció un mercado del rock que impone constantemente la reproducción y clonación de un tipo de rock corrompido y comercial, contribuyendo a la parálisis de su dinámica y a una cultura musical de no cuestionamiento. Claramente, lo que le conviene a la industria del rock y sus comunidades de difusores nacional es conquistar el estándar del rockero argentino, que fue el único movimiento cultural y social que se resistió a la dictadura militar y juzgó los gobiernos de Alfonsín y Menem, para convertirlo en un movimiento vacío que no moleste, no cuestione, no prospere.
La provincia de Mendoza no permaneció ajena al proceso mestizo de la música nacional en el ámbito del rock local. Existen en Mendoza innumerables grupos musicales que manifiestan esta mestización emergente, la mayoría de los cuales se originaron durante los últimos diez años. Pero este fenómeno no se luce de forma idéntica en todo el territorio nacional. Aunque se comparten los rasgos más significativos, sobre todo en cuanto a los ritmos más frecuentes que recurren, no existe una reproducción mecánica de sus producciones musicales. No sólo desde el punto de vista musical, sino también en la expresión de sus letras, en la búsqueda de espacios propios y en la forma de representarse simbólicamente, el rock mendocino imprime su propio sello.
Desde sus orígenes, el movimiento del rock en Mendoza quedó restringido en las capas medias y altas de la sociedad mendocina y no sólo procuró distanciarse de la música popular, sino que también fue generando un espacio de difusión y proyección nacional muy acotado. Aunque poseía un rasgo cultural de oposición muy importante contra las instituciones consagradas de la provincia y declaraba su rebeldía hacia la disposición desigual de la sociedad, no pudo establecer un compromiso dinámico con las expresiones de la cultura y los sectores populares para superar las contradicciones ideológicas que se mecían sobre el rock. Recién entrado en los años noventa, esta independencia frente a las prácticas populares se fueron resquebrajando y amplias fracciones de la sociedad mendocina fueron ocupando gradualmente su lugar en el campo del rock en Mendoza, consiguiendo desplazar las representaciones simbólicas del rock hacia un espacio más abierto a los sectores populares. Si algo llama mucho la atención, es que las bandas de rock actuales en Mendoza más convocantes y con mayores posibilidades de proyección nacional son aquellas bandas de rock mestizo compuestas por músicos procedentes de los sectores populares. Sectores que incorporaron la cumbia al rock y defendieron el folclore como un elemento importante de sus composiciones. A pesar de los prejuicios que pesan sobre ellos en el interior del campo artístico, es inevitable su predominio actual.
Pero además, el desarrollo del rock mestizo en Mendoza surge también como corolario de las asimetrías que presenta con la capital del país. Es decir, el liderazgo de la provincia de Buenos Aires sobre el interior, o mejor dicho, la manera en que históricamente la capital del país estableció su dominio sobre las provincias, fijó una barrera del mercado porteño hacia las manifestaciones del rock en las provincias, no permitiendo su difusión, promoción y advenimiento al circuito del rock nacional más que como expresión exótica de algunos artistas prodigiosos. No sólo el rock de Mendoza debió generar su propio circuito, sino que el mismo tuvo que lidiar con su propia concentración elitista que apañaban un rock ajeno a las particularidades de la provincia.
Esta desigualdad imperante contrastó muy prontamente con la construcción periférica del rock que durante los noventa resurgirá con nuevas resonancias musicales y sociales. Sucede que el rechazo del rock federal y la expulsión de sus prácticas hacia los márgenes del circuito comercial dominante porteño hicieron que desde esa franjas marginales se añadieran otras manifestaciones mestizas de la música que le dieron al rock un formato distinto, compatible a un proceso sociocultural que, con el encuentro de múltiples actores sociales, reveló la posibilidad de buscar nuevas alternativas de construcción artística. De hecho, estamos diciendo que el rock mestizo en Argentina emerge con mayor vigor en el interior del país y que efectivamente, es una expresión del rock nacida desde las periferias provinciales del país y Gran Buenos Aires. Pero lo más importante es que la construcción del rock dejó de ser una expresión exclusiva de Buenos Aires y de los sectores medios del país, afirmando una identidad más compleja y forjando una producción desde aquella subalternidad que se expandirá plenamente en los años noventa y principios del 2000.
El rock mestizo adquiere actualmente un renovado protagonismo en el escenario musical. No sólo se ha extendido hacia bastos sectores de la sociedad, que la aceptan y manifiestan cotidianamente como esencia del rock, sino que también ha logrado definir el rumbo de la cultura nacional a través de sus contactos con otras expresiones de la música popular, demostrando que la cumbia, el rock, el reggae o el folclore, pueden convivir íntegramente.