EL CONGOLEÑO LOKUA KANZA DIO UN GRAN SHOW EN PUNTA DEL ESTE
El hermano africano
Fue la gran sorpresa del ciclo de Medio y Medio.
Lokua Kanza dejará una marca en estas tierras. O al menos en las 250 personas que escucharon su impactante voz reverberar bajo eucaliptos y estrellas -en esta ciudad que exagera luces y cemento-. El cantante congoleño llegó por primera vez a Punta del Este para dar a conocer su ..música.. exquisita, poco difundida en este continente pero muy apreciada en el resto del mundo.
Con un repertorio de 15 canciones y una simpatía made in Africa, el músico, de 50 años, impactó y conmovió desde el escenario exterior del club de jazz y restaurante Medio y Medio (milagroso oasis entre tanta ficha de casino y Porsches negros).
Kanza subió acompañado de las cantantes argentinas Mariana Baraj (que abrió la noche con una recopilación de Leda Valladares y una chacarera anónima) y Dorita Chávez. Las coreutas, con apenas dos días de ensayo, resolvieron con belleza los arreglos vocales en lingala, swahili, francés e inglés, lenguas en las que canta el africano, formado académicamente en Kinshasa y en París.
La capacidad musical de Lokua no es sólo su tremendo talento para cantar. El congoleño es un fino guitarrista que impactó ya desde el primer tema del concierto (Juste un peu d'amour) con un arpegio que podía ser un mundo de tambores, un sutil recorrido por el espíritu de su continente: daban ganas de bailar.
Kanza mezcló ..todas.. sus lenguas (las maternas, las colonizadoras) en la mayoría de los temas que mostró. Canta como si de su boca salieran milenarias tradiciones del corazón del Africa central, de sus tribus y sus animales. Pero su música, sus composiciones, no dejan de ser canciones, incluso con evidentes rastros urbanos-pop. Tal vez eso fue lo que desató la admiración de representantes de la música negra, como el notable Djavan, o de investigadores de la (absurdamente llamada) world music, como Peter Gabriel.
Aquí, Kanza hizo un repaso de temas de sus cinco discos (editados entre 1993 y 2005) entre los que sobresalieron You'll never know, Wapi yo y Goodbye, una bella canción sobre la paternidad, la madurez y los recuerdos de la infancia, en la que el africano evidenció la universalidad de su obra. El público -amable cuando el congoleño le pidió que cante con él en ¡lingala!- percibió el talento y agradeció con un aplauso bien largo.